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LAS DEMANDAS DE DIOS - PARTE 2 - Malaquías 1:13; 2:13-16; 2:17 y 3:13-14

Autor: Ricardo Martinez
Publicado: 18/sep/2015
Categorias: Series de Estudios,Me han defraudado

 

 

Continuando la serie sobre el libro de Malaquías, conviene recordar muy brevemente algunos aspectos de los que nos enseñó el pastor Rubén, acerca de la condición del pueblo de Dios en aquellos tiempos, ya que el mensaje de Malaquías tiene una estrecha relación con el espíritu que prevalece en muchos lugares en nuestros días.
No era un pueblo que declaraba abiertamente “no vamos a ser leales”, sino uno que asistía regularmente al templo, no era un pueblo que decía “vamos a suspender los sacrificios, la adoración y las ofrendas”, sino uno que sacrificaba, adorada y ofrendaba para agradar a Dios. El problema es que era un pueblo que dirigido por sus sacerdotes actuaba solo externamente, todo estricto y correcto pero frío, mecánico, indiferente, con una marcada apatía espiritual.
Con sus corazones y todas sus vidas lejos de Dios, los sacerdotes, aburridos de sus deberes, no veían nada malo en ofrecer al Señor animales enfermos o lisiados (Mal. 1:6–14), y su parcialidad en interpretar la ley había degradado su oficio a los ojos del pueblo (Mal. 2:1–9). Se descuidaba el sábado y se permitían los negocios en él (Neh. 13:15–22).
Imperaba la corrupción desde el primer sacerdote hasta el último miembro de la comunidad.
El culto era, según el profeta, el mejor lugar donde evaluar la calidad de vida de la comunidad judía en esos años. Malaquías bien hubiese parafraseado el conocido refrán así: “Dime qué clase de culto celebras y yo te diré quién eres”


REPASO:

Hoy vamos a continuar con el tema que inició nuestro hermano Miguel Micolini quien nos habló de que esta era una PALABRA DURA de parte del Señor y es cierto, pero yo siempre sostengo que la “dureza” de la Palabra de Dios es siempre directamente proporcional a la “dureza” de nuestros corazones, es decir, es la dureza de mi corazón (cuando voy en sentido contrario) la que determina la dureza de la Palabra al menos para mí.

Nosotros somos privilegiados porque hoy estamos en una notable ventaja en relación a aquella comunidad ya que NO tenemos las Leyes del Señor escritas en tablas de piedra, sino en nuestras mentes y en nuestros corazones gracias al sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, quien por medio de su Obra nos reconcilió con el Padre haciéndonos renacer por medio del Espíritu Santo.

  • Recordemos la pregunta que nos lleva al tema: ¿Cuáles son las demandas de Dios para una comunidad verdaderamente espiritual?


Vimos las tres primeras demandas:

*Apreciar el amor de Dios. El pueblo había sido elegido por Dios, prueba suficiente de su Amor. Nosotros pertenecemos a la familia de Dios por el sacrificio de Jesucristo, máxima expresión del amor de Dios

*Honrar y dar Honor al Señor. Dar lo mejor y más puro al Señor.

*Desprendimiento. Servir al Señor desinteresadamente y NO para recibir honores o recompensas.

Hoy veremos algunas demandas más de Dios a una comunidad verdaderamente espiritual.

I. DELEITE EN RENDIR CULTO AL SEÑOR. (1:13)

El pueblo decía “¡cuán fastidioso es todo esto?” y lo que en realidad querían decir con eso es que ir al templo (o a la iglesia) y hacer todas las cosas para el Señor era algo tedioso, cansador y aburrido. Que Dios mismo era aburrido y cansador. Era algo terrible, tenían apariencia de piedad pero en realidad estaban negando su eficacia y poder.

¿Nos asombra? No deberíamos asombrarnos tanto, pues en estos tiempos muchas veces sucede lo mismo. No hay un deleite en venir a la casa del Señor a rendirle un verdadero culto al Señor. No estoy en contra de la estética ni de la organización, ni de ser moderados con los horarios, pero a veces podemos dedicar mucho más tiempo a los más puntillosos detalles estéticos que a una verdadera adoración espiritual. Nos aburrimos con facilidad. Estamos preocupados por el tiempo y nos ponemos incómodos cuando nos pasamos 5 minutos en el horario del culto, miramos los relojes, y sin embargo podemos estar 2, 3 ó 4 horas en un espectáculo deportivo a veces con frío o lluvia, o viendo una película, o escuchando una ópera, etc. sin ningún tipo de problema (y no es que esto esté mal, yo lo hago). ¿Cuál es el peligro? Buscar como entretener a las personas en lugar de buscar una verdadera adoración espiritual.

