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ORIENTACIÓN, PRIVILEGIOS Y RESPONSABILIDADES DURANTE LA CARRERA - HEBREOS 12:12-29


Autor: Ricardo Martinez
Publicado: 25/ene./2015
Categorias: Series de Estudios, Jesucristo, Superior a Todo


 

En esta sección, el tema de la disciplina va llegando a su fin. Con una exhortación pastoral y una metáfora adicional acerca del atletismo, el autor finaliza sus comentarios. Como en toda la carta, él apoya su enseñanza con referencias de las Escrituras que disponía en ese momento.
 
Si bien en esos tiempos los cristianos quizá no estaban totalmente involucrados en esta actividad deportiva (ya que las competencias daban pie a excesos paganos), lo cierto es que ellos estaban totalmente familiarizados con los deportes de sus días. De allí que el escritor tome del mundo de los deportes las imágenes de los espectadores, la vestimenta y las condiciones de los competidores, y la competencia misma.
 
Como vimos el domingo pasado la vida cristiana (carrera) requiere de una disciplina constante a efectos de que se corra de acuerdo a lo establecido por Dios. Así que, en base a lo que escribió en los versículos precedentes, al llegar a la conclusión el autor  dice en el versículo 12: “Por lo cual” (RV60), o “así pues” (DHH). Esto es lo que ustedes deben hacer.
 
Para una mejor comprensión, la sección que consideramos puede dividirse en tres partes:
 
  • La orientación para nuestras vidas (a la fortaleza, unidad, paz, santidad, gracia) (12:12-17)
  • El privilegio de acercarnos a Dios sin temor (12:18-24)
  • Responsabilidades: escuchar a Dios y serle fiel (12:25-29)
 
Debemos recordar siempre que en Hebreos como en todo el Nuevo Testamento, la doctrina no es una especulación abstracta, sino la base para una vida transformada donde la verdad se vive.
 
I. La orientación para nuestras vidas. 12:12-17
Entendiendo que la disciplina es el elemento que Dios utiliza para ayudarnos a crecer y a fortalecer la fe, el autor con algunos consejos prácticos, anima a los lectores a recapacitar y a continuar la vida de fe con fuerzas renovadas y dirección clara.
 
Levanten pues las manos caídas y las rodillas entumecidas (paralizadas RV60). Aquí el autor probablemente les recuerda un dicho proverbial basado en Is. 35:3: “Fortalezcan las manos cansadas y afirmen las rodillas endebles”.
 
* Como ya dijimos la vida de fe se trata de una larga carrera, en ella el “corredor” espiritual debe estar atento ya que las “manos y las rodillas” pueden volverse débiles y hacerlo flaquear trayendo desánimo y frustración. Muchos de aquellos lectores estaban en esas condiciones, desanimados, fatigados espiritualmente y la tentación de volver atrás y abandonar a Jesucristo era muy grande.
 
*¿Cómo están nuestras manos y nuestras rodillas? Aunque a veces podemos experimentar situaciones como estas, como cristianos no debemos darle cabida en nuestra vida a las manos caídas y a las rodillas paralizadas.
Si siente que sus brazos están perdiendo fuerza, que sus rodillas están al punto de doblarse y dejar caer al cuerpo, que sus pies ya no pueden seguir; jamás debe pensar en retirarse o en abandonar, no debe darle lugar a la autocompasión, la tristeza y el desánimo. Es el momento de acudir con confiada libertad a nuestro Señor Jesucristo, nuestro Gran Sumo Sacerdote que vive para interceder por nosotros, para que renueve nuestras fuerzas “en el poder de su fuerza” (Ef.6:10). Recuerde que como dijo el autor “nosotros no somos de los que retroceden, sino de los que tienen fe y perseveran” (10:39), recordando también “que El que comenzó en nosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil.1:6)
 
Enderecen las sendas por donde van, para que no se desvíen los cojos, sino que sean sanados. Esta es una expresión que se desprende de Proverbios 4:26-27. El dice que la razón para emparejar la pista para la carrera es que “el cojo no quede invalidado, sino que más bien sea sanado”. Antes que un corredor empiece a correr, el mismo examina la pista con cuidado, se da cuenta que el terreno desparejo puede hacerlo vulnerable a una caída. Corre peligro de dislocarse un tobillo y quedar así descalificado de la carrera. Es especialmente cuando se siente la fatiga que se hace real la posibilidad de sufrir una lesión. Por dicha razón, las sendas deben ser emparejadas.
 
