INTRODUCCIÓN
Luego de hacer un paréntesis de lo que venía hablando en los versículos anteriores al 19 de este mismo capítulo donde dice que “si no creemos en la resurrección somos los más dignos de lástima” el Apóstol Pablo continúa con este mismo principio.
La verdad de las Escrituras no es algo que Dios nos dio para que sea tema de discusión entre los teólogos o para ser recitado en los “credos”, sino para ser vivida por cada persona. Cuando se niega esta verdad hay terribles consecuencias morales y espirituales tanto para el hombre como para la sociedad.
En los escritos de Pablo como en las Escrituras en general, el comportamiento y la moralidad de los cristianos están edificados sobre el fundamento de la obra redentora de Dios. Lo que Dios ha hecho es la razón más grande para que nosotros hagamos lo que Él quiere que hagamos. Negar la resurrección es, en efecto, negar la necesidad de un comportamiento recto.