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MANIFESTANDO LA NATURALEZA - Juan 2:12 al 25

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 19/jun/2016
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

INTRODUCCIÓN:
            Como es mi costumbre hacer, el presente escrito es un resumen de la bibliografía referida al pie de la presente nota.
            El Apóstol Juan registra la purificación del templo de Jerusalén al comienzo del ministerio de Cristo Jesús, mientras que los Evangelios Sinópticos la narran al final, durante la última semana de Pascuas antes de su crucifixión (Mt. 21:12 al 17; Mc. 11:15 al 18; Lc. 19:45 y 46)…
            Las circunstancias históricas y el contexto literario de las dos purificaciones del Templo judío difieren tanto que resulta infructuoso intentar equipararlas.(1)
            Resulta claro pues, que el Señor Jesucristo realizó esta acción no una sola vez, sino dos; la primera la menciona el Apóstol Juan en este Evangelio y la segunda los tres Evangelio Sinópticos. (3).
            No hay pregunta más importante que podamos hacernos que la de “¿Quién es Jesucristo?”. Sus implicaciones son profundas y su significado no tiene parangón. Con solo plantearla, evoca inmediatamente una amplia gama de emociones, desde la hostilidad completa hasta la adoración ferviente…
            La sola consideración no es suficiente, es una pregunta que necesita responderse. Y responderla mal, sin importar cuál sea la excusa, lleva a la devastación eterna. (2)
            El Apóstol Juan caminó con el Señor Jesucristo desde el principio de su ministerio terrenal. Vio sus milagros, oyó su enseñanza y observó su vida desde un punto de vista único, del que solamente el Apóstol Pedro y Santiago también participaron…
            De ese modo, escribió su Evangelio de manera que sus lectores entendieran la verdadera identidad de Jesucristo como Dios Hijo en carne humana (20:31)...
            En el pasaje en estudio, el Apóstol Juan continúa este tema a través de sus tres viñetas que ilustran, cada una, un aspecto de la deidad de Jesucristo. Individualmente, muestran su pasión por la reverencia, su poder de resurrección y su percepción de la realidad. En conjunto, subrayan la realidad inescrutable de su naturaleza divina...
 
