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EL VALOR DE LA CRUZ DE JESUCRISTO (2DA. PARTE) - Juan 3:16 y 20:31

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 23/jul/2017
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

 INTRODUCCIÓN:


            Como vimos anteriormente sobre el Evangelio de Juan, este Apóstol, al igual que los otros evangelistas, dedican en sus evangelios un espacio desproporcionado a la última semana de Jesucristo en su ministerio sobre la Tierra, la cual se conoce habitualmente como SEMANA SANTA
            En el caso de los Evangelios de Mateo y Marcos ocupa alrededor de un tercio de los mismos. El de Lucas, un cuarto. En el Evangelio que nos ocupa (el del Apóstol Juan) es la mitad del texto. (1)
 
            Aunque los seres humanos suelen perder el control de sus emociones, Dios nunca lo hace. Esto se ve más claramente en su paciencia con los impíos que ofenden continuamente la santidad divina…
            Él podría destruir justamente a todos los pecadores en el momento de transgredir su Ley y en todas las transgresiones posteriores. En su lugar, Él los soporta pacientemente, les extiende la esperanza de la salvación. Aun cuando lo han ofendido, su paciencia es infinitamente perfecta.
            Dios es “lento para la ira” (Sal. 103:8; cp. 86:15; 145:8; Éx. 34:6; Nm. 14:18; Neh. 9:17; Jl. 2:13; Jon. 4:2; Nah. 1:3) porque es “misericordioso y clemente” (Sal. 103:8; cp. 111:4; 112:4; 116:5; Éx. 34:6; 2 Cr. 30:9; Neh. 9:17, 31; Jl. 2:13; Jon. 4:2)…
            La lentitud de la ira de Dios, o su paciencia, se manifiesta sobre todo al demorar el juicio por el pecado; Él “es paciente… no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9), porque la paciencia de nuestro Señor es para salvación(v. 15).
            A través de toda la historia humana Dios ha mostrado una tolerancia notable con todas las naciones que lo han rechazado. En Gén. 15:16 le dijo a Abraham que demoraría largamente su juicio contra los cananeos porque “aún no [había] llegado a su colmo la maldad del amorreo”…
 
            El apóstol declaró a los filósofos griegos en Atenas que Dios había “pasado por alto los tiempos de esta ignorancia” (Hch. 17:30); esto es, había contenido toda la medida de su juicio por un cierto período de tiempo (cp. Ro. 3:25). Israel experimentó la paciencia de Dios más que ninguna otra nación.
            A lo largo de su historia, el pueblo de Israel fue como Esteban caracterizó al sanedrín: “¡Tercos, duros de corazón y torpes de oídos!… ¡Siempre resisten al Espíritu Santo!” (Hch. 7:51, NVI; cp. Dt. 10:16; 2a. R. 17:14; 2a. Cr. 30:8; Neh. 9:29; Jer. 7:26; 17:23; 19:15)…
            En Jeremías, Dios reprendió así a Israel (Jer. 22:21; 32:30). Aun así, a pesar de la continua provocación de Israel, Dios, “misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; y apartó muchas veces su ira, y no despertó todo su enojo” (Sal. 78:38). Dios dijo al Israel extraviado: “Por amor de mi nombre diferiré mi ira, y para alabanza mía la reprimiré para no destruirte” (Is. 48:9; cp. 57:11)...
            Dios es también paciente con los pecadores individuales. En Romanos 2:4 Pablo preguntó: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”. Después añadió en esa misma epístola: “Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción” (Ro. 9:22)…
 
            Las palabras del apóstol a Timoteo resumen su autobiografía espiritual: “Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna” (1a. Ti. 1:16). Pedro recordó a sus lectores que Dios es “paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2a. P. 3:9; cp. Ez. 18:23).
            No obstante, el hecho de que Dios sea lento para la ira, no quiere decir que sea incapaz de airarse, aunque los pecadores piensen de otra manera. Salomón escribió: “Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal(Ec. 8:11)…
            2a. Cr. 36:15 describe la paciencia de Dios con el Israel rebelde: “Por amor a su pueblo y al lugar donde habita, el SEÑOR, Dios de sus antepasados, con frecuencia les enviaba advertencias por medio de sus mensajeros” (NVI)…
            Pero en algún momento la paciencia de Dios se acabó. Cuando los israelitas “se burlaban de los mensajeros de Dios, tenían en poco sus palabras, y se mofaban de sus profetas… el Señor desató su ira contra el pueblo, y ya no hubo remedio” (v. 16; cp. Neh. 9:30; Jer. 44:22). La paciencia de Dios con los pecadores al final se agotará, lo que es una advertencia aleccionadora para quienes abusan de esta...
 
