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EL VALOR DE LA CRUZ DE JESUCRISTO (3RA. PARTE) - Juan 13: 1 al 17

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 30/jul/2017
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

Título del Sermón: “EL VALOR DE LA CRUZ DE JESUCRISTO” (3ra. Parte).

 

LECTURA: Juan 13: 1 al 17.

Versículos claves: Jn. 3:16 y 20:31

Jn. 3:16: ”Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna””.

Jn 20:31: ““Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su nombre””.

            Como lo hago habitualmente debo aclarar que el presente escrito es un resumen y adaptación de la bibliografía referida al pie de la presente nota.

INTRODUCCIÓN:

            Recordemos que el Apóstol, al igual que los otros evangelistas, dedica un espacio desproporcionado a la última semana de Jesucristo en su ministerio sobre la Tierra, la cual se conoce habitualmente como SEMANA SANTA

            En el caso de los Evangelios de Mateo y Marcos ocupa alrededor de un tercio de los mismos. El de Lucas, un cuarto. En el Evangelio que nos ocupa (el del Apóstol Juan) es la mitad del texto. (1)

            La sociedad contemporánea está obsesionada con el amor. Desde las películas románticas, pasando por las canciones populares y las novelas baratas, el romance es un tema importante en el entretenimiento y en las conversaciones diarias...

            La versión moderna del amor es descaradamente narcisista, totalmente enfocada en el yo y desvergonzadamente manipuladora. Tan solo ve a los demás como medio de gratificación personal. No es de extrañar, pues, que las relaciones entre las personas egoístas no duren. Si la pareja actual no vive al nivel de las expectativas (o encuentran a alguien más emocionante), se van. Las personas son receptoras, no dadoras; la humildad se considera como una debilidad y el egoísmo es una virtud...

            En contraste marcado con ese amor egocéntrico, la Biblia enseña que la esencia del amor es el sacrificio personal. En lugar de derribar a los demás, el amor bíblico nos enseña a edificarlos (1 Co. 8:1); en lugar de procurar el bien propio, procura el bien y el interés de los demás (1 Co. 10:24); en lugar de buscar satisfacer sus necesidades, busca satisfacer las necesidades del otro (Gá. 5:13; He. 6:10)...

            La enseñanza bíblica del amor alcanza su cumbre en 1 Co. 13:4- 8, la descripción más hermosa del amor jamás escrita:

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará”...

            Amar de esta manera requiere humildad sobre todas las cosas, porque solo las personas humildes pueden poner los intereses de los demás por delante de los propios (Fil. 2:3-4). Así, Pablo exhortó a los efesios a actuar “con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor” (Ef. 4:2)...

            Jesús enseñó que serán exaltados quienes aman humildemente a los demás, no quienes se promueven a sí mismos (Lc. 14:11; 18:14). La humildad, no el orgullo, es la marca de la grandeza verdadera (Mt. 18:4; 20:26; 23:11) y trae la bendición de Dios (Sal. 25:9; Pr. 3:34; 22:4; Is. 57:15; 66:2; 1 P. 5:5).

            Aunque 1 Co. 13 es la descripción suprema del amor, el Señor Jesucristo es el ejemplo supremo del amor...

             Cristo exhibió su amor humilde durante todo su ministerio terrenal porque Él es por naturaleza “manso y humilde de corazón” (Mt. 11:29; cp. Zac. 9:9; 2 Co. 10:1). Ese amor se ejemplifica notablemente en el hecho descrito en este pasaje: el lavado de los pies de los discípulos. Es una introducción adecuada a la nueva sección del Evangelio de Juan, donde se caracteriza la muerte de Cristo en sacrificio...

            Al inicio del capítulo 13, el ministerio público de Jesús para Israel había terminado. Después de hacerles una invitación final a creer en Él, Jesús “se ocultó de ellos”...

