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¿QUÉ TE DARÉ MAESTRO? TE DISTE TÚ POR MI - Juan 12:1-12

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 26/mar/2017
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

            Los evangelistas dedican en sus Evangelios (Ev.) un espacio desproporcionado a la última semana de Jesucristo en su ministerio sobre la Tierra, la cual se conoce habitualmente como SEMANA SANTA

            En el caso de los Ev. de Mateo y Marcos ocupa alrededor de un tercio de los mismos. El de Lucas, un cuarto. En el Evangelio que nos ocupa (el del Apóstol Juan) es la mitad del texto.(1)
            La encarnación del Señor Jesucristo marca el cenit de la historia. Su vida no solo divide el calendario (a.C. significa “antes de Cristo” y a.d. [anno Domini] significa “en el año del Señor”), sino también el destino humano…
            Como Cristo Jesús advirtió a quienes lo rechazaban: “Si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Jn. 8:24). Y en otra ocasión les dijo: “¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión” (Lc. 12:51; cp. Lc. 2:34)…
            Jesucristo evoca, como nadie más, los extremos antitéticos de amor y odio, devoción y rechazo, adoración y blasfemia, fe e incredulidad. La respuesta de las personas las divide en ovejas y cabras, en trigo y cizaña, en salvos y perdidos
            En este pasaje, donde se relata la historia de cuando María ungió a Cristo Jesús, son particularmente claros los temas de creer y no creer. El acto de adoración de María tipifica la fe y el amor; la respuesta de Judas, fría, calculada y cínica, tipifica la incredulidad y el odio…
            La sección también registra otras reacciones hacia Cristo Jesús; incluyendo el servicio devoto de Marta, la indiferencia de la multitud y la hostilidad de los líderes religiosos...
            El relato de la cena que allí dieron en su honor, vemos cinco reacciones diferentes a Jesucristo:
 
 
1.- EL SERVICIO SINCERO DE MARTA (vv. 1 y 2):
 
            El sanedrín había decretado que todo aquel que supiera dónde estaba Jesucristo debía pasarles la información (11:57). Pero en lugar de entregarlo cual criminal, los amigos del Señor en Betania hicieron una cena en su honor. El propósito de la reunión era expresarle su amor, sobre todo su gratitud por haber resucitado a Lázaro...
            Aunque a los demás también los sirvieron, el servicio de Marta estaba dirigido sobre todo a Cristo Jesús y esto era encomiable por dos razones relacionadas: Estaba motivado por la gratitud amorosa hacia Él y por un deseo de honrarlo generosamente en la forma en que mejor sabía hacerlo ella.(2)
            «Marta servía»—añade Juan—. Quizás habría otros sirvientes en la casa, pero Marta tomó como un honor servir cuando entre los invitados estaba Jesucristo. Y nosotros no debemos tener por deshonroso el rebajarnos a cualquier servicio con el que el Señor sea glorificado...
 
 
            Cristo Jesús había reprendido a Marta en otra ocasión por estar preocupada «de mucho servicio» (Lc. 10:40, lit.); pero no por eso había dejado ella de servir, como les pasa a algunos que cuando se les reprende de algún exceso, se enfadan y dejan el oficio; no, ella continuó sirviendo. Mejor es ser un sirviente en la mesa de Jesucristo que ser un invitado de honor en la mesa de un rey. (4)
            No hubo reprensión como en una ocasión anterior. Como ella, todos los cristianos deben comprometerse con el servicio desinteresado (Ro. 12:11; cp. Gá. 5:13; Col. 3:24; He. 9:14). Cristo Jesús dijo: “El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo” (Mt. 23:11) y declaró sobre Él: “Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lc. 22:27) y “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mt. 20:28)…
            Pablo se describió en repetidas ocasiones como un siervo de Jesucristo (Ro. 1:1; 2a Co. 4:5; Gá. 1:10; Fil. 1:1; Tit. 1:1; cp. 1a Co. 3:5; 4:1; 2a Co. 3:6; 6:4; 11:23); Santiago (Stg. 1:1), Pedro (2a P. 1:1), Judas (Jud. 1) y Juan (Ap. 1:1) también lo hicieron…
            Aunque este tiende a verse opacado por la acción dramática de adoración de María, el servicio humilde de Marta en esta ocasión no fue menos encomiable y agradable al Señor…
 
 
2.- EL SACRIFICIO HUMILDE DE MARÍA (v. 3):
 