1.- LA PASIÓN DE JESUCRISTO POR LA REVERENCIA (vv. 12 al 17):
            Lo primero que el Apóstol Juan utilizó para demostrar la deidad de Jesucristo en este pasaje bíblico de la limpieza del templo fue su celo por la reverencia a un Dios Eterno. Solo Dios ejerce el derecho de regir la adoración que se le rinde.(1)
            La fiesta de la Pascua conmemoraba la liberación de Israel de su esclavitud en Egipto: cuando el Señor mató con su ángel de la muerte al primogénito de los egipcios pero pasó por encima de los hogares de los israelitas (Ex. 12:23 al 27)…
            La celebraban anualmente el día catorce entre el mes de marzo a abril (nisan). Este día, entre las tres y las seis de la tarde, sacrificaban corderos y comían la cena de pascua…
            Por causa de las multitudes que habían llegado, la pascua significaba un negocio grande para los mercaderes ubicados en Jerusalén…
            Como no era práctico para quienes viajaban desde tierras lejanas llevar sus propios animales, los mercaderes vendían aquellos requeridos para los sacrificios… a precios sumamente inflados…
            Todo hombre judío mayor a 20 años debía además pagar el impuesto anual del templo (Ex. 30:13 y14; Mt. 17:24 al 27). Pero solo se podía pagar usando las monedas judías de Tiro (por la pureza de su contenido en plata), de modo que los extranjeros tenían que cambiar sus divisas por una moneda aceptable…
            Como los cambistas tenían el monopolio del mercado, cobraban una tasa de interés exorbitante por sus servicios que solía llegar al 12,5%…
            Lo que había comenzado por un servicio a los adoradores, había degenerado, bajo el régimen corrupto de los principales sacerdotes, en la explotación y usura. La religión se había vuelto algo externo, insensible y material; el templo de Dios se había vuelto una “cueva de ladrones” (Mt. 21:13)
            La atmósfera de adoración que correspondía verdaderamente como símbolo de la presencia de Dios, brillaba por su ausencia… EL sonido de las alabanzas sinceras y sus oraciones fervientes se habían ahogado con el mugido de los bueyes, los balidos de las ovejas, el arrullo de las palomas y el regateo vehemente y exaltado de los vendedores y sus clientes…
            Cuando Cristo Jesús se dio cuenta de que la pureza de la adoración en el templo era un asunto de honor a Dios, tomó una acción rápida y decisiva. Haciendo un azote de cuerdas, echó fuera de templo a todos los mercaderes, las ovejas y los bueyes. Además, esparció las monedas de los cambistas y volcó sus mesas; una proeza sorprendente para un hombre, a la luz de la resistencia que debió enfrentar…
            El Señor Jesucristo no toleraría la ridiculización del espíritu de adoración verdadera. Sus palabras indignadas a los que vendían palomas“Quiten de aquí esto, y no hagan de la casa de mi Padre casa de mercado” – aplicaban a todos los que estaban contaminando el Temploy corrompiendo su propósito…
            La referencia de Jesucristo a Dios como Padre era un recordatorio de su deidad y su papel mesiánico; Él era el Hijo leal que purgaba la casa de su Padre de la adoración impura (una acción que prefigura lo que volverá a hacer en su Segunda Venida - Mal. 3:1 al 3; cp. Zac. 14:20 y 21-)…
            Cuando los discípulos vieron que su Maestro dispersaba a los mercaderes del templo, se acordaron lo que está escrito en el Sal. 69:9: “El celo de tu casa me consume”. La pasión resoluta de Jesucristo y el fervor inquebrantable quedaron claros para todos lo que lo vieron…
Su justa indignación, derivada de un compromiso absoluto con la santidad de Dios, reveló su naturaleza verdadera como el Juez de toda la tierra (cp. Gn. 18:25; He. 9:27)…
            Como David que escribió este Sal. 69, el celo de Jesucristo por una adoración pura encontró expresión en su preocupación por la casa de Dios. Y también como David, el resultado fue que Cristo Jesús sufrió personalmente y sintió dolor cuando deshonraron a su Padre. La segunda mitad del Sal. 69 dice: “Sobre mi han recaído los insultos de tus detractores”. (2)
 
2.- EL PODER DE RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO (vv. 18 al 22):
            Los judíos que confrontaron a Jesucristo probablemente eran miembros de la fuerza policial del Templo (cp. 7:32, 45 y 46; 18:3, 12, 18 y 22; 19:6; Hch. 5:21, 22 y 26), representante del Sanedrín o ambos. Cuando llegaron a investigar la conmoción en el patio del Templo, le preguntaron : “¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?". Su pregunta no era una solicitud de información, sino un reto a su autoridad…
            Es interesante que aun cuando las autoridades judías cuestionaron su derecho a hacer lo que hizo, no lo arrestaron. Sorprendidos por su demostración fuerte de autoridad, podrían haberse preguntado si Él era un profeta como Juan el Bautista…
            La señal que Él daría era su propia resurrección, algo que ni sus discípulos entendieron inmediatamente (cp. 12:16). No fue hasta cuando resucitó de entre los muertos que sus discípulos se acordaron que había dicho esto…
            Su muerte como el Cordero de sacrificio supremo dejaría obsoleto el Templo de Jerusalén (cp. 4:21; Mt. 27:51); y su resurrección como Señor triunfante serviría de fundamento para un nuevo templo espiritual en su lugar: La Iglesia (1a. Co. 3:16 – 17; 2a. Co. 6:16; Ef. 2:19 al 22)…
            Los discípulos entendieron todo claramente solo después de la resurrección. Solamente ahí, esta profecía tuvo sentido para ellos y reconocieron el Poder de la resurrección de Jesucristo como un claro indicador de su Deidad…
 
