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¡FALSA SEGURIDAD!

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 08/ene/2017
Categorias: Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

 INTRODUCCIÓN

            En un mundo lleno de problemas y agitación, con la realidad inevitable de la muerte y la vida futura, las personas anhelan seguridad. Buscan comodidad, estabilidad, perspectiva de futuro y esperanza después de la muerte…
            La Palabra de Dios instruye ampliamente sobre la locura de buscar la seguridad en las cosas erradas.
 
 
A.- POSESIONES Y RIQUEZAS: Algunos buscaban que las posesiones y la riqueza les dieran seguridad y eliminaran la ansiedad. Pero “las riquezas no duran para siempre” (Pr. 27:24); por eso, Pr. 23:4-5 aconseja: “No te afanes por hacerte rico; sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo”. Lo mismo afirma nuestro Señor Jesucristo en Mt. 6:19-21…
            El gran Apóstol Pablo escribió a Timoteo: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Ti. 6:17). Puesto que “no aprovecharán las riquezas en el día de la ira” (Pr. 11:4; cp. Ez. 7:19; Sof. 1:18)(1)
            Como se nos enseña en 1a. Ti. 6:6 y en Job. 1:21, LA VIDA EN LA TIERRA ES UN PEREGRINAJE BREVE ENTRE DOS MOMENTOS DE DESNUDEZ. SERÍA SABIO VIAJAR LIVIANOS (3)
 
 
B.- PODER PERSONAL: Otros, con la misma falta de visión, buscan seguridad en el poder personal. Job preguntó: “¿Por qué viven los impíos, y se envejecen, y aún crecen en riquezas?” (Job 21:7)...
            Quienes creen que pueden calmar la angustia de sus corazones con su posición social y prestigio también saldrán desilusionados. Los escribas y fariseos amaban “los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas” (Mt. 23:6), además de “las salutaciones en las plazas” (Lc. 11:43; cp. 20:46)…
            A pesar de su imagen religiosa impresionante, los fariseos de los tiempos de Jesús eran en realidad hijos del infierno (Mt. 23:15).
 
 
C.- APARIENCIA FÍSICA: También están quienes con narcisismo buscan su seguridad en la apariencia física, no se dan cuenta de que “engañosa es la gracia, y vana la hermosura” (Pr. 31:30; cp. 11:22). Por ejemplo, Saúl era “joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él” (1 S. 9:2). Aun así, fue un fracaso como rey y al final se suicidó tras una derrota en una batalla (1 S. 31:1-6)…
            Absalón, el hijo de David, también era atractivo. 2a S. 14:25-26 dice que “En todo Israel no había un hombre tan bien parecido como Absalón, y tan alabado por ello. De pies a cabeza no tenía defecto alguno. Cuando se cortaba el pelo, lo cual hacía cada fin de año, porque le molestaba, sus cabellos pesaban más de dos kilos”
 
            Como lo ilustran Absalón y Saúl, la apariencia física no puede dar seguridad duradera porque “nuestro hombre exterior se va desgastando” (2a Co. 4:16) y, lo más importante, “La gente se fija en las apariencias, pero [Dios se fija] en el corazón”(1 S. 16:7,  NVI).
 
 
D.- VANIDAD DE VANIDADES: Si alguien hubiera podido darle descanso y paz a su corazón con las cosas terrenales, ese era Salomón. Como lo registra Eclesiastés, él lo intentó todo: sabiduría humana (1:12-18), hedonismo (2:1-3, 10), entretenimiento (2:8a), sexo (2:8b), trabajo (2:18-23) y riqueza (2:8; 4:8; 5:10)
            Pero después de experimentarlo todo, su conclusión era que tales búsquedas no son más que un “absurdo, ¡es correr tras el viento!” (1:14). Al final, Salomón se dio cuenta de que la seguridad viene de estar relacionado correctamente con Dios: “El fin de este asunto es que ya se ha escuchado todo. Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre” (12:13).
 
