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LA AUTORIDAD DADA POR DIOS - 2ª Co. 10:1 al 18

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 10/oct/2010
Categorias: Predicando a Jesucristo como Señor, y no a nosotros mismos,Enfrentando al Hombre Natural,Series de Estudios

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Lectura Bíblica: 
2ª Co. 4:5 -5:20 al 21

“No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor; nosotros nos declaramos simplemente servidores de ustedes por amor a Jesús” (D.H.H).
2ª Co. 4:5.
“Así que somos embajadores en el nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros: les rogamos en nombre de Cristo: reconcíliense con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (VRV).
2ª Co. 5:20 - 21.

Hace unos domingos que tenemos la ilustración que nos acompañará el resto de los estudios de esta carta cuyo autor prefiere el anonimato.

            Para una explicación del significado de esta ilustración, nos remitiremos a los mensajes anteriores en la web www.jesucristorey.org

INTRODUCCIÓN:
                                   En esta sección se produce un cambio drástico en el tono de la carta pasando de dirigirse cautelosamente a los cristianos de Corinto a una forma más drástica y severa. Incluso esto ha hecho pensar a algunos comentaristas de la Biblia a que desde este capítulo 10 hasta el 13 se trate de otra carta, adosada a 2da. De Corintios por algún copista a la cual se la ha denominada “La Carta Severa”.

                                Es interesante notar lo que significa el nombre de este gran Apóstol de Jesucristo PAULO (transliterado a Pablo) de acuerdo a la Enciclopedia Bíblica ILUMINA.

“PAULO (en griego, Paulos, cf. en latín, pequeño) (Es interesante que este nombre lo adoptó luego de su conversión en discípulo de Jesucristo). «Apóstol a los gentiles» (Ro 11.13) llamado también Saulo (en hebreo, pedido; • Saúl). Probablemente llevaba ambos nombres desde la niñez, pero comenzó a usar el nombre grecorromano al iniciar su ministerio entre los gentiles. Su conversión al evangelio fue una prueba contundente de la veracidad del mensaje cristiano. Sus enseñanzas han contribuido grandemente a la formación del pensamiento cristiano. Como autor, solamente lo supera Lucas en la extensión de su contribución al Nuevo Testamento. Fundó iglesias en Asia Menor, Macedonia y Grecia durante tres viajes misioneros. Trabajó ministrando en Roma y posiblemente viajó hasta España predicando el evangelio.”
            La presencia física de Pablo no era nada impactante. Incluso probablemente no se vestía nada bien como lo hacían los filósofos contemporáneos de él. O tal vez muy probablemente era torpe en sus ademanes, elemento muy valorado en la época para la oratoria pública y que era recalcada por los retóricos... En otras palabras, era “mejor escritor que orador público”.

            Encontramos una descripción física del Apóstol Pablo en un primitivo libro denominado “Los Hechos de Pablo y Tecla” originario del año 200 d.C. La descripción del Apóstol es tan poco halagadora que podría llegar a ser cierta. Lo describe como un hombre de corta estatura, cabellera rala, piernas torcidas, con cejas abundantes que se unían sobre su nariz la cual era de aspecto aguileña. ¡¡¡Lo más positivo que describe de él es que era de buen estado físico!!!...

            Parecido a esta descripción se asemeja el personaje de Willam Wilberforce quien fuera el responsable de la emancipación de los esclavos en Inglaterra. Se refiere que era una persona tan pequeña y frágil que parecía que un viento fuerte podría derribarlo... Pero una vez un señor llamado Boswell lo escuchó hablando en público y dijo: “Vi subir sobre la mesa lo que me pareció un camarón, pero mientras hablaba crecía y crecía hasta convertirse en una ballena...”

            Pero justo en el comienzo de su defensa, el Apóstol Pablo planta como base de su apología dos palabras muy significativas a la fe cristiana y a la autoridad que Dios nos da para nuestros ministerios... Habla de la mansedumbre y ternura de Jesucristo (v.1)...

            Según Willam Barclay, la palabra griega  prautes” = mansedumbre, es muy interesante. Aristóteles la definió como el término medio entre estar demasiado enojado y nunca enojarse. Es decir, es la cualidad del hombre cuyo enojo está dominado y controlado que siempre se enoja en el momento correcto y nunca cuando no corresponde... Describe al hombre que nunca se enoja ante ningún insulto ni injuria personal que reciba sino que es capaz de un enojo justo cuando ve que otros son atacados...

