NO SEAS IRRITANTE, SINO EDIFICANTE PARA CON LOS HIJOS QUE DIOS TE HA DADO- Dt 6:6 y 7- Col 3:21- Ef 6:4


Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 03/may./2019
Categorias: Series de Estudios, Como ser Padres Cristianos Victoriosos


 

INTRODUCCIÓN:(SLIDE)

            El deber de los hijos en el hogar es el de obedecer. El reverso es el deber de los padres: Enseñarles esta obediencia en un ambiente de piadosa disciplina, sin exasperarlos en ello….

            Se trata de una tarea exigente. Esto no viene por naturaleza a los padres, como tampoco la obediencia viene por naturaleza para los niños...

            Hemos hablado mucho acerca del efecto de la depravación humana en el niño. Pero recordemos también que los padres somos depravados . Nuestra propia inclinación es hacia el pecado, lo mismo que en el caso de los niños…

            Los padres verdaderamente cristianos tienen una enorme ventaja, porque como personas redimidas tienen corazones regenerados. Tienen deseos piadosos y apetitos rectos. A diferencia de las personas no regeneradas, son capaces de amar verdaderamente a Dios y, de hecho, el amor a Dios es la pasión impulsora que distingue al verdadero cristiano (Ro. 8:28; 1a. Jn. 5:2)…

            Sin embargo, hasta los padres cristianos se debaten con los restos de los apetitos carnales y de los hábitos impíos. Lo mismo que el Apóstol Pablo, a menudo nos descubrimos haciendo aquellas cosas que aborrecemos (Ro. 7:15 al 24). Somos demasiado susceptibles a una conducta carnal y pecaminosa, y esto tiene su efecto inevitable en la crianza de nuestros hijos…

            Como hemos observado en domingos anteriores de esta serie, Dios ha dado a los padres autoridad sobre sus hijos, y ha mandado a los hijos que obedezcan a sus padres “en todo” (Col. 3:20). Pero esto no significa que los padres estén automáticamente siempre en lo cierto. Hay ocasiones en que los padres permiten que sus propias actitudes y acciones pecaminosas salgan a la superficie en su acción paterna. Cuando hacemos esto, exasperamos a nuestros hijos. Y Dios nos advierte solemnemente a los padres a que no permitan que esto suceda (Ef. 6:4; Col. 3:21)…

            En Ef. 6:4 La palabra traducida al castellano como “padres” es el griego ‘patera”, que se puede referir a los padres varones en particular, pero que se emplea con frecuencia para padres y madres como en He. 11:23… De modo que este mandamiento se aplica a ambos, padres y madres y no meramente al padre…

            El imperio romano tenía una ley llamada ”patria potestas” (“la patria potestad”, o potestad paterna). Este principio otorgaba a los hombres con ciudadanía romana unos derechos absolutos de propiedad sobre sus propias familias. Los hijos, la esposa e incluso los esclavos eran considerados como objetos de propiedad absoluta del patriarca, y él podía hacer con ellos como mejor le pareciera…

            Por ej. Séneca, contemporáneo del Apóstol Pablo, describía la práctica romana respecto a los animales no deseados: “Matamos un buey fiero; estrangulamos un perro enloquecido; hundimos un cuchillo en una vaca enferma. A los niños nacidos débiles o deformes los ahogamos”. Así era la actitud de la sociedad para con los niños en la época de Pablo…

            En nuestra cultura, las cosas francamente no van mejor, y puede que lleguen a empeorar. Millones de bebés no deseados son abortados cada año. Y las estadísticas nos dicen que la mayoría de niños en régimen de acogida en América no están allí porque sean huérfanos o porque sus padres no puedan mantenerlos. La mayoría están allí sencillamente porque sus padres no los quieren. Los hijos han llegado a ser en nuestra sociedad un bien del que se puede disponer, lo mismo que en la antigua Roma...