 
E.- FALSA RELIGIÓN: Por supuesto, Satanás reconoce el anhelo humano innato de seguridad y sabe que el único en proveerlo es el Evangelio. Por lo tanto, ofrece la fuente última de esperanza mentirosa: la religión falsa
            La religión falsa es su estrategia mortal (cp. 2a Co. 4:3-4; 11:13-15) porque hace pensar a las personas que están bien con Dios cuando en realidad no lo están.
 
            En esta sección, donde sigue el diálogo que comenzó en el v. 31, el Señor Jesucristo confrontó la seguridad falsa que buscaban los judíos en su legalismo de justicia propia…
            Jesús demolió la falsa seguridad de los judíos sobre la vida eterna con Dios, refutó cada una de las tres afirmaciones: la de ser hijos físicos de Abraham, la de ser hijos espirituales de Abraham y la de ser hijos de Dios.
 
 
1.- LA AFIRMACIÓN DE SER HIJOS FÍSICOS DE ABRAHAM (vv. 37 al 38):
            Jesucristo reconoció la validez de la afirmación de los judíos hecha en el v. 33, eran descendientes físicos de Abraham (cp. Lc. 13:16; 19:9; Hch. 3:25; 7:2; 13:26; Ro. 11:1; 2a. Co. 11:22)…
            También sabían que su seguridad estaba basada principalmente en ese hecho; creían que solo por ser descendientes de Abraham tenían garantizada la entrada en el Reino de Dios…
            Pero el Nuevo Testamento (N.T.) sacude esas falsas esperanzas de seguridad en Ro. 2:17-18, 23-29…
            Los descendientes étnicos de Abraham y la descendencia física no cuentan para nada si no se circuncida el corazón (cp. Dt. 10:16; 30:6; Jer. 4:4; Col. 2:11), la limpieza del pecado efectuada “por el Espíritu” en la salvación…
            Sin eso, todas las bendiciones y ventajas prometidas a los judíos, que son muchas (cp. Ro. 3:1-2; 9:4-5), finalmente no significan nada…
            A diferencia de Abraham, quien creía en la Palabra de Dios (Gn. 15:6), la Palabra no hallaba cabida en ellos; rechazaban su enseñanza (cp. vv. 31, 43, 45, 47; Mt. 13:19; 1 Co. 2:14). El término chōreō (no halla cabida) puede significar “avanzar”, “progresar” o “seguir adelante”…
            Aunque oían la palabra de Jesús, no la atendían, por ello nunca producían fruto. No penetraba en sus corazones más profundamente que la semilla junto al camino en la parábola del sembrador (Mt. 13:4, 19). En contraste, la Palabra de Dios actúa en los creyentes (1a Ts. 2:13).
            Estos religiosos contemporáneos de nuestro Señor Jesucristo rechazaron sus palabras  y en su lugar hicieron lo que habían oído de su padre. De la misma forma, la conducta del  Cristo Jesús probaba que su Padre era Dios; la conducta de los enemigos probaba que su padre no era Dios, sino el diablo (cp. v. 44)…
 
 
2.- LA AFIRMACIÓN DE SER HIJOS ESPIRITUALES DE ABRAHAM (vv. 39 al 41a)
 
