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¡AGUA DE VIDA SOLO PARA LOS SEDIENTOS! - Juan 7:37 al 52

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 04/dic/2016
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

            La pregunta final que cada persona enfrentará en algún momento, el asunto más crucial que determinará su destino eterno es: ¿Qué haré con Jesús, el Cristo?
            El pueblo de Israel había anhelado por generaciones a su Mesías. Pero cuando finalmente vino, rechazaron su mensaje y usaron a las autoridades romanas para ejecutarlo (cp. Hch. 2:22-23)...
            A lo largo de los siglos, millones incontables de personas han tomado la decisión equivocada en lo que respecta a Jesucristo. Los líderes judíos y la multitud habían rechazado a Cristo Jesús como el único Salvador del mundo, al igual que lo hizo Pilato…
            Pero solo hay una respuesta correcta ante Él: “Confesar con la boca que Jesucristo es el Señor, y creer en el corazón que Dios le levantó de los muertos” (Ro. 10:9); reconocer que “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12; cp. Jn. 14:6); confesar los pecados (1 Jn. 1:9) a quien “tiene potestad en la tierra para perdonarlos” (Mt. 9:6) y se inclina sumiso ante Él como Señor soberano (Fil. 2:10-11)…
            Quienes así lo hagan, serán salvos (Ro. 10:9; cp. 5:1; 8:1; 1 Ts. 5:9; 2 Ti. 2:10; 3:15; He. 2:10; 5:9). Pero quienes no lo hagan enfrentarán el juicio eterno (Sal. 2:12; Lc. 13:3, 5; Jn. 3:36; Ro. 1:18; 2:12; Gá. 3:10; Ef. 5:6; 2 Ts. 2:10; He. 10:29)…
            El escenario era Jerusalén en el último día de la fiesta de los tabernáculos (7:2, 37). Jesús planteó la pregunta sobre su identidad con autoridad y precisión, en forma de una invitación a creer en Él
 

A.- LA INVITACIÓN (vv. 37-39)
            Apoyándose en las imágenes del profeta Isaías (12:3; 55:1), comparar la salvación con el agua viva era algo conocido para sus oyentes. En la tierra relativamente seca de Israel, la sed era una imagen apta para la necesidad de salvación personal...
            Jesús hizo esta invitación en el último y gran día de la fiesta de los tabernáculos. No está claro si en el séptimo u octavo día ocurrió una asamblea especial en el festival (Lv. 23:36). En cualquier caso, fue un día diferente al de los acontecimientos en los vv. 14-36 (cp. v. 14). Como ya había sucedido antes, (v. 28) Jesús alzó la voz e instó a oír su invitación...
            La importancia del mensaje se enfatiza porque Jesús se puso de pie para ofrecerlo (los rabinos estaban sentados, normalmente, cuando enseñaban; cp. Mt. 
5:1; 13:2; 26:55; Lc. 4:20; 5:3).
            CEREMONIA: La característica más importante de la fiesta de los tabernáculos eran las cabañas (refugios) que las personas preparaban (Lv. 23:42; Neh. 8:14). Pero cada día había también un ritual importante con agua…
            La ceremonia no estaba prescrita en el Antiguo Testamento pero se había vuelto tradición en los siglos anteriores al tiempo de Jesús. Conmemoraba la provisión milagrosa de agua durante los años de Israel en el desierto (Éx. 17:6; Nm. 20:8-11; Dt. 8:15; Neh. 9:15; Sal. 105:41; 114:8; Is. 48:21) y anticipaba las bendiciones de la era mesiánica (cp. Is. 30:25; 35:6-7; 43:19-20; 44:3-4; 49:10; Ez. 47:1-9; Jl. 3:18; Zac. 14:8)

