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¿POR QUÉ ESTAS ARMAS SON NECESARIAS? - Fil 2: 12 al 16; 2da. Co. 10:3 al 5

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 07/may/2017
Categorias: Series de Estudios,La Gloria de DIOS en mi Hogar

 

         El proceso de Salvación de un hijo de Dios es un término que abarca tres estados según 1ra. Co. 1:30: que nos indica que al estar unidos a Jesucristo abarca:
 1) Salvación en el pasado comprende esencialmente la JUSTIFICACIÓN donde el creyente es separado de la pena del pecado ya que Cristo Jesús la llevó y ya no hay condenación para los que estamos en Él (Ro. 8:1“Por tanto, no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”.)...
2) Salvación en el presente tiene que ver con la SANTIFICACIÓN, en cuya experiencia el hijo de Dios es liberado del poder del pecado mediante el Poder de la Cruz en la dinámica del Espíritu Santo (Jn. 8:36) para una vida de obediencia...
3) Salvación en el futuro que tiene que ver con la GLORIFICACIÓN en cuyo momento el hijo de Dios será retirado para siempre de la influencia del pecado, donde Dios presentará a la Iglesia a sí mismo como una esposa sin las manchas ni arrugas del pecado (Ef. 5:27)…
         La pregunta que debemos hacernos es si el cristiano es libre para hacer lo que quiere… La respuesta es que sin lugar duda alguna somos libres “ya que si el Hijo de Dios nos liberta, seremos verdaderamente libres” (Jn. 8:36)...
         ¡Pero el cristiano no es libre para hacer todo cuanto desee porque eso no es libertad cristiana. La libertad cristiana no es hacer lo que quieres sino lo que debes!, lo cual es muy distinto…
         Esto es así ya que el gran concepto de Dios es el que Cristo Jesús nos mostró, quien “Siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:6 al 8)
         La plena libertad es que pudiendo permanecer en su eterna condición divina toma, libremente, la decisión divina de hacerse hombre para cumplir así con la Voluntad de su Padre Celestial de concretar la Redención del hombre...
         La Palabra de Dios nos habla a los discípulos de Jesucristo de llevar una vida santa. ¡Eso es hacer lo que debemos delante de Dios, nuestro Salvador!
         Los pasajes que hemos leído nos introducen en una demanda que es irrenunciable para todo hijo de Dios. Decimos esto afirmando una notoria verdad bíblica: ¡LA SANTIDAD DEL DISCÍPULO CRISTIANO NO ES OPCIÓN DE VIDA, SINO CONDICIÓN DE VIDA!
         NO SOMOS SANTOS PORQUE SIMPLEMENTE DEBEMOS, SINO PORQUE CRISTO JESÚS ES SANTO(Lv. 11:44 y 1ra. P. 1:16)...
         EN LA MEDIDA QUE JESUCRISTO SE HACE VIDA EN NOSOTROS LA SANTIDAD DE CRISTO SE COMUNICA A NOSOTROS.
         NO PODEMOS DECIR “SÉ LO MÁS SANTO QUE PUEDAS”. ¡EL CREYENTE QUE ES CREYENTE ES SANTO O NO ES CREYENTE! Y practica la experiencia de santidad en todos los aspectos de su vida porque está vinculado con Jesucristo…
 
1. ¿QUÉ ES LA SANTIFICACIÓN?
         El hijo de Dios experimenta en su conversión un cambio de condición. En el pasaje de Filipenses 2:12 dice: “Por tanto amados míos, ya que hemos OBEDECIDO...”
         La persona que no ha sido regenerado NO puede practicar la OBEDIENCIA en la vida cristiana en la dimensión que Dios demanda por una razón: su propia condición natural…
         Ef. 2:1 al 3 dice: “A ustedes, Él les dio vida cuando aún estaban muertos en sus delitos y pecados, los cuales en otro tiempo practicaron, pues vivían de acuerdo a la corriente de este mundo y en conformidad con el príncipe del poder del aire, que es el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. Entre ellos todos nosotros también vivimos en otro tiempo. Seguíamos los deseos de nuestra naturaleza humana y hacíamos lo que nuestra naturaleza y nuestros pensamientos nos llevaban a hacer. Éramos por naturaleza objetos de ira, como los demás”.
         Ahora, cuando Dios llama a una persona para su Salvación lo capacita para OBEDIENCIA… El Apóstol Pedro en su primera carta dice (1a P. 1:2) dice: “…elegidos,  según el propósito de Dios Padre y mediante la santificación del Espíritu, para obedecer (gr. “para obediencia”) a Jesucristo y ser limpiados con su sangre...”. (Slide)
         Es decir que el verdadero hijo de Dios está llamado a vivir una nueva naturaleza  que es una naturaleza de OBEDIENCIA, por tanto el creyente tiene una naturaleza distinta a la del resto de la sociedad moderna, la de obedecer la Voluntad de Dios...
         Los hijos de Dios somos llamados a una nueva experiencia de OBEDIENCIA transformados por pura Gracia de Dios cambiándonos de hijos de DESOBEDIENCIA en hijos de OBEDIENCIA…
         En este mismo pasaje en el v. 14 dice (VRV 2015): “Como hijos obedientes, no se conformen (lit. gr.= “No pueden conformarse”) a las pasiones que antes tenían estando en su ignorancia”... (Slide)
         El hijo de Dios no es distinto al mundo, ni diferente. Es CONTRARIO al mundo, porque tiene otra naturaleza a la de esta sociedad.
         Un cristiano renacido por Gracia, por medio de la fe, transformado por la acción del Espíritu Santo, tiene una vida que es incompatible con el mundo. Por eso el Apóstol Pedro dice que como ahora tenemos una nueva naturaleza, NO adoptemos el molde de esta sociedad…
         En los vv. 15 y 16 de este mismo pasaje se nos dice “Antes bien, así como Aquel que los ha llamado es santo, también sean santos ustedes en todo aspecto de su manera de vivir porque escrito está: Sean santos porque yo soy santo”… (Slide)
         Si se nos dijera que seamos santos COMO Él es Santo, estaríamos hablando de IMITACIÓN. Pero Pedro nos dice que como ahora Jesucristo que es Santo ha venido a ser experimentalmente nuestra propia vida personal, somos santos PORQUE Él es Santo...
         Como Cristo Jesús es Santo no me queda más opción que ser santo...
 