3.- LA PERCEPCIÓN DE LA REALIDAD DE JESUCRISTO (vv. 23 al 25):
            Esta sección, aunque breve (vv. 23 al 25), tiene profundas implicaciones relativas a la naturaleza de la fe salvadora…
            Como resultado del ministerio del Señor Jesucristo muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Ellos creían  que Él podía ser un profeta (cp. Mt. 21:11; Lc. 7:16) o incluso el Mesías conquistador que estaban esperando (cp. Jn. 6:14 – 15 y 26)…
            Pero esa fe era superficial y poco sincera. No era una fe salvadora, como lo indica el juego de palabras del Apóstol Juan. Creyeron en el v. 23 y fiaba en el v. 24 vienen del mismo verbo griego “pistewo”. Aunque creían en Jesucristo, nuestro Señor no creía en ellos; Él no tenía fe en la fe de ellos
            Aunque muchos afirmaban creer en Él, Jesucristo sabia que la mera aprobación intelectual no prueba nada; incluso los demonios tienen esa fe (Stg. 2:19)
            Como la semilla que cae en terrenos rocosos o espinosos, quienes poseen esa fe oyen la Palabra de Dios e inicialmente la reciben con alegría  (Mt. 13:20), pero como sus corazones nunca cambian verdaderamente, caen cuando llega el tiempo de aflicción (v. 21) o cuando aparecen las riquezas de este mundo (v. 22)…
            Sin duda, la diferencia entre la fe espuria y la fe salvadora es crucial. Es la diferencia entre la fe viva y la fe muerta (Stg. 2:17); entre los impíos, quienes van “al castigo eterno”, y “los justos (que entran) a la vida eterna” (Mt. 25:46); entre quienes oirán: “Bien, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu Señor” (Mt. 25:21), y quienes oirán: “Nunca los conocí; apártense de mi, hacedores de maldad” (Mt. 7:23)…
            Él conoce el estado verdadero de todos los corazones. Vio el corazón de un buscador sincero y verdadero en Nathanael (1:47); vio en estas personas una fachada superficial, la sola atracción externa  a sus señales espectaculares (cp. 6:2). La fe genuina salvadora va mucho más allá. Demanda el compromiso de todo corazón con Jesucristo como Señor de la vida propia (Mt. 16:24 al 26; Ro. 10:9). (2)
            Los que pretendieron hacer de la Casa de Dios una guarida de ladrones, ¿consiguieron destruir el Templo?… No. Así también los que viven mal dentro de la Iglesia, en cuanto de ellos depende, intentan hacer la casa de Dios cueva de ladrones; mas no por eso destruyen el Templo. Llegará el día en que sean expulsados para siempre de en medio del Templo Espiritual que es la Iglesia por la soga de la mano de Dios. (3)
 
 
CONCLUSIÓN:
           El señorío de Jesucristo va de la mano de su deidad. Como Dios del Universo, ÉL es digno de ser adorado y obedecido; de ser adorado con reverencia como Rey de reyes y Señor de señores (Ap. 19:6; cp. Fil. 3:10 al 11)…
         Las tres secciones de este pasaje o viñetas (vv. 12 al 25) subrayan su deidad con claridad inequívoca. Como Dios, limpió ÉL solo el Templo judío con celo mesiánico; como Dios predijo su propia resurrección; y como Dios, conocía verdaderamente el contenido de los corazones de los hombres…
           En la primera escena de las tres secciones, la limpieza del Templo, muestra gráficamente el odio que Dios tiene por el pecado y la impureza…
          La segunda escena, la explicación de la resurrección de Jesucristo revela que Dios da vida nueva en Cristo Jesús, quien fue 'resucitado para nuestra justificación” (Ro. 4:25)…
 
           Y la escena final, la creencia superficial de las personas, revela que la provisión de salvación de Dios viene solo a través de la fe genuina y salvadora. (2)
            El Señor Jesucristo obró de esta manera como hemos visto, por la naturaleza divina que tenía, sin poder tolerar la maldad, la adoración hipócrita y la fe superficial… Nosotros, como Hijos de Dios debemos procurar ser coherentes con la naturaleza espiritual que poseemos. Si somos hijos de un Dios de Luz, debemos andar en Luz.
 
BIBLIOGRAFÍA. Selecciones extraídas de:
1.- LA BIBLIA DE ESTUDIO MAC ARTHUR. John Mac Arthur – Editorial Grupo Nelson.
2.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO – EVANGELIO DE JUAN – John Mac Arthur – Editorial Portavoz.
3.- LA BIBLIA COMENTADA POR LOS PADRES DE LA IGLESIA. Ev. San Juan. Elowsky – Oden. Edit. Ciudad Nueva.

 


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