            Cada día de la fiesta el sumo sacerdote sacaba agua del estanque de Siloé y la llevaba, en procesión, hasta el templo. En la puerta del Agua (al sur del atrio interno del templo) se tocaba tres veces el shofar (una trompeta hecha con el cuerno de un carnero) para marcar la alegría de la ocasión
            También se recitaba Isaías 12:3 (“Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación”). En el templo los sacerdotes marchaban alrededor del altar mientras el coro del templo cantaba el Hallel (Sal. 113 — 118). Entonces el agua se derramaba como ofrenda a Dios
            Fue en el contexto de esta ceremonia que Cristo Jesús dijo las impresionantes palabras “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”… Jesucristo cambió el enfoque; pasó de la necesidad de las bocas secas en el desierto a la necesidad espiritual de agua viva en las almas sedientas (1)
            De la importancia de este mensaje nos da idea el hecho de que es el último que la Biblia repite (v. Ap. 22:17). Hasta que todo lo que ha de cumplirse sea consumado (v. Ap. 21:6 «hecho está»), habrá oportunidad de predicar este mensaje y de recibir esta invitación…
            Son invitadas todas las personas que tengan sed. El sentido no es de inclinación (comp. con Mt. 5:6), puesto que los creyentes han saciado su sed y no tendrán ya sed jamás (v. 6:35), sino de necesidad; todo el que busca satisfacción en cisternas rotas y no puede calmar su sed (comp. con Jer. 2:13). A estos insatisfechos y verdaderamente indigentes, Jesús les promete satisfacción si se llegan a Él…
            Son invitadas a llegarse a la fuente de aguas vivas: «Venga a mí y beba», con la seguridad de que no será rechazado (v. 6:37). Por mucha que sea su sed, quedará satisfecho; no sólo quedará refrescado, sino también rellenado.(2)
            Tres palabras claves resumen la invitación de Jesús al evangelio. Primero, el que tiene sed es aquel que reconoce su sed espiritual (cp. Is. 55:1; Mt. 5:6). Segundo, si quieren encontrar alivio, tales individuos deben venir a Jesús, la única fuente de agua viva
            Pero no todos los que reconocen su necesidad y se acercan a Él calman su sed. Aunque el joven rico vino “corriendo, [hincó] la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”, al final “se fue triste” (v. 22) sin saciar su sed. Habiéndose acercado a Cristo Jesús, no estaba dispuesto a dar el tercer paso crítico de beber; esto es, apropiarse de Él por la fe
            Quienes manifiestan el arrepentimiento genuino reconocen ante el Dios santo la sed profunda de su culpa personal, se dan cuenta de que no pueden hacer nada para evitar el juicio que les es adverso…
            Así, confían en el sacrificio de Jesucristo (como pago por sus pecados) y afirman que Él es el único Salvador (Jn. 14:6; Hch. 4:12) y Señor de sus vidas (Ro. 10:9-10). De esta forma, beben el agua viva que Él provee y llega a ser en ellos “una fuente de agua que [salta] para vida eterna” (Jn. 4:14)
            Pero Dios no pretendía que los creyentes fueran charcas donde se estancara el agua de salvación. En su lugar, Jesús declaró: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Las palabras del Señor no eran una cita directa de un texto específico del Antiguo Testamento, pero reflejaban pasajes como Proverbios 11:25, Ezequiel 47:1-9 y Zacarías 13:1. Los creyentes son los canales a través de los cuales se envían a otros los ríos de agua viva…
            Leon Morris escribe: “El creyente no es egocéntrico. Pasa a otros el don de Dios de la misma forma en que lo recibe. O para expresarlo de otra manera: cuando un hombre cree, se hace siervo de Dios y Dios los usa como medio de bendición a los demás”…
            Al evangelizar a los perdidos (el objetivo principal aquí) y edificar a los santos (1 Co. 12:4-11; 1 P. 4:10-11), los creyentes permiten que la vida espiritual en ellos salte y afecte a quienes están cerca…
            Antes de Pentecostés, fue el Espíritu el autor del arrepentimiento (cp. Jn. 16:8-11) y el poder detrás de la regeneración (Jn. 3:4-5). También iluminó a los creyentes cuando enfrentaban persecuciones (Mr. 13:11; Lc. 12:11)…
            Después de Pentecostés, todos los creyentes recibieron el Espíritu de manera total y normativa desde ese momento (Ro. 8:9; 1 Co. 12:13). Jesús no había sido aún glorificado (cp. 12:16; 17:4-5) se refiere a su ascensión a la gloria celestial (Hch. 1:9-11), momento en el cual el Padre envió al Espíritu Santo. Enviar al Espíritu después del regreso de Cristo Jesús al cielo hizo posibles las obras mayores que los creyentes harán (Jn. 14:12).
 
