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FINJAMOS… LA GRACIA SOBREABUNDA

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 23/ago/2015
Categorias: Series de Estudios,Me han defraudado

 

Versículo clave: Mal. 3:9: “Malditos sean todos ustedes, porque como nación me han robado”.

            Tras la reconstrucción del templo en los tiempos de Esdras, vino la desilusión . La presencia de Dios no había venido al nuevo templo y el Pueblo de Israel comenzó a vivir con indiferencia hacia Dios. Endurecido y carente de discernimiento espiritual, el Pueblo de Dios persistió en sus expresiones cínicas de inocencia fingiendo espiritualidad…

            Habían abandonado toda intención de tomar en serio las diferencias entre el bien y el mal. Dominados a tal punto por la complacencia de creerse justos en su propia opinión, tuvieron el descaro de cuestionar con insolencia al Señor, su Dios…

            Es más, dieron a entender que Él parecía favorecer a los malvados y no interesarse mucho en los justos…

            El profeta Malaquías los confronta con la realidad de un juicio inminente y les dijo que Dios sí venía en camino, pero no como ellos pretendían sino para refinar y purificar. (2)

            Malaquías recoge la última súplica de Dios para con su Pueblo en el período del Antiguo Testamento. Tras de él, la voz profética de parte de Dios permanecerá en silencio durante cuatro siglos hasta la venida de Juan el Bautista. (3)

 

1.- LA CONDICIÓN DEL PUEBLO:

            La profecía de Malaquías contienen palabras claves que revelan la condición espiritual del Pueblo de Dios. Las palabras que utiliza para responder a cada uno de los mensajes que el profeta les entrega de parte de Dios nos demuestran cuál era la verdadera actitud de su Pueblo…

            Las palabras a las que nos referimos son: “¿En qué?, y las que encontramos en los siguientes siete pasajes de este libro (en todos ellos se utiliza el mismo término en hebreo):

Mal. 1:2. “El Señor ha dicho: «Yo los amo.»… Ustedes objetan: «¿En qué nos amas?»

Mal. 1:6 y 7. “El hijo honra al padre, y el siervo respeta a su señor. Pues, si soy Padre, ¿dónde está la honra que merezco? Y si soy Señor, ¿dónde está el respeto que se me debe?

»Yo, el Señor de los Ejércitos, les hablo a ustedes, los sacerdotes, que menosprecian mi Nombre, y que incluso dicen: “¿En qué menospreciamos tu Nombre?”

¡Pues porque ofrecen pan impuro sobre mi altar! Y aun añaden: “¿En qué te hemos deshonrado?”

Mal. 2:17. “Ustedes han cansado al Señor con sus acciones. Y todavía se atreven a decir:

«¿En qué lo hemos cansado?»”

Mal. 3:7 y 8. “Desde los días de sus antepasados no se han sometido a mis leyes, sino que se han apartado de ellas. Pero si se vuelven a mí, yo me volveré a ustedes. Yo, el Señor de los Ejércitos, lo he dicho.» Pero ustedes dicen: «¿En qué debemos de volvernos a ti?»...

«¿Habrá quien pueda robarle a Dios? ¡Pues ustedes me han robado! Y sin embargo, dicen: “¿En qué te hemos robado?”

Mal. 3:13. El Señor ha dicho: «Las palabras de ustedes contra mí han sido violentas.»

Pero ustedes dicen: «¿Qué hemos dicho contra ti?»…

            El profeta viene por primera vez al Pueblo de Dios con la declaración: “Yo los he amado, dice Jehová”, y ellos responden “¿En qué nos amaste?”... Luego dice: “Han menospreciado al Señor”, y ellos contestan: “¿En qué hemos menospreciado tu Nombre?”... Luego: “Han contaminado mi altar”, y ellos replican: “¿En qué te hemos deshonrado?”

            Después su mensaje es: “Me han cansado”. Ellos dicen: “¿En qué te hemos cansado?”… Otra vez dice: “Vuélvanse a mi”, y ellos responden: “¿En qué hemos de volvernos?”… Otra vez más: “Me han robado”, y ellos preguntan: “¿En qué te hemos robado?”

            Finalmente el mensaje es: “Han hablado violentamente contra mi”, y la respuesta del Pueblo de Dios es: “¿En qué te ofenden nuestras palabras?”…

            El Templo había sido reconstruido, el altar levantado, los sacrificios se ofrecen rutinariamente. Las fiestas y los ayunos se observan metódicamente, con el ritual y la forma exterior cumplidos perfectamente hasta en el mínimo detalle…

            A este Pueblo con apariencia religiosa, llega esta Palabra de Dios y se le plantea la queja divina… Ellos miran al profeta con una mezcla de asombro e incredulidad y le dicen: “¿En qué...?”…

