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BUENO… POR POCO… - Hechos 25:13-27; 26:24-32

Autor: Ricardo Martínez
Publicado: 03/may/2015
Categorias: Series de Estudios,Los Hechos de los Apóstatas

 

El adverbio de cantidad “por poco”, va junto con “cerca” o “casi” y es muy usado para mostrar la frustración de no haber alcanzando algo, o también la satisfacción de que algo negativo no haya sucedido. Es por eso que a veces escuchamos: “Por poco me dan el trabajo”. Pero el asunto es que no lo consiguió. Otros dicen: “Casi salgo empleado del mes”. Pero la verdad es que no salió. “Por poco apruebo la materia”. Pero no se aprobó.

 

    Y qué hay de aquellos que dicen: “Por poco tuve un accidente”. Qué bueno que no lo tuvo. Algunos, ante cierta relación, dicen: “Por poco lo arruino todo”. Hizo bien en no arruinarlo. “Mi vecino por poco llegó a ser cristiano”. Pero no lo fue. Y así se dan a cada momento situaciones donde este adverbio o nos salva o nos arruina.

 

En la historia de hoy, es Agripa, el rey que escuchó con mucha atención a Pablo, que prefirió los disfrutes temporales que los eternos. Estuvo a punto de ser persuadido para pasar de “muerte a vida”, tanto así que Pablo lo encaró con su propio testimonio (v. 29).

 

    A la luz de esta historia, consideremos algunos aspectos de la más grande tragedia de la vida.

 

I. ES UNA PENA QUE ALGUIEN VEA TAN DE CERCA EL TESTIMONIO DE LA OBRA DE DIOS Y NO LO CONSIDERE.

    Primero Félix, después Festo, luego Agripa, estos hombres seguramente tuvieron la oportunidad de ver a muchos hombres que fueron traídos a su presencia para ser enjuiciados por su culpabilidad. Ahora mandan a llamar “al hombre”. Pero, ¿cuál era la diferencia que entre este “prisionero” y los que comúnmente eran traídos delante de estos gobernantes? Bueno, que por más que examinaron a Pablo, como lo hizo Pilato con Jesucristo, no encontraron ninguna falta para condenarlo.

    Si bien los acusadores traían muchas pruebas y argumentos, ninguno de ellos pudo ser probado. Festo estaba bien informado de cuáles serían los cargos con los que podía imputar a un prisionero, y en el caso de Pablo, ninguno de los presentados aplicaba (v. 18).

 

Sin dudas Pablo era objeto de gran interés de parte de las autoridades con las que se relacionaba. Algunos tenían el deseo de matarlo, mientras que otros querían oírlo, pero el factor sobresaliente en Él era su testimonio. El testimonio de Pablo era una evidencia poderosa del poder de Dios. Un buen testimonio es la prueba más contundente de que el evangelio tiene poder para transformar las vidas.  

 

    Si bien como él mismo relata ante Agripa (26:9-11), su pasado había sido nefasto para la vida de los primeros cristianos, pues había hecho muchas cosas en contra del nombre de Jesús. Perseguía a los cristianos, los castigaba, los forzaba a blasfemar, los encerraba en cárceles y hasta consentía con que fueran muertos. Hubo un día en que se encontró con Jesús y no volvió a ser el mismo de antes nunca más, pasó de perseguidor a servidor de Jesucristo.

 

 

Los hombres podrán burlarse de nuestra fe, del trabajo que hacemos; podrán cuestionar la doctrina y la práctica de nuestra fe; podrán levantar argumentos y hasta podrán tirar abajo los templos donde nos reunimos, pero jamás podrán negar la eficacia del Evangelio al ver una vida totalmente transformada por el poder de Dios.

    ¿Pero quién era este hombre que quería ver a Pablo? (25:22) ¿Qué tan parecido era al Felix que también le examinó? Su bisabuelo buscó para matar a Jesús al nacer; su abuelo asesinó a Juan Bautista; su padre continuó la tradición de sus antecesores mandando a matar a Jacobo e intentar hacerlo con Pedro.

 

    ¿Qué se podría esperar de este hombre, quien además estaba casado con su hermana Berenice? Sin dudas era un hombre jactancioso, que derrochaba vanidad, y que así se presentaron ante Pablo (v. 23).

    Pero, ¿cómo entró Pablo? Entró en escena como el judío, el pequeño fabricante de tiendas, con las manos encadenadas. Sin embargo desde el momento que comenzó hablar, dominó la escena. Es verdad que allí había hombres poderosos, pero cuando alguien tiene a Cristo en su corazón, y Él dirige su vida, tiene el secreto para una vida de seguridad, de paz, de confianza y fortaleza.

