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TESTIGOS DE LA DIVINIDAD DE JESUCRISTO - Juan 5:30 al 47

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 11/sep/2016
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

 TESTIGOS DE LA DIVINIDAD DE JESUCRISTO

 

Título de la serie: GUIA PARA ALCANZAR LA VIDA ETERNA

 

LECTURA: Juan 5:30 al 47

 

Versículos claves: Jn. 3:16 y 20:31

Jn. 3:16. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

Jn 20:31. “Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su nombre”.

 Como es mi costumbre hacer, el presente escrito es un resumen de la bibliografía referida al pie de la presente nota.

INTRODUCCIÓN:

            Algo singularmente dramático en las Sagradas Escrituras es el amor no correspondido de Dios hacia su caprichoso Pueblo Israel. Esta nación , la cual Él escogió en su Gracia para sí (Dt. 7:7 al 8), le correspondió repetidas veces con ingratitud e infidelidad…

            Tal vez la ilustración más vívida e inolvidable de la fidelidad de Dios se encuentre en el matrimonio del profeta Oseas con su infiel esposa Gomer. Oseas muestra, por medio de la narración de su propia congoja, la historia dolorosa del continuo amor de Dios por su Pueblo, a pesar de su “espíritu de fornicaciones lo hizo errar, y dejaron a su Dios”, (Jn. 4:12 cp. 1:2; 3:1; 5:3 – 4; 6:10 y 9:1)…

            Por medio del profeta Jeremías, Dios dejó claro y sin equívocos que no abandonaría a Israel (Jer. 31:35 al 37 y 33:20 – 22, 25 – 26). En el Nuevo Testamento (N.T.), el Apóstol Pablo hizo eco de esas promesas del Antiguo Testamento (A.T.) declarando de manera definitiva:

Por lo tanto, pregunto: ¿Acaso Dios desechó a su pueblo? ¡De ninguna manera!… Dios no desechó a su pueblo, al cual conoció desde un principio… Hermanos, no quiero que ignoren este misterio… Parte de Israel se ha endurecido, y esto será así hasta que se haya incorporado la totalidad de los no judíos; y después de eso todo Israel será salvo”. (Ro. 11:1 – 2, 25 – 26)

                Más aún, por medio del Profeta Zacarías, Dios declara que “volverán los ojos a mí y llorarán por el hombre a quien traspasaron, como se llora y se guarda luto por el hijo primero y único” (Zac. 12:10)…

            Desde el v. 17 de este capítulo 5 de Juan, hasta su final, el Señor Jesucristo se defendió por sanar a un lisiado en el día del Reposo (Jn. 5:1 al 16), algo que para las autoridades judías consideraron una violación flagrante a la Ley del sábado, aunque no la violó sino que no se conformó a las tradiciones rabínicas que habían desarrollado alrededor de la Ley…

            Aun así, el Señor Jesucristo no se defendió usando esa distinción. Más bien, Él afirmó su igualdad con Dios Padre y con ello su derecho a trabajar en el Día del Reposo como lo hace el Padre (v. 17)…

            Los judíos, escandalizados por lo que consideraban una declaración blasfema de deidad, se sintieron justificados a redoblar sus esfuerzos por matarle (v. 18). Jesucristo respondió con afirmaciones más fuertes de su igualdad con Dios, pues los dos hacían las mismas obras, los dos son dadores de vida, los dos reciben el mismo honor y los dos ejecutan el juicio final sobre todos (Jn. 5:19 al 29), como vimos en los domingos pasados…

            El v. 30 de este capítulo resume las afirmaciones del Hijo sobre su igualdad con Dios Padre. Contra las acusaciones de sus oponentes, no actúa por sí mismo, sino siempre en completa conjunción con el Padre (cp. v. 19)…

            Por tanto, cuando lo acusaron de ser un malhechor, los líderes judíos acusaron simultáneamente a Dios Padre de las mismas cosas. Como en el contexto inmediato el Hijo actúa como Juez (vv. 27 al 29)…

            Los oponentes judíos afirmaban que su testimonio propio no era suficiente. El asunto no era si ese testimonio era verdadero, era si sus oponentes le creerían. Entonces, el Señor Jesucristo ofreció más testimonios a manera de evidencia. (1)

            Según la Ley (Dt. 19:15), era exigible el testimonio de dos testigos. Jesucristo condesciende en retirar su propio testimonio, porque no lo necesita, en cambio presenta cuatro testimonios, más que suficientes para demostrar la Verdad. (2)