            La Biblia llama a los padres cristianos a una norma distinta. En los tiempos del Apóstol Pablo vino a ser una norma revolucionaria, y sigue estando enfrentada a los valores de la sociedad de nuestros días. La Biblia no da a los padres un poder dictatorial sobre sus hijos. En lugar de ello, la Palabra de Dios se dirige a los padres como administradores del Señor, responsables para dar un medio de crianza apropiado para los hijos, a los que Dios en su Gracia ha confiado al cuidado de ellos. Lo mismo que todos los administradores, los padres darán cuenta, en último término, acerca de cómo han cumplido con sus deberes. Y las normas primordiales por la que nuestra paternidad será juzgada son las que el Apóstol Pablo establece en Ef. 6:4…

            ¿Cuáles son los deberes específicos que el Apóstol bosqueja en este crucial versículo?. Se pueden percibir tres principios:

1.- NO PROVOQUES A IRA A TUS HIJOS:

            Hay ocasiones, ciertamente, en que los hijos se aíran pecaminosamente contra sus padres sin una provocación. El propio egoísmo del niño, su inmadurez o malas actitudes que abriga pueden ser la causa de la ira. En tales casos, es el niño quien peca…

            Pero hay otras ocasiones en que los padres son responsables de provocar la ira de sus hijos al irritarlos irreflexivamente al excitarlos deliberadamente, al descuidarlos con una actitud insensible, o al exasperarlos por cualquier otro medio intencional o por negligencia. Cuando esto sucede, son los padres los que están pecando, y además provocando al hijo a pecar…

            Los padres cristianos que excitan a sus hijos a la ira, o que dejan de darles la disciplina y amonestación del Señor, se pierden todos los beneficios de una familia distintivamente cristiana. Prácticamente, no hay un ambiente más poco sano para un niño que una familia nominalmente cristiana donde los padres invocan el Nombre del Señor pero descuidan proveer una apropiada y amante disciplina y amonestación…

            Muchos hijos de estas familias “cristianas” acaban más enfrentados a las cosas del Señor, nuestro Dios, que aquellos que han crecido en medios totalmente paganos. Los padres cristianos que descuidan Ef. 6:4 cosecharán lo que han sembrado: dolor y tristeza iguales o mayores a los de las familias del mundo...

            ¿Cómo exasperan los padres a sus hijos? Hay muchas maneras de hacerlo. Aquí citaremos algunas de las más comunes:

A.- Exceso de protección:

            Puedes irritar a tus hijos encerrándolos demasiado, ahogándolos. De la misma manera que Labán protegía a Lea (Gen. 20:15 al 30 y 30:25 al 27). Su actitud paterna excesivamente protectora, y su intromisión en el matrimonio de su yerno, les costó a sus hijas tener un matrimonio nada feliz…

            Los padres que ahogan a sus hijos con una excesiva protección a menudo se convencen a sí mismos que están protegiendo los mejores intereses de su hijo. Pero esta es una manera segura de provocar a un hijo a ira. La excesiva protección comunica una falta de confianza en el hijo…

            Los hijos excesivamente protegidos por sus padres comienzan a desesperar de conseguir nunca la confianza de los padres. Pueden incluso llegar a concluir que no importa la manera en que se conduzcan. Normas y restricciones sin privilegios llegan a transformarse en una cárcel sofocante. Muchos que no pueden soportar un confinamiento así terminan rebelándose…

            Los hijos necesitan un cierto grado de libertad e independencia (1) (a cierta edad) a fin de crecer, aprender y cometer sus propios errores. Nunca aprenderán a hacer frente a las responsabilidades a no ser que reciban un cierto grado de libertad. Las madres que “atan a sus hijos a su delantal” están sencillamente potenciando el resentimiento. Y los padres que rehúsan dar a sus hijos espacio para respirar exasperarán a sus hijos exactamente de la forma en que Efesios 6:4 prohíbe…

B.- Una excesiva indulgencia:

            Los estudios demuestran que a los hijos que se les da excesiva libertad comienzan a sentirse inseguros y no amados. ¿Y por qué no? La Biblia lo dice con claridad en Pr. 13:24: “El que detiene su castigo, a su hijo aborrece”…

