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NO VIDENTES QUE VEN Y VIDENTES QUE NO VEN. (3ra. Parte) - Juan 9:35 al 41

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 05/feb/2017
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

            La curación milagrosa de Cristo Jesús del ciego de nacimiento  fue un despliegue impresionante de su poder divino, un suceso que transformó la vida al otrora ciego. Pero la visión física no era todo lo que el Señor planeaba dar a este mendigo. Jesucristo estaba a punto de hacer algo aún más impresionante: darle visión espiritual...
            Por todas las Sagradas Escrituras se usa la ceguera metafóricamente para representar la incapacidad del hombre caído para comprender la verdad divina. Isaías se refirió al “pueblo ciego que tiene ojos, y a los sordos que tienen oídos” (Is. 43:8), mientras Jeremías describió al “pueblo necio y sin corazón, que tiene ojos y no ve, que tiene oídos y no oye” (Jer. 5:21)…
            Isaías también retrató a los líderes espirituales corruptos de Israel como atalayas, ciegos, todos ignorantes (56:10). Siglos después, Cristo Jesús denunciaría de modo parecido a los fariseos: “ciegos” y “guías de ciegos” (Mt. 15:14; 23:16-17, 19, 24, 26)…
            Como sus líderes, las personas del tiempo de Jesucristo carecían también de entendimiento espiritual, aun teniendo las Sagradas Escrituras…
            En Apocalipsis, el Señor resucitado también advirtió sobre la ceguera espiritual, incluso en la Iglesia. Reprendió a la congregación tibia de Laodicea con estas palabras: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Ap. 3:17)…
            De modo que ni los judíos muy religiosos, ni las naciones paganas, ni quienes profesan ser cristianos, están exentos de esta ceguera...
            Como si no fuera suficientemente mala la ceguera pecaminosa de quienes aman “más las tinieblas que la luz” (Jn. 3:19), “el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Co. 4:4)...
            Quienes continúan voluntariamente caminando en la oscuridad espiritual también pueden encontrarse con que Dios los ciega en juicio, entregándolos a la oscuridad que aman (cp. Ro. 1:21-25). Por lo tanto, en juicio aun mayor, el Señor hablaba a la multitud en parábolas (Mt. 13:13-15; cp. Is. 6:9-10; 29:9-10; Jn. 12:40; Hch. 28:26-27; Ro. 11:8)…
            La única cura para la ceguera espiritual es la fe salvadora en el Señor Jesucristo. El Antiguo Testamento (A.T.) predijo que el Mesías traería visión espiritual a su pueblo (cp. Is. 42:7). Isaías escribió: “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos… los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas” (Is. 9:2; 29:18)...
            En la salvación, Dios nos libró “de la potestad de las tinieblas, y [trasladó] al reino de su amado Hijo” (Col. 1:13). Los creyentes “en otro tiempo [eran] tinieblas, mas ahora [son] luz en el Señor” (Ef. 5:8; cp. 2 Co. 4:6). “No [estamos] en tinieblas…, porque todos [nosotros somos] hijos de luz e hijos del día” (1 Ts. 5:4-5), porque Dios nos “llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9)...
            Este pasaje, conclusión de la historia del ciego a quien sanó Cristo Jesús, revela las características de la visión espiritual (por parte del hombre) y la ceguera espiritual (por parte de los fariseos).
 