* No todos los corredores están en una condición física óptima. Algunos están disminuidos es decir, cojos. Y aun así, a pesar de su condición, ellos así como los más fuertes, deben perseverar, continuar, y al final completar la carrera.
 
* ¿Qué trata de decirles y decirnos el autor?
Que nuestro andar por los caminos de Dios NO es un asunto solamente individual, sino que tiene un impacto importante en la comunidad de creyentes, la Iglesia. El cuerpo de Cristo es uno pero con muchos miembros. (1º Co. 12:12-27)
 
* La senda pareja o derecha tiene que ver específicamente con el testimonio visible y personal del cristiano. Nuestras acciones afectan directamente a quienes observan nuestro ejemplo, de modo que pueden contribuir a un fortalecimiento o a un debilitamiento aún mayor de nuestros compañeros.
 
* Como cristianos miembros de la familia de Dios, tenemos la responsabilidad de que nuestras sendas sean rectas, corrigiendo lo negativo y quitando todo pecado que sea un estorbo para nosotros y que pueda hacer extraviar a nuestros hermanos, particularmente para los más débiles en la fe.  (Mt. 18:6; Ro. 14:3)
La atención y el cuidado espiritual hacia los débiles es prueba de ser un verdadero cristiano (1º Jn. 2:10)
La verdadera vida de fe considera la debilidad del hermano evitando toda actitud que pueda servirle de tropiezo (Ro. 14:1-6; 15:1-2), de manera que transitando una senda derecha no tropezamos ni hacemos tropezar a otros.
 
Procurar vivir en paz con todos. Dejando atrás la figura atlética, el autor da unos consejos prácticos para continuar en el camino de la fe.
El consejo o mandamiento tiene que ver con una insistente persecución de la paz hasta alcanzarla, es decir, no descansen hasta haberla obtenido.
 
* La vida produce muchas tensiones y desacuerdos, y los creyentes estamos llamados a evitar que estos se conviertan en conflictos personales tanto dentro como fuera de la iglesia atrofiando la vida espiritual tanto individual, familiar como de  la congregación.
 
El Señor llamó a los hijos de Dios “pacificadores” (Mt.5:9), y un pacificador no es un simple pacifista (amante del pacifismo entre naciones), un pacificador es aquel que vive la paz y por lo tanto la busca con insistencia. El pacificador anhela estar en paz con todos los hombres, por lo tanto hace todo lo posible por estar en paz con todos (Ro. 12:18).
 
* ¿Es esto posible en estos tiempos tan turbulentos? Claro que sí, ya que la verdadera paz en el creyente, no es el producto artificial y pasajero del esfuerzo humano, sino el resultado de una unión vital e íntima con Jesucristo (Ro. 5:1), el Príncipe de Paz (Is.9:6), quien además es nuestra Paz (Ef. 2:14).
¿Eres de los pacificadores que buscan la paz, o de aquellos que generan tensiones y conflictos? No te olvides que la paz es también el fruto de una vida guiada por el Espíritu Santo. (Gál. 5:22)
 
Procuren vivir en santidad.  El tener un concepto formado sobre los “santos” a través del catolicismo romano, a veces hace que nos suene raro el concepto de la santidad. Pero lo cierto es que hay una realidad en la Biblia con relación a este tema, donde la santidad se expone como una responsabilidad moral del creyente (Lv. 11:44-45; 19:2; Ef. 1:4; 2º Co. 7:1; 1º P. 1:15-16).
 
La palabra santo significa puro, limpio, física y especialmente moral y espiritualmente. También se traduce como separado, apartado, puesto aparte, consagrado. Evidentemente estos conceptos están íntimamente relacionados, ya que para ser puros y limpios, debemos separarnos de toda contaminación, suciedad y pecado.
 
* Santidad aquí tiene que ver con la santidad práctica, es decir, con la santificación, por lo tanto la exhortación es a separarse de todo lo pecaminoso, ya que esta es la voluntad de Dios para sus hijos (1º Ts. 4:3).
 
