martes, octubre 17, 2017

Get Adobe Flash player

Horarios

Culto día Domingo

Todos los domingos a las 10:00 horas

 
Culto día Sábado

Todos los sábados a las 20:00 horas

 
Escuela Bíblica para Niños

Domingos 10:00 hs.

 
Adolescentes

Recreación: Sábados 18 hs. 

 
Pre-Adolescentes

Recreación: Sábados 18 hs.

 

SIN UNIÓN A CRISTO JESÚS NO HAY VIDA, SINO MUERTE ESPIRITUAL - Juan 15: 1 al 11

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 01/oct/2017
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

Versículos claves: Jn. 3:16 y 20:3

Jn. 3:16: ”Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna””.
Jn 20:31: “Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su nombre”.
            Como lo hago habitualmente debo aclarar que el presente escrito es un resumen de la bibliografía referida al pie de la presente nota y algunas consideraciones personales.
 
INTRODUCCIÓN:
            Reiteramos que estamos entrando en la parte que el Apóstol Juan quiere que consideremos ampliamente, la última semana de Jesucristo en su ministerio sobre la Tierra, que se conoce como SEMANA SANTA… En el Evangelio de Juan abarca la mitad del texto.
            La Biblia usa muchas analogías para describir la relación de Dios con su pueblo. Él es su Padre (Mt. 6:9; Ro. 1:7), ellos son sus hijos (Jn. 1:12; Ro. 8:16-17, 21; Fil. 2:15; 1 Jn. 3:1-2; cp. Ro. 8:14, 19; Gá. 3:26; 4:6; He. 12:7) y miembros de su hogar (Ef. 2:19; 1 Ti. 3:15; 1 P. 4:17); Él es su Rey, ellos sus súbditos (Mt. 25:34); Él es el Creador, ellos sus criaturas (Sal. 24:1; 95:6; 100:3; 119:73; 139:13; Ec. 12:1; Ef. 2:10); Él es el pastor, ellos sus ovejas (Sal. 23:1; 28:9; 79:13; 95:7; 100:3; Is. 40:11; Jn. 10:11, 14, 26; He. 13:20; 1 P. 2:27; 5:4); Él es el constructor, ellos el edificio (Ef. 2:20-22; He. 3:4); Él es el amo, ellos los siervos (Mt. 10:24- 25; Ro. 14:4; Ef. 6:9; Col. 4:1; 2 Ti. 2:21; Jud. 4); Cristo es el Esposo, ellos la esposa (2 Co. 11:2; Ap. 19:7; 21:9; cp. Is. 54:5; Jer. 31:32); Él es la Cabeza, ellos su cuerpo (Ef. 1:22-23; 4:15; Col. 1:18; 2:19)...
            La relación vital de los creyentes con Jesucristo se describe en este pasaje con otra analogía conocida. Así como las ramas dependen completamente de la vid para la vida, el sustento, el crecimiento y el fruto, los creyentes también dependen completamente del Señor divino como fuente de su vida y efecto espiritual. Y tal como las ramas no pueden dar fruto si no están injertadas en la vid, los creyentes tampoco producen fruto espiritual si están separados de la unión vivificadora en Cristo. Como Él dijo en el versículo 5: “Separados de mí nada podéis hacer”...
            Cristo Jesús presentó esta analogía a sus discípulos en el aposento alto, la noche antes de su muerte. Era un momento de drama intenso. Uno de los doce hombres más cercanos a Él, Judas Iscariote, ya había salido para vender al Señor a las autoridades judías y poner en movimiento los sucesos que llevaron al arresto y asesinato de Jesús (13:26-30). El Señor y los otros once discípulos estaban a punto de salir del aposento alto para Getsemaní, donde Jesucristo agonizaría en oración al Padre y donde luego lo arrestarían...
            La verdad central que Él quería comunicar mediante esta simbología es la importancia de permanecer en Él (vv. 4-7, 9-10). En el sentido más básico, la permanencia o no de una persona en Cristo Jesús revela si es, o no, salvo (vv. 2, 6)...
            Debe anotarse que esta premisa simple y, al parecer, obvia rescata el texto de muchas malas interpretaciones innecesarias. Y es según el grado en que los redimidos permanezcan en Cristo que pueden dar fruto espiritual...
            Jesucristo, siempre narrador experto, tejió en su analogía todas las figuras clave de los eventos en aquella noche: Él es la vid, el Padre es el labrador, las ramas que permanecen ilustran a los once y a los otros discípulos verdaderos y las ramas que no permanecen describen a Judas y a todos los discípulos falsos como él. Una última vez, antes de su muerte, Jesús advertía sobre seguir el patrón de Judas. Retó a todos los que creían en Él a demostrar cuán auténtica era su fe mediante una fe duradera en Él...
 
