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MISIÓN RESCATE: La Encarnación - Jn 1: 14-18

Autor: Ricardo Martínez
Publicado: 15/may/2016
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

INTRODUCCIÓN:
            Durante sus primeros cinco siglos de existencia, la iglesia primitiva defendió la doctrina verdadera de la encarnación. Durante ese tiempo se plantearon, examinaron y rechazaron muchas enseñanzas erróneas sobre lo que se conoce teológicamente como la unión hipostática, es decir, la unión en Cristo de las naturalezas humana y divina. Por ejemplo:
·                    Algunos argumentaban que Jesús NO tenía un espíritu humano, sino que su espíritu divino se unió con el cuerpo humano.
·                    Otros sostenían  que el espíritu divino de Cristo entró en el Jesús hombre en el bautismo y lo dejó antes de su crucifixión.
·                    Otra perspectiva falsa sostenida por algunos era que Jesús fue un ser creado y por lo tanto inferior a Dios Padre.
·                    Había además otros que veían en el Señor Jesucristo a dos personas separadas, una humana y otra divina, de acuerdo con esta enseñanza, Jesús era un hombre en quien Dios habitaba.
            Todas estas perspectivas o enseñanzas, al igual que otras, erraron gravemente ya sea negando la completa divinidad de Jesucristo o negando su completa humanidad. La verdadera iglesia cristiana rechazó todas esas ideas o enseñanzas (como las rechazamos nosotros en la actualidad ya que sigue habiendo corrientes como estas) a favor de una perspectiva bíblica de Jesús como Dios y hombre.
            La relación de las dos naturalezas entre sí siempre ha sido y será un misterio muy por encima de nuestra comprensión; pero seguramente nunca se encontrará una fórmula más adecuada que la que se halla en el Credo de Calcedonia (451 d. C.):
“Nosotros, pues, siguiendo a los santos Padres, todos de común acuerdo, enseñamos a los hombres a confesar al sólo y único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en divinidad y perfecto en humanidad … a ser reconocido en dos naturalezas inconfundibles, inmutables, indivisibles, inseparables; sin que tal unión elimine en modo alguno la distinción entre las naturalezas, antes bien preservando la propiedad de cada naturaleza, y concurriendo en una Persona y una subsistencia, no partida o dividida en dos personas, sino uno y el mismo Hijo unigénito, Dios el Verbo, el Señor Jesucristo; como los profetas desde el principio han declarado acerca de él, y el mismo Señor Jesucristo nos ha enseñado, y el Credo de los santos Padres nos ha transmitido”.
 
            A lo largo de lo que comúnmente se denomina prólogo (1:1-18) Juan ha declarado las verdades centrales de su Evangelio acerca de la deidad de Cristo y su encarnación. Estos cinco versículos finales resumen con gran intensidad el prólogo, que a su vez es un resumen de todo el libro, el cual tiene el propósito también de comprobar la veracidad de las afirmaciones del prólogo.
 
            Juan, en su lenguaje sencillo expresa la gloriosa realidad de la encarnación cuando señala su naturaleza, los testigos, y el efecto de la misma.
 
I. LA NATURALEZA DE LA ENCARNACIÓN (v. 14)
 
            El versículo 14 es sin duda la declaración bíblica más concisa sobre la encarnación, y por lo tanto es uno de los versículos más importantes de las Escrituras. Expresa con toda claridad el hecho real de que Dios asumió la humanidad en la encarnación, de modo, que el termino encarnación es sinónimo de humanización, lo infinito se hizo finito, la eternidad entro en el tiempo, lo invisible se hizo visible (Col. 1:15).
 
            Dios se reveló al hombre a través de la creación (Ro. 1:18-21), en las Escrituras del Antiguo Testamento (2° Ti. 3:16; 2° P. 1:20-21) pero la revelación más importante y suprema es Jesucristo (He. 1:1-2).
Jesucristo, el Verbo de Dios para la humanidad fue hecho carne. En la Biblia la palabra carne tiene varias connotaciones, aquí NO tiene la connotación moral negativa con la que a veces nos referimos a la naturaleza humana pecaminosa (Ro. 3:9, 13:14; Gá. 5:13; Ef. 2:3); más bien se refiere al ser físico del hombre (Mt. 16:17; Ro. 1:3; 2° Co. 5:16; Gá. 5:16). No se trata de que el Verbo se convirtió (hacer que algo se transforme en algo distinto a lo que era) en hombre, sino que se hizo hombre  pero sin dejar de ser el mismo Verbo eterno.
 