 
* Los cristianos debemos persistir en la santificación día a día, haciendo de ella una prioridad en la vida.
Al igual que la paz, la santidad NO es producto del esfuerzo meramente humano, (porque nada ni nadie puede ser santo sin el “toque” de Dios) sino que es el resultado del amor y obediencia a la Palabra de Dios y de seguir y vivir fielmente a Cristo (Jn. 15:5; He. 12:2).
El que vive en santidad siempre mostrará algo distinto o diferente a los demás. La santidad es algo que siempre se deja ver en un creyente que la viva, afectando todos los ámbitos de la vida (como dice el apóstol Pedro “en toda vuestra manera de vivir” 1º P. 1:16.), es decir, se debe ver naturalmente reflejado en nuestra vida el hecho de que hemos sido apartados por ÉL y para Él.     
 
*  Finalmente quien no lleve una vida santa, una vida de separación del pecado NO puede VER a Dios, en el sentido de estar en comunión con ÉL y de gozar de la bendición, el favor y el trato personal con quien es absoluta, perfecta e infinitamente santo.
 
Gracia sí, amargura no. El autor prosigue con un solemne llamado a prestar atención a efectos de no perderse los beneficios que trae la Gracia de Dios sobre el creyente.
El llamado es fundamentalmente personal pero también incluye la responsabilidad que tenemos como cuerpo de Cristo de velar por nuestros hermanos.
 
* No quiere decir que el creyente pueda caer de la gracia y perder la salvación, la advertencia tiene que ver con las bendiciones propias de la salvación que pueden dejar de alcanzar en la vida cristiana quienes buscan otras vías que no sean una vida plena de fe en absoluta dependencia de Dios.
 
* El apartarse de la vida en la gracia, que no es otra cosa que la vida en la fe, trae como consecuencia la pérdida del gozo, que es sustituido por raíces de amargura (tomado de Dt. 29:18) que se enquista en los corazones y los envenena espiritualmente.
La raíz de amargura es doblemente peligrosa, porque no afecta solamente al que la padece, sino que como una planta venenosa se extiende contaminando y corrompiendo a su entorno. Y a causa de ella muchos hermanos pueden ser contaminados trayendo desánimo y desaliento. Como dice Samuel Pérez Millos: “la santidad no se contagia, el pecado sí”.
 
* Los cristianos no debemos permitir que por diversos problemas que  pueden ser personales, familiares, laborales, sociales o eclesiásticos, entren en nuestros corazones la amargura , la queja y el resentimiento ya que no solo sufriremos las consecuencias perdiéndonos bendiciones, sino que seremos un factor contaminante y negativo para la iglesia.
 
Un ejemplo de esta raíz de amargura es Esaú, que mostró un evidente desinterés por las cosas espirituales cambiando su primogenitura por un plato de comida solo para satisfacer un momento.
Luego Esaú procuró con lágrimas y llanto (Gn. 27:34,38) modificar la situación y recuperar la bendición perdida pero ya era tarde, Isaac no podía ni quería retirar la bendición dada sobre Jacob.
 
* Debemos prestar atención y comprender que el pecado deja cicatrices morales y espirituales que no desaparecen con la confesión ni con el paso del tiempo (como una lastimadura en el cuerpo). El pecado deja huella, no impide la restauración y el servicio pero las lastimaduras quedan a lo largo de la vida del creyente.
 
 
II. El privilegio de acercarnos a Dios sin temor. Los dos montes
 
A partir del versículo 18 al 24 parece que el autor introduce un tema nuevo, pero en realidad no es así, sino que el autor vuelve al tema de su escrito, el contraste entre el antiguo y el nuevo pacto.
El autor hace un contraste entre el monte Sinaí como ejemplo del monte donde se había dado la ley con el miedo que producía no solo en el pueblo sino también en Moisés, la presencia de Dios con todo su esplendor, poder y majestad y el monte de Sión. El Sinaí inspiraba terror, temblor y distanciaba al pueblo de Dios, el de Sión por el contrario invita al acercamiento sin temor, a la vida, al gozo, a la comunión, al compañerismo y a la intimidad con Dios.
 