1.- LA VID (15:1a, 5a):
Dicha a solo unas pocas horas de su muerte, esta es la última de las siete declaraciones “YO SOY” del Evangelio de Juan en las que se afirma la deidad de Cristo Jesús (6:35; 8:12; 10:7, 9, 11, 14; 11:25; 14:6; cp. 8:24, 28, 58; 13:19; 18:5-6)... Jesucristo, siendo Dios en carne humana, señaló hacia Él como la fuente de la vida, vitalidad, crecimiento y productividad espiritual...
            La figura es antigua pues el Antiguo Testamento (A.T.) retrata a Israel como la vid de Dios. En el Sal. 80:8 el salmista escribió: “Hiciste venir una vid de Egipto; echaste las naciones, y la plantaste”. Dios dijo a Israel por medio del profeta Jeremías: “Te planté de vid escogida, simiente verdadera toda ella” (Jer. 2:21). Israel era el canal mediante el cual las bendiciones del pacto de Dios fluían para el mundo. Pero Israel demostró ser una vid infiel e infructuosa. El A.T. lamenta el fracaso de Israel para producir buen fruto y advierte sobre el juicio inminente de Dios (Jer. 2:21) (Os. 10:1; cp. Is. 27: 2-6; Jer. 12:10-13; Ez. 15:1-8; 19:10-14; Is. 51:1-7)...
            La apostasía de Israel la convirtió en una vid vacía y la descalificó por largo tiempo como canal de las bendiciones divinas. Ahora esas bendiciones solo vienen por la unión con Jesucristo, la Vid verdadera...
            Alēthinos (“verdadera”) se refiere a lo que es real, no a un tipo (cp. He. 8:2; 9:24); a lo perfecto, diferenciado de lo imperfecto o a lo genuino a diferencia de lo falsificado (cp. 1 Ts. 1:9; 1 Jn. 5:20; Ap. 3:7, 14; 6:10; 19:11). Cristo Jesús es la Vid Verdadera en el mismo sentido en que es la Luz verdadera (Jn. 1:9), la revelación final y completa de la verdad espiritual y el Pan verdadero del cielo (Jn. 6:32), la fuente final y única del sustento espiritual.
            El remanente piadoso de Israel, donde había muchas «vides» en una «viña», se concentra ahora en una sola «vid» o «cepa», Jesucristo, en el que han de ser injertados (v. Ro. 6:5) todos los que hayan de salvarse por fe en Él. Esta «vid» no es producto espontáneo de nuestra tierra, sino que ha sido plantada en la «viña» por el «agricultor» (lit.), que es el Padre (comp. con 1 Co. 3:6–9).
 
2.- EL LABRADOR (15:1b):
            El que Cristo Jesús designara al Padre como el labrador mientras Él se asignaba el papel de la vid, en ninguna manera niega la deidad de Jesucristo y su igualdad completa con el Padre. Durante la encarnación, sin que disminuyera un ápice su deidad, Cristo Jesús asumió voluntariamente un papel subordinado al Padre. Más aún, la idea de la analogía no es definir la relación del Padre y el Hijo, sino enfatizar el cuidado del Padre por la vid y las ramas...
            Geōrgos (“labrador”) se refiere a quien labra la tierra; por lo tanto un granjero (2a. Ti. 2:6; Stg. 5:7) o un viñador (Mt. 21:33-35, 38, 40-41; Mr. 12:1-2, 7, 9). Jesucristo lo usó aquí en el último sentido. Además de plantar, fertilizar y regar la vid, el viñador tenía dos responsabilidades principales al cuidarla...
            Primera, cortaba las ramas que no daban fruto. Segunda, podaba las que daban fruto para que dieran más fruto. A estos dos tipos de ramas se dirige primordialmente el resto de la analogía del Señor...
 