            En los capítulos 13 al 17, Jesús pasa del ministerio público de quienes lo habían rechazado al ministerio privado y quienes lo recibieron. Él hizo una demostración práctica de su amor por los discípulos (13:1-17), les aseguró la esperanza del cielo (14:1-3), les garantizó poder para el ministerio (14:12) y provisión para sus necesidades (14:13-14), y les prometió el Espíritu Santo (14:16-17; 15:26; 16:7), la verdad divina en la Palabra de Dios (14:26; 16:13), paz (14:27) y gozo (15:11; 16:22)...

            El tema común en estos cinco capítulos es el amor de Cristo por los suyos. En tanto su ministerio terrenal llegaba a su fin en la noche antes de su crucifixión, Jesús procuró reafirmarlos con el amor perdurable que tenía por ellos...

            El relato de esta primera expresión de su amor, el lavado de los pies de los discípulos, puede explicarse bajo cuatro encabezados. Vemos las riquezas sublimes del amor de Cristo, el rechazo satánico de su amor, la revelación impresionante de su amor y la respuesta adecuada a su amor...

 

1. LAS RIQUEZAS SUBLIMES DEL AMOR DE CRISTO (v. 1):

            L a fiesta de la pascua era el festival anual judío que conmemoraba la liberación divina de Israel de la esclavitud egipcia. El nombre se derivaba del ángel de la muerte que pasó sobre las casas de los hebreos cuando mató a los primogénitos egipcios (Éx. 12:7, 12-13)...

            Esta Pascua sería la última con autorización divina. De ahí en adelante habría un nuevo memorial: no para recordar la sangre del cordero en los dinteles, sino la sangre del Cordero de Dios (1:29, 36; Ap. 5:6; 6:9; 7:10, 17; 14:4, 10; 15:3; 19:9; 22:1, 3) “que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mt. 26:28)...

            Existe una discrepancia aparente en este punto entre la cronología de Juan y la de los Evangelios sinópticos. Los segundos declaran que la Santa Cena fue la cena de Pascua (Mt. 26:17-19; Mr. 14:12-16; Lc. 22:7-15). Sin embargo, Juan 18:28 registra: “[Los líderes judíos] llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana [el viernes, el día de la crucifixión], y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua”. Más aún, de acuerdo con Juan 19:14 el juicio y crucifixión de Jesús ocurrió en “la preparación de la pascua”, no el día después de comer la cena de Pascua. Así, la crucifixión del Señor ocurrió al tiempo que se sacrificaban los corderos de Pascua (cp. 19:36; cp. Éx. 12: 46; Nm. 9:12). Entonces, el desafío es explicar cómo Jesús y los discípulos pudieron haber comido la cena de Pascua el jueves por la noche si los líderes judíos aún no la habían comido la mañana del viernes... La respuesta está en entender que los judíos tenían dos métodos diferentes para contar los días. Las fuentes antiguas judías sugieren que los judíos del norte de Israel (inclusive Galilea, de donde eran oriundos Jesús y la mayoría de los doce) contaban los días de salida del Sol a salida del Sol. Al parecer, la mayoría de los fariseos también usaba ese método... Por otra parte, los judíos de la región sur contaban los días de ocaso a ocaso. Esto incluiría a los saduceos (quienes vivían por necesidad en los alrededores de Jerusalén por su relación con el templo). Sin duda, aunque a veces es confuso, el método dual de contar los días habría tenido beneficios prácticos en la Pascua, pues permitía celebrar la fiesta en dos días consecutivos. Eso habría facilitado las condiciones de la Jerusalén abarrotada, especialmente en el templo, donde no tendrían que matarse todos los corderos el mismo día... Así, no hay contradicción entre Juan y los sinópticos. Como Jesús y los doce eran galileos, habrían considerado que el día de Pascua era desde la salida del Sol del jueves hasta la salida del Sol del viernes. Habrían comido su cena de Pascua el jueves en la noche. Sin embargo, los líderes judíos (los saduceos) la habrían tenido desde el ocaso del jueves hasta el ocaso del viernes. Habrían comido su cena de Pascua el viernes por la noche...