            Los judíos insistían amargamente en que también eran hijos espirituales de Abraham; esto es, que seguían el patrón abrahámico de fe en Dios. La respuesta del Señor así lo revela, pues los llama a mostrar la justicia característica de Abraham…
            El cuestionamiento de Jesucristo señalaba la gran discrepancia entre sus actos y los de su patriarca: “Si fuesen hijos de Abraham, las obras de Abraham harían”...
            Abraham era un hombre de fe extraordinaria. Gén. 15:6 registra que él “creyó al SEÑOR, y el SEÑOR lo reconoció a él como justo” (NVI). El N.T. enfatiza repetidamente la fe de Abraham; de hecho, Pablo dedica todo un capítulo (Ro. 4) a mostrar que Abraham se salvó por la fe; no por las obras (v. 2), la circuncisión (vv. 10-12) o la ley (vv. 13-16).
            Sin embargo, a diferencia de Abraham, los oponentes de Cristo Jesús intentaban obtener el favor de Dios por sus propias obras de justicia. No seguían el ejemplo del patriarca, pues “los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gá. 3:9). La Salvación no tiene su base en esfuerzos legalistas, afiliaciones religiosas o trasfondo étnico (cp. Fil. 3:1-7). Más bien, la salvación viene solamente por la fe en Jesucristo.
            Si de verdad hubieran sido hijos de Abraham, los oponentes de Jesús habrían hecho las mismas obras que él hizo. El testimonio de Dios relativo a Abraham era este: “oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes” (Gn. 26:5; cp. 22:18)…
            La desobediencia y el rechazo que mostraban para con Dios Hijo probó de modo concluyente que no eran hijos espirituales de Abraham; no es necesario decirlo, no hizo esto Abraham…
            El contraste entre Abraham y los oponentes de Jesucristo era agudo: Abraham no era un asesino, ellos buscaban matar a Cristo Jesús; Abraham obedecía y amaba la verdad, ellos lo rechazaban con vehemencia; Abraham le dio la bienvenida a Dios (Gn. 18:1ss.), ellos lo rechazaron (He. 1:1-2)
            No sorprende que Jesucristo les volviera a decir: “Ustedes hacen las obras de su padre”. La implicación clara, como en el v. 38, era que su padre no era ni Dios ni Abraham, era Satanás (v. 44).
 
 
3.- LA AFIRMACIÓN DE SER HIJOS DE DIOS (vv. 41b al 47)
 
            Los judíos, enfurecidos por la insistencia continua de Cristo Jesús de que no eran descendientes espirituales de Abraham, arremetieron contra Él con insultos feroces…
            La declaración burlona “Nosotros no somos nacidos de fornicación” sin duda era una referencia de menosprecio a la controversia que rodeó el nacimiento de Jesús. En otras palabras, implicaban que el nacimiento de Jesucristo, a diferencia del de ellos, era ilegítimo (cp. v. 48)…
            Los líderes judíos insistieron: “Un padre tenemos, que es Dios”. Es cierto que Dios era el Padre de todo Israel en el sentido nacional. Pero hablando espiritualmente, solo era el Padre de quienes habían llegado verdaderamente a la fe salvadora…
            Pero su orgullo era claramente falso; como Jesucristo les dijo: “Si su padre fuese Dios (de lo cual se deduce que no lo era), ciertamente me amarían; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió”
            Quienes profesan amor a Dios pero rechazan a quien de Dios ha salido, y ha venido, no pueden ser verdaderos hijos de Dios…
            Jesucristo declara sin rodeos lo que implicaba en los vv. 38 y 41: sus oponentes eran hijos de Abraham físicamente, pero espiritual y moralmente eran hijos de Satanás (cp. Mt. 13:38; Hch. 13:10; 1 Jn. 3:12)…
            Por lo tanto, no sorprende que quisieran hacer los deseos de su padre. De la misma forma en que los hijos físicos se parecen a sus padres terrenales, estos individuos se asemejaban a Satanás. Como dice el adagio popular, “de tal palo, tal astilla” (1)
            Los hijos se parecen a sus padres, andan y hablan como ellos. Pero no era así con estos judíos. Sus vidas eran lo contrario de la de Abraham. Aunque eran descendientes de Abraham tocante a la carne, moralmente eran hijos del diablo…
            El Señor pasa a mostrar la falsedad de la pretensión de ellos, recordándoles que si amasen a Dios, le amarían a Él, pues Dios le había enviado. Es una insensatez que nadie pretenda amar a Dios si al mismo tiempo aborrece al Señor Jesucristo
            Su padre era el diablo. Esto no significaba que hubiesen nacido del diablo en la manera en que los creyentes nacen de Dios. Más bien, como Agustín comenta, se refiere a que son hijos del diablo por imitación.(2)
            Hay dos deseos particulares que caracterizan a Satanás: el homicidio y la mentira. Desde el principio fue un homicida, dijo Cristo Jesús. Aquí se refiere a la caída, cuando Satanás tentó a Adán y Eva y trajo muerte espiritual a toda la raza humana (Gn. 2:17; Ro. 5:12; 1 Co. 15:21-22)…
 
