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EL VALOR DE LA CRUZ DE JESUCRISTO (1RA. PARTE) - Juan 12:27-34

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 16/jul/2017
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

 INTRODUCCIÓN:


            Hemos ya referido en varias meditaciones sobre el Evangelio de Juan que los evangelistas dedican en sus evangelios un espacio desproporcionado a la última semana de Jesucristo en su ministerio sobre la Tierra, la cual se conoce habitualmente como SEMANA SANTA
 
            En el caso de los Evangelios de Mateo y Marcos ocupa alrededor de un tercio de los mismos. El de Lucas, un cuarto. En el Evangelio que nos ocupa (el del Apóstol Juan) es la mitad del texto.(1)
            De todas las verdades de la fe cristiana, la muerte de Jesucristo, junto con su resurrección, es la más preciosa. Si Él no hubiera muerto, no habría sustituto por el pecado. Si no hubiera sustituto, no habría oferta de salvación. Si no hubiera salvación, no habría esperanza. Y si no hubiera esperanza, el único futuro sería el infierno...
 
            Entonces, no sorprende que la fe cristiana se centre en la muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesucristo. La verdad gloriosa de que el Hijo de Dios vino a la tierra para morir en sacrificio por el pecado es el eje del plan redentor de Dios. La Biblia enseña que su muerte estaba predeterminada por Dios en el pasado eterno. Cristo es el “Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Ap. 13:8). Su muerte en sacrificio se predestinó “desde antes de la fundación del mundo” (1a. P. 1:20)...
 
            - Primero, su muerte cumplió la profecía. Aunque Israel no lo entendió (1a. Co. 1:23; cp. Lc. 24:25-27), el A.T. enseñaba claramente que el Mesías vendría a morir. De acuerdo con la profecía de las setenta semanas de Daniel, después de sesenta y nueve semanas, (siete más sesenta y dos), “se quitará la vida al Mesías” (Dn. 9:25-26).
 
En Zac. 12:10 Dios dijo:
 
“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el
primogénito”...
   
         La profecía más detallada del A.T. sobre la muerte del Mesías está en Is. 52:13-53:12. Allí se predice que el Mesías “herido fue por nuestras rebeliones” y “molido por nuestros pecados” (53:5); que “por cárcel y por juicio fue quitado… cortado de la tierra de los vivientes” (53:8); que “se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte” (53:9); que “el SEÑOR quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir”; que “ofreció su vida en expiación” (53:10, NVI) y que Dios lo bendeciría porque “derramó su vida hasta la muerte” (53:12, NVI)…
 
            El A.T. también dio detalles específicos relativos a la muerte del Mesías y todos se cumplieron en la muerte de Jesucristo. El Salmo 41:9 predijo que alguien cercano lo traicionaría (cp. Jn. 13:18), Zacarías 11:12-13 dio la cantidad de dinero exacta que recibiría el traidor (cp. Mt. 26:15). Isaías 50:6 predijo el abuso físico que sufriría Cristo en su juicio (cp. Mt. 26:67; 27:26; Mr. 15:16-19). El Sal. 22 describió gráficamente la muerte de Cristo por la crucifixión, una forma de ejecución ajena a los judíos...
 
            Todos los sacrificios del A.T. apuntaban al futuro, al sacrificio final de Jesucristo. El holocausto (Lv. 1:3-17; 6:8-13) simbolizaba su expiación; la ofrenda por el pecado (Lv. 4:1-5, 13; 6:24-30), su propiciación; y las ofrendas expiatorias (Lv. 5:14-6:7; 7:1-10), la redención proporcionada por su muerte...
 
            - Segundo, la muerte de Cristo es el tema del Nuevo Testamento. En términos generales, una quinta parte del material en los relatos del evangelio se dedica a los eventos de los últimos días de su vida...
 
            - Tercero, la muerte de Cristo Jesús fue el principal propósito de la encarnación. Jesucristo declaró: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mr.
10:45)...
            El apóstol Juan dijo de Cristo Jesús: “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él… Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1a. Jn. 3:5, 8)...
 
            - Cuarto, la muerte de Jesucristo fue un tema constante en su propia enseñanza. Inmediatamente después de la confesión de Pedro de que Él era “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16), Cristo Jesús comenzó a hablarle a sus discípulos “que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (v. 21; cp. 17:22-23; 20:17-19; 26:2)...
            Después de haber resucitado, Jesucristo reprendió a dos discípulos suyos por no entender la necesidad de su muerte: “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?” (Lc. 24:25-26)...
 
            - Quinto, la muerte de Jesucristo fue el tema central de la predicación apostólica. Pablo escribió a los corintios: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (1a. Co. 15:3). En el primer sermón cristiano que fue predicado, Pedro declaró a Israel: “A [Jesús], entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese
retenido por ella” (Hch. 2:23-24)...
 
