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NO ESTAMOS SOLOS - Juan 16:1-11

Autor: Ricardo Martinez
Publicado: 29/oct/2017
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

INTRODUCCIÓN

Tal como se viene reiterando a través de los distintos mensajes sobre esta serie, en el pasaje que consideraremos hoy, El Señor Jesús continúa hablando en el que se denomina, el discurso del Aposento Alto (Jn. 13 -17).
En los capítulos 14 (vs.15-17 y 25-26), 15 (vs. 26-27), y en el capítulo16 (vs. 7-15) sobre el cual hoy vamos a meditar, entre todos los temas tratados, hay uno que es predominante: es el tema del Ministerio del Espíritu Santo.
Ahora bien, insertada entre los versículos 26 y 27 del capítulo 15 y los versículos 4 al 15 del capítulo 16, podemos encontrar una advertencia de las persecuciones que los discípulos del Señor podrían enfrentar en su vida y ministerio.
Como dijimos, el tema de la persecución, introducido por Jesús en 15:18-25, continúa en el comienzo del capítulo 16. Pero, como lo hizo anteriormente (v. 26-27), el Señor recordó rápidamente a los discípulos que no enfrentarían solos la hostilidad del mundo. Sus testigos ante el mundo NO ESTARÍAN SOLOS, estarían acompañados y recibirían poder del Espíritu Santo.
 
 El Espíritu confrontaría al mundo; no solo daría testimonio de Jesús, también convencería a los pecadores de la verdadera condición en sus corazones.
Los discípulos podían seguir confiados, sabiendo que aunque el sistema del mundo siempre se les opondría, muchas personas de ese sistema se liberarían de la oscuridad y serían transferidas al reino de la luz (Col.1:13), porque el Consolador estaba con ellos.
 
Aunque el contenido de esta sección es semejante al del capítulo 15, hay una diferencia sutil en el énfasis. En el capítulo 15, Jesús dio instrucciones a los discípulos sobre qué hacer (p. ej., vv. 4, 9-10, 12, 14,
17-20). Pero en el capítulo 16 se centró en qué haría Dios por ellos ante el espíritu de odio y persecución del mundo que rechaza a Cristo, a través del poder del Espíritu Santo que habita en ellos (p. ej., vv. 1-4, 7,13-15).
 
Como se nos enseñó el fin de semana pasado, la misión del Espíritu Santo y los creyentes es dar testimonio de Jesús (15:26-27). El Espíritu testifica a los creyentes que el evangelio es verdad (1 Jn. 2:20-21, 27; cp. 14:26; 16:13-14) y les da poder para proclamarlo al mundo (Hch. 1:8).
Aunque Dios usa a los cristianos para proclamar el evangelio, solo el Espíritu Santo puede redimir a los pecadores perdidos (Tit. 3:5). Solo Él puede convencer a los incrédulos de su pecado y necesidad del Salvador.
 
En estos versículos, Jesús advirtió a los discípulos que enfrentarían conflictos con el mundo. Pero les consoló con la venida prometida del Espíritu Santo y les explicó que el Espíritu los consolaría, fortalecería y ayudaría, pero también obraría en los incrédulos para convencerlos de pecado.
 
Existen varias formas de dividir el pasaje para su estudio, yo lo he dividido en dos secciones:
 
 
I.  LA PRESENCIA DEL ESPÍRITU SANTO EN LAS CONSECUENCIAS DE LA VIDA Y MISIÓN DEL DISCÍPULO DE CRISTO. (V. 1-7)
 
La hostilidad del mundo sería de ahí en adelante constante para los discípulos como lo era para el Señor. Es por eso que les habla estas palabras a sus discípulos para prevenirlos y así pudieran evitar un “tropiezo”.
Aquí el término “tropiezo” hace referencia, en un sentido figurado, a los discípulos que han bajado la guardia, como el animal distraído que cae en una trampa. Si el Señor no les hubiera advertido de la persecución que enfrentarían, los discípulos podrían haberse sentido sorprendidos, desalentados y desilusionados con su Señor y su fe verse debilitada.
 