            Aunque como dijimos este es un misterio difícil de comprender para la finita, condicionada y limitada mente humana, es una verdad central para el hijo de Dios: El Dios inmutable, puro, eterno, el Dios que no cambia (He. 13:8), se hizo completamente hombre en la encarnación entrando en el reino de las criaturas que están en el tiempo y el espacio y experimentó la vida tal cual es para aquellos a quienes creó (He. 4:15). Se identificó plenamente…
 
            La Biblia nos enseña que no solo se identificó, sino que se humilló, pero no se humilló al hacerse hombre, esto simplemente lo limitó, se humilló al hacerse siervo, esclavo (Mr. 10:45), en la más absoluta dimensión de la palabra, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. (Fil. 2:7). Charles Wesley expresó la maravilla de la encarnación en su himno ¡Escuchen! Los ángeles heraldos cantan:
Recubierta de carne vean a la humanidad. ¡A la encarnada Deidad saludad! Le agradó ser como hombre y entre los hombres habitar, Jesús, nuestro Emanuel.
 
            Pero no solo se hizo hombre el Hijo Eterno de Dios, también habitó entre los hombres. No fue sólo una breve aparición, acerca de la que pudiese haber algún error o malentendido. Dios verdaderamente vino a esta tierra, y vivió aquí como Hombre entre los hombres. La palabra «habitó» significa literalmente que «habitó en tabernáculo» o «plantó Su tienda». Su cuerpo era la tienda en la que vivió entre los hombres durante treinta y tres años. Él fue Emanuel, Dios con nosotros. . Esa presencia divina ahora mora en forma permanente, por medio del Espíritu Santo, en los creyentes individual y colectivamente. Gloria a Dios!!!
 
            Durante ese periodo, (el tiempo que habitó entre los hombres), nosotros dice Juan y otros testigos oculares vimos su gloria como del Unigénito del Padre. El término unigénito no implica que Jesús fuese creado por Dios, no se refiere al origen de una persona, sino que la describe como única en su clase. A diferencia del título que identifica a los muchos hijos de Dios (v. 12), Cristo es el Hijo de Dios por excelencia, en un sentido único y particular. Hay dos aspectos fundamentales que lo hacen único como Hijo de Dios: La vinculación con Dios Padre en cuanto a su naturaleza y Persona divina, y la ausencia absoluta de pecado que se conoce como la impecabilidad del Señor.
 
            Los discípulos vieron que Jesús manifestó la gloria y la naturaleza santa de Dios principalmente en sus atributos divinos como la verdad, sabiduría, amor, gracia, conocimiento, poder, santidad, y la maravilla de una vida absolutamente perfecta vivida en esta tierra.
 
            Este maravilloso Hijo de Dios trajo la gracia y la verdad. Con la verdad Juan se refiere a la fidelidad y confiabilidad de Dios en el Evangelio expresada en el mismo Señor (Jn. 14:6). La gracia es ese favor inmerecido de parte de Dios al pecador perdido, pero solo hay gracia de salvación para quienes creen la verdad del mensaje del evangelio. La Biblia nos enseña la importancia de la gracia:
  
Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie”. Ef. 2:8-9.

   “ Porque la gracia de Dios se ha manifestado para la salvación de todos los hombres,  y nos enseña que debemos renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y vivir en esta época de manera sobria, justa y piadosa,  mientras aguardamos la bendita esperanza y la gloriosa manifestación de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” Tito. 2:11-13.

                  Queridos hermanos, Jesucristo fue la expresión total de la gracia de Dios, en ningún otro lugar el sentido se ve más claramente que en el hecho de que “el Verbo se hizo carne” para luego sufrir la cruz a favor de los enemigos de Dios. Así que quienes rechazan la gracia de Dios se perderán eternamente, al igual que aquellos que solo crean de manera vaga o superficial con un mero asentimiento mental pero sin creer verdaderamente en Cristo y sin recibirlo como Señor de sus vidas.

            Por el contrario para quienes crean en su Nombre y le reciban la gracia se manifestará en vida y  vida abundante. (Jn. 3:16; Jn. 10:10).
 
II. LOS TESTIGOS DE LA ENCARNACIÓN (1:15-16) 
 
            En consonancia con su propósito al escribir su libro (Jn. 20:31), Juan ofrece otros testigos para destacar la verdad del Señor Jesucristo, Verbo divino, preexistente y encarnado. Vuelve a mencionar a Juan el Bautista como lo hizo en los versículos 6-8.
 
            Juan el Bautista dio testimonio de que Jesús era el Hijo de Dios. Antes que Jesús iniciase Su ministerio público, Juan había estado anunciándolo ante la gente (Mr. 1:7-8; Lc. 3:16). Cuando Jesús entró en escena, Juan vino a decir: “Éste es de quien yo decía…. Jesús vino después de Juan por lo que respecta a Su nacimiento y ministerio. Nació seis meses después de Juan y se presentó al pueblo de Israel un tiempo después que Juan había estado ya predicando y bautizando, como vimos el domingo pasado Juan era el heraldo que anunciaba la llegada del Mesías. Pero Jesús era superior a Juan. Era mayor que Juan; era digno de más honra, siendo la sencilla razón que era primero que Juan. Existía desde toda la eternidad, era el Hijo de Dios.
 