            - Sexto, las epístolas del Nuevo Testamento también instruyen en la teología de la muerte de Cristo Jesús. En Ro. 5:8-10 Pablo afirmó que la Cruz demuestra el amor de Dios por los pecadores arrepentidos, los justifica y los reconcilia con Dios: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (cp. 6:9-10; 8:34; 14:9; 2 Co. 5:14; Gá. 2:21; Fil. 2:8; Col. 1:22)...
 
            - Séptimo, la muerte de Jesucristo es de interés supremo en el Cielo. En la transfiguración con Moisés y Elías, “quienes aparecieron rodeados de gloria… hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén” (Lc. 9:31). Los “sufrimientos de Cristo” son algo que “anhelan mirar los ángeles” (1a. P. 1:11-12). Después de la resurrección, en la tumba vacía, los dos ángeles dijeron a las mujeres: “[Jesús] no está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día” (Lc.24:6-7)...
 
            - Por último, la muerte de Cristo es el centro de las ordenanzas de la Iglesia. El bautismo describe la unión del creyente con Cristo Jesús en su muerte (Ro. 6:1-4; Col. 2:12) y en la Santa Cena los creyentes recuerdan y anuncian “la muerte del Señor… hasta que él venga” (1a. Co. 11:26; cp. Lc. 22:19-20).
En el pasaje previo (vv. 23-26), Jesucristo habló de su muerte inminente. En los versículos 27-34 vemos al Dios-hombre enfrentando las implicaciones de esa muerte. El pasaje revela la angustia de Cristo Jesús, la respuesta del Padre, la anticipación de la victoria y el abandono del pueblo...
 
 
1.- LA ANGUSTIA DE JESÚS (12:27-28a):
 
            Sabiendo que su muerte era parte central del plan redentor de Dios, “por el gozo puesto delante de él [Jesús] sufrió la cruz” (He. 12:2). Pero hubo otro lado de la Cruz, aludido por el escritor de Hebreos cuando dijo en el mismo versículo que el Señor menospreció el oprobio. La anticipación de cargar con el oprobio del pecado, experimentar la ira de Dios y separarse del Padre, provocó que el alma de Cristo Jesús se turbara...
 
            Jesucristo, en su humanidad, sintió todo el dolor asociado con cargar con la maldición del pecado (Gá. 3:13). Por causa de ese dolor, ofreció “ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente” (He. 5:7)...
 
            Algunos comentaristas no relacionan las frases “¿Y qué diré?” y “¿Padre, sálvame de esta hora?”, haciendo de la primera una interrogación y de la segunda una petición al Padre. Sin embargo, parece mejor adoptar la puntuación de la NVI y la RVC y ver las dos frases como expresiones de un pensamiento hipotético… El Señor entregó su vida voluntariamente, según lo declaró en Juan 10:17-18.(2)
 
            No pide Jesucristo que la hora no llegue, sino que el Padre le saque con bien de ella (nótese la preposición ek, como en He. 5:7 «… librar de—¡ek!—la muerte»). Es la voz de una naturaleza humana pura, inocente, que derrama los sentimientos del corazón en ardiente súplica al Padre. (4)
            Resuelto a cumplirlo, Jesucristo oró: “Padre, glorifica tu nombre” (cp. Mt. 6:9; Lc. 11:2), en esencia la misma oración que haría en Getsemaní: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc. 22:42)…
 
            La petición de nuestro Señor indica que, tal cual lo había hecho durante toda su vida (Jn. 7:18; 8:29, 50; 17:4; cp. Lc. 2:49), en su muerte también glorificaría el nombre del Padre. Dios recibe gloria cuando se manifiestan sus atributos (cp. Éx. 33:18-19; 34:5-8) y en ninguna parte se ve más claramente su amor magnánimo por los pecadores impotentes (Ro. 5:8), su ira santa contra el pecado (Ro. 5:9), su justicia perfecta (Ro. 3:26), su Gracia redentora (He. 2:9), su Misericordia perdonadora (Col. 2:13-14) o su Sabiduría infinita (1a. Co. 1:22-24) que en la muerte propiciatoria de su
Hijo...
 
2.- LA RESPUESTA DEL PADRE (12:28b-30):
 
            Por tercera vez durante el ministerio terrenal de Cristo, la voz del Padre vino audiblemente del cielo. En otras ocasiones (el bautismo de Jesús y la transfiguración ) la voz del Padre afirmó estar complacido con su Hijo. Ahora, cuando la cruz se acercaba, el Padre de nuevo autenticó a su Hijo y así dio seguridad a los discípulos de que la muerte inminente de Cristo Jesús no significaba de modo alguno que lo desaprobara. Al contrario, como ya había glorificado su nombre por medio de la vida y ministerio de Jesucristo, lo glorificaría otra vez por medio
de su muerte...
 