Los sucesos que tuvieron lugar después en esa noche mostraron cuán oportuna fue la advertencia del Señor. A pesar de que Jesús dijo a los discípulos que esperaran persecuciones, ellos se amedrentaron a la primera señal de una; aunque no estuviera dirigida a ellos sino a Él.
A pesar de que el Señor les había dado los recursos necesarios para estar firmes y no tropezar, incluidas estas advertencias, cuando vino el momento de la verdad, cedieron a la presión y huyeron.
 
El Señor continuó y les describió específicamente DOS tipos de persecuciones que enfrentarían de parte de los líderes judíos en su intento de frenar el avance del cristianismo y aun de eliminarlo:
 
  • Serían expulsados de las sinagogas. (Los judíos que se hicieran discípulos de Jesús) Esto significaba mucho más que prohibirles la asistencia a los servicios religiosos. A quienes excomulgaban de la sinagoga, les cortaban todos los aspectos religiosos, sociales y económicos de la sociedad judía. Se les catalogaba de traidores a su pueblo y a su Dios, eran visto como peores que paganos, y enfrentaban la consecuencia probable de perder su familia y su trabajo. No sorprende, pues, que perder la sinagoga produjera gran temor (cp. 9:22; 12:42).
 
  • Pagarían con sus vidas. Si parecía que lo anterior era mucho, en contraste no sería nada en comparación con esto, es decir, la muerte. Muchos seguidores de Jesús enfrentarían una persecución intensa, serían ridiculizados, acosados, golpeados, arrestados, martirizados, pagando incluso el precio final: dar su vida como mártires (testigos).
Es una ironía que los enemigos del Señor piensen a veces que al matar cristianos rinden un servicio a Dios.
Esto es cierto en la actualidad en muchos lugares del mundo, especialmente en los países controlados por musulmanes, donde en nombre de Alá se ejerce una oposición violenta al cristianismo (ISIS). También en países ultra comunistas como Corea del Norte.
 
            ¿Por qué hacen esto? Porque no conocen al Padre. Lejos de servir a Dios, estas personas no conocen en absoluto al Dios verdadero. Ninguno que odia a Jesucristo o sus discípulos (1º Jn. 4:20; 5:1) conoce al Padre (Jn.8:19; 1º Jn. 3:1; cp. Jn. 5:23; 14:7; 15:21). No conocer a Dios es ignorancia voluntaria e inexcusable (Ro. 1:18-32), y los que la manifiestan no tienen vida eterna (cp. Ro. 10:2-3).
 
            Al principio, Jesús no necesitó advertir con esto a los discípulos porque Él estaba con ellos. No solo los protegió el Señor durante su ministerio, también sufrió ÉL los ataques del mundo. Pero ahora que su muerte estaba a unas cuantas horas, quedarían los discípulos para enfrentarse a toda la furia del odio del mundo. Esa realidad fue la causa de esta advertencia explícita.
 
            Como ya vimos ampliamente en el cap. 15 y ahora en el 16, el destino de los creyentes, discípulos del Cristo, es ser odiados por el mundo (sistema caído y perverso que se opone y rechaza a Dios, son personas no regeneradas y controladas por satanás). Basta con iniciar una vida cristiana y responsable bajo los principios bíblicos, para ganarse de una manera u otra, la oposición, el rechazo, la crítica y el odio de muchas personas, muchas veces de la misma familia. Aún en ocasiones, hasta en la misma iglesia no faltan quienes creen servir a Dios pero con sus actos muestran que en realidad son del mundo.
 
            ** La tristeza llenó el corazón de los discípulos por lo que habían escuchado. Otra vez sus pensamientos se enfocaron únicamente en lo que significaría para ellos en términos de pérdida, la muerte del Señor, y no en lo que significaba ese momento para el Señor.
 