            Hay un sentido general en el cual Dios ama al mundo (Jn. 3:16) de los pecadores perdidos (Mt. 5:44-45; Tit. 3:4); pero a los suyos los ama con amor perfecto, eterno y redentor; un amor “que excede a todo conocimiento” (Ef. 3:19).

En Romanos 8:35-39 Pablo dijo jubiloso:

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?... Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.

            Ni siquiera la llegada inminente de su propia muerte podía alejar a los discípulos de su amor...

 

2.- EL RECHAZO SATÁNICO DEL AMOR DE CRISTO (v.2):

            La atención cambia abruptamente de la luz brillante del amor de Cristo a la oscuridad satánica del corazón de Judas. Aun antes de esta cena final, el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase. El contraste entre el amor de Cristo y el odio de Judas es marcado; el segundo aporta un trasfondo negro contra el cual el primero aparece mucho más glorioso...

            En el momento en el cual Jesús lava los pies de Judas, algo que ocurriría dentro de poco, Jesús recibiría el insulto y la injuria inimaginable más grande con amor humilde. Consecuente con su orden de amar a los propios enemigos (Mt. 5:44), así lo hizo. Pero trágicamente, a Judas no le conmovió la manifestación amorosa del Señor hacia él; el mismo hecho que atrajo a los otros discípulos repelió a Judas...

            La ambición y avaricia de Judas hacía tiempo que habían abierto la puerta a la influencia del diablo (cp. 12:4-6). Su propio corazón malo deseó lo mismo que Satanás: la muerte de Jesús... Pronto Judas estaría bajo el control completo de Satanás (v. 27) y ejecutaría su plan de traicionar al Hijo de Dios (v. 30; cp. Mt. 26:24)...

 

3.- LA REVELACIÓN IMPRESIONANTE DE SU AMOR (vv. 3 al 11):

            El Apóstol Juan reveló la profundidad de la humildad de Jesús cuando enfatizó la exaltación de Él. El Creador y Gobernante del Universo estaba a punto de lavar humildemente los pies sucios de los discípulos; una tarea sin importancia reservada solo para los siervos del más bajo rango (ni siquiera a los esclavos judíos se les obligaba a hacerlo, solo a los gentiles)...

            Los pies de los discípulos, protegidos solo por unas sandalias, habiendo caminado por las calles sucias de Jerusalén al aposento alto, estarían sucios con seguridad; algo ofensivo pues se estaban recostando para la cena. Como no había siervos allí para hacerlo, uno de los doce debiera haber sido voluntario para lavar los pies de los demás.(2)

            Era una cortesía habitual del hospedador hacer que un esclavo lavase los pies de sus invitados. Aquí, el Hospedador divino se hizo el esclavo y llevó a cabo este humilde servicio. «Jesús a los pies del traidor —¡qué espectáculo!—. ¡Qué lección para nosotros!». (3)

            Pero la admonición del Señor (“El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo”, ) había caído en oídos sordos. En lugar de humillarse, los discípulos continuaban su debate sobre cuál de ellos era el más grande (Lc. 22:24; cp. Mr. 9:34) a la pesca de posiciones prominentes en el reino (Mt. 20:20-24).

            En una muestra sorprendente de humildad, que también fue una fuerte reprensión de la ambición orgullosa de los discípulos, el Hijo de Dios encarnado se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Los discípulos, reprendidos, avergonzados y escarmentados, vieron en silencio doloroso e incómodo cómo el Señor, vestido de siervo, se arrodilló ante cada uno de ellos, uno por uno, y lavó sus pies polvorosos...

            Cuando Jesús llegó donde Pedro estaba, éste preguntó con incredulidad, mostrando la vergüenza de todos: “Señor, ¿tú me lavas los pies?”. Los discípulos aún esperaban fervientemente la inauguración del reino (cp. Hch. 1:6) y Pedro estaba consternado con este acto de humillación propia por parte del Rey divino. No se había oído en la cultura romana ni judía que un superior lavara los pies de un inferior...