            Juan también ofrece el testimonio de los creyentes, se incluye él y a todos los que recibimos la bendición de la plenitud de Aquel que está lleno de gracia y de verdad.
           
Como en el Señor Jesucristo “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Col. 2:9), Él provee para todas las necesidades de su pueblo (Ro. 5:2; Col. 1:28; Col. 2:10). Esa provisión abundante de gracia, nunca se acaba o disminuye, la gracia continuamente seguirá a la gracia en un flujo interminable, ilimitado, continuo, creciente, inagotable y perpetuo. Esto significa que cuando la medida parece agotarse, Dios provee otra más profunda abundante y rica. No temas su gracia nunca se acabará aleluya!!!
 
III. EL EFECTO DE LA ENCARNACIÓN (1:17-18)
            Ahora Juan nos muestra un doble efecto de la encarnación:
·         Primero la gracia triunfó sobre la ley. La ley que fue dada por medio de Moisés (Éx. 31:18; Dt. 4:44; Hch. 7:38) y no fue una exhibición de gracia. Mandaba a los hombres obedecer y los condenaba a muerte si dejaban de hacerlo. Les decía a los hombres qué era lo correcto, pero no les daba el poder de hacerlo. Fue dada para mostrar a los hombres que eran pecadores, pero no podía salvarlos de sus pecados. Pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. No vino Él a juzgar el mundo, sino a salvar a los que eran indignos, a los que no podían salvarse a sí mismos, y que además eran Sus enemigos. Esto es la gracia: lo Mejor de parte del cielo para los peores del mundo. Él mismo murió para pagar la pena de muerte que merecíamos, para poder mostrarnos una bondad inmerecida al salvar nuestras almas y darnos un hogar en el cielo.
·         En segundo lugar Dios se hizo visible con una claridad nunca antes vista o conocida. Dios es Espíritu y por ello invisible (Col. 1:15; 1° Ti. 1:17) No tiene cuerpo y aunque Él se manifestó a los hombres del AT en forma visible como Ángel o como Hombre, estas apariciones no revelaban realmente cómo es Dios. Sólo eran apariciones temporales por las que escogió hablar a Su pueblo. Es a través de Jesucristo, “la imagen del Dios invisible” que Dios se reveló.
A Dios quien no puede ser conocido si no se revela a sí mismo, pudimos llegar a conocerlo mejor porque Jesús le ha dado a conocer. Jesús es la explicación de Dios, es la respuesta a la pregunta ¿cómo es Dios? En Jn. 14:7-9, Jesús declaró esta verdad a sus discípulos tardos en entender. ¿Te has preguntado cómo es Dios? Mira a Jesucristo!!
CONCLUSIÓN:
            ElPadre puso en marcha la misión rescate (misión posible) y el único capaz de llevarla a cabo con éxito era su Hijo Jesucristo, el Verbo divino. El Verbo que ha venido al mundo es Dios mismo en carne, el cual no podía expresar Su Amor sin hacerse carne. El eterno Hijo de Dios se hizo hombre  para que por la fe en Él, los hombres puedan llegar a ser hijos de Dios. (He. 2:14-18)
 
¿Cuál será nuestra respuesta a la misteriosa y maravillosa encarnación? ¿Creeremos y le recibiremos depositando toda nuestra fe en Él demostrando sujeción y lealtad incondicionales o nos conformaremos con un mero y parcial conocimiento de Él?
 
Para todos los que creen en su nombre y le reciben verdaderamente, la encarnación hace posible una nueva relación con él por medio de su Hijo. Dios mismo escogió venir a nosotros; conocer nuestras fragilidades, nuestras necesidades y dificultades e identificarse con nosotros completamente. A la vez, la encarnación nos ha hecho, como creyentes, parte de la familia de Dios.
Tenemos una íntima relación con él y con nuestros hermanos y hermanas en Cristo, que tiene que vivirse a plenitud, de acuerdo a la maravilla que hemos visto en estos versículos. “Porque de su plenitud todos nosotros recibimos, y gracia sobre gracia” ¡Recibámosla! ¡Vivámosla! ¡Celebrémosla! ¡Compartámosla!
Ricardo A. Martínez
BIBLIOGRAFÍA: 
COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO – EVANGELIO DE JUAN – Editorial Portavoz.
COMENTARIO BÍBLICO MUNDO HISPANO A. y N. Testamento – Evangelio de Juan - Editorial Mundo Hispano
COMENTARIO BIBLICO  DE WILLIAM Mac DONALD – A. y N. Testamento – Evangelio de Juan - Editorial CLIE
 
 

  


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