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CONTRASTES - Juan 6:60-71

Autor: Esteban Gomez
Publicado: 23/oct/2016
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

El pasaje sobre el que hoy vamos a reflexionar viene a marcar un “antes y un después” en el ministerio de Jesús.
Desde el comienzo del evangelio, el apóstol Juan viene, a mi entender, marcando “CONTRASTES”  en diferentes áreas a medida que avanza en su relato de la vida de Jesús;  que en  la definición dada por la Real Academia Española significa: “Oposición, contraposición o diferencia notable que existe entre personas o cosas. Contraponer una cosa  o persona con otra para resaltar o demarcar las diferencias, los defecto o las virtudes de esa persona o cosas.”; todos ellos con un propósito definido: “Resaltar la Persona, y la Obra de Jesucristo a favor de la humanidad”. Veamos algunos de ellos: 

Cap. 1:   
Luz Verdadera  vs. Tinieblas (oscuridad)
Los nacidos de Dios vs. Los nacidos de la carne
La gracia y la verdad vs. La Ley
 
Cap.2:
Provisión de Gozo  vs. Desesperación.
Casa de Oración (Templo) vs. “Una cueva de ladrones. 

Cap. 3:
“Nacer de nuevo en Cristo por el Espíritu Santo”  vs. Los que nacen de la carne (físicamente)
El que cree vs. El no cree
El que viene a la Luz vs. El que aborrece la Luz y ama las tinieblas. 

Cap. 4:
El Agua de Vida  vs. El agua natural
El verdadero adorador vs. El falso adorador 

Cap. 5:
La Salvación vs. La sanación.
Resurrección de Vida vs. Resurrección de condenación
El Dios “visible” y el Dios “invisible”. 

Cap.6:
Abundancia y Saciedad vs. El hambre y la necesidad
El Pan del Cielo vs. El pan material
La “Verdadera Comida” y “alimento para Vida Eterna”  vs. La falsa comida y alimento temporal
La Seguridad y la calma vs. El temor y la agitación. 
 
Y llegamos hoy al final del relato contenido en el capítulo 6 de este precioso Evangelio y el punto crucial de los “CONTRASTES” que venimos remarcando.
 
Juan 6.60-71 (RVC) 
60 “Al oír esto, muchos de sus discípulos dijeron: «Dura es esta palabra; ¿quién puede escucharla?»  
61 Jesús, al darse cuenta de que sus discípulos murmuraban acerca de esto, les dijo: ¿Esto les resulta escandaloso?   
62 ¿Pues qué pasaría si vieran al Hijo del Hombre ascender adonde antes estaba?   
63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida.
64 Pero hay algunos de ustedes que no creen. Y es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién lo entregaría, 
65 así que dijo: «Por eso les he dicho que ninguno puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»  
66 A partir de entonces muchos de sus discípulos dejaron de seguirlo, y ya no andaban con él.  
67 Entonces, Jesús dijo a los doce: ¿También ustedes quieren irse? 
68 Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.   
69 Y nosotros hemos creído, y sabemos, que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.» 
70 Jesús les respondió: ¿Y acaso no los he escogido yo a ustedes doce, y uno de ustedes es un diablo?» 
71 Y se refería Jesús a Judas Iscariote, hijo de Simón, porque éste era uno de los doce, y era el que lo iba a entregar.  
 
Quisiera dividir esta porción en dos puntos principales, marcando el “contraste” que vemos aquí.
A la primera parte que tomaremos desde los versículos  60-66  lo llamaremos:
 
1. LA “SARNA” DOCTRINA. (vs. 60-66)
Sí, como oyó. Lo dije bien y a propósito. No me “falló” el vocabulario ni mi español.
Cuando era más joven solíamos bromear acerca de algunas de las declaraciones en cuanto a las enseñanzas en el ámbito evangélico y en relación a la doctrina que algunas de las iglesias sostenían sobre su enseñanza. Algunos “pícaros” por decirlo así,  parafraseaban la expresión bíblica de la “Sana Doctrina” (eso sí está en la Biblia) diciendo que tal o cual congregación tenía la “sarna doctrina”….como una especie de ironía por el énfasis que ponían en cuanto al nivel de su enseñanza.
Pero pensándolo bien y ya pasado el tiempo, me doy cuenta de que para lo que para algunos puede llegar a ser motivo de ironía, está muy lejos de serlo para otros, por lo menos para mí.
 