B.- LAS RESPUESTAS (vv. 7:40-52):
            Como ya se ha dicho, la respuesta de las personas a Jesucristo la separa en cuatro grupos: los convencidos, los contrarios, los confundidos y los contemplativos. Todos están representados en este pasaje.
B.1.- LOS CONVENCIDOS (7:40-41a)
            Cuando algunos de la multitud oyeron las palabras misericordiosas de Jesucristo en los versículos 37-39, se convencieron de que era el profeta de quien escribió Moisés (Dt. 18:15-18). Algunos identificaban al profeta con el Mesías (la interpretación correcta; cp. Hch. 3:22-23; 7:37)…
            Otros lo consideraban como un precursor del Mesías. Como mínimo, estas personas vieron a Cristo Jesús como un gran profeta. (cp. Mt. 21:11, 46; Mr. 6:15; Lc. 7:16; 24:19; Jn. 4:19; 6:14; 9:17). Así, aunque puede que su conocimiento no fuera completo, al menos estaban convencidos de que Él era el enviado de Dios…
            Otros tenían una comprensión más clara de quién era Jesucristo y decían: “Este es el Cristo”. Antes estaban intimidados por miedo a las autoridades judías (7:13; cp. 9:22; 12:42; 19:38; 20:19…
            Pero ahora, convencidos de la identidad de Jesús, lo proclamaban con audacia. Estos individuos eran parte del remanente de Israel (2 R. 19:30-31; Is. 10:20- 22; 28:5; 37:31-32; 46:3; Jer. 23:3; 31:7; 50:20; Mi. 2:12; 5:7-8; Ro. 9:27; 11:1-5); los miembros de la “manada pequeña” (Lc. 12:32), que entran por la puerta angosta que lleva a la vida eterna (Mt. 7:13-14), sedientos que aceptaron la invitación de Jesucristo de venir a Él y beber del agua viva que Él entrega…
 
B.2.- LOS CONTRARIOS (7:41b-44)
            Algunos seguían siendo escépticos. “¿De Galilea ha de venir el Cristo?”, preguntaban burlonamente. La pregunta esperaba una respuesta negativa; que el Mesías pudiera venir de esas lejanías de Galilea parecía absurdo para la gente sofisticada de Judea (cp. v. 52; 1:46)…
            Por otra parte, insistían ellos, “¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo?”. Para mérito de ellos, esos dos puntos eran válidos. La Escritura del Antiguo Testamento revela que el Cristo vendría del linaje de David (2 S. 7:12; Sal. 89:3-4;132:10-11; Is. 11:1, 10; Jer. 23:5; 33:15; cp. Mt. 22:42) y que el Mesías saldría de Belén (Mi. 5:2; cp. Mt. 2:3-6)…
            Sin embargo, quienes se mofaban con su incredulidad orgullosa no examinaron la situación por completo. De haberlo hecho, habrían descubierto que Jesucristo satisfacía esos dos criterios. Descendía de David (Mt. 1:1; Lc. 1:32; 3:23, 31; cp. Mt. 1:20; Lc. 1:27; 2:4) y nació en Belén (Mt. 2:1; Lc. 2:4-7, 11, 15)…
            Precipitadamente supusieron que, como Cristo Jesús se había criado en Nazaret (Mt. 2:21-23; Lc. 2:39, 51; 4:16; cp. Mt. 21:11; 26:71; Lc. 18:37; Jn. 1:45), debía haber nacido allí. No les interesaba investigar sus credenciales mesiánicas…
 
B.3.- LOS CONFUNDIDOS (vv. 7:45-49):
            A diferencia de quienes creían o rechazaban a Cristo, los alguaciles del templo estaban confundidos...
            Cuando llegaron con las manos vacías, sus superiores les inquirieron: “¿Por qué no le habéis traído?”. Es interesante que los alguaciles no hayan afirmado que la multitud lo impidió, aunque así pudo haber sido (cp. vv. 31, 40-41, 43)…
 