            En los vv. 33 al 47 Cristo Jesús da confirmaciones adicionales a partir de cuatro fuentes incensurables que corroboran sus afirmaciones…

 

1.- EL TESTIMONIO DEL PRECURSOR (vv. 33 al 35):

            El propósito del ministerio de Juan el Bautista era preparar a la nación de Israel para el Mesías (Jn. 1:23) e identificarlo cuando llegara (Jn. 1:31). Por tanto, “Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: es de quien yo decía: “Viene después de mí, pero es anterior a mí; porque ya existía antes que yo.” (Jn. 1:15)…

            El testimonio de Juan el Bautista respaldaba las afirmaciones del Señor Jesucristo sobre que Él era el Mesías. Como en general, este profeta era considerado como profeta de Dios por el pueblo judío de aquellos tiempos (Mt. 21:26; Lc. 20:6) – el primero en cuatro siglos –, su testimonio tenía un peso considerable…

            Pero de la misma manera que en el pasado los israelitas habían rechazado a los profetas que Dios había enviado (cp. 2a R. 17:13 y 14; 2a Cr. 24:19; Jer. 7:25 – 26; 25:4; 29:19 y 44:4 y 5), ellos rechazaron el testimonio de Juan el Bautista…

            Obviamente, el Señor Jesucristo no dependía del testimonio humano para determinar su afirmación de deidad. Con toda certeza, no había deficiencia en el testimonio de su padre Celestial (v. 37) que necesitara complementarse con el testimonio humano…

            El testimonio de sus obras (v. 36) y de su padre (v. 37) eran de mucha más importancia que el de hombre alguno. Por eso, Cristo Jesús no citó el testimonio de Juan el Bautista para llenar alguna carencia, sino para confirmar la verdad sobre Él, por medio de quien ya era reconocido como un profeta verdadero de Dios…

            Así lo hizo pensando en sus oyentes: para que ellos fueran salvos por cuenta del testimonio fidedigno de Juan el Bautista (cp. Jn. 1:35 al 37)…

            El Profeta Juan Bautista era una antorcha que ardía y alumbraba. El celo interno que ardía en él alumbraba al mundo en oscuridad. A diferencia del Jesucristo, quien es la Luz (phos: la esencia de la luz) del mundo (Jn. 8:12; cp. 1:4 al 9; 9:5; 12:35-36, 46), Juan Bautista era una antorcha (luchnos: una antorcha de aceite portátil y pequeña)…

            No era una fuente de luz sino un reflejo de ella (cp. Jn. 1:6 al 8). Juan Bautista alumbraba el camino hacia el Señor Jesús tal como una lámpara alumbra el camino a las personas (Jn. 1:31)…

            El profeta Juan Bautista proclamó la llegada inminente de tan anhelado Mesías (Mr. 1:7–8). Pero su llamada severa al arrepentimiento personal (Mt. 3:1–2), su denuncia punzante de la hipocresía nacional (Mt. 3:7; Lc. 3:7) y su práctica escandalosa de bautizar judíos (los judíos bautizaban a los prosélitos gentiles, pero consideraban a los otros judíos como parte del Reino de Dios, por lo que el bautismo para ellos era innecesario), alejó a muchos...

 

2.- OBRAS COMPLETADAS (v. 36):

            Pero más importante que el testimonio de Juan Bautista eran las obras que Jesucristo hacía las que eran más convincentes que el testimonio del más grande de los profetas (cp. Hch. 2:22). Por ejemplo, los milagros del Señor Jesús llevaron a Nicodemo a confesar: “Maestro, sabemos que Dios te ha enviado a enseñarnos, porque nadie podría hacer los milagros que tú haces, si Dios no estuviera con él” (Jn 3:2)

            En Jn. 7:31 registra que “muchos de la multitud creyeron en él, y decían: «El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que éste hace?»”…

            Hasta los enemigos más enconados de Jesucristo, “los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio y dijeron: «¿Qué haremos? ¡Este hombre está haciendo muchas señales!...»” (Jn. 11:47)…

            Como lo hizo aquí, el Señor Jesucristo apuntó a sus obras milagrosas como confirmación de que era Hijo de Dios y el Mesías (cp. Jn. 10:25, 37–38; 14:11; Mt. 11:3 al 5). Los Evangelios registran al menos 3 docenas de milagros y Cristo Jesús realizó muchos otros que las Sagradas Escrituras no mencionan (Jn. 20:30)…