Realmente podríamos, sin la intención de ofender, decir que es apropiado el término, y si lo analizamos en profundidad vemos que tiene mucho de actualidad. 

Creo que todos hemos tenido en algún momento u otro de nuestra vida, lo que llamamos “picazón” o “comezón” o haber visto a algún animalito padecer esa terrible afección conocida como “Sarna” producida por una reacción inmunológica de hipersensibilidad un “ácaro” llamado Sarcoptes scabiei, que es una pequeñísima “criaturita” y que causa como resultado más conocido una intensa picazón y mucha incomodidad. 
 
Uno ve como estos animalitos, o incluso a seres humanos con esta afección, que intentan “quitarse” es molesta sensación de picazón rascándose desesperadamente, pensando que con el rascado podrán eliminar lo que les causa molestia, sin darse cuenta de que agrava el cuadro, llegando a lastimarse seriamente en muchos casos! 
 
También todos los que en algún momento hemos padecido algunas de estas enfermedades que comúnmente conocemos como “eruptivas” y que causan picazón, hemos recibido la “recomendación” de nuestras madres en la frase tan conocida de “¡No te rasques, para que no te quede la cicatriz!”….que sin duda muchos hemos desobedecido! 
 
Pero sin “irnos por las ramas” y volviendo al pasaje, creo que pasó lo mismo con la enseñanza de Jesús a sus discípulos y a quienes se acercaron a oírle.
El venía dándole “Señales” que ellos no se ocuparon en prestar atención.
Me encantó la definición que mi hijo más pequeño me dio sobre una de las señales de tránsito más conocidas en el mundo: El semáforo.  Él me explicó el significado de los colores de la siguiente manera:
Rojo: Alto
Verde: Siga
Amarillo: “Ojo que viene el Rojo”
No escuché en mi vida mejor definición!!
Parecía que todo iba en “onda verde”, que no había ninguna luz roja a la vista, que todo marchaba a pedir de boca! Como vimos, pensaban que tenían la vida resuelta. Comida gratis, sanidad gratis y lindas charlas motivacionales! 
 
¡Qué más se le puede pedir a la vida!... Sin embargo, Juan claramente destaca el hecho de que estás actitudes no tomaron por sorpresa al Señor Jesucristo, porque “Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le entregaría” (v. 64 b).
 
Jesús comienza a prender el “amarillo”… “ojo que viene el rojo”.
Jesús pone un “Alto” en el camino con sus palabras y sin duda ellos se dieron cuenta.
“Dura es esta palabra, ¿quién puede escucharla?” (v.60)
 
Esta expresión de sus bocas no se refiere tanto a que las palabras de Jesús eran “difíciles de entender” sino más bien que eran “difíciles de aceptar”
Éstas son las palabras que a ellos les causaban “comezón”, “picazón”, e  “incomodidad”
El apóstol Pablo escribiendo a Timoteo en su segunda Carta, que  por muchos considerada como el último de los escritos de Pablo, le advierte lo siguiente en 2° Timoteo 4.1-4:
 
“1 Te encargo delante de Dios y del Señor Jesucristo, quien juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,
2 que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.   
3 Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que aun teniendo comezón de oír se amontonarán maestros conforme a sus propios malos deseos, 
4 y apartarán de la verdad sus oídos y se volverán a las fábulas.”
 
¿Oyeron? ¡Esto de la doctrina que causa comezón no es nada nuevo!
 
No debemos perder de vista lo que antecede a este pasaje: Jesús les estaba diciendo que ellos debían creer en Él como “El Pan que descendió del Cielo”, como el Dios que hizo visible al Dios invisible, Él es Dios y les desafiaba a creer en Él.
 
La expresión de “creer” se repite más de 90 veces en el Evangelio de Juan. La demanda de Jesús era mayor para ellos en este punto. Los que le seguían tenían que tomar una decisión. Los puso entre “la espada y la pared”.
Pero había un problema: el mensaje de Jesús a estas alturas no era, “políticamente correcto”.
Las palabras de Jesús demandaban de ellos un compromiso que podía colocarlos en la “incómoda situación” de enfrentar los poderes de la época, a  líderes religiosos, y nada menos que al mismísimo Imperio Romano.
Ellos bien podrían haber pensado en este momento como muchos en la historia, que “soldado que huye, sirve para otra guerra”, disfrazando así su falta de compromiso e incredulidad. 
Jesús los confrontó con la hipocresía de ser seguidores solamente y nos tener un compromiso real con Él.
Como lo declaró Dios por medio del profeta Isaías muchos siglos antes:
 
Is. 29.13a 
“El Señor dice: 
«A decir verdad, este pueblo se acerca a mí con la boca, y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.”
 