            De todas formas ellos no quedarían sin ayuda y consolación. El Señor los anima diciéndoles que enviaría el principal Recurso que Dios provee, el Espíritu Santo para que fuese su Consolador.
 
 Les convenía a los discípulos que el Señor “se fuera”, porque si no el Consolador no vendría a ellos. El Consolador no iba a venir hasta que el Señor Jesús regresase al cielo y fuese glorificado. Más si el Señor se iba, el Espíritu Santo daría fuerzas, valor, y consuelo. Les daría la vida eterna (7:37-39), habitaría con ellos y estaría en ellos (14:16-17), les enseñaría (14:26) y por medio de ellos a todos los creyentes, les daría poder en el testimonio (15:26-27), y les haría a Cristo más real que lo que jamás hubiese sido.
Naturalmente, el Espíritu Santo había estado ya antes en el mundo, pero iba a volver de una forma nueva para ministrar a los redimidos y para convencer al mundo.
 
No se puede vivir cristianamente sin el Espíritu Santo. La Palabra del Señor dice que debemos “vivir según el Espíritu” (Gál. 5:16) también que debemos ser llenos del Espíritu (Ef. 5:18). Pues es el Espíritu Santo el que nos guía, nos da la fortaleza, el valor y la capacidad para resistir firmes ante las dificultades y/o persecuciones.
Quizás no hemos sufrido a causa de nuestra fe, quizás sí. Quizás no lo hagamos nunca (aunque dudo eso de un verdadero cristiano) o quizás padezcamos en un futuro, no lo sé. Pero lo que sí sé es que nunca estaremos solos, Dios en la persona del Espíritu Santo estará siempre CON NOSOTROS Y EN NOSOTROS, o nos libra, o nos da la capacidad y la fortaleza para resistir firmes en la fe. Aleluya!!
 
 
II. LA PRESENCIA DEL ESPÍRITU SANTO EN EL RESULTADO DE LA MISIÓN DEL DISCÍPULO DE CRISTO. (V. 8-11)
 
            El Espíritu Santo no ministra solo a los creyentes, también lo hace al mundo perdido. El ministerio de convicción por el Espíritu es muy positivo. Su objetivo es llevar a los pecadores al conocimiento salvador de Jesucristo.
           
La Biblia enseña que, por naturaleza, todas las personas son rebeldes a Dios y hostiles a Jesucristo. Están “muertos en [sus] delitos y pecados” (Ef. 2:1), son “por naturaleza hijos de ira” (v. 3). Tienen “el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza” (Ef. 4:18-19). Son “enemigos en [su] mente, [hacen] malas obras” (Col. 1:21); están cegados por satanás de modo que no pueden entender la verdad espiritual (2 Co. 4:4; cp. Lc. 8:5,12).
           
En Juan 6:44 Jesús declaró: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere”. De modo que Nadie puede salvarse sin la obra regeneradora y de convencimiento del Espíritu.
            El ministerio del Espíritu Santo es penetrar los corazones en pecado, y llevarlos, por medio de la fe salvadora en el Señor Jesucristo, a la comunión con Dios.
 
            El principio del ministerio de salvación del Espíritu Santo a los perdidos se revela en la palabra convencerá. La palabra puede describir la convicción en sentido judicial, como cuando un delincuente es convicto por sus actos delictivos (véase su uso en Stg. 2:9 y Jud. 15). Pero en este contexto, la palabra probablemente se refiera más al convencimiento de la realidad del pecado y la necesidad de salvación en Cristo (cp. 1 Co. 14:24).
            El Señor Jesús dijo que el Espíritu Santo convencerá al mundo de tres cosas; De pecado, de justicia y de juicio.
 