            El tiempo de vida, sea corto o largo, es el único tiempo de paciencia… el tiempo de la paciencia termina cuando el alma se separa del cuerpo. Solo este tiempo [presente] es el “día de la salvación”...
            Los vs. 35-50 registran el llamamiento final de Jesucristo a Israel; son un resumen de todo su ministerio público. Durante más de tres años, Cristo Jesús se había presentado al pueblo de Israel como su Mesías y proclamado el Evangelio del Reino. Había corroborado sus afirmaciones enseñando con poder y autoridad sin parangón (Mt. 7:28-29; Mr. 1:22; Lc. 4:32; Jn. 7:46)…
            También había realizado milagros que nadie había hecho (Jn. 15:24). Aun así, Jesucristo se enfrentó en todo su ministerio con la incredulidad, el odio, la hostilidad y el rechazo, sobre todo de los líderes religiosos de Israel. Tal incredulidad y rechazo pronto alcanzaría su cenit en la Cruz.
 
 
1.- EL LLAMAMIENTO FINAL A CREER (12:35-36):
 
            En la entrada triunfal, la momentáneamente frenética multitud había saludado a Jesús como Mesías y Rey. Pero veían al Mesías cual rey terrenal, un líder militar poderoso que derrocaría a los romanos. Sin embargo, Jesucristo rechazó sus intentos de forzarlo a ser un libertador político y militar (Jn. 6:14-15)…
 
            Y cuando comenzó a hablar de morir (Jn. 12:24), el pueblo lo abandonó totalmente; no fueron capaces de entender el concepto de Mesías asesinado (cosa que hasta sus discípulos tardaron en aceptar; cp. Mt. 16:21-23). Sus esperanzas se deshicieron y dieron su veredicto final sobre
Cristo Jesús: era un impostor, no el Hijo del Hombre real...
 
            Pero a pesar de su rechazo, Jesucristo les extendió, en su amor intenso e insistente por ellos, una invitación final a reconocerlo como Señor y Salvador. Esa invitación no solo expresaba el clamor de su corazón por la salvación de Israel (cp. Mt. 23:37; Lc. 13:34; 19:41), sino que también enviaba una advertencia (cp. Mt. 23:38-39; Lc. 13:35; 19:42-44).
 
            Por lo tanto, Cristo Jesús exhortó a sus oyentes a andar entre tanto que tenían luz, para que no los sorprendan las tinieblas, porque quien anda en tinieblas, no sabe a dónde va (cp. 1 Jn. 2:11)…
            Antes de que existiera la energía eléctrica, las personas solo viajaban a la luz del día, cuando podían ver con claridad y caminar con seguridad. El Señor comparó a quienes no atendieron su advertencia con los viajeros que aún estaban fuera cuando caía la noche. La única forma para evitar perderse en la oscuridad espiritual era, entre tanto que tenían la luz, creer en la luz…
            La promesa gloriosa para quienes así lo hacen es que serán hijos de luz (cp. 1 Ts. 5:5; 1 Jn. 1:5-7) e irradiarán la luz de la gloria de Dios en Cristo Jesús al mundo en oscuridad (Mt. 5:14-16; Ef. 5:8; Fil. 2:15)...
            Dios abandonó al pueblo a las consecuencias de su pecado por la dureza del corazón de ellos. Cuando Israel se rebeló e hizo enojar al Espíritu Santo, Dios “se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos” (Is. 63:10)…
            Pablo habló tres veces en Ro. 1:18-32 sobre el juicio de la ira de Dios para dejar a los pecadores con las consecuencias de su pecado (vv. 24, 26, 28). A quienes pecan voluntariamente, rechazando el arrepentimiento, advierte He. 10:26-27: “Después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios”...
 