1.- VISIÓN ESPIRITUAL (vv. 35-38):
            El relato de Juan sobre este incidente revela las cuatro características de la visión espiritual; requiere iniciativa divina, respuesta en fe, reconoce a Cristo Jesús y acaba en adoración...
A.) LA VISIÓN ESPIRITUAL REQUIERE LA INICIATIVA DIVINA:
Jesús supo que lo habían expulsado, así que cuando lo halló le dijo: «¿Crees tú en el Hijo de Dios?».(v. 35).
            El ciego es la primera persona conocida que fue expulsada de la sinagoga por su lealtad a Cristo Jesús (cp. 16:2).(1)
            Vemos ahora el tierno cuidado e interés que nuestro Señor Jesucristo tuvo de este hombre, al recibir amorosamente al que acababa de ser excomulgado por el supremo tribunal religioso de la nación judía: «Jesús oyó decir que habían expulsado al ciego; y cuando se encontró con él…», lo que da a entender que el Señor le buscaba para darse a conocer a él y prestarle ánimo…
            Los fariseos le habían excomulgado. Aquí había un pobre hombre que sufría por Cristo Jesús la mayor pena moral que un judío podía sufrir, ser cortado oficialmente del pueblo escogido, y el Señor quería que, así como su aflicción abundaba, su consolación sobreabundase…
            ¡Dichosos los que tienen un amigo de quien los hombres no tienen poder para apartarles! Jesucristo está siempre dispuesto a recibir tiernamente a quienes por causa de Él son injustamente rechazados y excomulgados por los hombres.(4)
            El que era expulsado de la sinagoga quedaba virtualmente excluido de la vida religiosa y social de Israel (cf. Lc. 6:22). Desde cualquier punto de vista – social, económico, religioso – los resultados eran espantosos, sobre todo para personas tan pobres que su hijo tenía que vivir de la limosna.(2)
            Cuando Jesucristo  oyó que le habían expulsado de la sinagoga, fue a buscarlo. Tal como sucedió al darle la vista física, el Señor tomó la iniciativa para abrir sus ojos espirituales. Aunque rechazado por los líderes religiosos, el Redentor lo había buscado...
            Si Dios no tomara la iniciativa en la salvación, nadie se habría salvado, pues los pecadores no pueden buscarlo por su cuenta. Ro. 3:10-12 resume la completa incapacidad del pecador: “No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”…
            Cristo Jesús dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Jn. 6:44; cp. v. 65)...
            Tal como los ciegos no tienen la capacidad para restaurar su propia visión, así también los muertos y ciegos espirituales no pueden vivir o ver por su propia voluntad o poder. (1)
B.) LA VISIÓN ESPIRITUAL RESPONDE EN FE:
Él le respondió: «Señor, ¿y quién es, para que crea en él?». (v. 36).
            Aunque este hombre había recibido la visión física, este hombre seguía necesitando la visión espiritual. Preguntó al Señor Jesucristo quién era el Hijo de Dios, para creer en él. (3)
            La respuesta del hombre reveló el corazón preparado por Dios para creer en Cristo Jesús. Sin saber del todo quién era el Mesías, pero convencido de que Jesucristo sí sabía y era el mensajero de Dios, confió en Él para que lo guiara implícitamente hacia Aquel en quien había de creer…
            Su confianza ilustra que aun cuando la salvación es iniciada por Dios, nunca está separada de la respuesta en fe. Jesucristo declaró al inicio de su ministerio público que a los pecadores perdidos les era necesario arrepentirse y creer en el Evangelio (Mr. 1:15; 1:12 – Jn. 3:16; cp. vv. 15, 36; 5:24; 6:40; 6:47; 20:31 – Hch. 10:43; 16:30 y 31 – Ro. 1:16).
            Hch. 13:48 resume la interacción de la soberanía divina y la responsabilidad humana en la salvación: “Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”…
            En otras palabras, la soberanía de Dios escogió a quienes despertó y capacitó para responder en fe (cp. Ef. 2:8-9)...
C.) LA VISIÓN ESPIRITUAL RECONOCE A CRISTO:
Jesús le dijo: «Pues ya lo has visto, y es el que habla contigo.»Y él dijo: «Creo, Señor.». (vv. 37-38a)
            Cuando la mujer samaritana hizo referencia a la venida del Mesías, “Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo” (4:26). Aquí, en respuesta a la solicitud del que había sido curado sobre conocer la identidad del Hijo del Hombre, le dijo Jesucristo: “Pues le has visto, y el que habla contigo, Él es”…
            El Señor se presentó como el objeto de la fe salvadora, tal como lo había hecho antes en Capernaúm. El hombre dijo sin dudarlo: “Creo, Señor”. El Espíritu de Dios había abierto su corazón a la verdad (cp. 3:5-8), le había revelado la verdadera identidad de Cristo Jesús (cp. Mt. 16:16-17)...
            Jesucristo nunca aleja a quienes el Padre le da; Él mismo lo dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (6:37).
D.) LA VISIÓN ESPIRITUAL ACABA EN ADORACIÓN:
y lo adoró”. (v. 38b)
            El resultado inevitable de tal revelación siempre es la adoración (Mt. 14:33; Lc. 24:45, 52; Fil. 2:10)...
            Charles Spurgeon, predicando sobre este pasaje, resumió la alegría y deleite que debió de haber sentido este hombre en ese momento:
Entonces, aún más, él actuó como creyente: porque “le adoró”. Esto prueba que su fe había crecido. Me gustaría preguntar a ustedes quién es el pueblo de Dios cuando usted se siente muy feliz… Mis momentos más felices son cuando estoy adorando a Dios, cuando adoro realmente al Señor Jesucristo… Es lo más aproximado a cómo será en el cielo, donde, en los días sin noche, el pueblo le ofrecerá adoración perpetua al que está sentado en el trono y al Cordero… Y, aunque no tenemos coronas que podamos arrojar a sus pies, si tenemos algo digno de honra, un poco de buena reputación, gracia, algo atractivo, algo honesto, lo ponemos a sus pies y clamamos: “La gloria, Señor, no es para nosotros; no es para nosotros, sino para tu nombre, por causa de tu amor y tu verdad”
 