            Pero el arrebato de Pedro reflejó su ignorancia, como lo indica la respuesta del Señor: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después”. Solo después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo entendería Pedro que, en la encarnación, “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt. 20:28)...

            Aunque la modestia de Pedro puede parecer digna de elogio, el Señor desea obediencia sobre todas las cosas (cp. 1 S. 15:22)...

            Una vez más el Señor le respondió con paciencia: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo”. La respuesta de Jesús cumplía dos propósitos. Primero, corregir el concepto erróneo que Pedro (y los otros doce) tenía de la misión mesiánica del Señor. En su primera venida, el Señor no venía como Rey conquistador, sino como sacrificio por los pecados de su pueblo (Is. 53:4-6, 10-12; Ef. 5:2; He. 9:26; 10:12)...

            Pero las palabras del Señor también significaban que solo tienen relación con Él aquellos que Él limpió. El lavado es una metáfora bíblica común para la limpieza espiritual (cp. Nm. 19:17-19; Sal. 51:2; Is. 4:4; Ez. 36:24-27; Zac. 13:1; Hch. 22:16; 1 Co. 6:11; Ef. 5:26; Tit. 3:5; He. 10:22), y Jesucristo solo lava y une a Él en vida eterna a quienes depositan su fe en Él como Señor y confiesan sus pecados (Jn. 15:3; 1 Jn. 1:7-9)...

            Dios ha justificado con su misericordia e impartido la justicia de Cristo a los creyentes (2 Co. 5:21; Fil. 3:8-9) y su muerte expiatoria aporta el perdón completo de todos sus pecados (Col. 2:13; Tit. 2:14; 1 Jn. 1:7, 9). Pero aún necesitan la limpieza diaria para santificarse de la profanación del pecado que continúa en ellos (Fil. 2:12; 3:12-14).(2)

            El oír palabras y conversaciones viles, contemplar cosas impías y trabajar con personas impías inevitablemente contamina al creyente. Y necesita de una constante purificación. Esta purificación tiene lugar mediante el agua de la Palabra. Al leer y estudiar la Biblia, al oírla predicar, y al conversar acerca de ella entre nosotros, encontramos que nos purifica de las malvadas influencias que nos rodean...

            Por otra parte, cuanto más descuidamos la Biblia, tanto más pueden permanecer en nuestras mentes y vidas estas malvadas influencias sin inquietarnos demasiado. Cuando Jesús dijo: No tendrás parte conmigo, no se refería a que Pedro no podría ser salvado excepto si Él lo lavaba, sino que la comunión con el Señor puede ser mantenida sólo con la acción continuada de purificación de su vida por las Escrituras.(3)

            El que recibe el mensaje del Evangelio queda totalmente limpio al recibir la justicia de Cristo, delante de Dios. Esto es lo que, teológicamente hablando, se llama justificación. En cambio, camino, conducta diaria y «pies» entran en lo que llamamos santificación, la cual, en este sentido, implica la obra constante del Espíritu Santo en el corazón del creyente para formar en él la imagen del Cristo humilde, manso y servicial, que muestra con su conducta la gratitud que debe a Dios...

            Dios nos considera totalmente limpios en su presencia, a pesar de nuestras debilidades y miserias (comp. con Nm. 23:21, dicho acerca de un «pueblo rebelde», comp. Dt. 32:15; 33:29). Por eso mismo, deberíamos ser diligentes en limpiarnos, mediante la confesión y el arrepentimiento (Stg. 5:16; 1 Jn. 1:9), y lavar nuestros pies en la fuente que mana siempre de la sangre de Jesucristo (1 Jn. 1:7). Esta provisión segura para nuestra limpieza no debe hacernos presuntuosos, sino, por el contrario, más cautos y vigilantes. Del perdón de ayer deberíamos sacar gratitud y diligencia contra la tentación de hoy.(4)

 

4.- LA RESPUESTA ADECUADA AL AMOR DE CRISTO (vv. 12 al 17):

            El principio más importante que Jesús quería enseñar a sus discípulos era la trascendencia de la humildad y el servicio en amor. Esto es claro porque les dijo:

¿Saben lo que les he hecho? Ustedes me llaman Maestro, y Señor; y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado sus pies, ustedes también deben lavarse los pies los unos a los otros”...

