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NO ES POR VISTA, ES POR FE - Juan 4:43 al 54

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 14/ago/2016
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

            El verbo griego “pisteuo” (“creer”) aparece cerca de 100 veces en este evangelio y la abrumadora mayoría se refiere a creer para Salvación en el Señor Jesucristo (p. ej. 1:12; 6:29; 8:30; 12:44; 14:1; 17:20)…
            Por creer en Él, las personas se hacen hijos de Dios (1:12 y 12:36), obtiene Vida Eterna (3:15 y 16, 36; 6:40 y 47), evitan el Juicio divino (3:18 y 5:24), toman parte en la Resurrección de la vida (11:25; cp. 5:29), el Espíritu Santo habita en ellos (7:38 y 39), se libran de la oscuridad espiritual (12:46) y encuentran poder para el servicio espiritual (14:12)…
            Más aún, Dios ordena que las personas crean en su Hijo. Cuando la multitud le preguntó a Jesucristo: “¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?” (Jn. 6:28), Él respondió: “Esta es la obra de Dios, que crean en el que Él ha enviado” (v. 29; cp. 3:18; 14:1). Pero la trágica verdad es que la mayoría de las personas se niegan a creer en Jesucristo…
            Él advirtió en el Sermón del Monte: Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la Vida, y pocos son los que la encuentran” (Mt. 7:13 y 14)…
            Expresando la misma verdad desde la perspectiva de la soberanía divina, declaró: “Porque son muchos los llamados, pero pocos los escogidos.” (Mt. 22:14). A pesar de sus buenas obras y del celo religioso, los incrédulos nunca pueden agradar a Dios (Ro. 8:8)…
 
            La INCREDULIDAD es el pecado condenatorio. Es el pecado por el cual se sentencia a las personas finalmente al Infierno, pues todos los otros pecados tienen perdón para quienes se arrepienten  y creen en Cristo Jesús…
            Jn. 3:18 dice: “El que en Èl cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.
            Los relatos del Evangelio describen varios niveles de incredulidad:
            1.- INCREDULIDAD POR FALTA DE EXPOSICIÓN: Esta es la incredulidad del corazón preparado  y dispuesto, a la espera de la revelación de la Verdad Divina. Por ejemplo cuando Juan el Bautista les señaló a Jesucristo a Andrés y Juan (1:35 al 37), ellos lo siguieron de inmediato; aún cuando el Señor no les había hablado… El conocimiento que tenían del Antiguo Testamento y su amor por Dios los tenía preparados…
 
 
            2.- INCREDULIDAD POR FALTA DE INFORMACIÓN: Este tipo de incredulidad requería más que la sola exposición a Cristo; quienes estaban en este nivel estaban menos dispuestos y tenían que oír sus palabras para persuadirse…
            Como ejemplo, la Mujer Samaritana no estaba impresionada por la apariencia del Señor Jesucristo ni había sido expuesta a sus milagros; a ella le parecía como a otros rabinos judíos. Pero después de haber experimentado el conocimiento sobrenatural del Señor Jesús sobre su pecado (Jn. 4:16 al 19), al oírle decir que era el Mesías (Jn. 4:26), se convenció ella y a muchos en aquella ciudad (Jn. 4: 41 y 42)
            3.- INCREDULIDAD DEBIDO A LA PERCEPCIÓN DE FALTA DE EVIDENCIA: Quienes caían en esta categoría habían oído las afirmaciones de Cristo Jesús, pero deseaban evidencia que comprobara la veracidad de tales aseveraciones…
            Los Evangelios los describen como personas en necesidad de ver las obras de Jesucristo. Cristo ofreció sus milagros para probar que era el Mesías (Lc. 7:20 al 22; Jn. 5:36; 10:25, 37 y 38; 14:11; cp. Hch. 2:22)…
            Así, estos milagros fueron suficientes para persuadir a Nicodemo de que el Señor Jesucristo era el enviado de Dios (Jn. 3:2) y de empezar a hacerlo descender por el camino de la fe…
            4.- INCREDULIDAD POR ENDURECIMIENTO DELIBERADO DEL CORAZÓN (encontrada en personas muy religiosas y justas a sus propios ojos): Ellos se negaban a creer en Cristo Jesús y su Evangelio de la Gracia sin que existiera evidencia que los convenciera de lo contrario…
            Sabían quién era Jesucristo, entendían sus enseñanzas, eran conscientes de la evidencia abrumadora de sus Milagros pero rechazaban obstinadamente sus afirmaciones…
            El Señor Jesús advirtió las consecuencias de esta obstinación cuando dijo: “Por eso les dije que morirán en sus pecados; porque si ustedes no creen que yo soy, en sus pecados morirán”. (Jn. 8:24)…
            Los fariseos fueron ejemplo de este nivel final de incredulidad autosuficiente cuando concluyeron que Jesucristo “no echa fuera los demonios sino por Belzebú, príncipe de los demonios” (Mt. 12:24), decidiendo que el Señor Jesús era satánico, exactamente opuesto a la verdad…
            Tal incredulidad deliberada es la más mortal de todas, porque las personas que creen haber alcanzado la justificación, rechazan continuamente toda la evidencia a favor del Evangelio que Dios les mostró y odian la realidad de ser espiritualmente pobres, ciegos, esclavos y oprimidos por el pecado (Lc. 4:16 al 30)…
 