    ¿Qué cosa “digna de muerte o de prisión” podía haber hecho este hombre quien ha contado su testimonio de lo que él era antes y lo que llegó a ser después? La respuesta habla por sí sola: “Ninguna cosa digna… de muerte… ha hecho este hombre” (25:25; 26:31).

    ¡Qué veredicto dio el rey y todos los “principales hombres de la ciudad”! Pablo fue “probado” y en todo fue hallado fiel. Evidentemente Agripa vio a un hombre con vestimenta de prisionero, pero que poseía un poder que ninguno de los presentes, con todas sus pompas, posesiones, y poderes tenía. Agripa admite que las palabras de Pablo casi lo convierten al Señor.

    Pero qué pena que alguien haya estado tan cerca de la salvación y pase a la historia con las palabras “por poco me persuades a ser cristiano”. Ojalá que en estos tiempos la Palabra de Dios seduzca y transforme a los hombres, y se rindan a los pies de Jesucristo. Ojalá cada hombre se aleje del “por poco” y pueda ser como Pablo, totalmente libre en Jesucristo a pesar de estar preso.

 

II. ES UNA PENA QUE ALGUIEN OIGA EL MENSAJE DE SALVACIÓN Y LO MENOSPRECIE

Agripa escuchó el testimonio de Pablo, pero sobre todo, escuchó una presentación completa del evangelio. En un solo versículo (18) vemos un resumen de lo que hace el poder del evangelio.

 

1. Jesús vino para que los ojos de los hombres sean abiertos. Pablo al presentar su testimonio le dice a Agripa que cuando uno conoce a Cristo, él hace ver cosas que nunca habíamos visto antes.

Jesús lo había enviado para ayudar a los hombres a que abrieran sus ojos, llenos de ceguera espiritual y lejos de la gracia de Dios, para que les resplandezca la luz del evangelio; con el resultado que todos los hombres, incluyendo al rey en presencia de quien está, volvieran su vista de las cosas terrenales a las celestiales. Que esos ojos llenos de vanidad, orgullo, egoísmo, embriagados de las cosas que solo se ven, puedan mirar con amor y compasión a otros a través de Jesucristo. Lo primero que hace el evangelio es abrir los ojos del entendimiento para ver las cosas como Dios las ve.

 

2. Jesús vino para que se conviertan de las tinieblas a la luz (26:18b). Agripa jamás en su vida había escuchado un mensaje con esta contundencia y demanda. En ese momento, él, su mujer y todos los que le acompañaban representaban a las tinieblas. ¿Por qué decimos esto? Porque la palabra "tinieblas" describe el pecado, la ignorancia, la idolatría, las supersticiones, la vanidad y el poder humano. Ellos han mostrado una fuerte resistencia y eso es lo que hacen las tinieblas. Los hombres, entre los que figura Agripa, amaron más las tinieblas que la luz (Jn. 3:19).

Jesús vino como la luz del mundo. Por lo tanto, la vida sin él está mal orientada. Es un hecho que Cristo vino para revelar el camino al cielo, para que los hombres que caminaban en oscuridad, caminen hacia la luz y vean su camino con claridad. El llamado del texto es para que haya una conversión de las tinieblas a la luz. No hay salvación y vida eterna sin esta conversión sin este cambio de dirección que solo en Cristo se puede dar.

 

3. Jesús vino para transferir a los hombres del poder de Satanás al poder de Dios (26:18c). Cuando Agripa, Festo y toda la comitiva vinieron para conocer a Pablo, en ese momento se manifestaron tres poderes: el que representaban los reyes, el humano. El representado por Pablo, que al final era el mayor de todos. Pero allí estaba otro poder, el de satanás, pues cuando Pablo predicó y confrontó al rey Agripa, el negarse a ser persuadido para que se convirtiera, es un fiel reflejo del domino que tiene Satanás sobre las personas. Jesús vino para deshacer las obras de nuestro adversario el diablo, entre las que se cuenta el dominio que él ejerce sobre los hombres (Hch. 13:10; 2º Tim. 2:26; 1º Jn. 3:8). Cada vez que alguien se convierte, hay una transferencia del poder del mal al del bien.

 

4. Jesús vino para que los hombres reciban, por la fe que es en ÉL, perdón de pecado y herencia entre los santificados (entre los hijos de Dios) (26:18d). El otro gran mensaje que Agripa escuchó es que a través de Cristo él podía tener el perdón de pecados. ¿Podía alguien como este hombre recibir perdón por sus pecados? Los antepasados de Agripa, desde su abuelo hasta él, eran hombres crueles y sanguinarios. Los Herodes se caracterizaron por las atrocidades cometidas. Agripa no solo tenía el fantasma de tales males, sino que al momento de presentarse ante Pablo estaba cometiendo un incesto lo cual era condenado por la Biblia (Lv. 18:6, 12).