            Esta era una lección crucial para los discípulos, que reñían constantemente sobre quién era el más grande. Si el Señor de la gloria estaba dispuesto a humillarse y asumir el papel del siervo más bajo, ¿cómo podían hacer menos los discípulos?.(2)

            Él sabía que uno de ellos le traicionaría. ¿Ministrarías tú de una manera humilde a un hombre que supieses que estaba a punto de entregarte por dinero? Todo aquel que es enviado (cada discípulo) no debería considerarse demasiado alto para hacer nada que Aquel que le envió (el Señor Jesús) haya hecho.(3)

            Una vez Jesús les preguntó: ¿Por qué me llaman, Señor, Señor, y no hacen lo que yo digo?” (Lc. 6:46); aquí estaba diciendo en realidad “¿Por qué me llaman, Señor, Señor, y no siguen mi ejemplo?”...

            Negarse a seguir el ejemplo de Jesús sobre el servicio humilde es elevarse sobre Él en orgullo, pues el siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Ningún siervo se atreve a considerar que su tarea está por debajo de él cuando su maestro la ha realizado...

 

CONCLUSIÓN:

            El pensamiento con el cual concluye el Señor: “Si saben estas cosas, bienaventurados serán si las hacen”, refleja la verdad bíblica según la cual la bendición sigue a la obediencia. Las palabras de apertura de los Salmos enfatizan esa verdad:

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!” (Sal. 1:1-3, NVI)...

            Más adelante, en el Evangelio de Lucas, afirmó: “Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lc. 11:28). Este pasaje revela una forma especial en que los creyentes pueden obedecer a Dios y recibir su bendición: siguiendo el ejemplo de su Hijo...

El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Jn. 2:6). Servir a otros en la humildad del amor es imitar a Jesucristo (cp. Fil. 2:5). (2)

            El ser humano es, por naturaleza, egocéntrico. Incluso muchos que parecen humillarse, sólo lo hacen para ensalzarse, ya sea para obtener favor de los superiores, o respeto de los inferiores como se cuenta del abad de un monasterio, quien a fuerza de repetir: «vuestro abad, que indignamente os preside», creó entre los frailes la impresión de que lo decía con profunda humildad, hasta que un ingenuo novicio, tomándolo en serio, dijo un día: «nuestro abad, que indignamente nos preside …». ¡Allí se acabó la «humildad» del abad, pues reprendió severamente al osado novicio! Pero el acto de Jesús fue de sincera humildad.(4)

            Nuestra capacidad de obediencia demuestra hasta qué punto estamos dispuestos a amar el valor de la Cruz de Jesucristo. Porque porelinmenso amor que Él nos tuvo, estuvo dispuesto a negarse en sus derechos y darlo todo por amor a nosotros... ¿Haremos igual nosotros por amor a Él?

            En el precioso himno “Jesús es mi Rey Soberano” en una de sus estrofas dice “Señor qué pudiera yo darte, por tanta bondad para mi”... La respuesta es darle mi obediencia entregando todo mi corazón y voluntad para Él.

 

¡S.D.G!

 

BIBLIOGRAFÍA:

1.- DEVOCIONAL “TODA LA BIBLIA EN UN AÑO”. John Stott. Edit. Certeza.

2.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO (Evangelio de Juan). John Mac Arthur . Edit. PORTAVOZ.

3. - COMENTARIO BÍBLICO. William Mac Donald. Edit. CLIE.

4.- COMENTARIO EXEGÉTICO DEVOCIONAL A TODA LA BIBLIA. (Evangelio de Juan). Mathew Henry. Edit. CLIE.


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