            Cuando el Señor Jesucristo comenzaba su ministerio en Galilea, se encontró con personas en el tercer tipo de incredulidad que hemos analizado. Los galileos no se impresionaban con el Señor ni con sus palabras como en el caso de la mujer Samaritana; Él había crecido en medio de ellos y ellos creían conocerlo (cp. Mt. 13:54 al 58). Ellos demandaban señales y maravillas (vv. 45 y 48)…
 
            El presente pasaje puede dividirse en tres secciones:
I.- INCREDULIDAD CONSIDERADA (vv.43 al 45):
            El Señor Jesucristo siguió su viaje a Galilea (4:3). El breve ministerio del Señor en Samaria era un interludio profético que predecía el esparcimiento posterior del Evangelio a samaritanos y gentiles (Hch. 1:8). Como lo percibieron correctamente los samaritanos, Él era el “Salvador del mundo” (4:42)…
            Pero las Buenas Nuevas del Reino debían ofrecerse primero a Israel (cp. Lc. 24:47; Hch. 3:26; 13:46; Ro. 1:16). Los judíos eran el objetivo principal del ministerio del Señor Jesucristo (Mt. 10:5 y 6; 15:24)…
            La declaración “Cuando vino a Galilea, los galileos lo recibieron” no significa que creyeran el Él, como los samaritanos, como el verdadero Mesías. La palabra griega “oun” (de modo que) nos devuelve la declaración de Cristo Jesús en el versículo anterior y confirma que los galileos no le honraron por quien era realmente…
 
            Al contrario, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta (cp. Jn. 2:23) tan solo lo recibieron como un obrador de milagros. Eran buscadores de curiosidades, esperando que el Señor Jesucristo realizara hazañas espectaculares. Así, el Apóstol Juan escribe con sentido de ironía; la recepción de los galileos a Cristo Jesús no fue genuina sino superficial y plana…
 
II.- INCREDULIDAD CONFRONTADA (vv. 46 al 49):
            Como lo demuestra este incidente, la recepción de los galileos, al igual que la mayoría de los judíos (Jn. 2:23 al 25) era por interés superficial, por curiosidad, en busca de emociones, no de salvación, y con base en las señales milagrosas…
            Nuevamente la conjunción griega “oun” (pues) presenta la historia del oficial del rey y lo usa de ejemplo para los galileos que veían en Jesucristo a un obrador de milagros, no al verdadero Mesías (cp. Abajo la explicación del v. 48)…
            Cuando este oficial del rey (probablemente de Herodes ya que Galilea no era en esos tiempos parte de una provincia imperial) se encontró con Jesucristo le rogó que descendiese a su casa en Capernaúm y sanase su hijo. El tiempo imperfecto de la palabra griega “erotao” (le rogó) indica que le imploró repetidas veces al Señor Jesús que curara a su hijo
            Este alto oficial del rey tuvo que tragarse su orgullo y suplicarle a Cristo Jesús, el hijo de un carpintero, la ayuda que necesitaba (cp. Mt. 13:55; Mc. 6:3)…
            Pero la fe de este hombre en Jesucristo aún no provenía del deseo de salvar su alma, sino de la desesperación de sanar su hijo…
            La debilidad de su fe en la capacidad del Señor Jesús para sanar a su hijo se denota por dos suposiciones erradas que hizo sobre el Señor. Primero, a diferencia del pasaje del centurión romano (Lc. 7:6 y 7) y la mujer sirofenicia (Mc. 7:24 al 30), suponía que Cristo Jesús tenía que estar físicamente presente para sanar a su hijo…
            Segundo, esperaba que Jesucristo tuviera poder para sanar su hijo, pero no tenía esperanzas de que pudiera resucitarlo de entre los muertos…
            Estas dos suposiciones estaban detrás de la insistencia en El Señor Jesús fuera al instante, antes de que fuera demasiado tarde. A diferencia del joven rico (Mc. 10:17 al 22), no estaba buscando la verdad espiritual, sino que lo impulsaba la necesidad emocional y física. Al ir a Jesucristo su meta no era obtener la Salvación Eterna, sino la sanidad física para su hijo agonizante…
            Enfrentado a la fe imperfecta, débil y temerosa del oficial del rey, además de la incredulidad de los galileos en general, Cristo Jesús pronunció una fuerte reprensión: «Si ustedes no ven señales y prodigios, no creen
            La reprensión del Señor Jesús abarcaba al oficial real y a todos los galileos cuya fe endeble no prestaba atención al mensaje ni a la misión de Salvación, y sí se enfocaba en los milagros sensacionales que realizaba a favor de ellos…
 
