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¡Y QUÉ DE ÉL!... ¡TÚ SÍGUELE! - Jn. 21:19 al 22 y He. 12:1 al 3

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 16/sep/2012
Categorias: Series de Estudios,La Urgencia del Evangelio

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TEMA DE HOY: "¡Y qué de él!... ¡Tú síguele!

LECTURA: Jn 21:19 al 22 y He. 12:1 al 3.
 
VERSÍCULO CLAVE:
 
“Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”. Mc. 10:45 (NVI)
 
 
INTRODUCCIÓN:
 
         Estamos recordando a través del libro “Tres años con Jesús” el episodio en que El Pastor de los pastores tiene un encuentro con quien será el responsable de guiar a sus seguidores en los turbulentos caminos de los primeros años del cristianismo.
 
         Como siervo que tendrá la tarea de pastorear, apacentar las ovejas del Reino de los cielos terrenalmente, el Apóstol Pedro deberá ser consciente de que entre sus deberes más importante es SER UNA OVEJA FIEL, siguiendo a Jesucristo, Pastor de pastores, por donde quiera que le marque el rumbo a seguir...
 
         Todos aquellos que cumplen la tarea de apacentar la Grey de Dios debemos recordar que nuestra tarea NO ES GOBERNAR LAS VIDAS DEL REBAÑO DE DIOS sino de ser simples siervos fieles de Jesucristo, quien es Cabeza de la Iglesia...
 
         Debemos considerar que Su Voluntad es una Ley para nosotros y la vida del gran Pastor es un modelo perfecto a seguir. En esta escena junto al lago, Jesucristo procuró que sus discípulos entendieran esto...
 
         En estos versículos el gran Pastor y Obispo de almas, habiéndole dicho: “Apacienta mis corderos” y “Apacienta mis ovejas”, finalmente le dijo: “Sígueme”...
 
CONTEXTO: Se puede notar en estos versículos que mientras Jesucristo decía estas palabras se levantó de aquel lugar de encuentro con sus discípulos y, si bien no se nos dice hacia dónde fue, es posible que se retirara hacia aquel “monte de Galilea”...
 
         Allí es donde acordó con los discípulos encontrarse luego de resucitar y donde probablemente fuera donde se encontraría con “más de quinientos hermanos a la vez” (1ª Co. 15:6)...
 
         Hacia aquel lugar estarían concurriendo aquellas preocupadas ovejas, como redil aislado en las tierras altas...
 
         Es muy probable que el propósito del Señor de invitar al Apóstol Pedro a acompañarle era para presentarlo a aquel rebaño que acababa de ser confiado a su cuidado...
 
         El gran Apóstol Pedro obedeció inmediatamente el llamado de su Maestro y se levantó para seguirle, probablemente con la impresión que sería el único que obedeciera a este llamado...
 
         Pero al ver hacia atrás para saber si era el único seguidor y ver qué estaban haciendo sus compañeros, con sorpresa observó al Apóstol Juan que les seguía muy de cerca e inmediatamente hizo la pregunta a su Maestro: “Señor, ¿y qué de éste?...
 
         La breve pregunta significaba en otras palabras “Señor, Juan nos está siguiendo. ¿Le aguarda el mismo futuro que profetizaste para mí? ¿También será atado y llevado a donde no quiera? ¿O le tocará otro destino?”...
 
         Tal vez pensaba que le aguardaría un destino más feliz debido a que la madre de Juan le había pedido ambiciosamente al Señor Jesucristo que tuvieran una situación de privilegio para con sus dos hijos...
 
         Probablemente pensara así especialmente todos los discípulos, hasta el último día de la estadía del Señor Jesucristo en la tierra, todavía esperaban que el reino de Israel fuera restaurado en breve...
 
         Sin embargo el Señor no le dio importancia a estas consideraciones del Apóstol Pedro sobre su compañero de milicias Juan, sino que su contestación le mostró a Pedro que esto no era algo que debía preocuparle aun cuando su destino fuera vivir hasta la venida del Señor...
 