2.- CEGUERA ESPIRITUAL (vv. 39-41)
            A modo de contraste, hay cuatro características de la ceguera espiritual, también reconocibles en este pasaje, ilustradas por los fariseos en los versículos finales del capítulo: recibe juicio, se niega a admitir su condición, rechaza la visión espiritual y acaba en condenación.
A.) LA CEGUERA ESPIRITUAL RECIBE JUICIO:
Jesús dijo: «Yo he venido a este mundo para juicio; para que vean los que no ven, y para que los que ven se queden ciegos».” (v. 39)
Yo he venido a este mundo para hacer juicio. Estas palabras de Jesucristo, a primera vista parecen contradecir que “no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (3:17)...
            Pero lejos de ser contradictorias, estas dos verdades son complementarias; son los dos lados de la misma realidad. Rechazar la Paz de Cristo Jesús es recibir su castigo, rechazar su Gracia es recibir su justicia, rechazar su misericordia es recibir su ira, rechazar su amor es recibir su enojo, rechazar su perdón es recibir su juicio
            Aunque Jesús vino a salvar, no a condenar (cp. 12:47; Lc. 19:10), se condenan quienes rechazan su Evangelio y se hacen sujetos de juicio (Jn. 3:18, 36). La vista espiritual solo viene para los que reconocen que no ven, quienes confiesan su ceguera espiritual y su necesidad de la luz del mundo…
            Por otro lado, los que creen que ven por su cuenta, separados de Cristo Jesús, se engañan y seguirán cegados. No llegarán a la luz porque aman la oscuridad y no quieren que sus malas obras se expongan (3:19)...
            La verdad aleccionadora es que a quienes rechazan la luz de la salvación en Jesucristo, Dios los puede dejar anclados en su condición (cp. 12:39-40; Is. 6:10; Mt. 13:13-15; Hch. 28:26-27; Ro. 11:8-10).
B.) LA CEGUERA ESPIRITUAL SE NIEGA A ADMITIR SU CONDICIÓN
Al oír esto, algunos de los fariseos que estaban con él le preguntaron: «¿Acaso también nosotros somos ciegos?».” (v. 40).
            Con seguridad, Cristo Jesús no estaba proponiendo que ellos fueran ciegos espiritualmente, como las personas comunes y corrientes que no conocían la ley (7:49). Después de todo eran la élite, expertos autoproclamados en la ley y discípulos devotos de Moisés (9:28)…
            Como líderes religiosos reconocidos de Israel, estaban confiados en que no carecían de percepción espiritual. Pero en realidad eran ciegos a la verdad espiritual, aunque no lo sabían. Y al negarse a admitir su ceguera, confirmaban la condición entenebrecida de sus corazones e incrementaban su odio hacia aquel que podía salvarlos de su pecado condenatorio y de Satanás...
C.) LA CEGUERA ESPIRITUAL RECHAZA LA VISIÓN ESPIRITUAL:
Jesús les respondió: “Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado”... (v. 41a)
            Cristo Jesús quería decir que si los fariseos confesaban que eran ciegos espirituales (y con ello admitían su necesidad de Jesucristo, la Luz verdadera), no tendrían pecado porque se les perdonaría (Sal. 32:5; Pr. 28:13; 1 Jn. 1:9)...
Como lo explicó Juan Calvino:
Es ciego quien, consciente de su propia ceguera, busca un remedio para curar su enfermedad. De esta forma, el significado sería: “Si usted reconoce su enfermedad, no sería del todo incurable; pero ahora como cree tener perfecta la salud, continúa usted en un estado desesperado”… Solo quiere decir que la enfermedad puede curarse fácilmente, cuando de verdad se siente; porque cuando un ciego desea obtener liberación, Dios está listo a ayudarlo; pero quienes son insensibles a la enfermedad, a pesar de la Gracia de Dios, no tienen cura.”
D.) LA CEGUERA ESPIRITUAL ACABA EN CONDENACIÓN
pero ahora, como dicen que ven, su pecado permanece.(v. 41b)
            Como los fariseos no estaban dispuestos a reconocer su ceguera, mas afirmaban ver, seguían siendo culpables y no tenían perdón por todo su pecado. No podían alegar ignorancia o falta de oportunidad… En particular, el pecado aquí considerado, el que siempre condena, es la incredulidad...
            En aquella ocasión, cuando algunos de sus discípulos le dijeron que unos fariseos estaban ofendidos por sus palabras, Cristo Jesús les respondió: «Toda planta que mi Padre celestial no ha plantado, será arrancada de raíz. Déjenlos, pues son ciegos que guían a otros ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo.» (Mt. 15:13 y 14)…
            Esa palabra sorprendente “Déjenlos”, revela que a veces Dios juzga directamente a los pecadores que no se arrepienten abandonándolos (e incluso endureciéndolos) en su incredulidad (cp. Os. 4:17; Ro. 1:18, 24, 26, 28). (1)
 