III.- INCREDULIDAD CONQUISTADA (vv. 50 al 54):
            En lugar de descender con este oficial del rey a su casa en Capernaúm como él le suplicaba, Cristo Jesús tan solo le dijo: “Ve, tu hijo vive”. En ese mismo instante (vv. 52 y 53) se sanó el joven. Este hombre creyó  la palabra que Jesucristo le dijo, aún cuando no tenía confirmación del hecho…
            Las palabras del Señor Jesús lo trasladaron del tercer nivel de incredulidad (la que necesita milagros) al segundo nivel (el que cree la Palabra de Cristo Jesús). Así tomó en serio las palabras de Jesucristo y se fue para su casa, sin pruebas tangibles de la sanidad de su hijo…
            Cuando los siervos de este padre angustiado le dijeron que su hijo vivía, lleno de alegría, les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Ellos le dijeron: “Ayer a las siete le dejó la fiebre”. Esa hora sería el comienzo de la tarde, entre la 01 y las 03 de la tarde…
            El momento en que el hijo se recuperó fue lo que demostró al padre que había ocurrido un milagro, porque entendió que la sanidad de su hijo había sucedido en aquella hora exacta en que el Señor Jesús le había dicho “Tu hijo vive”. Cuando este oficial oyó las noticias, creyó él y también toda su casa (cp. Hch. 11:14; 16:15, 31 al 34; 18:8; 1a Co. 1:16; 16:15) (1)
            En general hallamos que el Señor Jesús no se complacía tanto como en una fe basada en milagros como con una fe que estaba basada solo sobre Su Palabra. Le da más gloria a Él cuando creemos algo sencillamente porque Él lo ha dicho que debido a que dé alguna prueba visible (2)
 
CONCLUSIÓN:
            Hemos visto la fe de este hombre creciendo. Ejercitó aquella fe que tenía, y el Señor le dio más. Cristo Jesús lo envió a su casa con la promesa que su hijo vivía. Sin ningún milagro ni prueba visible, el hombre creyó la Palabra de Jesucristo y emprendió su camino a casa. ¡Esto es fe en acción! (2)
            Al final son curados los dos, padre e hijo… Cristo Jesús apeló a su conciencia, le advirtió que los milagros se obran principalmente en el alma. Así pues, no curó menos al padre, enfermo en la disposición del alma, que al hijo
            Todo esto nos enseña que no hemos de creer en Cristo Jesús por sus milagros en nuestras vidas o en la de los demás, sino en Su Palabra. (3)
            Es un rasgo característico del hombre querer ver antes de creer. Pero el Señor Jesucristo nos dice que debemos creer primero, y que luego veremos. (2)
            Ya que “Sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que sabe recompensar a quienes lo buscan.” (He. 11:6)
            Marcos Vidal nos recuerda esta esta tremenda verdad en su canción “Es por fe”.
 
BIBLIOGRAFÍA. Selecciones extraídas de:
1.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO – EVANGELIO DE JUAN – John Mac Arthur – Editorial Portavoz.
2.- COMENTARIO BIBLICO DE WILLIAM MAC DONALD. William Mac Donald. Edit. Clie.

3.- LA BIBLIA COMENTADA POR LOS PADRES DE LA IGLESIA. EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN. Joel Elowsky y Thomas Oden. Editorial Ciudad Nueva. 


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