            La declaración de Juan, “estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos”, marca el clímax trágico del ministerio público del Señor en Israel. El sol de la oportunidad se había puesto, la paciencia de Dios se terminaba y las advertencias solemnes del Señor (Jn. 8:21 y Mt. 23:39). (2)
 
 
2.- LAS CAUSAS FATALES DE LA INCREDULIDAD (12:37-43):
 
            Allí donde hay verdadera fe, habrá, más tarde o más temprano, confesión de Cristo. Cuando Cristo es verdaderamente aceptado como Salvador, no hay vacilaciones en hacerlo saber, sean cuales sean las consecuencias. (3)
            A veces los escépticos argumentan que el rechazo de Israel a Jesucristo arroja dudas sobre sus afirmaciones. Les parece increíble que la mayoría del pueblo judío, especialmente los líderes religiosos, expertos en el texto del Antiguo Testamento (A.T.), pudieran haber pasado por alto las implicaciones obvias de sus milagros…
 
            Sin embargo, tal falta de perspectiva, ignora el poder del pecado (Jn. 3:19-20) y Satanás (Jn. 8:44; 2a. Co. 4:4) para cegar las personas a la verdad. Así, como lo recuerda Juan a sus lectores, a pesar de que Jesús había hecho tantas señales delante de los judíos, no creían en él…
            Los milagros de Jesucristo eran inequívocamente legítimos y no dejan excusas para la incredulidad de Israel; el pueblo había endurecido su corazón contra la verdad. Lejos de cuestionar la veracidad de la evidencia, tal incredulidad revelaba cuán profunda era su depravación (1a. Co. 2:14)…
            Es significativo que, aun cuando los oponentes de Cristo Jesús atribuían sus milagros al poder satánico (Mt. 12:24), a diferencia de los escépticos modernos, nunca negaron que sucedieran (cp. Jn. 11:47)...
 
            El hecho de no creer frente a tal evidencia poderosa e irrefutable deja claras las limitaciones de la apologética. Aunque puedan darse evidencias para la verdad del evangelio, la respuesta del pecador no está limitada a la mente y la razón humanas; la salvación requiere regeneración del corazón, la obra del Espíritu Santo...
            Juan menciona dos causas para la incredulidad de Israel, una divina y la otra humana. Tomadas juntas, ilustran la interrelación entre la soberanía divina y la responsabilidad humana...
            El rechazo de Jesucristo por Israel fue la culminación de años de rebelión, de privilegios mal usados y de abandono de la verdad divina. El resultado terrible fue que cuando vino la verdad en la persona de Jesucristo, muchos no pudieron creer. Creían que podían ver pero eran ciegos espiritualmente (cp. Mt. 15:14; 23:16, 17, 19, 24, 26; Jn. 9:40-41)…
 
            Pero el endurecimiento de Israel, un acto soberano de Dios, no niega la culpa de quienes se negaron a creer en Cristo Jesús. Como lo indica León Morris: “Cuando Juan cita ‘cegó los ojos de ellos’… no quiere decir que la ceguera ocurrió sin la voluntad, o contra la voluntad, de estas personas… Ellos escogieron el mal, fue su elección propia y deliberada, su propia falta”...
            La realidad aleccionadora es que quienes persisten en endurecer su corazón con Dios, pueden encontrarse con que han sido endurecidos por Él. El testimonio histórico del trato de Dios con el faraón ilustra ese principio, donde se dice diez veces que él endureció su propio corazón (Éx. 7:13, 14, 22; 8:15, 19, 32; 9:7, 34, 35; 13:15) y diez veces que Dios endureció su corazón (Éx. 4:21; 7:3; 9:12; 10:1, 20, 27; 11:10; 14:4, 8,17).(2)
            No podían creer, porque dijo Isaías: “Ha cegado los ojos de ellos”. ¿Es que acaso es Dios el autor de este pecado? No, por cierto, sino que: (A) Es menester reconocer la mano justiciera de Dios en la ceguera de muchos que persisten en su impenitencia e incredulidad, por lo que justamente son castigados por su anterior voluntaria resistencia a la luz divina…
 