3.- LAS RAMAS DE LA VID (15:2-11):
            Como ya se ha dicho, los dos tipos de ramas representan las dos clases de discípulos que profesan externamente adherencia a Jesús: las ramas auténticas que permanecen en Él y las que no...
 
3.-A. LAS BENDICIONES DE LAS RAMAS QUE PERMANECEN. (15:2b-5, 7-11):
            Hay tres marcas distintivas de las ramas verdaderas en esta analogía. Primera, producen fruto (vv. 2, 4-5, 8). Esta característica las separa más claramente de las ramas falsas (cp. vv. 2, 8). Segunda, también permanecen en el amor de Cristo Jesús (v. 9). Por último, funcionan en cooperación completa con la fuente de vida, guardan sus mandamientos siguiendo el ejemplo perfecto del Señor Jesucristo, quien siempre obedeció al Padre (v. 10). Jesús ya había dicho a quienes profesaban fe en Él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Jn. 8:31)...
            La obediencia prueba que el amor de una persona por Cristo Jesús es auténtico (Jn. 14:15, 21, 23), algo que Juan deja claro en su primera epístola: los creyentes confiesan sus pecados (1:9), los incrédulos los niegan (1:8, 10); los creyentes obedecen los mandamientos de Dios (2:3), los incrédulos, no (2:4); los creyentes viven en modelos de justicia (3:6), los incrédulos, no (3:9). Pero eso no quiere decir que quienes aman a Jesucristo siempre le obedecen a la perfección; hay ocasiones en que incurrimos en desobediencia y no permanecemos completamente en Cristo (1 Co. 3:1-3; Ap. 2:4; 1 Jn. 2:1-2)...
            El Padre tomará a todo aquel que lleva fruto y lo limpiará, para que lleve más fruto porque quiere que sea productivo espiritualmente… El Padre limpia las ramas verdaderas eliminando todo lo que debilite su energía espiritual y dificulte su perfecta fructificación. Su limpieza requiere extirpar cualquier cosa que limite la justicia, para lo cual contribuye la disciplina que viene de las dificultades, el sufrimiento y la persecución. Saber que el Padre usa el dolor que soportan los cristianos para finalmente beneficiarlos, elimina todo miedo, autocompasión y queja (He. 12:7-11; cp. 1 Co. 11:32)...
            En la sabiduría infinita del Padre y en su control absoluto de todas las circunstancias de la vida, hace que todas las cosas ayuden a bien de los que aman a Dios, “esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Ro. 8:28; cp. 5:3-5; Gn. 50:20; Dt. 8:16; 2 Co. 4:16-18; Stg. 1:2-4)...
            Las palabras del Señor enfatizan dos verdades importantes al respecto de la conducta espiritual: La primera, puesto que todos los creyentes verdaderos, los cuales permanecen en Cristo Jesús y Él en ellos, producirán fruto espiritual, no existe tal cosa como un cristiano infructuoso. Juan el Bautista retó a sus oyentes a dar “frutos dignos de arrepentimiento” (Mt. 3:8) y les advirtió que “todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego” (v. 10)...
            “Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:17-20). En Lucas 6:43 añadió: “No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto”...
            La segunda, los creyentes no pueden dar fruto por sí mismos, porque Él declaró tajantemente: Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros...
            Puede haber ocasiones en que los creyentes tengan deslices, cuando no sean fieles a su vida en Cristo Jesús . Pero las ramas verdaderas, por quienes fluye la vida de la vid, no pueden dejar de producir fruto a la larga (cp. Sal. 1:1-3; 92:12-14; Pr. 11:30; 12:12; Jer. 17:7-8; Mt. 13:23; Ro. 7:4; Gá. 5:22-23; Ef. 5:9; Fil. 1:11; Col. 1:10; Stg. 3:17)...
            Un error popular iguala el fruto con el éxito externo. Por ese estándar usual, se considera fructífera la religión externa, la justicia superficial, tener una iglesia grande, un ministerio popular o un programa exitoso. Pero la Biblia no iguala por ninguna parte el fruto con los resultados o el comportamiento externo, imitable por los hipócritas y engañadores, así como por los cultos y religiones no cristianas...
            En su lugar, las Escrituras definen el fruto en términos de calidad espiritual. Pablo recordó esto a los gálatas: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gá. 5:22-23). Tales rasgos a semejanza de Cristo son la marca de aquellos por quienes fluye su vida...
            La alabanza ofrecida a Dios también es fruto (He. 13:15; cp. Is. 57:19; Os. 14:2)...
            La Biblia dice también que el amor sacrificial para satisfacer las necesidades de los demás es fruto (Ro. 15:28; Fil. 4:17; Gá. 5:22)...