El Sinaí no era un lugar espiritual, era un lugar palpable, es decir, real. El monte de Sión es impalpable en la condición actual del ser humano porque es la expresión de la presencia de Dios misma y de las bendiciones celestiales. Un lugar permanente.
* Dice al respecto Rogelio Nonini en su libro Cristo es Superior a Todo: “Los cristianos figuradamente nos acercamos al monte de Sión, donde Cristo dio su vida por nosotros, y nos acercamos a un Dios cercano, a Emanuel que es Dios con nosotros. Por medio del Salvador tenemos acceso a Jerusalén la ciudad celestial, donde millares de ángeles sirven, y a la congregación de los salvados por Jesucristo. También nos acercamos a Dios el gran Juez, y podemos hacerlo sin temor, porque ya estamos justificados por la obra redentora del Hijo (Ro. 5:1). En definitiva los cristianos nos acercamos a Jesús, el Mediador del nuevo pacto, al que entramos por la fe en el sacrificio que realizó en la cruz. Su sangre es más valiosa que la de Abel, porque no es solo la sangre de una persona obediente y fiel, sino que es la sangre del Cordero de Dios que quita el pecado de todos los que se arrepienten y lo aceptan por fe.”
Los cristianos tenemos libertad para acercarnos a la presencia de Dios sin temor como nos ha animado el autor en otras partes de la carta. 4:16, 10:22.
 
 
III. Responsabilidades: escuchar a Dios y serle fiel.
 
 La última sección del texto de hoy contiene un nuevo llamado de atención para el creyente.  Debemos tener cuidado con desechar Al que habla no escuchándolo. El que habla al hombre es Dios, lo hizo primero por los profetas, luego por el Hijo y ahora por la Palabra de Dios, la Biblia.
El autor no está acusando a sus lectores, no dice que sean culpables de negarse a escuchar a Dios, más bien los anima pastoralmente a prestar atención a la Palabra de Dios cuando la oyen. Les recuerda como fueron disciplinados los israelitas en el desierto cuando se negaron a escuchar las advertencias del Señor. (Nm. 14:29)
Como representante de Dios, Moisés les había dado claras instrucciones y advertencias, pero ellos no hicieron caso, no se dieron cuenta o no quisieron darse cuenta que el rechazar la palabra de Dios es equivalente a rechazar a Dios mismo.
 
* Si aquella actitud tuvo una acción disciplinaria contra el pueblo, cuanto más la habrá para el creyente de estos días, que como se nos enseñó el domingo pasado goza de mayores privilegios y responsabilidades.
Debemos prestar mucha atención cuando Dios nos habla y no tomarlo a la ligera, porque cada vez que escuchamos la Palabra de Dios aumenta nuestra responsabilidad ante ÉL,  ante su Iglesia, y ante la sociedad
 
* Continuando con la experiencia del Sinaí, el autor nos recuerda que la tierra fue conmovida cuando Dios habló, pero el Señor pronto volverá en gloria y su presencia no solo conmoverá la tierra, sino el cielo terrestre y todo lo material, será una conmoción universal. Todo lo temporal será removido dando paso a lo eterno, al reino inconmovible de Dios.
Este reino tiene una connotación futura, pero también es el disfrute actual para nosotros, los hijos de Dios, ya que desde el momento mismo de la conversión hemos sido trasladados al reino de Dios.
 
* Así que ante esta realidad maravillosa la primera reacción del creyente debe ser de GRATITUD por las bendiciones recibidas Ef. 1:3. Debemos ser agradecidos ya que todo lo que somos y tenemos es por el amor, la gracia y la misericordia de nuestro Señor.
La segunda reacción debe ser el SERVICIO, el servicio cristiano hecho con devoción y con profundo respeto a Dios por lo que Él es, es una respuesta a su compasión, gracia y misericordia, y a todo lo que hemos recibido y recibimos de Él.
 
Conclusión: todas estas consideraciones y consejos prácticos que nos da el autor de Hebreos son básicamente la respuesta del cristiano al hecho central que ha venido desarrollando en todo su escrito: Cristo es superior a todo y es nuestro Gran Sumo Sacerdote en quien podemos confiar y a quien podemos acercarnos en completa libertad.
El autor nos anima, no a vivir con miedo, sino con respeto, haciendo la Voluntad de Dios, y para que a pesar de las pruebas o dificultades que puedan existir, perseveremos en el gozo, la santidad, la gratitud y el servicio.
Todo, absolutamente todo lo recibimos por gracia, nuestra respuesta entonces debe ser una obediencia total y amorosa a Él .  Amén
Ricardo A. Martínez
 
BIBLIOGRAFÍA: 
CRISTO ES SUPERIOR A TODO -  Rogelio Nonini - Distribuidora Alianza.
COMENTARIO EXEGÉTICO AL TEXTO GRIEGO DEL NUEVO TESTAMENTO – Samuel Pérez Millos, Th.M. - Clie
COMENTARIO BÍBLICO MUNDO HISPANO Antiguo y Nuevo Testamento

COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO – HEBREOS – Simón J. Kistemaker – Libros Desafío 


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