            El hecho de que Jesucristo hiciera solo las obras que Dios Padre le dio para que cumpliese, no implica en modo alguno que sea inferior a Dios Padre (Jn. 1:1; 5:18; 10:30; cp. Fil. 2:6; Col 2:9). Como dijimos cuando meditamos en Jn. 5:26, Cristo Jesús se despojó voluntariamente de sus atributos divinos durante su encarnación…

            Este despojarse a sí mismo incluía someterse a la Voluntad de Dios Padre y al Poder del Espíritu Santo. A lo largo de todo su ministerio terrenal, Jesucristo fue consciente de llevar a cabo la misión que su Padre le había dado en el Poder del Espíritu (Lc. 4:14)…

            Puesto que las obras de Cristo Jesús estaban en perfecta armonía con la Voluntad de su Padre Celestial, ellas daban testimonio de que el Padre le había enviado. Sus obras no solo eran sobrenaturales, sino que cumplían exactamente los deseos de Dios. (1)

            Estamos tan acostumbrados a leer los Evangelios, que nos parece normal encontrar en ellos los muchos y grandes milagros que hizo Cristo Jesús; pero a la generación que los presenció, debieron de provocarles una sensación tremenda

            Esta tremenda evidencia no podía ser puesta en duda. En realidad, no se atrevieron a negarla, sino que apelaron al blasfemo recurso de atribuirlos a un pacto con Satanás (2)

            Aun así, a pesar de las obras increíbles del Señor Jesús, inigualables por cualquier otro (Jn. 15:24) e inexplicables en ausencia del Poder sobrenatural de Dios, muchos lo seguían rechazando (cp. Jn. 1:11)…

 

3.- LA PALABRA DE DIOS PADRE (vv. 37 y 38):

            Además del testimonio de Juan el Bautista y las evidencias de las Obras de Jesucristo, otro es el que da testimonio acerca de que Él es el Hijo de Dios y el mesías. Más aún, el testimonio que da acerca del Señor Jesús es inefablemente verdadero…

            EL hecho de que el Padre que envió al Señor Jesús ha dado testimonio de Él es de una importancia infinitamente mayor que cualquier testimonio humano…

            Los Evangelios registran dos instancias específicas en las cuales Dios Padre dio testimonio verbal del Hijo: en su Bautismo y en su Transfiguración, cuando salió una voz de los cielos y dijo: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco.» (Mt. 3:17; 17:5; cp. 2a P. 1:17)…

            Los judíos incrédulos de los tiempos de Jesucristo, que tenían el A.T. y la revelación total de Dios en Cristo Jesús (Jn. 1:18; 14:9; cp. Col. 2:9; He. 1:3), no tenían su Palabra morando en ellos, porque no creyeron a quien Dios envió…

            No quisieron oír a Jesucristo, la Revelación final de Dios para la humanidad (He. 2:1). Y así, mostraron completa ignorancia sobre Dios, pues quienes rechazan a Cristo Jesús no pueden conocer a Dios Padre (cp. Jn. 5:23; 8:19; 14:6 y 15:23)…

            Por otra parte, quienes aman al Hijo tienen testimonio interno de Dios en sus corazones en cuanto a quién es Cristo Jesús. El Apóstol Pablo les escribió a los romanos: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.(Ro. 8:16; cp. 1a Co. 2:6 al 15)…

 

4.- ESCRITOS FIDEDIGNOS (vv 39 al 47):

            Conocer las Sagradas Escrituras sin aceptarlas de corazón (Jos. 1:8; Sal. 1:2; 119:11, 15, 97) y actuar basados en ellas, no traerá bendiciones de la Salvación. En las palabras del teólogo inglés del Siglo X, Aelfric, “Entonces, feliz aquel que lee las Escrituras, si convierte las palabras en acciones”…

            Aunque el verbo griego que se traduce escudriñen podría ser imperativo o indicativo, se entiende mejor en este último. Jesucristo no les estaba ordenando escudriñar las Sagradas Escrituras, sino señalando que ya lo estaban haciendo en una búsqueda inútil por encontrar la clave de la Vida Eterna (cp. Mt. 9:16; Lc. 10:25)…

            Irónicamente, a pesar de todo el laborioso esfuerzo de ellos, fracasaron por completo en entender que son las mismas Escrituras las que dan testimonio de Cristo Jesús (Jn. 1:45; Lc. 24:27, 44; Ap. 19:10)…