Sin embargo Pablo trae ante él un mensaje que podía haberle cambiado y puesto fin a la herencia que lo estigmatizó por ser esclavos de maldad y del pecado. El mensaje de Cristo apunta hacia el perdón de pecado. Jesús con su muerte sacrificial nos limpió de los pecados que nos impedían entrar a la presencia de Dios. Como la mayor muestra del amor de Dios y de su gracia infinita, Él tomó nuestro lugar en la cruz para poder purificarnos del pecado. Y no solo nos purifica, sino que nos libra del poder, de la culpa y de la condenación del pecado. Tenemos una gran promesa: “si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” 1º Jn. 1:9

 

Los hombres más perversos pueden encontrar perdón. Nadie queda excluido del perdón de los pecados. Pero es necesario que por medio de la fe nos acerquemos arrepentidos reconociéndole como nuestro Salvador.

 

III. ES UNA PENA QUE ALGUIEN SEA CONFRONTADO CON LA VERDAD DEL EVANGELIO Y SE PIERDA ETERNAMENTE

    El rey Agripa dijo: “Por poco me persuades a ser cristiano”, lo cual puso en evidencia que aunque fue impresionado, y a lo mejor movido de su asiento, al final no conoció al Cristo con el que fue confrontado.

    Este rey fue confrontado con la verdad, pero se perdió eternamente después de haber estado tan cerca de la salvación. “Por poco” es una cantidad incompleta. En las matemáticas divinas esta cantidad no cuenta. Es un “casi” salvado, pero al final perdido. Pudo más la vanidad, el orgullo y la arrogancia. Todos ellos tuvieron tan cerca de la salvación, pero al final se perdieron.

    La biblia nos cuenta de otros que “por poco” fueron salvos, como el caso del joven rico (Mt. 19:16-22). Aunque vino con muchas cosas correctas, incluyendo la pregunta para su salvación, al final no aceptó las demandas de Jesús.

    También en la pregunta sobre el gran mandamiento (Mr. 12:28-34) la respuesta final del Señor Jesús, nos indica que el escriba estaba “cerca” del Reino pero no en el.

 

CONCLUSIÓN:

Cuántos como el rey Agripa, Berenice y los demás quedan impresionados, convencidos, tocados, movidos, impactados pero al final perdidos. Esta es una historia triste. Agripa escuchó a Pablo sin interrupción. Pero aunque estuvo bajo convicción de pecado, permitió que su corazón se cerrara a la invitación. La única cosa que dijo fue: “Por poco me persuades a ser cristiano”.

 

¡Qué pena, tan cerca, pero perdido! Cuántas personas en la actualidad viven la misma situación, están “cerca”. No hay porqué terminar como Agripa, no hay porque vivir en el casi. Estar cerca de un lugar no es estar en ese lugar, estar cerca de un lugar seguro no es estar seguros. Ser casi cristiano no es ser cristiano, ningún “casi” cristiano se salvará ni disfrutará de las bendiciones de la vida cristiana sino decide acudir a Cristo verdaderamente arrepentido por sus pecados ya que solo en CRISTO y POR CRISTO es posible la reconciliación con Dios.

Ven a ÉL hoy!!!

 

 

Ricardo A. Martínez

 

NOTA: Sobre el texto de 26:28, William Mc Donald dice:Que Agripa sintió la fuerza del argumento queda indicado por sus palabras: Por poco me persuades a hacerme cristiano. Sin embargo, hay un considerable desacuerdo acerca de qué quería decir Agripa con esto. Los que siguen la traducción tradicional piensan que el rey había sido realmente llevado al umbral de la decisión por Cristo. Piensan que la respuesta de Pablo en el versículo 29 da apoyo a esto. Otros creen que Agripa estaba empleando la ironía, como preguntándole a Pablo: «¿Crees tú que con un poco de persuasión me puedes hacer cristiano?». En otras palabras, estaba evadiéndose de la presión de las palabras del apóstol con una chanza. 26:29 Tanto si Agripa hablaba con sinceridad o mofándose, Pablo replicó con intensa seriedad. Expresó el ferviente deseo de que con poca o con mucha persuasión, tanto Agripa como todos los presentes pudiesen entrar en los goces y bendiciones de la vida cristiana, que compartiesen todos los privilegios de Pablo, que fuesen hechos tales cual él era, excepto por aquellas cadenas.”

 

BIBLIOGRAFÍA:

BIBLIA DE ESTUDIO MAC ARTUR – REINA VALERA 1960 – Grupo Nelson

COMENTARIO BÍBLICO MUNDO HISPANO Antiguo y Nuevo Testamento

COMENTARIO BIBLICO DE WILLIAM Mac DONALD – Antiguo y Nuevo Testamento – Editorial CLIE


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