Vuelvo la mirada a la derecha y nadie viene en mi ayuda.
¡No hay nadie que me defienda!
¡No hay nadie que se preocupe de mi!
A ti clamo, Señor,
Y te digo: “tu eres mi refugio;
Tu eres todo lo que tengo en esta vida.”
Presta atención a mis gritos,
Porque me encuentro sin fuerzas.
Líbrame de los que me persiguen,
Porque son más fuertes que yo.
Salmo 142:4-6.