            Es como si dijeran: ¿Qué nos quieres decir? Nos acusas de despreciar a Dios y de contaminar su altar, de causarle cansancio, de habernos alejado, de robarle, de hablarle con palabras ofensivas; nosotros no consideramos haber hecho estas cosas y, por lo tanto, ¿por qué hemos de someternos a tus acusaciones?…

            Dices que despreciamos la obra de Dios, pero ¡mira nuestros sacrificios y nuestras ofrendas! Y dices que hemos contaminado su altar… ¡Hemos traído nuestras ofrendas! Nos dices que le hemos cansado…

            ¡No sabemos cómo ni cuando! ¡No estamos conscientes de haber hecho nada que le pueda desagradar… Nos acusas de haber robado a Dios. ¡Queremos saber cuándo lo hicimos!… Dices que hemos hablado contra de Dios. No recordamos haber hablado contra Él. ¿Cuándo fue?...

¿Cuál es el significado de estas palabras: “¿En qué?”?… Este Pueblo no está en abierta rebeldía contra Dios, y tampoco niegan su derecho a dar sus ofrendas, sino que se engañan pensando que por haber traído sus ofrendas le han sido fieles todo el tiempo…

            Es un Pueblo que dice: “Estamos sacrificando y adorando para agradar a Dios” y sin embargo, Él tiene que decirnos por boca de su siervo: “Me han cansado, me han robado y me han ofendido”...

            Han estado actuando de una manera muy estricta y meticulosa en las observancias exteriores, pero sus corazones han estado lejos de sus ceremonias. Se han estado jactando en su conocimiento de la Verdad, respondiendo a esa Verdad de una manera mecánica y técnica…

            Pero sus corazones, sus vidas, su carácter, su naturaleza interior, todo ha sido una gran contradicción perpetua a los ojos del cielo y a su Voluntad. Cuando el profeta les dice lo que Dios piensa acerca de ellos, con asombro e impertinencia le miran a la cara y le dicen: “¡No entendemos nada de lo que dices!” (1) fingiendo demencia espiritual...

            Han llegado a la terrible condición de imaginar que lo que Dios solicita es solo adherirse a la letra y no comprenden que la letra, en el mejor de los casos, no es más que una desgarbada representación de lo que Dios manda ha hacer en el espíritu

            Ya el Apóstol Pablo, que era un erudito bíblico señaló en 2a Co. 3:6 que “Pues Él nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica”.

            La letra nunca puede comunicar todo el significado espiritual. Cuando un hombre está dispuesto a obedecer la letra con intención espiritual, Dios siempre tiene más para decirle de lo que la letra puede contener

            Esas personas, al igual que ahora en nuestro tiempo solo se proponen cargar con un yugo literal. Son las personas ortodoxas de lo que podamos imaginar, y sin embargo, su corazón está lejos de la realidad espiritual, y la verdadera condición de sus vidas está escondida de sus propios ojos

            Así es de sutil y trágica la experiencia de alejarse de un contacto íntimo y directo con Dios… No están consciente de ello, pero su concepción de Dios se ha distorsionado. El Dios de sus padres no es su Dios. El Dios de la comunión espiritual con su Pueblo, que caminó y habló con los patriarcas, ya no es su Dios

            El Dios de Israel en los tiempos de Malaquías, el dios que habían inventado, que estaban tratando de apaciguar y adorar, era el dios de la trivialidad, de la observancia mecánica, el dios que pedía un templo con una cantidad específica de piedras y ángulos, con un altar de forma prefijada, con muchos sacrificios y oraciones, pero sin referencia ninguna a la condición espiritual interior…

 

2.- LA CAUSA DE SU CONDICIÓN:

            En Mal. 2:7 dice: Y es que los labios del sacerdote son depositarios de la sabiduría; el pueblo espera hallar la Ley en sus palabras, porque él es mensajero del Señor de los Ejércitos”…

            Aquí se nos muestra la concepción divina del ministerio sacerdotal… El sacerdote no solo debía tener el conocimiento, sino practicarlo, vale decir, andar en él, obedecerlo y llegar a ser la incorporación del conocimiento que posee y del cual es depositario por algún tiempo…

            En su oficio el pueblo de Dios “el pueblo espera hallar la Ley en sus palabras, porque él es mensajero del Señor de los Ejércitos”...

            Pero en el v. 8 el profeta Malaquías les reclama: »Pero ustedes se han apartado del camino; han hecho tropezar a muchos en la ley; han corrompido el pacto de Leví. Lo digo yo, el Señor de los ejércitos…

            Todo esto nos señala que detrás de la apostasía del Pueblo de Dios está la apostasía del sacerdocio. El pueblo dejó de tener una concepción clara de Dios porque sus sacerdotes dejaron de darle la correcta concepción…

            La totalidad del Pueblo había descendido de la alta esfera espiritual en la cual habían vivido, porque el sacerdocio había corrompido el propio Pacto con Dios…

            Los sacerdotes del Pueblo de Dios habían pronunciado la Ley de Dios, habían leído sus santas Palabras, las habían proclamado, pero después ellos mismos la envilecieron… La corrupción había penetrado dentro del Pacto de Dios hecho con su Pueblo por medio del mismo sacerdocio

            El gran problema que yacía detrás de apostasía nacional era propiciada por el mismo sacerdocio sagrado…

            Este era el espíritu imperante en ese tiempo. Formalismo ritual, ceremonial; todo correcta y completamente realizado en cuanto a su observancia exterior y mecánica. Un mensajero divino se aproximó a este pueblo con asombro, enojo y marcada impertinencia, miró en el mismo rostro del alto cielo y exclamó: “¿En qué...?”

