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ESPERANDO EL PODER Y LA LUZ - Mc. 16:19 y 20 – Hch. 1:12 al 14

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 21/oct/2012
Categorias: La Urgencia del Evangelio,Series de Estudios

 

 

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
 
 
TÍTULO DE LA SERIE: LA URGENCIA DEL EVANGELIO.
 
Subtítulo: Caminando con Jesús, El Cristo.
 
¡S.J.A!.
 
Nuestra verdadera ciudadanía está en los Cielos. Aquí, peregrinamos con Jesucristo por este mundo y un día le veremos cara a cara.
 
 
TEMA DE HOY: "ESPERANDO EL PODER Y LA LUZ”
 
LECTURA: Mc. 16:19 y 20 – Hch. 1:12 al 14
 
 
VERSÍCULO CLAVE:
 
“Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”. Mc. 10:45 (NVI)
 
            Continuamos usando el libro de A.B. Bruce “TRES AÑOS CON JESÚS” (Capacitando a los doce) como guía de nuestro estudio sobre el Evangelio según San Marcos.
 
 
INTRODUCCIÓN:
                                   Posterior a la Ascensión de nuestro Señor Jesucristo a los cielos (donde se sentó a la diestra de Dios desde donde hoy nos observa y contempla abogando delante del Padre. Mc. 16:19 y 1ª Jn. 2:1) los discípulos regresaron a Jerusalén cumpliendo con lo ordenado por Él...
 
            Todos ellos fueron al aposento alto de la casa que los albergaba esperando la venida de Poder de Dios prometido y de la Luz de su presencia para guiarlos en los tormentosos caminos que les esperaba...
 
            Esperaban algo especial, una transformación espiritual una iluminación especial. El Espíritu Santo, este Espíritu de Verdad, ha de venir para guiarlos en toda la carrera cristiana. Ese Lucero del alba iluminará sus corazones de tal manera que nada los atemorizará en la tarea a cumplir...
 
            Serán dotados de un poder de palabra y de carácter sin igual en proporción a su mayor comprensión de las enseñanzas y de la obra de Jesucristo para que quienes los oigan se llenen de asombro, y se digan unos a otros: “Miren, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo es que les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido […] las maravillas de Dios? (Hch. 2:7 al 11)
 
            Esperan en sus corazones vibrando con una emocionante expectativa y palpitan pensando con asombro de las grandes cosas han de ser reveladas. Aguardan con ansias por diez días lo que nuestro Salvador y Señor les había prometido...
 
            Pero, ¿cómo esperan? ¿Están quietos, contemplativos como mal aparece en ciertas pinturas u otras obras de arte hasta que ese Poder se manifieste?...
 
            La respuesta es un rotundo NO. La reunión que los nucleaba no era para nada contemplativamente monástica. (1)
 
            ANTE LA BÚSQUEDA DE LA PRESENCIA DE DIOS Y SU DIRECCIÓN NO FUERON REACTIVOS SINO PROACTIVOS.
 
 
1.- SE MANTUVIERON CONSTANTES EN LA ORACIÓN:
 
            Muchas oran benditas fueron colmadas por oraciones y súplicas. Podemos estar seguros que esas horas de espera no fueron con hastío ni sus oraciones con tenor aburrido con una apagada forma “devocional” con las que estamos demasiados acostumbrados en estos días de gran decadencia espiritual...
 
            Sus intercesiones fueron más una lucha con Dios clamando por la promesa realizada en las cuales las horas pasan inadvertidas y amanece antes de que uno se dé cuenta... Oraban sin desmayar, sin desanimarse, sin cansarse y con un mismo sentir...
 
            Los eventos que habrían de venir en el tiempo de Pentecostés fueron la respuesta al clamor de sus corazones en las oraciones ofrecidas durante esos diez días... En ese espíritu de oración, de intercesión unánime con sed en escudriñar las enseñanzas de Jesucristo se incubó la primera Iglesia Cristiana. (1)
 
            Como supo decir el pastor Eduardo Coria en el retiro que tuvimos con él, “La oración es el pulmón espiritual de la iglesia a la cual oxigena”.
 
            Se suele decir que L.D. Moody declaró: “Si tienes tantas cosas que hacer que no te queda tiempo para orar, créeme, tienes más cosas de las que Dios quieres que tengas”.
 
            Si queremos ver el Poder de la mano de Dios moviéndose en nuestros días debemos buscar ansiosamente la presencia de Aquel que la mueve.
 
 
2.- SE DEDICARON SERIAMENTE A LA LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS:
 
            Además de permanecer vigilantes en la oración, no cabe duda que los discípulos del Señor dedicaron parte de su tiempo a ser llenos del conocimiento de su palabra...
 
            No se nos dice puntualmente esto pero podemos inferirlo ya que era una práctica habitual del judío y por la manera en la que posteriormente el Apóstol Pedro utilizó los textos del A. Testamento en el discurso efectuado al pueblo de Jerusalén en el día de Pentecostés...
 