            Satanás no solo es homicida, también es mentiroso. No ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira…
            La convincente mentira a Eva –“No morirán” (Gn. 3:4; cp. 2a Co. 11:3)– llevó a la ruina espiritual de la raza humana. Hasta hoy día sigue engañando a las personas (2a Co. 4:4), claramente “Satanás se disfraza como ángel de luz” (2a Co. 11:14; cp. Ap. 12:9; 20:2-3, 10) (1)…
            Los que se entregan a la mentira parecen perder la capacidad de discernir la verdad. Aquí estaba Cristo Jesús, ante estos hombres, y Él siempre había hablado la verdad. Pero a Él no le creían. Esto mostraba que el verdadero carácter de ellos era de maldad…
            Lenski lo dice bien: Cuando se encuentra con la verdad, la mente corrompida sólo busca objeciones; cuando se encuentra con lo que difiere de esta verdad, ve y busca razones para aceptar esta diferencia. (2)
            El rechazo de los líderes judíos a la verdad encarnada (1:17; 14:6; Ef. 4:21), los marca indiscutiblemente como hijos de Satanás. Cristo Jesús declaró: “Pues si digo la verdad, ¿por qué ustedes no me creen?”. Como hijos de su padre de mentiras, no eran capaces de recibir la verdad…
            Cuando el Señor concluía esta sección, retó a sus oponentes con dos preguntas retóricas. La primera: “¿Quién de ustedes puede acusarme de haber pecado?” es una afirmación audaz a la cual muchos teólogos se refieren como impecabilidad de Cristo; esto es, su completa santidad y separación del pecado…
            En 2a Co. 5:21 dice que “no conoció pecado”; He. 4:15 dice que “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”; y en el 7:26 dice: “Santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” y 1a P. 2:22 afirma que “no hizo pecado”.
            Aunque sus enemigos creían erróneamente que él era culpable de pecado, no pudieron probarlo culpable de nada…
            La segunda pregunta retórica del Señor presionaba implacablemente: “Si digo la verdad, ¿por qué ustedes no me creen?”. Si no era culpable de pecado, debía estar diciendo la verdad. Por lo tanto, ¿con qué argumentos lo rechazaban?…
            Cuando sus oponentes atónitos no le respondieron, Cristo Jesús respondió a su propia pregunta: “El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oyen ustedes, porque no son de Dios”. El silogismo es claro; la lógica del Señor era irrefutable: el que es Dios oye las palabras de Dios; ellos no las oyen; luego ellos no son de Dios.
 


 
CONCLUSIÓN
 
Como lo había hecho Juan el Bautista antes de Jesucristo (Lc. 3:8), Él demolió la falsa esperanza de seguridad que los judíos buscaban por ser descendientes de Abraham. Aunque afirmaban ser hijos de Abraham (en linaje y en fe), Cristo Jesús les dejó claro que en lo espiritual eran hijos de Satanás…
            A menos que se arrepintieran, estaban destinados a participar del castigo del diablo en el infierno. Lo mismo es cierto para quien pone su esperanza en algo diferente a la persona y la obra de Jesucristo.(1)
            A veces podemos actuar como el personaje de la novela de Gustave Flaubert, Madame Bovary, quien se aferró a aquello que creía le daría felicidad y terminó perdiéndolo todo.
            Como Cristo Jesús les advirtió a sus discípulos, ÉL ES LA LUZ DEL MUNDO (Jn. 8:112), EL QUE LE SIGUE NO ANDARÁ EN TINIEBLAS SINI QUE TENDRÁ LA LUZ DE LA VIDA.
 
¡S.D.G!
 
Pastor Rubén Salcedo
 
 
 

BIBLIOGRAFÍA

 

1.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO – EVANGELIO DE JUAN – John Mac Arthur – Edit. PORTAVOZ.
2.- COMENTARIO BÍBLICO. William Mac Donald. Edit. CLIE.
3.- EL DISCÍPULO RADICAL. John Stott. Edic. CERTEZA UNIDA.

 


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