            En lugar de eso, expresaron desconcierto y sorpresa: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (cp. Mt. 7:28; Mr. 1:22; 12:17; Lc. 4:32; 20:26). Eran levitas entrenados en lo religioso y las palabras de Cristo Jesús los asombraron…
            Aunque no creían que era el Mesías, tampoco lo rechazaban abiertamente. No sabían qué hacer con Él. Atrapados entre el poder y la gracia de su mensaje y el odio de sus líderes, estaban paralizados e inactivos…
            Con la ridiculización de la multitud, los fariseos apelaron al orgullo y deseo de prestigio de los alguaciles. Estos debían tomar una decisión crucial. Podían rechazar a Jesús y ganarse el aplauso del liderazgoreligioso apóstata o creer en Él, recibir el castigo y recibir la redención…
 
B.4.- LOS CONTEMPLATIVOS (vv. 7:50-52):
            No era cierta la afirmación de los fariseos según la cual los gobernantes religiosos habían rechazado de manera unánime a Cristo Jesús (cp. 12:42). Nicodemo, un rabí prominente (el mismo que vino de noche a Jesús ), quizás el maestro más preeminente en Israel (cp. 3:10), era la excepción más notable…
            Probablemente no fuera discípulo de Jesucristo en ese instante (aunque después se volvió uno ), pero su mente estaba abierta a las afirmaciones del Señor. Nicodemo no defendió abiertamente a Jesús pero abrió una puerta de procedimiento legal cuando les recordó a sus colegas: “¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?”…
            Ni siquiera los romanos despreciables condenaban a las personas sin oírlas (Hch. 25:16). Pero sus colegas del sanedrín, con sus mentes cerradas en cuanto a Cristo Jesús, no tenían la intención de ser imparciales. Más bien, atacaron con fiereza a Nicodemo: “¿Eres tú también galileo?”, le dijeron con provocación…
            Comparar a Nicodemo con los galileos provincianos y rechazados era el insulto más degradante que podían hacerle. Después lo invitaron burlonamente a escudriñar y ver que de Galilea nunca se había levantado profeta; pasaron por alto, de modo muy conveniente, el hecho de que Jonás (el cual era de una ciudad cercana a Nazaret en la región de Zabulón, 2 R. 14:25; cp. Jos. 19:10) era galileo (algunos eruditos creen que Nahum, Oseas y quizás otros profetas eran de Galilea)…
            Querían decir que Él ignoraba las verdades teológicas más básicas. Pero en realidad, tal declaración exponía la falta de conocimiento en ellos, pues algunos profetas habían salido de Galilea y Cristo Jesús había nacido en Belén…
            A pesar de las burlas de ellos, Nicodemo siguió buscando la verdad (cp. 7:17) y a la larga la encontró en Jesucristo…
 
CONCLUSIÓN:
            El cristianismo, desde sus mismos comienzos ha parecido una estupidez a los sabios de este mundo; ha sido, incluso, llamado «el opio del pueblo»: suave droga para evadirse de las realidades de este mundo; creencia de «fanáticos» y de «beatas». Y, curiosamente, la mayoría de los incrédulos son «fanáticos ignorantes», que se dejan embaucar por los que, bajo el título universalmente reconocido de «expertos», les proponen sus hipótesis prejuzgadas como si fueran realidades evidentes...
            Es un hecho constante que, los que más duros se muestran para creer la verdad, más blandos se muestran para creer el error. Quienes se resisten a ser discípulos en la escuela del Maestro por excelencia, son extremadamente crédulos como alumnos en la escuela del diablo.(2)
            Excepto si uno sabe que es pecador, nunca querrá ser salvo. Excepto si se da cuenta de que está perdido, nunca querrá ser hallado. Excepto si está consciente de una gran carencia espiritual en su vida, nunca querrá acudir al Señor para que le sea suplida aquella necesidad…
            El Salvador invitó al alma sedienta para que acudiese a Él —no a la iglesia, ni al predicador, ni a las aguas del bautismo, ni a la mesa del Señor—
            Jesús dijo: Venga a mí, y beba. Ninguna otra cosa valdrá. Venga a mí y beba. Beber significa aquí apropiarse uno mismo de Cristo. Significa confiar en Él como Señor y Salvador.(3)
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA:
1.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO – EVANGELIO DE JUAN – John Mac Arthur – Editorial Portavoz.
2.- COMENTARIO EXEGÉTICO DEVOCIONAL A TODA LA BIBLIA. Mathew Henry. Evangelio de Juan. Edit. CLIE.
3.- COMENTARIO BÍBLICO. William Mac Donald. Edit. CLIE.
 

 


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