            En dicho sermón se pone en evidencia una puntillosa preparación previa... Si bien en cierto sentido existió una improvisada alocución efusiva, bajo la inspiración del Espíritu Santo, pero en otro era el fruto de un cuidadoso estudio de las Sagradas Escrituras...
 
            Con casi total seguridad el gran Apóstol Pedro y sus compañeros habían vuelto a examinar detenidamente todos aquellos pasajes que Jesucristo había expuesto delante de ellos la noche posterior a su resurrección, y entre ellos los Salmos 16 y 18 que citó el apóstol en su primer sermón evangelístico para sustentar la resurrección del Señor Jesús (Hch. 2:25 al 28)...
 
            La evidencia de la manera minuciosa y cuidadosa en que se dedicó al estudio de ésa y a otras porciones mesiánicas de las Sagradas Escrituras está en la precisión con las que las citó en su discurso...
 
            Los cuatro versículos del salmo 16:8 al 11 se encuentran palabra por palabra en el discurso del Apóstol Pedro, tal como aparece en el original, siendo esto más notable dado que los oradores y los escritos del Nuevo Testamento habitualmente no citan textualmente las referencias del A. Testamento, sino que lo hacen libremente.(1)
 
            Dios nos muestra en su Palabra que los grandes despertares del Pueblo de Israel estuvieron vinculados a los tiempos en que la nación, de corazón, se dedicó con avidez a estudiar la palabra de Dios como por ejemplo bajo el reinado de Josías (2ª R. 22:1 al 23:27)
 
 
3.- FUERON SOLÍCITOS EN LA UNIDAD DEL ESPÍRITU, CON UN MISMO CORAZÓN:
 
            Durante los días de espera participaban en las reuniones de oración, estudiaban las Sagradas Escrituras, se consultaban acerca de lo que leían y de lo que esperaban ver. Compartían los alimentos y el la casa de quien generosamente los hospedaba...
 
            Así estuvieron esperando unánimes en el sentir de sus corazones, en ese mismo lugar hasta que llegó el día de Pentecostés. (1)
 
            En este espíritu de unidad los ciento veinte asistentes en aquel lugar oraban por más luz sobre el significado de las Sagradas Escrituras, por la venida de ese Reino Divino a esta tierra, que clamaban en el modelo de oración dejada por Jesucristo al enseñarnos a decir “Vénganos a nosotros tu reino”...
 
            Humanamente hablando, podemos decir que eran personas del vulgo, que la mayoría ni siquiera sabían orar apropiadamente. No tenían ideas claras de aquel Poder prometido por su Maestro, de su naturaleza y del efecto que habría de producir en ellos...
 
            Sabemos según lo estudiado en sermones anteriores que tenían ideas rudimentarias y aún erróneas sobre lo que era el Reino de Dios ya que en el mismo momento de la Ascensión de Jesucristo le continuaban preguntando si iba a restaurar el reino a Israel que por aquel tiempo estaba bajo el yugo romano (Hch. 1:6). (1)
 
            Estos groseros errores no opacaban este espíritu de unidad pues había solicitud en sus corazones en cuidar la unidad de la Iglesia cristiana que estaba en plena gestación. Este espíritu es el que el Apóstol Pablo reclama a los cristianos de Éfeso en el cap. 4:1 al 6 donde dice:
 
“Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos”.
 
            El pastor Alfredo Smith supo decir en cierta ocasión en una conferencia dada hace varios años atrás en nuestra congregación que “está en la naturaleza del ser humano el autodestruirse y, si la Iglesia de Jesucristo, no se limpia de esta maldad por el Poder de Dios, se dividirá hasta atomizarse”(2)
 
 
CONCLUSIÓN:
 
            Cuando llegó el Poder de Dios se inauguró el tiempo del obrar del Espíritu Santo en la Iglesia que se realizaría por los Apóstoles como testigos comisionados de los hechos y de las enseñanzas de Jesucristo...
 
            Este pequeño rebaño de ciento veinte discípulos creció, “no con ejército, ni con fuerza humana, sino con el Poder del Espíritu Santo de Dios” (Zacarías 4:6)... En su buena Voluntad, el Padre de las Luces quiso darles el Reino (Lc. 12:32) (1)
 
            La Iglesia sin ese Poder ni esa Luz para ser guiada carece de capacidad para cambiar esta sociedad. Tal como lo explica en el siguiente video, el pastor Alfredo Smith nos explica que la Iglesia en Perú fue cambiada al buscar ese Poder a través del estudio concienzudo de las Sagradas Escrituras, de la oración intercesora y de la unidad del cuerpo de Jesucristo. Amén
 
¡S.D.G!
 
 
Rubén Salcedo
 
 
BIBLIOGRAFÍA:
 
1.- TRES AÑOS CON JESÚS. Vol. II. A. B. Bruce. Edit. Desarrollo Cristiano Internacional.
2.- Conferencias de Crecimiento dadas por el pastor Alfredo Smith en la Congregación Cristiana Jesucristo Rey en Nov. De 1997.

 


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