2.- PROCESO DE LA SANTIFICACIÓN:
         ¡El cambio de la Santificación no es algo que depende de mi voluntad ni esfuerzo, sino de mi identificación con Jesucristo!...
         Nadie alcanza una vida de santificación que no sea de otra manera que por vinculación con Cristo… “Porque para mí el vivir es Cristo” (Fil. 1:21)
         Ese cambio de mi vida se produce por la potencialidad de la obra de la Cruz de Jesucristo quedando anulada nuestra naturaleza pecaminosa y renacidos por el Poder del Espíritu Santo de Dios que levantó a Cristo de entre los muertos (Ro. 8:11)
         Por eso ya no vivimos nosotros sino que es Cristo (Ga. 2:20) y si ya no vivimos nosotros sino es Jesucristo, y como Él es Santo mi vida naturalmente tiene que ser santa… Nadie puede amar a Cristo ni obedecerle si no es por el Espíritu Santo que mora en su vida...
         En el momento en que dejamos de vivir a Cristo dejamos de ser santificados. Por tanto, para que podamos llevar una vida de santificación en obediencia necesariamente debemos vivir a Cristo…
         ¡El problema de la Iglesia cristiana de hoy es que hemos cambiado “COMUNIÓN CON CRISTO POR RELIGIÓN DE CRISTO”!...
         Hay personas que viven angustiadas buscando una santificación por sí mismos y nunca la van a conseguir… Se olvidan que la santificación no es el resultado del esfuerzo del creyente…
         Dice este pasaje de Fil. 2:13 “porque Dios es el que produce en ustedes lo mismo el querer como el hacer, por su buena voluntad” . ESTE ES EL TEXTO MÁS GOZOSO DEL NUEVO TESTAMENTO (¡Con razón a esta carta se la llama “LA EPÍSTOLA DEL GOZO”!) (1)
         Pero el Apóstol Pablo nos dice que debemos ocuparnos de nuestra Salvación con temblor y temblor. Pero cómo, si no hay nada que podamos hacer ya que la obra es del Espíritu Santo de Dios.
         La clave está en que Dios nos ha dado armas, herramientas para trabajar nuestra comunión con Jesucristo. En 2da. Co. 10:3 al 5 (ya leído) se nos dice que aunque somos seres humanos no luchamos con esfuerzo humano sino con armas espirituales para llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo
         Dios nos ha dado una armadura espiritual con la que podamos defendernos según Efesios 6:11 al 17 y también nos ha dado armas para desarrollar una intensa Comunión con Cristo a través del Espíritu Santo ya que sin Él nada podemos hacer en la lucha (Jn 15:5).
         Estas armas o herramientas nos permiten colocarnos delante de Dios de tal modo que Él pueda transformarnos por su Poder…
         Esto no es algo que se opera inmediatamente sino que es consecuencia de una lucha diaria que día a día mejora la comunión con aquel Espíritu Santo que levantó a Jesucristo de entre los muertos. (2)
         Mientras luchemos por mantener una comunión plena con Él seremos llenos del Espíritu Santo de Dios. Por eso es que el apóstol Pablo nos exhorta a no perder tiempo en cosas que esta sociedad hace para cambiar su estado de ánimo con bebidas alcohólicas, sino a ser embriagados con el Espíritu Santo de Dios (Efesios 1:18).
 
CONCLUSIÓN:
         Estas armas o herramientas son necesarias para mantener una plena comunión con Dios en nuestros corazones para ser transformados. Ellas son la oración, la meditación, la adoración, el ayuno, etc. las que analizaremos durante varios domingos.
         Hasta hace relativamente poco, las baterías de los automóviles debían ser cuidadas periódicamente de la sulfatación de los bornes. Si uno los dejaba librados al olvido se sulfataban y esto ocasionaba la pérdida de toda la energía de la electricidad y el auto se detenía.
         La solución era un tanto sencilla, había que limpiar los bornes de la batería y la energía volvía a fluir correctamente.
         Hay cristianos que viven vidas personales frustrantes en lo personal y en sus familias porque han dejado que el pecado “oxide” y deteriore la Comunión con el Espíritu Santo de Dios y son de mal testimonio no tan solamente para la sociedad que los rodea sino también para sus hijos que los observan y luego no quieren saber nada con el Evangelio de Jesucristo.
         Pero si hacemos morir la obras de la carne (Col. 3:5) llevándolas en confesión ante la Presencia de Jesucristo, limpiaremos nuestros corazones y el Espíritu Santo de Dios no se entristecerá (Ef. 4:30) y habitará plenamente en nosotros.
         Demos gloria a Dios en esto cantando el precioso Himno “A Tí la Gloria oh nuestro Señor”, donde dice que “quien muera al pecado, en Dios vivirá”.
 
 
BIBLIOGRAFÍA:
 
1.- Serie de sermones: LA IGLESIA FRENTE A UNA SOCIEDAD SIN VALORES. Samuel Perez Millos.

2.- ALABANZA A LA DISCIPLINA. Richard Foster. Edit. Betania. 


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