            Los padres que miman o apoyan a sus hijos que se comportan mal están en realidad comportándose hacia ellos con falta de amor. ¿es para asombrarse acaso que los hijos se den cuenta de esto y se exasperen?…

            Nuestra sociedad ha fomentado unas actitudes crecientemente permisivas hacia los hijos durante muchos  años. Ahora estamos recogiendo la cosecha de toda una generación de jóvenes encolerizados…

C.- Favoritismos:

            Una tercera manera que con toda certeza provocará a ira a nuestros hijos es mostrar favoritismos hacia algunos de ellos. Isaac favorecía a Esaú por encima de Jacob, y Rebeca prefería a Jacob por encima de Esaú (Gen. 25:28). ¿Recuerdas los dolorosos resultados en aquella familia? Esaú y Jacob se convirtieron en acerbos rivales…

            Sin embargo, la tendencia al favoritismo se derramó también a la siguiente generación. El hijo más amado de Jacob fue José, a quien favoreció con una túnica multicolor…

            No cometas el error del favoritismo con tus hijos. No des regalos y privilegios a uno de tus hijos y se los niegues a otros. Ni siquiera compares unos hijos con otros. NO digas cosas como: “¿Por qué no puedes ser como tu hermano?”… No hay nada más humillante para un niño que ser humillado o rebajado por una nada bondadosa comparación con un hermano o un compañero de clase…

D.- Metas irrealizables:

            Muchos padres provocan a sus hijos a ira presionándoles constantemente a alcanzar metas. Presiona a tu hijos a que llegues a metas que tú nunca alcanzaste, y lo destruirás…

            Es cierto que es responsabilidad de cada padre alentar e impulsar a sus hijos a sus más altas metas. En 1ra. Ts. 2:11 el Apóstol Pablo recordaba a los tesalonicenses su interés paterno en ellos: “También saben de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de ustedes, y les encargábamos...”

            Las exhortaciones y los encargos tienen desde luego lugar, pero observemos que ello debe ir equilibrado con una amante consolación. Los padres que solo empujan a sus hijos a más altas metas, sin consolarlos en medio de sus fracasos, están irritando a sus hijos y provocando resentimiento…

E.- Desaliento:

            De un modo similar, puedes provocar a ira a tu hijo desalentándolo. Recuerda el versículo paralelo en Col. 3:21, que dice: “padres, no exasperen a sus hijos, para que no se desalienten”…

            Los padres provocan a ira a sus hijos cuando los critican constantemente pero nunca los recompensan, nunca los elogian por sus logros, nunca les permiten gozar de sus propios éxitos. Un hijo que piensa que nunca puede conseguir la aprobación de sus padres pronto abandonará el intento de lograrla. Puede que no haya un modo más rápido de provocar a  tus hijos a ira que el hecho de estar constantemente  desalentándolos…

F.- Descuido:

            Otra forma de provocar a tus hijos a ira es mediante el descuido. Deja de mostrarles afecto. Muéstrate indiferente a ellos. No te intereses en lo que les interesa. No te preocupes por sus necesidades. Así moverás a tu hijo a la ira...

            En ejemplo bíblico clásico de un hijo objeto de descuido es Absalón. Aunque David no era desde luego indiferente a su hijo (2da. S. 18:33), lo trataba con indiferencia, y Absalón creció con desprecio hacia su propio padre…

            Muchos padres comunican un descuido similar al tratar a sus hijos como intrusos. Demasiados niños oyen a sus padres decir cosas como: “Nos encantaría salir con ustedes, ¡pero tenemos críos que cuidar! Esto nos pasa siempre”

            Si quieres exasperar a tus hijos, hazlos sentir no deseados. Haz que sientan como si te estorbaran para hacer las cosas que te gustan. Actúa como si les tuvieras resentimiento, y ellos comenzarán a tenerte resentimiento

G.- Condescendencia:

            Provocarás a ira tus hijos si rehúsas dejarlos crecer. Si los humillas o te ríes de ellos cuando dicen cosas ingenuas o inmaduras; si constantemente le hablas con un aire de superioridad; o si los ahogas cada vez que quieren intentar algo que crees que es demasiado para su edad, nunca los alentarás a crecer, y en realidad los confirmarás en su inmadurez…

            El Apóstol Pablo dijo guiado por el Espíritu Santo: “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1ra. Co. 13:11). Esto pertenece al curso natural del proceso de maduración. Los padres deberían alentar a sus hijos en este curso, no apagar el entusiasmo del niño por el crecimiento…

            A veces los chicos dicen cosas infantiles y divertidas, y es natural que los padres disfruten del humor de esas situaciones. Pero ten cuidado en no humillar a tu hijo con ello. No te rías delante de él. No lo rebajes por su natural condición infantil…

            Mientras, en tanto que están tanteando a través del proceso de maduración, dales aliento, soporte y confianza. Déjales que presenten sus ridículas ideas. Déjales que experimenten el pensar por sí mismos…

H.- Retirada del afecto:

            No emplees el afecto como un instrumento de recompensa y de castigo. Es estremecedor cuando oímos decir de un padre o madre: “No te voy a querer si haces esto”. Algunos padres actúan así inconscientemente, con una conducta que sugiere que se cuidan menos del hijo cuando desobedece. Podría también enviar un mensaje subliminal al elogiar a sus hijos con palabras como estas: “¡Qué niñita más buena! Mamá te quiere cuando eres tan buena”…

            La Palabra de Dios dice que el amor “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1a. Co. 13:7 – 8). El verdadero amor no sube y baja en base a los logros o fracasos del objeto del amor…

            ¿Acaso se desvanece el amor de Dios por nosotros cuando le fallamos? En absoluto. De hecho, “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8)…

I.- Una disciplina excesiva:

            Demasiado castigo es otra forma de garantizar que provocamos a nuestros hijos a ira. Algunos padres parecen ser de la opinión de que si la disciplina es cosa buena para el hijo, una gran cantidad de la misma será realmente buena para ellos. Están siempre acosando a sus hijos, blandiendo la amenaza de castigarles sobre sus cabezas en forma constante…

            Pero los padres que tratan así a sus hijos cosecharán el vendaval cuando sus hijos lleguen a la adolescencia media. Los chicos que han sido hostigados crecerán ellos mismos con una veta dañina, su ira provocada por la falta de bondad de sus propios padres…

            La Palabra de Dios nos dice que Dios siempre disciplina a sus hijos con amor (He. 12:5 al 7). El escritor de Hebreos parece reconocer que los padres humanos son demasiado susceptibles a disciplinar a sus hijos de manera caprichosa o inconsecuente (He. 12:9 – 10)…

2.- DALES LA INSTRUCCIÓN CORRECTA:

            La palabra griega traducida “disciplina” es “paideia”, de la palabra griega para “niño”, “pais”. Paideia significa “tutoría, instrucción, educación”. Esta misma palabra se emplea una vez en 2a. Ti. 3:16, donde se traduce “instruir”, y cuatro veces en He. 12:5 al 11. donde se traduce “disciplina”. De modo que los conceptos de disciplina e instrucción positiva son inherentes en la palabra “paideia”. Muchas personas piensan que el término “Disciplina” es sinónimo de castigo físico y esto es incorrecto…

            Observemos la palabra “criadlos”. Debemos criar a nuestros hijos. Ellos no lo harán por sí mismos… Los padres deben tomar un papel activo en conformar los caracteres de sus hijos. Pr. 29:15 que el “muchacho dejado al gobierno de sí mismo, avergüenza a su madre”...

            La depravación del niño es un problema del corazón. Cuando tratamos con la mala conducta, no se trata primordialmente de una cuestión conductista. Más bien, la mala conducta es un reflejo de la condición caída del corazón del niño

            De hecho los padres deberían tener esto muy en claro: la conducta NO es la cuestión crucial. Un cambio de conducta no servirá para arreglar el problema de raíz del niño. Como hemos destacado repetidas veces, un cambio de conducta sin un cambio de corazón no es nada sino hipocresía...