            La voz audible del Padre confirmando que había oído y respondido la oración de Cristo Jesús fue obvia para todos, aunque la multitud desconcertada que estaba allí, y había oído la voz no pudo entender su importancia real. Algunos buscaron entender la voz poderosa como un fenómeno natural, decían que había sido un trueno...
 
            Las dos teorías eran incorrectas; el sonido no era ni de un trueno ni de un ángel. Como quienes acompañaban a Pablo en el camino a Damasco, la multitud oyó el sonido de la voz, pero no entendió el significado de las palabras (Hch. 9:7; 22:9)...
 
            La incapacidad de la multitud para entender la voz de Dios ilustra la dureza del corazón típica de las personas, quienes tampoco habían oído la voz de la Palabra de Dios (Mr. 4:15) y de su Hijo (Jn. 8:43). El asunto no es que Dios no hable, sino que los pecadores caídos son sordos. Esta realidad es el resultado de la caída en el pecado y del juicio divino soberano (cp. Is. 6:9-10; Mt. 13:14-15; Jn. 12:40; Hch. 28:26-27)…
 
            Por eso, “viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden” (Mt. 13:13). Los incrédulos, muertos en sus pecados (Ef. 2:1), miembros del reino de Satanás (Col. 1:13) y cegados por él a la verdad del Evangelio (2a. Co. 4:4), no están capacitados para entender la Palabra de Dios. Como Pablo escribió a los corintios, “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Co. 2:14)...
 
            La voz no vino exclusivamente por causa de Jesucristo (pues no necesitaba oír la voz audible del Padre para saber que Él había respondido su oración ). La voz vino para fortalecer la fe de quienes estaban cerca (véanse expresiones semejantes en v. 44; 4:21). Esta respuesta milagrosa fue para los discípulos, para que pudieran oír directamente que el Padre de verdad le respondía a Cristo Jesús y cuál era la respuesta. Fue otra comprobación del Padre, de las más fuertes y claras, de que Jesús era su muy amado Hijo.(2)
 
3.- LA ANTICIPACIÓN DE LA VICTORIA (12:31-33):
 
            El mundo estaba a punto de crucificar al Señor de la vida y de la gloria. Al actuar así, se condenaría a sí mismo. Se pronunciaría sentencia contra él por su terrible rechazo de Cristo. Esto es lo que el Salvador quería decir aquí. Estaba a punto de pronunciarse la condenación sobre la humanidad culpable. El príncipe de este mundo es Satanás. (3)
 
            Cuando Jesucristo anticipaba el triunfo en la Cruz, se alegraba en las tres victorias que ello alcanzaría. Primera, su muerte traería el juicio de este mundo...
 
            La aparente victoria del mundo sobre Cristo Jesús en la Cruz, en realidad fue su propia sentencia de muerte; la condenación del mundo incrédulo se selló con su rechazo de Jesucristo (cp. Hch. 17:31). Aunque Jesucristo vino a salvar, no a juzgar (v. 47; 3:17; cp. Lc. 19:10), quienes lo rechacen a partir de aquel momento de la historia se condenan al juicio eterno del infierno (3:18, 36; 9:39; 12:48)…
 
            Pero la muerte de Cristo Jesús no solo traería juicio sobre el sistema maligno del mundo, también lo traería sobre su príncipe impío, Satanás (cp. 14:30; 16:11; Lc. 4:5-6; 2 Co. 4:4; Ef. 2:2; 1 Jn. 5:19). Las Escrituras revelan varias veces cuándo será echado fuera Satanás. Aquí es echado fuera en el sentido de que pierde su autoridad e influencia. Si se juzga y destruye su dominio (el mundo), no tendrá lugar para ejercer su principado…
            En la tribulación se expulsará a Satanás del Cielo para siempre, al cual ha tenido acceso para acusar a los creyentes (Ap. 12:10). Al final de la tribulación, Satanás será lanzado al abismo por todo el reino milenario (Ap. 20:1-3). Por último, al final del milenio, se lanzará a Satanás al lago de fuego, donde permanecerá en castigo por toda la eternidad (Ap. 20:10)...
 
            En contraste con las dos primeras, la victoria final que Cristo Jesús alcanzó en la Cruz se expresa en términos positivos. Cuando Él sea levantado de la tierra (una referencia a su crucifixión, así lo entendieron todos, como indica la nota de Jn. v. 33: “Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir”) declaró Jesucristo, por medio de ese sacrificio por el pecado, a todos atraerá a sí mismo. Por supuesto, eso no significa que todos los humanos recibirán la redención, como creen algunos universalistas. La palabra todos se refiere específicamente a quienes acuden a Él (El “mucho fruto” de 12:24; cp. 6:44). Todos son aquellos escogidos para salvación entre toda clase y tipo de personas...
 