            También puede definirse el fruto en general como el comportamiento santo, justo y que honra a Dios. Tal conducta es un fruto digno de arrepentimiento (cp. Mt. 3:8), el fruto que produce la buena tierra (Mt. 13:23) de una vida transformada; “el fruto del Espíritu [que] es en toda bondad, justicia y verdad” (Ef. 5:9), los “frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Fil. 1:11), el “fruto apacible de justicia” (He. 12:11)...
            Por último, la Biblia define el fruto como los conversos al evangelio; no el fruto artificial de los “creyentes” superficiales, sino los discípulos auténticos que permanecen en la vid verdadera. Cristo Jesús dijo en referencia con los samaritanos que fueron a Él desde la villa de Sicar, muchos de los cuales creerían en Él para salvación (Jn. 4:39, 41)...
            Hay otra bendición que viene en esta promesa del Señor: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”. Esa promesa radical, que todo lo abarca, presupone que se satisfacen tres condiciones. Primera, la oración que Cristo Jesús promete responder es la que se hace en su nombre; esto es, consecuente con Él y con su voluntad de modo que puede manifestar su gloria al responderla.
            Cuando mantenemos comunión íntima con Jesucristo, y sus palabras controlan nuestra conducta, «todo lo que pidamos será hecho según queramos», porque siempre lo querremos de acuerdo con su voluntad al ser ella la norma de nuestra voluntad. Y, ¿qué más podemos desear, sino que se nos concedan las cosas que pedimos?…
            Cristo Jesús en el corazón del creyente es el que cumple los deseos del corazón del creyente, porque nuestros deseos serán los de Jesucristo, como la mente nuestra será la mente de Cristo (1 Co. 2:16b). Así es como las promesas de Dios estimulan nuestras plegarias, y las plegarias en comunión con el Señor y con los hermanos suben, rápidas y sin estorbo, al trono de la gracia (comp. con 1 P. 3:7b).
            Segunda, la promesa es solo para quienes permanecen en Jesucristo (quienes tienen unión permanente con Él). Dios no está obligado a responder las oraciones de los incrédulos, aunque puede decidir hacerlo si se ajusta a sus propósitos soberanos...
            La condición final es que las palabras de Cristo permanezcan en la persona que hace la petición. Palabras traduce la forma plural del sustantivo rhēma y se refiere a las palabras individuales de Cristo Jesús...
            La promesa de la oración respondida solo se da para aquellos cuyas vidas están controladas por los mandamientos específicos de la Palabra de Dios (cp. Sal. 37:4). De otra parte, tanto el Sal. 66:18 como Stgo. 4:3 advierten que a quienes están controlados por los deseos egoístas y pecaminosos, no se les responderán las oraciones...
            Las ramas verdaderas también tienen el privilegio de vivir glorificando a Dios. Jesucristo dijo a los discípulos: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”. El tema más grande del Universo es la gloria de Dios; llevar una vida que dé gloria a Dios es el privilegio y deber más grande del creyente. Solo quienes están en unión con Cristo Jesús pueden glorificar a Dios (Ro. 15:18; cp. 1 Co. 15:10; Gá. 2:20; Col. 1:29)...
            Así como Él guardó los mandamientos del Padre y permanece en su amor. La obediencia en justicia es la clave para experimentar la bendición de Dios...
            La bendición suprema, a la cual contribuyen todas las otras, es el gozo completo. El Señor prometió impartir a los creyentes su gozo; el gozo que comparte en la comunión íntima con el Padre. Jesús dijo a los once: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido”. El Señor prometió que su propia alegría permanecería y controlaría la vida de quienes caminan en comunión con Él.
            Un pámpano permanece en la vid tomando toda su vida y alimento de la vid. Así permanecemos en Cristo Jesús, pasando tiempo en oración, leyendo y obedeciendo Su Palabra, en comunión con Su pueblo, y siendo continuamente conscientes de nuestra unión con Él…
            A veces oramos: «Señor, ayúdame a vivir mi vida para ti». Mejor sería orar: «Señor Jesús, vive Tú tu vida por medio de mí». Separados de Cristo Jesús, nada podemos hacer
            Permanecer es el secreto de la vida de oración de éxito. Cuanto más cerca permanecemos del Señor, tanto más aprenderemos a pensar Sus pensamientos en pos de Él. Cuanto más le conozcamos por medio de Su Palabra, tanto más comprenderemos Su voluntad. Cuanto más nuestra voluntad concuerde con la Suya, tanto más podremos estar seguro de que nuestras oraciones sean contestadas.
 