            Cuando Dios retira su Gracia por el abuso que el hombre hace de ella, y entrega a los hombres a las pasiones vergonzosas en que ellos se complacen (v. Ro. 1:24–32), sólo ejecuta sobre ellos sus justos juicios, y a esto llama la Escritura «cegar los ojos», «endurecer el corazón»…
            Obsérvese por contraste, el método de la conversión, al examinar el método de la perversión: Los pecadores que no ponen resistencia a la luz de Dios, son conducidos por el Espíritu de Dios a ver con sus propios ojos y discernir la realidad de las cosas de Dios (v. 1 Co. 2:10 y ss.)…
 
            Igualmente son conducidos a «entender con el corazón» (v. 40); es decir, no sólo a asentir y aprobar, sino también a consentir y aceptar (Ro. 10:9–10). De esta forma, son convertidos a Dios, y sanados por Cristo Jesús…
            La misma mano que perdona es la que sana, pues el pecado es la más corrupta de nuestras enfermedades; es el cáncer del espíritu que llega a todos los demás elementos del ser humano, desde el centro hasta la periferia. La amenaza de este juicio de Dios pende sobre todos los que persisten voluntariamente en su injusta represión de la verdad de Dios (Ro. 1:18)...
            (B) Lo que Dios ha predicho, infaliblemente se ha de cumplir y, por eso, pudo asegurar Isaías que no podrían creer. Pero el hecho de que Dios prediga lo que ha de suceder no implica que el hombre se vea fatalmente forzado a obrar, puesto que la presciencia de Dios consiste en ver, desde la eternidad que sobrepasa al tiempo, lo que ha de suceder como si estuviese ya sucediendo…
            En otras palabras, pasado, presente y futuro dicen relación al tiempo; pero Dios no se mueve en el tiempo, sino que permanece en su eternidad que abarca todos los tiempos; por eso, lo que para nosotros es futuro, Dios lo ve como ya presente. (4)
 
 
3.- LAS CONSECUENCIAS FATÍDICAS DE CREER Y NO CREER (12:44-50):
 
            En determinado sentido, nadie puede ver a Dios Padre. Él es Espíritu, y por ello invisible. Pero el Señor Jesucristo había venido al mundo para darnos el conocimiento de cómo es Dios. No nos hace saber cómo es Dios físicamente, sino moralmente. Nos ha revelado el carácter de Dios. Así, todo el que ha visto a Cristo Jesús ha visto a Dios Padre. (3)
            Como Jesucristo ya se había retirado (v. 36), las palabras registradas en los versículos 44-50 no se hablaron en esta ocasión. Juan las incluyó aquí para resumir el ministerio público de Cristo Jesús a Israel, que ya había terminado. Las verdades contenidas en ellas enfatizan la importancia del ministerio del Salvador y el error fatal al negarse a creer en Él. También revelan varias consecuencias de creer y no creer...
            En pasajes como Jn. 8:12; 9:5 y 12:35-36, Jesucristo enseñó que Él, la Luz, ha venido al mundo, para que todo aquel que cree en Él no permanezca en tinieblas. A quienes crean en Él los “ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Col. 1:13). Como se anotó en la explicación de los vs. 35 y 36, se convierten en “hijos de luz”...
 
            Las palabras de Jesucristo determinan el destino eterno de las personas, no solo por quien Él es, sino porque habla por el Padre (cp. 4:34; 5:30; 6:38). Por lo tanto, nadie puede rechazar sus palabras con impunidad. (2)
            No hay cosa tan temible como el abuso de la Gracia de Dios (comp. con He. 10:26–31), y «el menosprecio de las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad» (Ro. 2:4). No hará falta que el mismo Dios se levante para pronunciar sentencia…
            Nótese que, en Ap. 20:11 y ss., los muertos están de pie, es decir, ya resucitados para condenación, delante del Gran Trono Blanco pero «fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras» (Ap. 20:12)…
 