 

3.- ACTUALIDAD DEL MENSAJE DE MALAQUÍAS:

            Al igual que en esa época, en la actualidad nunca ha existido un tiempo cuando las organizaciones han estado tan bien equipadas y ordenadas. Nunca han habido tan variadas y numerosas formas de culto, pero que lamentablemente se caracterizan por ser mecánicos y aparentes

            Ya el Apóstol Pablo se refirió a estos tiempos por medio de estas palabras:

“También debes saber que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos, y que habrá hombres amantes de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, que amarán los deleites más que a Dios, que parecerán muy piadosos, pero negarán la eficacia de la piedad; evítalos...” (2a Tim. 3:1 al 5)

            Cuando Pablo, el gran Apóstol de Jesucristo, le dice a Timoteo estas palabras, señala un peligro que es más sutil que el propio ritualismo… Significa que en los últimos días los hombres llegarán a poseer la Verdad misma de Dios, la cual posee el poder para transformar una vida, pero a pesar de ello, negarán con sus vidas el verdadero Poder de Dios...

            Hay cristianos que pueden enunciar todo el Plan de Salvación de Dios para con los hombres perdidos, explicar en qué consiste la Salvación, y sin embargo , en su vida diaria, una vez separado de las multitudes de otros creyentes y estando delante de la diáfana luz de los requerimientos divinos (la única que puede revelar el verdadero carácter cristiano, aparecen faltos y negando el Poder de Dios…

            Debemos ser conscientes que lo que importa no son nuevos planes y estrategias, ni la discusión de nuevos estatutos ni de otras cosas similares, sino la llama del Poder de Dios obrando en nuestras vidas quemando la escoria del pecado que impide una íntima comunión con Él

            Al igual que en los tiempos de este profeta Malaquías, hoy se ha perpetrado una corrupción del sacerdocio cristiano, se ha corrompido el Pacto por parte de nuestros maestros, quienes deberían habernos conducido a las cosas más profundas de Dios…

            ¿En qué consiste el Nuevo Pacto? Recordando lo estudiado hace unos meses atrás en la carta de Hebreos, en el cap. 8, descubriremos que este Pacto de Dios con su Pueblo para esta dispensación es un avance sobre el Antiguo Pacto

            Aquel Pacto Antiguo por el cual Dios estaba casado con su Pueblo, y ellos debían guardar sus leyes exteriores, palabras escritas sobre tablas de piedra, mandamientos expresados para ser claramente oídos y obedecidos…

            Pero en el Nuevo Pacto estas Leyes van a estar escritas en nuestros corazones (He. 8:10) generado esto por un Nuevo Nacimiento… Ya no estamos ligados a Dios en el sentido de mantener una relación con Él por medio de una norma de conducta exterior, sino en una relación de un hijo para con su Padre que provoca un renacimiento por medio de su Espíritu Santo…

            Esta Ley no me es dada desde afuera sino que ha sido escrita en mi mente y en mi corazón…

 

CONCLUSIÓN:

            Al igual que en los tiempos de Malaquías, hoy se está produciendo una degradación del nivel de las demandas divinas por parte de los siervos de Dios, los cuales son sus mensajeros, y el Pueblo escogido se pavonea con demasiada frecuencia de la corrección de sus conocimientos teológicos y formas de culto, pero en lo profundo, al estar delante de los ojos de Dios que todo lo ve, sencillamente se observa un fingimiento espiritual con una fría vida que denota ausencia del Poder transformador de Dios (1)

            Existen servidores de la Iglesia que enfatizan en la acción, por ejemplo el dar como veremos en el video a continuación, sin importar en lo que somos delante de Dios… El Señor Jesucristo alabó a quienes dieron por lo que tenían en su corazón como la figura que veremos de María, la que derramó un perfume costoso por tanto que lo amaba y la casa se llenó de ese perfume.

 

¡S.D.G!

 

BIBLIOGRAFÍA:

  1. ME HAN DEFRAUDADO. G. Campbell Morgan. Edit. Hebron.
  2. BIBLIA DE ESTUDIO DE MAC ARTHUR. (V.R.V.). John Mac Arthur. Edit. Gpo. Nelson.
  3. COMENTARIO BÍBLICO AL A.T. Y N.T. W. Mac Donald. Edit. Clie.

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