         Pedro no debía desviar su mirada del arado que se le había encomendado en sus manos...
 
         Aunque el Señor conocía de antemano lo que sucedería con ambos discípulos no le dio explicación alguna al Apóstol Pedro sobre la vida de Juan sino que dejó que este pensara lo que quisiera sobre el futuro de su amigo...
 
         Su respuesta fue “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?”... En otras palabras: “Suponiendo que yo le concediera sentarse a mi derecha en el reino mesiánico, te vuelvo a preguntar ¿qué a ti?...
 
         Y si Juan no fuera a gustar la muerte, sino que sobreviviera hasta mi segunda venida como ocurrió con el profeta Elías, para ser arrebatado en el aire para ser llevado a los cielos eternos... ¿por qué te preocupas? SÍGUEME TÚ”...
 
         La respuesta del Señor Jesucristo a Pedro es como si el gran Apóstol estuviera entrometiéndose en asuntos que no le conciernen... En verdad esta era una de sus debilidades... Le gustaba estar en los asuntos de la vida de los demás como lo hizo aquí o con el mismo Señor...
 
         Pero Pedro aprenderá la lección. Es por medio de este mismo Apóstol que la Iglesia recibe la advertencia necesaria contra este vicio demasiado común que persiste a pesar de los años...
 
         Pedro escribirá en 1ª P. 4:15: “Así que ninguno de ustedes padezca como asesino o ladrón o malhechor, o por entrometerse en lo ajeno”...
 
         EL mandato del Señor no es velar tanto por la vida de los demás, sino que nuestra primera tarea es velar en nuestra propia fidelidad...
 
         La manera más efectiva de contribuir al bien del Reino de Dios es viviendo nuestra propias vidas respetando los principios eternos de Dios...
 
         El mundo está lleno de males con escepticismo, superstición, ignorancia, inmoralidad, inmoralidad y necesita de hombres y mujeres que sigan a Cristo fielmente...
 
         Sé santo, un ejemplo de sobriedad, justicia y piedad, aunque todo el mundo se convierta en un caos de sofocante impureza, fraude e impiedad... “¡Sígueme tú!” es el mandamiento repetido del Señor...
 
         Pedro no podía hacer lo que el Señor le pedía sencillamente sino que miraba a su alrededor para ver o que los demás estaban haciendo...
 
         Al mirar alrededor nuestro seremos distraídos, trastornados o atormentados por saber lo que ha sido de este o aquel que supimos ver sino que podremos continuar nuestro trabajo del Reino de Dios en paz. (1)
 
CONCLUSIÓN:
 
         El llamado del Señor es a mirarlo fielmente a Él y no a los demás... La función de todos aquellos que corren en la carrera de la vida cristiana (como en las competencias) no es el modelo a alcanzar sino que son testigos que nos alientan con sus testimonios a que es posible vivir la vida cristiana con fidelidad (He. 12:1 al 3) (SLIDE)
 
         La fidelidad es una característica de la vida cristiana. Es una cualidad que Dios demanda de todo siervo que le sigue (1ª Co. 4:1 al 2)
 
         Nos sorprenden actos de fidelidad de la vida cotidiana como la del perro que es fiel a su amor aun después de muerto (ver el video del perro “capitán”)...
 
         Pero cuánto más admiraría al mundo de aquellos que sea lo que sea que se atraviese en su vida o lo que le suceda, aún bajo amenazas, puede mantenerse fiel al llamado de su Maestro...
 
¡S.D.G!
 
BIBLIOGRAFÍA:
 
1.- TRES AÑOS CON JESÚS. A.B. Bruce. Edit. Desarrollo Cristiano Internacional.
2.- NUEVO DICCIONARIO BÍBLICO ILUSTRADO. Vila – Escuain. Edit. CLIE.

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