            No se nombra aquí al «Cordero», mientras que, en el juicio de recompensas, se nombra «el tribunal de Cristo Jesús» (Ro. 14:10, 2 Co. 5:10). Las palabras del Evangelio, proclamadas por el mismo Señor Jesucristo y fielmente expuestas por sus ministros, ellas serán las que se levanten a juzgar a quienes acudieron a los cultos religiosos, oyeron el mensaje del Evangelio y no le prestaron atención o no le hicieron caso...
¡Qué responsabilidad tan grande la de los que oyen los mensajes y no se convierten al Señor! Por eso, nadie sale, o se retira, de oír un mensaje en las mismas condiciones en que entró, o se acercó a escuchar: o sale convertido (o en camino de conversión), o sale más endurecido en su pecado y sin excusa alguna que presentar ante el gran trono de Dios…
            ¡ALLÍ ESTARÁ LA PALABRA DE DIOS, COMO JUEZ SUFICIENTE! (v. también 5:24, 45–47; 8:31, 37, 51; 14:23–24, además de Mt. 7:21–27; Lc. 11:28). La Palabra condenará como evidencia de criminalidad y como norma quebrantada. (4)
            Israel, como pueblo escogido por Dios (Am. 3:2), había recibido muchas bendiciones, algunas de las cuales enumeró Pablo en Ro. 9:4-5: “La adopción, la gloria, el Pacto, la promulgación de la Ley, el culto y las Promesas; de quienes son los patriarcas”…
 
            Pero sobre todas las cosas, el Mesías provenía del pueblo judío (v. 5). Trágicamente, cuando vino, lo rechazaron. Se negaron a aceptar su llamado a creer en Él; ignoraron sus advertencias de las consecuencias por no creer. Por último, Dios los endureció y quienes no estaban dispuestos a creer se volvieron incapaces de creer...
 
 
CONCLUSIÓN:
 
            Jesucristo pronunció el juicio a la nación con palabras escalofriantes: “He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor” (Lc. 13:35). Una generación después, la condenación de Israel vendría de manos de los romanos. Ellos destruirían Jerusalén y el templo; se esparciría y atormentaría al pueblo bajo la disciplina divina, aun hasta hoy día. (2)
            En una nación que fue cuna del Evangelio reformado se levantó una generación que abusó de la Gracia de Dios llegando al colmo de negar su existencia a través de filósofos decadentes como Fiedrerich Nietche, dando lugar a la Alemania nazi.
 
            Décadas después la nación fue arrasada por las tropas aliadas trayendo muerte y destrucción a toda una generación incluidos mujeres, niños y ancianos.
            A las iglesias locales Jesucristo les da el mismo mensaje, anunciando que si no responden a su llamado y dedicación, él quitará el candelabro del Espíritu Santo de en medio de ellas, como a la iglesia de Éfeso (Ap. 2:1 al 7)
            Otra vez es necesario que nos preguntemos qué valor tiene para nosotros la Cruz de Jesucristo. ¿Somos capaces de darlo todo como hizo Cristo Jesús por nosotros por amor a él?
            En uno de los textos evangelísticos más claros del A.T., Isaías exclamó: “Busquen al SEÑOR mientras se deje encontrar, llámenlo mientras esté cercano” (Is. 55:6, NVI). Dios endureció los corazones de quienes se negaron a creer en Jesucristo (v. 40) para que no pudieran creer (v. 39). (2)
            EL himno “Dejo el mundo y sigo a Cristo, porque el mundo pasará”, nos ayudará a reflexionar sobre el valor de seguir a Jesucristo.
¡S.D.G!
 
 
BIBLIOGRAFÍA:
1.- DEVOCIONAL “TODA LA BIBLIA EN UN AÑO”. John Stott. Edit. Certeza.
2.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO (Evangelio de Juan). John Mac Arthur . Edit. PORTAVOZ.
3. - COMENTARIO BÍBLICO. William Mac Donald. Edit. CLIE.
4.- COMENTARIO EXEGÉTICO DEVOCIONAL A TODA LA BIBLIA. (Evangelio de Juan). Mathew Henry. Edit. CLIE.

 


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