            Al utilizar esta palabra Pablo está diciendo en el mismo comienzo de su severa carta que no se deja llevar por su enojo o ira personal, que está hablando con la fuerte mansedumbre de Jesucristo...

            Arroja más luz sobre al respecto la otra palabra, en griego “Epieikeia=Ternura”, que por los griegos era definida como aquello que es justo y aún mejor que lo justo... Es decir, la cualidad que debía aparecer cuando la justicia, debido a su generalidad, está en peligro de convertirse en injusticia...

            Algunas veces puede ocurrir en ciertas circunstancias en las cuales la verdadera justicia es no insistir en las rigurosas leyes, sino que deben entrar a formar parte de nuestras decisiones cualidades mayores... El hombre con esta clase de Ternura es el que sabe que en último análisis la norma cristiana no es la justicia, sino el amor.

            También es importante destacar que para enfrentar a sus detractores el Apóstol Pablo no utilizará las herramientas que usa habitualmente el mundo pagano, imponiendo su autoridad por la fuerza o por la manipulación, sino que utilizará las ARMAS PODEROSAS EN DIOS PARA DESTRUCCIÓN DE FORTALEZAS COMO LO SON LA ORACIÓN Y LA OBEDIENCIA A LA PALABRA DE DIOS.

            El Apóstol Pablo comienza a autenticar su autoridad y desarrolla las características de LA AUTORIDAD QUE ES DADA POR DIOS y de la cual, Jesucristo enseñaba “Como quien tiene Autoridad” (Mt. 7:28 – 29).

            Las características de la AUTORIDAD QUE DIOS DA presentadas en esta sección, se pueden distinguir las siguientes:

1.- LA AUTORIDAD DADA POR DIOS ES RESPALDADA POR DIOS (v. 7 al 11).

            Pablo les hace notar a los corintios que su Autoridad no era impuesta por él mismo, sino que le había sido otorgada por Dios (vv. 7b y 9; en especial el v. 8)...

            Demuestra esta afirmación el hecho de que el Espíritu Santo le respaldaba en las conversiones que se producían mediante su ministerio, en las señales que acompañaban con frecuencia a su predicación y en la firmeza sin ejercicio tiránico con la que ejercía el ministerio que le había sido concedido (vv. 10 – 11) (5).

            Dios nos ha llamado a estar en la Libertad que Él nos ha dado para andar en su caminos y ser salvos por la Gracia de Dios (Ef. 2:8)... Todo siervo de Dios a cargo del cuidado de la grey de Dios debe tener cuidado de no ejercitar el poder amedrentando a los hijos de Dios mediante la manipulación de las personas obligándolas a cumplir un activismo religioso bajo pena de que si no le obedece es un reo digno de perder la Salvación...

            Cada responsable pastoral debe ser consciente que guiamos a los que obedecen a Dios y que nunca podremos obligar a las personas a servir a Dios, pues el que convence a las personas  de pecado es el Espíritu Santo (Jn 16:8), y también es quien provoca en nosotros el querer como el hacer (Fil. 2:13) y que el motivo de todo servicio en la obra de Dios es como consecuencia del amor que Dios nos ha tenido, pues le servimos en amor porque Él nos amó primero (1ª Jn 4:19).

            Ningún cristiano debería servir por temor al pastor, sino por Reverencia a Jesucristo y a su Obra de la extensión de su Evangelio. (Col 3:23).

            Haremos bien en recordar lo que dice Watchman Nee al respecto en su libro La Autoridad Espiritual:

Existen tres requisitos para ser autoridad delegada:

1. Debe saber que toda autoridad viene de Dios. Toda persona llamada a ser autoridad debe recordar que "no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas" (Romanos 13.1). Ella misma no es la autoridad ni nadie puede hacerse autoridad. Sus opiniones, ideas y pensamientos no son mejores que los de los demás. Son totalmente sin valor. Tan sólo lo que viene de Dios constituye autoridad y ordena la obediencia del hombre. Una autoridad delegada tiene que representar a la autoridad de Dios; nunca debe presumir que también tiene autoridad.

Nosotros mismos no tenemos ni la más mínima autoridad en el hogar, en el mundo ni en la iglesia. Todo lo que podemos hacer es ejercer la autoridad de Dios; no podemos crear autoridad por nosotros mismos. El policía y el juez ejercen autoridad y hacen cumplir la ley; pero ellos mismos no escriben la ley. De igual modo, lo que están puestos en autoridad en la iglesia representan simplemente la autoridad de Dios. Su autoridad se debe a que están en una capacidad representativa, no a que en sí mismos tengan algún mérito más excelente que los demás...