4.- EL ABANDONO DE LA GENTE (12:34):
 
            Incapaz de aceptar la verdad de que el Mesías iba a morir, le respondió la gente a Jesús: “Nosotros hemos oído de la ley (una referencia a todo el A. T., no solo al Pentateuco) , que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado?”. Con base en pasajes tales como Is. 9:7, Ez. 37:25 y especialmente Dn. 7:13, donde se llama al Mesías “hijo del hombre” (cp. Dn. 2:44), supusieron que vendría a derrotar a los enemigos de Dios y a establecer un reino eterno de paz y justicia…
 
            Por supuesto, el Señor Jesucristo hará eso en la Segunda Venida. Sin embargo, la multitud pasó por alto la enseñanza clara del A.T. según la cual el Mesías venía la primera vez a morir en sacrificio por los pecados. A la luz de esa interpretación errónea, la pregunta burlona de la multitud, “¿Quién es este Hijo del Hombre?” (es decir, “¿De qué clase de Hijo del Hombre estás hablando?”) solo puede señalar que no creían que Jesucristo fuera Él. No podían reconciliar la predicción de Cristo Jesús sobre su muerte (12:23-26) con la creencia en que el Mesías iba a ser el conquistador triunfante (cp. Jn. 6:14-15)...
 
            Jesucristo completó la misión para la cual vino al mundo: morir para Dios (cp. He. 10:5-9). Así lo hizo de varias formas. Primera, la muerte de Cristo fue un sacrificio para Dios, pagó el precio por la violación de los pecadores a su Ley santa (Is. 53:10; He. 7:27; 9:26, 28; 10:10, 19)…
 
            Segunda, la muerte de Cristo Jesús fue un acto de sumisión a Dios (Ro. 5:19; Fil. 2:8; He. 5:8; 10:5-10). Tercera, la muerte de Jesucristo se ofreció en sustitución para Dios a favor de los pecadores (Is. 53:4-6, 11-12; 2 Co. 5:14, 21; He. 9:28; 1 P. 2:24). Cuarta, la muerte de Cristo Jesús fue para poner fin a la ira de Dios contra el pecado a favor de los elegidos (Ro. 3:25; He. 2:17; 1 Jn. 2:2; 4:10). Como resultado, ya no hay condenación para los creyentes (Ro. 8:1; cp. Jn. 5:24)…
            Por último, la muerte de Jesucristo redimió a los creyentes para Dios (Mt. 20:28; Hch. 20:28; Ro. 3:24; 1 Co. 1:30; Gá. 3:13; Ef. 1:7; Col. 1:14; 1 Ti. 2:6; Tit. 2:14; He. 9:12; 1 P. 1:18-19) y los reconcilió con Él (Ro. 5:10-11; 2 Co. 5:18-20; Ef. 2:16; Col. 1:20-22) como hijos suyos (Mt. 5:9, 45; Jn. 12:36; Ro. 8:14-15, 19; 2 Co. 6:18; Gá. 3:26; 4:5-6; Ef. 1:5; He. 12:5-8). Por eso, como lo declaró el escritor de Hebreos, “convenía que Dios, para quien y por medio de quien todo existe, perfeccionara mediante el sufrimiento al autor de la salvación de ellos” (He. 2:10, NVI).
 
 
CONCLUSIÓN:
 
            El día es para el trabajo; la noche para el descanso (9:4–5). Esto debe hacernos diligentes para no malgastar el tiempo que Dios nos concede, sino aprovechar todas las ocasiones de hacer el bien (Ef. 5:16; Col. 4:5), no sea que nuestro día se acabe antes de haber terminado la tarea que se nos ha asignado para la jornada: «para que no os sorprendan las tinieblas». (4)
 
            La pregunta que quiero que nos hagamos ante esta requisitoria de Jesucristo, es “¿Cuánto vale para nosotros la Cruz de Cristo para nosotros para vivir de esta manera que se nos demanda?”… ¿Estamos dispuesto a sacrificarnos por la Cruz de Cristo como Él se sacrificó por nosotros?. La película “El Poder de la Cruz nos puede hacer reflexionar en esto. (https://www.youtube.com/watch?v=PTzksetAc5U)
¡S.D.G!
 
BIBLIOGRAFÍA:
1.- DEVOCIONAL “TODA LA BIBLIA EN UN AÑO”. John Stott. Edit. Certeza.
2.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO (Evangelio de Juan). John Mac Arthur . Edit. PORTAVOZ.
3.- COMENTARIO BÍBLICO. William Mac Donald. Edit. CLIE.
4.- COMENTARIO EXEGÉTICO DEVOCIONAL A TODA LA BIBLIA. (Evangelio de Juan). Mathew Henry. Edit. CLIE.

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