3.-B. LA QUEMA DE LAS RAMAS QUE NO PERMANECEN (15:2a, 6):
            Un destino muy diferente aguarda a toda rama que no lleva fruto. El labrador cortará las ramas secas, marchitas y sin vida porque van en detrimento de la salud de la vid. En la analogía del Señor, el labrador (el Padre) desprende las ramas falsas y no regeneradas de su unión superficial a la vid y las echa fuera...
            Aquí la referencia no es a verdaderos cristianos que pierden la salvación, como algunos imaginan, ni a los cristianos auténticos pero que no dan fruto (una imposibilidad, como hemos visto). El hecho de que estas ramas no den fruto indica que son discípulos falsos e incrédulos pues, como dijimos con anterioridad, todos los cristianos verdaderos dan fruto. Más aún, Jesús prometió que Él no arrojaría a ningún discípulo verdadero: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Jn. 6:37)...
            Tales personas estarán siempre presentes con la Iglesia verdadera. El Nuevo Testamento las describe como cizaña en medio del trigo (Mt. 13:25-30); malos pescados que deben echarse fuera (Mt. 13:48); cabras condenadas al castigo eterno (Mt. 25:33, 41); los que se quedan fuera cuando el padre de familia cierra la puerta (Lc. 13:25-27); las vírgenes insensatas a quienes expulsan de la fiesta de bodas (Mt. 25:1-12); apóstatas que a la larga dejan la comunidad de los creyentes (1 Jn. 2:19) y manifiestan un corazón malo e incrédulo al abandonar al Dios vivo (He. 3:12),...
            Quienes continúan pecando voluntariamente después de recibir el conocimiento de la verdad (He. 10:26) y caen de la verdad a la destrucción eterna (He. 10:39). Aunque ellos crean estar de camino al cielo, en realidad están en el camino ancho que lleva al infierno (Mt. 7:13-14)...
            El destino final que espera a las ramas falsas es que serán echadas fuera, en el fuego, y arderán. En Mt. 13:49-50, Cristo Jesús advirtió: “Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (cp. Mt. 3:10-12; 7:19; 25:41; Mr. 9:43-48; Lc. 3:17)...
            Cuando protesten angustiados “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” (Mt. 7:22); provocarán la perturbadora respuesta del Señor: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (v. 23).
 
CONCLUSIÓN:
            El pronunciamiento aleccionador del Señor sobre Judas se aplica a todos los discípulos falsos: “¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido” (Mt. 26:24). En palabras de Pedro:
Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santomandamiento que les fue dado”  (2 P. 2:20- 21).
            El sufrimiento es solamente el mango del cuchillo del Padre; la hoja es la Palabra de Dios. Jesús dijo a los once discípulos: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”...
            Ese mismo evangelio se encuentra hoy en las Escrituras, “la palabra de Cristo” (Col. 3:16). La Palabra es instrumental en la limpieza inicial y la salvación del creyente (cp. Ro. 1:16); además los purga, poda y limpia.
 
BIBLIOGRAFÍA:
1.- DEVOCIONAL “TODA LA BIBLIA EN UN AÑO”. John Stott. Edit. Certeza.
2.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO (Evangelio de Juan). John Mac Arthur . Edit. PORTAVOZ.
3. - COMENTARIO BÍBLICO. William Mac Donald. Edit. CLIE.

4.- COMENTARIO EXEGÉTICO DEVOCIONAL A TODA LA BIBLIA. (Evangelio de Juan). Mathew Henry. Edit. CLIE.


print
  Comentarios

Sin comentarios.

Sólo usuarios registrados en el sitio pueden ingresar comentarios. Si Usted aún no se encuentra registrado puede hacerlo ahora haciendo click aquí.

Iglesia Jesucristo Rey - Dean Funes 1080 - Córdoba - (5000) - Argentina - Tel. +54 (351) 422-0865