2. Debe negarse a sí mismo. Mientras no conozcamos la la voluntad de Dios, debemos guardar silencio. No debemos ejercer la autoridad descuidadamente. El que ha de representar a Dios tiene que aprender, en lo positivo, a conocer lo que es la autoridad de Dios; y en lo negativo, a negarse a sí mismo. Ni Dios ni los hermanos van a tener en gran estima sus pensamientos. Es probable que usted mismo sea la única persona en todo el mundo que considere que su opinión es la mejor.

Son de temer las personas que tienen muchas opiniones, ideas y pensamientos subjetivos. Quieren ser consejeros en todo...

3. Debe mantenerse en comunión constante con el Señor.

Los que son autoridades delegadas de Dios tienen que mantenerse en estrecha comunión con él. No sólo debe haber comunicación sino también comunión.

Todo aquel que expresa opiniones libremente y habla sin cuidado en el nombre del Señor está muy lejos de Dios. El que menciona casualmente el nombre de Dios sólo demuestra lo lejos que se halla de él. Los que están cerca de Dios tienen un temor piadoso; saben lo contaminador que es expresar descuidadamente sus propias opiniones.

La comunión es, por lo tanto, otro requisito principal del que está en autoridad. Cuanto más cerca estamos del Señor, con tanta más claridad vemos nuestras propias faltas. Habiéndonos enfrentado a Dios, no nos atrevemos de allí en adelante a hablar con tanta firmeza. No tenemos confianza en la carne; comenzamos a tener miedo de errar. Por otra parte, los que hablan descuidadamente se exponen a alejarse de Dios. No se puede aparentar tener temor de Dios; sólo poseen esta virtud los que siempre esperan en el Señor. Aunque había oído mucho, no fue hasta que llegó a la presencia de Salomón que la reina de Sabá se quedó asombrada. Pero tenemos ante nosotros a uno mayor que Salomón. Debiéramos estar atónitos, esperando a la puerta como siervos, reconociendo que ciertamente no sabemos nada. No hay nada más grave que el que un siervo de Dios hable descuidadamente antes de conocer la voluntad de Dios. ¡Qué problema creamos cuando emitimos un juicio antes de estar seguros con respecto a la voluntad del Señor!...

No se defienda

La vindicación, defensa o cualquier otra reacción que pudiera haber, debe venir de Dios; no del hombre. El que se vindica a sí mismo no conoce a Dios. Nadie en la tierra pudo ser más autoritario que Cristo; sin embargo, nunca se defendió.

La autoridad y la defensa propia son incompatibles. Aquel de quien usted se defiende se convierte en juez suyo. Se pone por encima de usted cuando usted empieza a responder a sus críticas.

El que habla a favor de sí mismo está bajo juicio; por lo tanto, carece de autoridad. Cada vez que uno trata de justificarse,pierde la autoridad.

Sea Muy manso

Pablo se puso ante los creyentes corintios como autoridad delegada; sin embargo, dijo: "Ni aun yo me juzgo a mí mismo" (1ª Co. 4.3). La vindicación viene de Dios. Cuando usted se justifica ante una persona, ella se convierte en su juez. En cuanto trata de dar explicaciones, cae ante ella.

El versículo 2 de Números 12 consigna que Dios oyó la injuria y el versículo 4, que Dios tomó medidas. Pero entre ambos está el versículo 3 como una declaración parentética: "Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra." Moisés no disputó, porque se daba cuenta de que había errado. Dios no puede constituir autoridad a una persona testaruda; no delegará su autoridad en ninguna persona arrogante. Los que él pone en autoridad son los mansos y tiernos; y ésta no es la mansedumbre ordinaria, es la mansedumbre de Dios. Jamás debemos intentar establecer nuestra propia autoridad. Cuanto más lo intentamos, menos aptos somos para ejercer la autoridad. No son los violentos ni los fuertes, sino hombres como Pablo, cuya presencia corporal es débil y cuya palabra es menospreciable, los que constituirán autoridades. El Señor dijo que su reino no es de este mundo y que, por lo tanto, sus siervos no tienen por qué pelear por él. La autoridad que se consigue peleando no es la que Dios da...