Para ese pueblo ir a la casa del Señor era un fastidio, algo cansador. ¿Cómo será para nosotros? Creo que es bueno hacernos algunas preguntas como por ejemplo: ¿Es bueno adorar a Dios? ¿Lo que hacemos, lo hacemos por amor a Él? ¿Está nuestro corazón allí?

Dice textualmente Campbell Morgan: “Este es un problema serio, muy serio. Cuando los hombres se cansan de escuchar y meditar en las cosas de Dios, el mal está adentro. Examinemos nuestros corazones, y veamos si las cosas de Dios se han transformado en un mero deber, en una carga, de la cual nos desprenderíamos si pudiéramos y que solo la soportamos para mantener una apariencia”.
En cierta ocasión el gran predicador D. L. Moody estaba agotado y tenía que ir a otra reunión sin poder descansar, cuando le pidieron que la cancelara, él dijo” no, me canso mucho EN el trabajo, pero nunca me canso DEL trabajo”. Que podamos decir lo mismo nosotros.

II. RECONOCER LA SANTIDAD Y LA JUSTICIA DEL SEÑOR (2:17) 
Con todo respeto a la Palabra de Dios, este texto me hace sonreír. Como acabamos de ver el pueblo estaba fastidioso y cansado de los cultos, y ahora es el Señor el que les dice: ustedes me han cansado. Dios estaba cansado de sus falsas actitudes, de su palabrerío y de la forma cínica en que el pueblo distorsionaba su carácter y sus verdades.
Lo que decía el pueblo era de una gravedad extrema, prácticamente le estaban diciendo a Dios que  disimulaba y era tolerante con el pecado, que el guardaba silencio y apoyaba las acciones de los pecadores, que se deleitaba en aquellos que practicaban la maldad y hasta que no habría un juicio para los pecadores.
Estaban tratando de instalar una nueva moralidad: “si vemos que aquellos que rechazan a Dios, que viven como quieren,  que mienten, engañan, son soberbios, se burlan arrogantemente de Dios, son prosperados y no les pasa nada y Dios no hace nada, mientras nosotros que procuramos vivir como Dios nos manda, sufrimos y padecemos necesidades, entonces hagamos la nuestra sin importar si hacemos bien o mal”.
Esta nueva moralidad sumamente peligrosa también existe en nuestros días, en aquellas personas que solo enfatizan el amor de Dios y que lo ven (con todo respeto lo digo) como un Dios bonachón, amigo, algunos hasta le llaman el “barba”, tolerante con el pecado, para quienes ir en contra de los principios de la Palabra no es tan grave, y la sola mención de un juicio divino les resulta intolerable.
El profeta los confrontó con la realidad de su juicio inminente (3:1,5) y les dijo que Dios sí venía en camino, pero no como ellos querían, sino para “refinar y purificar”.
La mayoría de las personas tiene aversión de ver a Dios como un Dios de juicio, pero es una de las formas en que la Biblia lo caracteriza y enseña. (Ro. 1:32, 2:2, 2:3; 2ª Ts. 1:3-12; 1ª P. 4:17). Toda la filosofía acerca de Dios como un Dios de amor que pasa livianamente por alto al pecado, no es ni más ni menos que una idea totalmente equivocada de lo que es el amor.
Dice Campbell Morgan: “El amor es el declarado y eterno enemigo del pecado, y en el instante en que Dios comenzara a excusar el pecado, como el hombre es tan propenso a hacer, dejaría de amar al hombre”. Hermanos, debemos conocer y comprender a Dios tal como nos muestra la Palabra: Dios es perfecto en Amor e igualmente perfecto en Santidad y Justicia, y aunque es tardo para la ira, “no tendrá por inocente al culpable” (Nah. 1:3).
III. AMOR SINCERO, ENTREGA GENUINA. (3:13-14)
Una vez más vemos con asombro una declaración sarcástica del pueblo ante el reclamo del Señor de que habían tenido palabras violentas, hirientes, injuriosas contra Él. Lo grave de esta situación es que quienes hablaban así, no eran incrédulos, ¡era el pueblo de Dios!
Lo que estaban diciendo era semejante a lo que vimos anteriormente, que obedecer la ley de Dios no servía de nada y no traía ninguna recompensa, ningún beneficio. Además, otra vez decían que los únicos que prosperaban eran los soberbios y malvados.
Para esa comunidad adorar, servir y obedecer a Dios era algo insulso, vacío, carente de significado porque sus corazones no estaban allí, no amaban a Dios, no había una entrega genuina. Ellos no estaban adorando “en espíritu y verdad”, era solo una apariencia.
Al respecto voy a parafrasear  lo que dice Campbell Morgan: “El hombre irreverente que de pie y mirando al cielo dice “yo odio a Dios”, es menos peligroso en cuanto a la influencia que su vida pueda ejercer, que el hombre que dice AMAR a Dios pero vive desobedeciéndole. Es más de temer quien dice “hágase tu voluntad, venga tu reino”, mientras que en su vida está constantemente evadiendo la voluntad de Dios y negándole a Jesucristo el derecho de reinar dentro de él”.
Lo que Dios espera de sus hijos no es una religión externa, fría, mecánica, sino una RELACIÓN íntima con nuestro Señor Jesucristo a través de un corazón entregado y un profundo amor desinteresado. Un corazón que aprenda a apreciar lo que es bendición desde la perspectiva de Dios (Mt. 6:33).
IV. LEALTAD MATRIMONIAL. (2:13-16)
No he dejado para el final esta demanda de Dios porque sea menos importante, sino porque a diferencia de las otras en las que el pueblo descaradamente cuestionaba el carácter de Dios, en esta ocasión el asunto está referido a problemas conyugales con origen en la espiritualidad personal.
Aquí se presentaba un doble problema, Además de casarse con mujeres paganas, los hombres de Judá se divorciaban de sus esposas judías. Un posible motivo para esta actitud era la lujuria, el deseo de tener esposas más jóvenes y sensuales. Un segundo posible motivo era el prestigio. Dado que las naciones no judías ostentaban el poder, tener una mujer no judía podía haber sido una ventaja económica y política. Ya que los judíos que se casaban con mujeres paganas se habían divorciado de sus esposas judías, es posible que las lágrimas que cubrían el altar del Señor (v. 13) fueran las de las esposas divorciadas y abandonadas por sus esposos