            En un desborde sorprendente y espontáneo de amor por Él, ella tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesucristo. Una libra (una medida romana equivalente a medio litro, según la norma de hoy) era una gran cantidad de perfume…
            El nardo era un aceite fragante extraído de la raíz de una planta nativa de las montañas del norte de India. El perfume de nardo era de mucho precio debido a la gran distancia del lugar de donde se importaba…
            El nardo de María era puro en calidad, lo cual lo hacía más valioso. Algunos creían que valía “más de trescientos denarios” (Mr. 14:5) y Judas estaba de acuerdo con esa tasa (Jn. 12:5)…
            Como se anotará en el versículo 5, tal cantidad sería el salario de un año de trabajo. El frasco de alabastro en el que estaba envasado también le añadía valor (Mt. 26:7). Ella rompió el frasco (Mr. 14:3) para ofrecerlo todo: contenedor y contenido…
            Probablemente, el perfume fuera una porción considerable de la riqueza neta de María. Pero, al igual que David (2a S. 24:24), ella se negó a ofrecerle al Señor algo que no le costara nada. Actuó con amor irrefrenable.(2)
            Mateo y Marcos dicen que María derramó el perfume «sobre la cabeza» de Cristo Jesús, mientras que Juan refiere que «ungió los pies de Jesús» (comp. con Sal. 45:8; 133:2). Al usar todo el contenido del frasco no cabe duda de que hubo suficiente para ungir la cabeza, el cuello y los hombros de Cristo, y derramar el resto sobre los pies en tal cantidad que hubo necesidad de enjugarlos...
            María los enjugó con su propio cabello, con olímpico desprecio a las rutinarias normas del país (y de cualquier otro país oriental), que miraban con desdén a una mujer que se atreviese a destrenzar el cabello en presencia de varones. En todo y por todo, María quiso ofrecer al Señor lo mejor que tenía: el mejor ungüento, para el Gran Ungido de Dios (Is. 61:1).(4)
            Los judíos consideraban degradante lavar los pies de otra persona, una tarea necesaria llevada a cabo solo por los siervos más humildes (cp. Jn. 1:27)…
            Pero a María no le preocupaba la vergüenza que pudiera experimentar después. Tan solo estaba centrada en derramar su amor y honrar a Jesucristo, su Señor, no se percibía ningún pensamiento de vergüenza en ella. (2)
            Cristo Jesús es digno de todo lo que tenemos y somos... Cada vez que nos encontramos con María, está a los pies de Jesús. Aquí, enjugó Sus pies con sus cabellos. Por cuanto el cabello de la mujer es su gloria, estaba, por así decirlo, poniendo su gloria a los pies del Señor. (3)
            La casa se llenó del olor del perfume”, dice Juan; esta es la clase de detalles que un testigo ocular recordaría. También muestra la extravagancia del acto de devoción humilde de María. (2)
            Es innecesario decir que María misma debió ser portadora de la fragancia de aquel perfume después de esto. De modo que cuando Jesucristo es adorado, los adoradores mismos se llevan parte de la fragancia de aquel momento. Ninguna casa está tan llena de aroma fragante como la casa en la que Jesús recibe el lugar que le corresponde. (3)
 
            Mateo (26:13) y Marcos (14:9) añaden que dondequiera se hubiese de predicar el Evangelio en el mundo entero, se hablaría (lit.) también en memorial de ella lo que hizo (lit.). La casa de la Iglesia—como alguien ha comentado—iba a quedar llena del perfume de amor agradecido y de generoso y santo derroche que María mostró hacia el Salvador...
            Todos cuantos de veras aman a Jesucristo más que a todas las cosas de este mundo, no tendrán pereza ni vergüenza en poner a los pies de Él lo mejor que posean y lo que más aprecien. Una conducta cristiana, consecuente con la fe que profesamos, es el «grato olor de Cristo» (2 Co. 2:15), el mejor perfume que podemos ofrecer en este mundo corrompido por el pecado.(4)
 
 
3.- EL INTERÉS PERSONAL E HIPÓCRITA DE JUDAS (vv. 4 al 8):
 
            Judas no consideraba que Cristo Jesús valiese trescientos denarios. Pensaba que el perfume debía haber sido vendido y el dinero dado a los pobres. Pero esto era una pura hipocresía. No le preocupaban más los pobres que el Señor; estaba a punto de venderlo, y no por trescientos denarios, sino por una décima parte de esta cantidad...
            Ryle lo dice bien: “¡A primera vista, parece increíble e imposible que alguien pudiese seguir a Cristo como discípulo durante tres años, ver todos Sus milagros, oír todas Sus enseñanzas, recibir repetidas bondades de Su parte, ser considerado como apóstol, y luego resultar corrompido de corazón al final! Pero el caso de Judas muestra claramente que esto puede resultar así. Quizá de pocas cosas nos llegamos a dar tan poca cuenta como de la magnitud de la caída del hombre.”(3)
            El silencio de asombro que debió haber seguido al acto sorprendente e inesperado de María se rompió por una voz de protesta. La conjunción de (pero) introduce un contraste marcado entre el desinterés de María y el egoísmo de Judas…
            La traición de Judas fue tan espeluznante y definitiva que los evangelistas no podían pensar o referirse a él sin mencionar el hecho. La traición es más abyecta dado que pertenecía al círculo íntimo del Señor, no era un simple seguidor…
            Fue el hecho más despreciable en toda la historia humana; mereció el castigo más severo. En las escalofriantes palabras del Señor Jesucristo, “¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido” (Mt. 26:24)…
            Cronológicamente, este es el primer registro de palabras de Judas en el Nuevo Testamento. Ellas exponen la avaricia, ambición y egoísmo que dominaban su corazón…
            Judas es el mayor ejemplo en la historia de una oportunidad malograda. Vivió un día tras otro con Cristo Jesús, el Dios encarnado, durante tres años. Aun así, al final lo rechazó, lo traicionó, la culpa lo venció (pero no el arrepentimiento genuino), se suicidó y se fue “a su propio lugar” (Hch. 1:25); esto es, al infierno (Jn. 17:12) en su forma más potente...
            El Señor defendió inmediatamente a María y reprendió a Judas (el verbo que traduce Déjala está en segunda persona del singular y significa tú”) ordenándole: “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto”...
            El sentido sería: “Déjala; ella no vendió el perfume [como tú querías] para guardarlo hasta el día de mi funeral”
            En Mt. 26:12, Jesucristo dijo: “Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura” (cp Mr. 14:8). La sepultura de la cual habló Jesucristo proféticamente no era el lugar donde pondrían su cadáver, sino de la unción que María llevó a cabo y en la cual Cristo Jesús vio un símbolo de su muerte y sepultura próximas…
            Parte de los gastos excesivos asociados con muchos funerales del siglo I era el coste de los perfumes para disimular el hedor del decaimiento (cp. Jn. 11:39). Esta acción de María, como en el caso de Caifás (11:49-52), reveló una realidad mucho más grande de la que ella percibió en su momento…
            Ahora Judas estaba en una encrucijada. Desenmascarada su hipocresía, pretendiendo preocupación por los pobres mientras en realidad quería desfalcar la bolsa común, se enfrentó a la decisión final…
            Podía caer a los pies de Jesucristo en humildad, en arrepentimiento penitente, confesar su pecado y buscar el perdón. O podía endurecer su corazón con orgullo, rehusar el arrepentimiento, rendirse a la influencia de Satanás y traicionar al Señor…
 