CONCLUSIÓN:
            Cristo Jesús tiene a bien conversar tiernamente con quienes se acercan sinceramente a Él, y se manifiesta a ellos como lo hizo a los dos discípulos que iban a Emaús, y puso ardor en el corazón de ellos mientras les hablaba en el camino (Lc. 24:32)…
            Este hombre preguntaba por el Mesías cuando le estaba viendo y oyendo. El Señor Jesucristo está con frecuencia más cerca de quienes le buscan que lo que ellos mismos se pueden imaginar. (4)
            Aquellos que, como el ciego mendigo, reconocen su ceguera espiritual y se vuelven a la luz, “no [andarán] en tinieblas, sino que [tendrán] la luz de la vida” (Jn. 8:12). Pero aquellos que, como los fariseos, persisten en amar más la oscuridad que la luz (3:19), continuarán vagando sin rumbo en la penumbra (12:35; 1 Jn. 2:11), privados de toda visión espiritual (Mt. 6:23)
            El primer grupo está destinado a pasar la eternidad en la luz gloriosa del cielo (Ap. 22:5), el segundo está condenado a la oscuridad horrorosa del infierno eterno (Mt. 8:12; 22:13; 25:30).(1)
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA:
1.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO (Evangelio de Juan). John Mac Arthur . Edit. PORTAVOZ.
2.- COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO. (Evangelio de Juan). William Hendriksen. Edit. LIBROS DESAFÍO.
3.- COMENTARIO BÍBLICO. William Mac Donald. Edit. CLIE.

4.- COMENTARIO EXEGÉTICO DEVOCIONAL A TODA LA BIBLIA. (Evangelio de Juan). Mathew Henry. Edit. CLIE. 


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