Un segundo punto de vista con respecto a las lágrimas, el llanto y el clamor es que estos venían de los hombres de Judá que habían sido denunciados por haberse casado con mujeres extranjeras. Después de ser denunciados, ellos vendrían ante el altar, trayendo sacrificios y pidiendo el favor del Señor. Pero sus sacrificios serían rechazados. Lo sabían porque sus oraciones no eran respondidas y el favor del Señor no llegaba.

Esta actitud de los hombres era una absoluta deslealtad para con sus esposas, además de una ofensa directa a Dios. Con la deslealtad que termina en divorcio, no solo se traiciona al cónyuge, se traiciona a toda la familia y especialmente a Dios ya que significa el quebrantamiento y abandono de un PACTO que abarca no solo al cónyuge, sino a Dios mismo como testigo y garante de ese pacto.
Llama la atención que en el pasaje (2:14) no diga “la mujer de tu amor”, sino “la mujer de tu pacto”. Este principio reconoce que el enamoramiento y el amor pueden ir disminuyendo por distintas circunstancias. Y es en esos momentos que, lo único que puede sostener al matrimonio es el pacto en el que Dios es el “único y verdadero garante”: “lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Mat. 19:6).
CONCLUSIÓNTodas estas demandas parecen obvias, pero es evidente que no lo son al momento que el Señor tiene que recordárselas a su pueblo. Apreciemos el amor de Dios al habernos hecho sus hijos, demos honra y honor al Señor dándole lo mejor, sirvamos desinteresadamente, nos deleitemos en rendirle culto, reconozcamos en todo tiempo su santidad y justicia, amemos a Dios y nos rindamos a Él con todo el corazón, y seamos leales a la mujer de nuestra juventud. Porque…
Las demandas divinas no son, como algunos cree o piensan, una puerta hacia el legalismo y el ritualismo. Son, en realidad, una invitación a la fidelidad a todo nivel y en todas las áreas de la vida humana. En esta sección Malaquías nos enseña que si no somos fieles en lo menos, no podremos serlo en lo más.
Ricardo A. Martínez
BIBLIOGRAFÍA:  
  • ME HAN DEFRAUDADO – G. CAMPBEL MORGAN –Ediciones Ebrón
  • BIBLIA DE ESTUDIO MAC ARTUR – REINA VALERA 1960 – Grupo Nelson
  • COMENTARIO BÍBLICO MUNDO HISPANO Antiguo y Nuevo Testamento – Editorial Mundo Hispano
  • COMENTARIO BIBLICO  DE WILLIAM Mac DONALD – Antiguo y Nuevo Testamento – Editorial CLIE
  • ESTUDIO DE MALAQUÍAS – J. VERNON MC GEE – A través de la Biblia – http://www.atravesdelabiblia.org

 


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