            Trágicamente, en su pecado escogió la segunda opción, se quedó con toda la culpa con sus consecuencias, aunque cumpliera el propósito de Dios en el sacrificio de su Hijo (cp. 13:18-19)...
 
 
4.- LA SUPERFICIALIDAD DE LAS PERSONAS (v. 9):
 
            Después del día de reposo, gran multitud de los judíos que estaban en Jerusalén para la Pascua supieron que Cristo Jesús estaba en Betania (Aquí el término judíos no se refiere a los líderes religiosos, sino a las personas del pueblo )…
            Fueron a Betania no solamente por causa de Jesucristo, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos...
            Estas personas no eran hostiles abiertamente a Jesús, como Judas y los líderes religiosos, pero tampoco estaban comprometidas con Él, como Marta y María. Buscaban emociones, seguían la última sensación, se interesaban superficialmente en Cristo Jesús, pero espiritualmente eran indiferentes y al final antagónicos de Él
            Como los miembros de la iglesia de Laodicea, eran tibios, ni fríos ni calientes (Ap. 3:16). En la entrada triunfal lo ovacionaron, le gritaron: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!” (Jn. 12:13). Pero a los pocos días gritarían: “¡Fuera, fuera, crucifícale!” (Jn. 19:15) y algunos hasta se burlarían cuando estuviera colgado en la cruz (Mt. 27:39-40)…
 
 
5.- LA CONFABULACIÓN HOSTIL DE LOS LÍDERES RELIGIOSOS (vv. 10 al 11):
 
            Sin lugar a dudas, las autoridades judías observaron a las multitudes que acudieron en manadas a Betania para ver a Jesús y a Lázaro. Los principales sacerdotes despiadados ya habían planeado matar a Jesús (11:53); pero ahora ampliaron el plan y acordaron dar muerte también a Lázaro, quien como prueba viviente del poder milagroso de Jesús, representaba una gran amenaza para los saduceos porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús (cp. 11:48)…
            Incapaces de contrarrestar el testimonio incontrovertible de Lázaro vivo, buscaron destruir la evidencia matándolo...
 
 
CONCLUSIÓN:
 
            Nadie es neutral en cuanto a Jesucristo, como Él lo advirtió: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Lc. 11:23)…
            Ya sea amarlo o servirlo, como María y Marta; ser indiferente y vacilante hacia Él, como la multitud; u odiarlo y oponérsele, como Judas y los principales sacerdotes; todo el mundo asume una posición en algún punto
            Cuál sea la posición es lo que determina el destino eterno de cada persona, pues “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12).(2)
            También este pasaje nos enseña que el servicio al Señor no debe ser ni por obligación, ni para hacernos mostrar, sino por una eterna devoción a Aquel que es digno de toda nuestra entrega y gratitud.
            Cuando nos presentamos ante nuestro Salvador y Señor Jesucristo, lo más importante es la actitud de nuestro corazón. 
 
 
Pastor Rubén Salcedo
 
 
BIBLIOGRAFÍA:
1.- DEVOCIONAL “TODA LA BIBLIA EN UN AÑO”. John Stott. Edit. Certeza.
2.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO (Evangelio de Juan). John Mac Arthur . Edit. Portavoz.
3.- COMENTARIO BÍBLICO. William Mac Donald. Edit. Clie.
4.- COMENTARIO EXEGÉTICO DEVOCIONAL A TODA LA BIBLIA. (Evangelio de Juan). Mathew Henry. Edit. Clie.

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