Los discípulos habían entendido muy bien lo que Jesús había dicho: que Él era la mente y vida misma de Dios que había venido a la tierra; lo que resultaba difícil era reconocer que eso era verdad y aceptar todo lo que ello implicaba.Y hasta el día de hoy el rechazo de Cristo por parte de muchos hombres obedece no a que Cristo sorprenda su intelecto, sino que presenta un desafío y una condena a sus vidas.
 
Esto no solamente pasó hace más de dos mil años, sino que siguió pasando a lo largo de la historia llegando hasta nuestros días.
Personas que “siguen” a Jesús hasta que las palabras de Jesús y sus demandas los confrontan con sus verdaderas motivaciones.
Como aquellos que asisten a muchas de las Iglesias como si ésta fuera un “Club Social”, donde se “sienten bien”. Pero cuando son confrontados con el real compromiso con Cristo, “cancelan la suscripción”. No están dispuestos a “pagar el precio”, no de la salvación, sino del verdadero discipulado.
Me topo seguido con personas así. Que alguna vez asistieron a alguna que otra iglesia, que gustaron de las “bendiciones” de Dios, pero que no estuvieron dispuestas a aceptar las demandas del “Dador” de la bendición.
 
Qué triste que suceda esto; pero lo cierto es que si uno midiera el “éxito” por los seguidores, seguramente después de este suceso, no invitaríamos a Jesús a muchos de nuestros congresos. Él “perdió” a muchos de sus discípulos y para muchos no sería “correcto” tener un líder espiritual así en nuestras Iglesias. ¿O sí?
Pero de pronto Jesús sorprende con su “cambio de enfoque”, y esto nos lleva al segundo punto de nuestro mensaje de “Contrastes”:
 
 2. SIN “PLAN B” (vs. 67-
Creo que todos conocemos más o menos en parte lo que significa tener un “plan B”: “Contar con una alternativa cualquiera sea la acción o proyecto que intentemos llevar a cabo.”
Y aquí lo vemos a Pedro, haciendo una de las declaraciones más contundentes y maravillosas de la historia de la humanidad.
Jesús hace una pregunta. Simple. Directa. Contundente. ¡Jesús es maravilloso!, ¡Cómo maneja el lenguaje! ¡No deja de asombrarme!: 
 
“¿También ustedes quieren irse?” (v. 67)   
Es como si el reloj se parara y todo alrededor quedara como en esas películas tan particulares que muestran cómo todo queda “congelado” por unos instantes al apretar un pequeño botón o la “chicharra paralizadora” del Chapulín Colorado!
Creo que Jesús tomó por sorpresa a “los doce”. No se esperaban que Jesús se dirigiera a ellos en éstos términos.
No pienso que sonara a “reto”, pero sí firme. No era tiempo de “chistes”. Era tiempo de considerar las cosas en serio.
Jesús sabía la respuesta. Eso es seguro. Pero ellos debían expresarlo, debían tenerlo bien en claro. De allí en adelante las cosas iban a cambiar y debían estar ¡comprometidos hasta la médula! 
 
a. “Señor, ¿a quién iremos? V. 68ª: 
Una respuesta sincera de alguien que consideró las opciones.
¿Recuerdan al rey Salomón? Bueno, en él tenemos un ejemplo de alguien que probó todas las opciones disponibles de su época. Todo lo que el dinero podía comprar y todo lo que no se podía comprar con dinero.
No vamos a entrar en muchos detalles, solo referirnos a la conclusión que el mismo Salomón llegó luego de “probar” todo y ver que solo había vacío en cada una de las opciones que experimentó y que  quedó registrada en el último capítulo del libro de Eclesiastés:
 
Ecl. 12.8: “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad.”
Ecl.  12.13: “Todo este discurso termina en lo siguiente: Teme a Dios, y cumple sus mandamientos. Eso es el todo del hombre.”
 