            La Biblia no se puede entender apropiadamente sin la iluminación del Espíritu Santo o una mente transformada. El celo de los judíos por las Escrituras era encomiable (cp. Ro. 10:2) pero como no querían venir a Jesucristo (Jn. 1:11; 3:19), la única fuente de Vida Eterna (Jn. 14:6; Hch. 4:12), ese celo no los llevaba a la Salvación Eterna…

            Irónicamente, como les señaló el Señor Jesús, si otro hubiera venido en su propio nombre, ellos estarían dispuestos a recibirlo…

            En todos los siglos ha habido muchos falsos profetas en Israel, hasta 66 según algunos historiadores judíos (León Morris, El Evangelio según Juan). El historiador judío Josefo, notó un incremento de los falsos mesías en los años que siguieron a la rebelión judía contra Roma (66 – 70 d.C.) (1)

            La pregunta inteligente del Señor Jesús ofrece una razón crucial para que ellos los rechazaran: “¿Y cómo pueden ustedes creer, si se honran los unos de los otros, pero no buscan la honra que viene del Dios único?” (v.44)…

            En efecto, Cristo Jesús les dijo: “¿Cómo puedo recibir gloria por ser su Señor si ustedes están buscando gloria?”. La pregunta es retórica; obviamente, quienes están enfrascados en buscar gloria los unos de los otros no se humillan a creer en el glorioso Señor Jesucristo, quien es el único camino para buscar la Gloria que viene del Dios único

            El Apóstol Pablo se lo explicó claramente a los Corintios:

Pues como ellos no creen, el dios de este siglo les ha cegado el entendimiento para que no resplandezca en ellos la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Nosotros no nos predicamos a nosotros mismos, sino que proclamamos a Jesucristo como Señor, y nos declaramos siervos de ustedes por amor a Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas surgiera la luz, es quien brilló en nuestros corazones para que se revelara el conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo”. (2a Co. 4:4 al 6)

            Pero El Señor Jesús no necesitaba acusarlos delante del Padre; alguien más lo hará. Cristo Jesús los sorprendió cuando dijo que su acusador sería el mismo Moisés, en quien ellos habían puesto su esperanza…

            Si en verdad creyeran en Moisés, habrían creído en Jesucristo, porque de Cristo Jesús escribió Moisés (Dt. 18:15) como además lo infiere todo el Pentateuco que, junto con el resto del A.T. apuntaba sin equívocos hacia Él (cp. Lc. 24:27)…

            Los oponentes del Señor Jesús ignoraron la evidencia clara del A.T. según la cual Jesucristo era el Mesías. Pero en un nivel más profundo, tampoco entendían el propósito de la Ley Mosaica. La consideraban como un medio para la Salvación eterna…

            Pero esa nunca fue la intención. La Ley se dio para revelar el pecado del hombre y su completa incapacidad de salvarse a sí mismo. (1)

            Hay una relación muy estrecha entre el A.T. y el N.T. Como dijo Agustín de Hipona “El N.T. se encuentra oculto en el N.T. y el A.T. es revelado en el N.T.”. Si alguien duda de la inspiración de las Escrituras del A.T., no es fácil que acepte las palabras del Señor Jesús como inspiradas. (3)

 

CONCLUSIÓN:

            Los judíos habían rechazado el cuádruple testimonio de Juan el Bautista, las obras de Jesucristo, el testimonio de Dios Padre y las evidencias de las Sagradas Escrituras, sobre la deidad de Cristo Jesús…

            Como resultado, en el acto más abyecto de apostasía en la historia, crucificaron a su propio Mesías (Hch. 2:23) (1)

            Como testigo del obrar de Dios en su vida, George F. Haendel supo plasmar magistralmente en su más afamada obra, la divinidad y realeza de Jesucristo, para testimonio del mundo entero. Escucharemos una porción de su magnífica composición “El Mesías”.

 

BIBLIOGRAFÍA. Selecciones extraídas de:

1.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO – EVANGELIO DE JUAN – John Mac Arthur – Editorial Portavoz.

2.- COMENTARIO EXEGÉTICO DEVOCIONAL A TODA LA BIBLIA. Ev. Juan. Mathew Henry. Edit. Clie.

3.- COMENTARIO BÍBLICO DEL ANTIGUO TESTAMENTO Y NUEVO TESTAMENTO. William Mac Donald. Edit. Clie.


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