2.- LA AUTORIDAD DADA POR DIOS TIENE LÍMITES QUE ESTÁN DADOS POR ÉL MISMO EN SU PALABRA PARA QUE NO SE TRANSFORME EN UNA TIRANÍA (vv. 12 al 15).

            En esta porción del capítulo que nos ocupa, se repite cinco veces la palabra límites. Ninguna autoridad delegada por Dios puede ser ilimitada pues Jesucristo mismo se sujetaba al Padre... Aún en su hora más difícil, Jesús clamó a su Padre Celestial para que pasara de sí la amarga copa que debía tomar... pero que no se hiciera su voluntad (la de Jesús) sino la del Él (su Padre) (Mt. 26:39).

            La humildad, la mansedumbre, el amor que ejercita el Apóstol Pablo al conceder la posibilidad que se haya excedido en su autoridad (aunque en realidad no lo había hecho) ya que él sabía que tal autoridad le había sido otorgada para edificación y no para destrucción de los cristianos de Corinto... Le hería el corazón la mera sospecha de que consciente o inconscientemente pudiese hacerle daño a alguien... ¡Qué ejemplo para nosotros!.

3.- DIOS ES QUIEN PONE Y QUITA ESTA AUTORIDAD (v. 18).

            David fue un fiel ejemplo de un siervo de Dios que Sabe esperar para que Dios sea quien respalde su autoridad y no ejercerla por mano propia...

            Saúl, al enterarse de que Dios le había retirado la autoridad para gobernar Israel y saber que David gozaba de la popularidad de los israelitas, decidió matarlo apenas pudiera tener la oportunidad. El mismo David tuvo que esquivar las lanzas que éste le arrojaba...

            Sin embargo cuando este escogido de Dios pudo hacerlo en medio de una cueva donde el rey Saúl había entrado sin darse cuenta de que allí también estaba presente David, no tomó venganza pues tenía la convicción que era hombre que Dios había puesto y era Dios quien debía   encargarse de sacarlo. (1ª Samuel 16 al cap. 31).

            De la misma manera cuando su hijo Absalón quiso arrebatarle su reinado confabulando una revolución para derrocar a su padre, David huyó y dejó que Dios se encargara de defenderle en su reinado, de manera que al poco tiempo volvió a su trono en Jerusalén para seguir reinando (2ª Samuel capítulos 15 al 19).

            Nadie ni siquiera debería defender su puesto de autoridad procurando alabarse a sí mismo. En lugar de alabarnos o recomendarnos a nosotros mismos, deberíamos procurar ser aprobados por Dios, y su aprobación será nuestra mejor recomendación.

CONCLUSIÓN:

            El Gran Apóstol Pablo, el Apóstol levantado por Dios para alcanzar a nosotros los no judíos, nunca se creyó ser un gran Apóstol...

En el año 48 d.C. Escribió la carta a los Gálatas y se veía a sí mismo como “Un Apóstol no por voluntad humana, sino de Jesucristo y de Dios” (Ga. 1:1).

En el año 55 d.C. Escribió la carta 1ª Corintios y se veía a sí mismo como “Apóstol” (1ª Co. 1:1).

En el año 61 d.C. Escribió la carta a los Efesios y se veía a sí mismo como “Menos que el más pequeño de los santos” (Ef. 3:8).

En el año 65 d.C. Escribió 1ª Timoteo y sabía que Cristo vino a “Salvar a los pecadores, de los cuales él era el primero” (1ª Ti. 1:15).

¿Cómo es que te ves a ti mismo? ¿eres el más grande o el más pequeño de los siervos de Dios?.

¿Quien te respalda en tu ministerio? ¿tu propia mano o la mano de Dios?.

¡S.D.G!

BIBLIOGRAFÍA:

1.- COMENTARIO DEL CONTEXTO CULTURAL DE LA BIBLIA. EL NUEVO TESTAMENTO. Craig S. Keener. Ed. Mundo Hispano.

2.- ENCICLOPEDIA VIRTUAL ILUMINA. Ed. Caribe.

3.- EL NUEVO TESTAMENTO COMENTADO POR WILLAM BARCLAY. VOL 9. Ed. La Aurora.

4.- COMENTARIO BÍBLICO DE WILLAM MAC DONALD. Ed. Clie.

5.- COMENTARIO EXEGÉTICO DEVOCIONAL A TODA LA BIBLIA. M. HENRY. Ed. Clie.

6.- LA AUTORIDAD ESPIRITUAL. Watchman Nee. Ed. Vida.

Rubén Salcedo


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