Vivimos en un mundo que, como en los tiempos de Pedro, ofrece muchas alternativas a la vida. Casi cualquier ofrecimiento para satisfacer casi cualquier necesidad. Pero, al considerar el final, concluimos con las palabras de Jesús a la mujer samaritana: 
 
Jn. 4.13-14
“Jesús le respondió: “Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.”
 
b. “Tú tienes palabras de vida eterna” (v. 68 b)
Los doce, así como el resto de los que habían estado hasta ese momento con Jesús, oyeron palabras que eran diferentes a cualquier otra palabra: “Las palabras de Jesús son espíritu y vida” (v.63 b).
Esta expresión de la boca de Jesús me lleva a considerar dos pasajes de las Escrituras muy conocidos:
2.b.1: Uno en el mismo origen de la Vida. Génesis 1: La Palabra de Dios dando origen a todo: En los versículos 3, 6, 9, 11, 14, 20, 24 y 26 tenemos la siguiente expresión: “Dijo Dios” y lo que dijo Dios fue hecho. De la nada Dios llamó a la existencia todo lo que existe y dio vida a su creación.  Y en el Cap. 2.7, dice que soplo en el hombre “Aliento de vida
2.b.2: En el libro de Ezequiel está registrada la visión que tiene el profeta del “Valle de los huesos secosCap.37: 
 
En los v. 4-6 
 
Entonces el Señor me dijo:
«Profetiza sobre estos huesos, y diles: “Huesos secos, oigan la palabra del Señor. Esto es lo que Dios el Señor les dice: ‘Huesos, voy a hacer que entre en ustedes el espíritu, y ustedes volverán a vivir.’Voy a poner tendones en ustedes, y volveré a cubrirlos de carne y de piel; pondré también el espíritu en ustedes, y volverán a vivir.” Así sabrán que yo soy el Señor.» 
 
¡Estas son las palabras de Jesús, y éstas son espíritu y son vida! ¡Nada en este vasto Universo puede compararse con las palabras de Jesús! Son las únicas que pueden traer a la vida lo que está muerto. ¡Es la Vida que realmente vale la pena ser vivida y  la que solo Él puede dar! 
 
c. “Y nosotros hemos creído, y sabemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” (v.69)
 
Este es el “broche de oro” de la declaración de un verdadero discípulo.
Una fe firme, basada en la evidencia.
 
Hebreos 1.1-3
 
 “Dios, que muchas veces y de distintas maneras habló en otros tiempos a nuestros padres por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio del Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y mediante el cual hizo el universo. Él es el resplandor de la gloria de Dios. Es la imagen misma de lo que Dios es. Él es quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder.”
 
Jesús dio la evidencia de ser el “Yo Soy” que tanto admiraban los judíos; el Mesías, el Cristo, el Redentor de la humanidad. Sus palabras eran la Palabras de Dios.
 
Pero, ¿Qué impulsó a Pedro a hacer semejante declaración y compromiso? La respuesta es: Su relación personal con Jesucristo. Él no se había acercado a Jesús porque tenía buena enseñanza o una personalidad carismática. Mientras que muchos solo se conformaron con oír a Jesús pero sin prestarle verdadera atención, Pedro y sus compañeros, escucharon y asimilaron las palabras que trajeron Vida Eterna a sus propias vidas. 
 
Conclusión:
 No sé cuántos de los que están oyendo este mensaje hoy serán como los seguidores de antaño; aquellos que a la hora del compromiso, les agarró comezón de oír y rascándose la cabeza, se alejaron escandalizados, pero que tarde o temprano se van a enfrentar al hecho de que ese modo de vivir no satisface plenamente ni conduce a buen destino.
Puedes seguir “comiendo y bebiendo” de lo que el mundo te ofrece, pero sin lugar a dudas volverás a tener “hambre y sed” 
 
¡Solo Jesús puede darte lo que realmente necesitas. Puedes creer en Él y en sus palabras, y tener Vida eterna, vida plena! 
 
Amén. 
 
Bibliografía:   
- Todas las citas bíblicas fueron tomadas de la Versión “Reina Valera Contemporánea (RVC) Editada por la Sociedades Bíblicas Unidas.
-Comentario Macarthur del Nuevo Testamento del Evangelio de Juan – Editorial Portavoz.
-Comentario de W. Barclay. Volumen 5 – Tomo 1 Evangelio de Juan. Editorial La Aurora.
-Comentario de León Morris. Evangelio de Juan – Volumen 1. Editorial Clie.
 

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