            ¿Cómo pueden los padres nutrir el corazón del niño? Para comenzar, los padres deben ayudar a comprender a sus niños que tienen un corazón pecaminoso. Los hijos mismos deben saber que todas sus malas palabras, sus malos pensamientos y malas acciones proceden de corazones manchados por el pecado, y que el único remedio para esto es el Evangelio en el Poder del Espíritu Santo…

            En otras palabras, mantén siempre la atención de ellos en las necesidades de sus corazones (y la atención de los padres), para que tus hijos nunca pierdan de vista esta realidad: No solo la mayor necesidad es la regeneración; es también tu mayor prioridad como padre… El corazón del niño es el más pequeño campo de batalla del mundo, y su conquista demanda una guerra total con el enemigo de nuestras almas…

            El objetivo de los padres no es el control de la conducta. No es meramente la producción de un niño con un buen comportamiento… El objetivo último y el enfoque apropiado de la acción paterna es REDENTIVA. Los padres tienen la responsabilidad de llevar a sus hijos a los pies de Jesucristo...

            Desde el momento en que los niños nacen hasta que exista frutos que indiquen que han nacido de nuevo, los padres están en el papel de EVANGELISTAS, señalando y apremiando a sus hijos a Jesucristo, el único que puede remediar los problemas del corazón que les lleva a amar la injusticia...

            Acorde a Dt. 6:6 y 7 define la responsabilidad de los padres en la crianza de sus hijos. Observemos que el énfasis apropiado comienza con el corazón de los padres: “Estas palabras… estarán sobre tu corazón”. Los padres con corazones fríos y vacíos de la palabra de Dios no pueden pastorear bien los corazones de sus propios hijos…

3.- AMONÉSTALOS CUANDO SEA NECESARIO:

            La otra palabra que el Apóstol Pablo emplea en Ef. 6 es “Amonestación” traducción de la palabra griega “nouthesia”. Es una palabra que habla de una reprensión o advertencia. Pero también comunica el sentido de una gentil y amante amonestación paterna…

            En la práctica es un sinónimo de la palabra vista “paideia”, más que un término que contraste. Ambas palabras incluyen la connotación de disciplina y correctivos paternos como la retirada de privilegios o recompensas...

            Los padres pueden y deberían dar una conducción a sus hijos recompensándolos por una conducta positiva, además de disciplinarlos por mala conducta. Ambos miembros del proceso educativo tienen su importancia. La motivación positiva es totalmente legítima, y puede ser a menudo un medio efectivo para hacer que los hijos obedezcan. Observa, de hecho, que la promesa de Dios mismo unida al Quinto Mandamiento es una motivación positiva. El mandamiento fue reforzado con una promesa, no con una amenaza…

            Cuando la conducta (que incluye tanto la actitud como la acción) es buena, queda justificada una recompensa positiva. Cuando la conducta es mala, se debe aplicar una retribución negativa. (1)

CONCLUSIÓN:

            El desafío como padres que tenemos es llevar a nuestros hijos a que conozcan a Aquel que puede transformar sus corazones como lo hizo con el nuestro. No es disciplinarles con rigidez correctiva en sus malas conductas ya que eso les llevará al resentimiento y la ira. Aunque la disciplina aplicada correctamente como vimos por un tiempo es necesaria a fin de hacerles ver que la necedad en esta vida trae sus consecuencias…

            Nuestro deber es amonestarles a que acudan al llamado benigno de nuestro Salvador y Señor Jesucristo para que tengan una vida llena de esperanza en esta vida y en la Vida Eterna, como nosotros acudimos.
            Cantemos el himno “Con voz benigna te llama Jesús” (Himnos y cánticos del Evangelio No. 20)

¡S.D.G!

BIBLIOGRAFÍA:

1.- CÓMO SER PADRES CRISTIANOS EXITOSOS. John Mac Arthur. Edit. Portavoz.


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