ü De pecado.Aquí la palabra pecado (en singular), no se refiere al pecado en general, sino específicamente al pecado de negarse a creer en Jesucristo. Claro que hay otros pecados graves, pero este es el pecado  que finalmente condena a las personas (Jn. 3:18), pues todos los otros pecados se perdonan cuando las personas creen en Él para salvación (Mt. 12:31-32). La Obra del Espíritu Santo comienza en este punto, en el hecho de convencerlos de su rebelión en contra de Dios.
Sin este ministerio del Espíritu Santo, los incrédulos nunca verán con claridad la gravedad de su condición espiritual ante Dios, ni sentirán el agobiante peso de esa actitud de rebeldía ante el Señor.
 
ü De Justicia. Aquí la justicia es la perteneciente por naturaleza a Jesucristo como Hijo de Dios. El Espíritu no solo convence a los incrédulos de su pecado, también los convence de su necesidad de tener la justicia perfecta de Cristo (cp. Mt.5:20, 48).
 
Cuando el pecador no arrepentido compara su impiedad con la santidad de Cristo sin pecado, sus pecados se ven más claramente como lo detestable que son. Y el pecador se enfrenta cara a cara con la imposibilidad de la salvación por algún esfuerzo, obra o logro de su parte.
 
El mundo, representado por los judíos, iba a crucificar a Jesús. Iba a decir, “debe morir” (19:7); por ello, en el nombre de la justiciaiba a darle muerte. Proclamaba en voz alta que él era injusto. Lo trataba como malhechor (18:30). Pero la verdad era precisamente lo contrario. Aunque el mundo lo rechazó, el Padre lo recibió. Cuando el Padre “le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Fil. 2:9), Él mismo dio testimonio de la justicia de Cristo.
 
Quienes atienden el testimonio de Cristo sobre su completo pecado, la justicia perfecta de Cristo y responden al evangelio con fe auténtica, se visten instantáneamente con su justicia. De modo que Dios justifica a los pecadores cuando contabiliza el pago de sus pecados en la muerte de Cristo y la justicia de Cristo se les atribuye o imputa solo por su gracia.
 
ü De juicio. Los juicios del mundo son erróneos y malos, como quedó claramente demostrado por su rechazo del Hijo de Dios. Pero mientras el mundo es incapaz de juzgar con justicia (cp. 7:24), el Espíritu sí puede. Él convence al mundo de su falsa valoración de Jesucristo.
 
El príncipe de este mundo es Satanás (12:31; 14:30; 1 Jn. 5:19). Él ha sido ya juzgado y expulsado del cielo, junto con el resto de los ángeles que se rebelaron con él (Ap. 12:7-9; cp. Lc. 10:18). Fue derrotado por completo en la cruz (Col. 2:15; He. 2:14; 1 Jn. 3:8), cuando lo que parecía ser su momento de triunfo, en realidad era la hora de su perdición, pues al condenar a Cristo se condenó a sí mismo.
 
Aunque Satanás ya está derrotado y juzgado, la sentencia final en su contra solo se ejecutará al final de los tiempos (Ap. 20:10). Mientras tanto, va como el dios de este siglo, en busca de almas para apresar y devorar.
 
Solo hay dos respuestas posibles a la obra de convencimiento del Espíritu: el arrepentimiento o el rechazo.
 
* Para quienes rechacen la convicción del Espíritu, el fin de ellos será que “sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Ts. 1:9).
La advertencia aleccionadora para quienes aceptan el sistema del mundo es que si su príncipe no escapará al juicio, tampoco lo harán ellos, a menos que se arrepientan. El destino del diablo garantiza el juicio de todos los pecadores que no se arrepientan.
 
* Quienes se arrepientan cuando el Espíritu los convenza pasarán la eternidad en gloria y alegría celestiales e inexpresables. Pero en esta vida seguramente enfrentarán pruebas de persecución pero sin el abandono fatal del Señor  porque “mayor es el que está en [ellos], que el que está en el mundo” (1 Jn. 4:4). Aleluya!
 
 
CONCLUSIÓN
 
En cuanto a la vida y misión del discípulo, el Señor nunca alimenta falsas esperanzas, no lo hizo con sus primeros discípulos, tampoco lo hace ahora. Cristo no ofrece un camino de comodidad y facilidad como algunos seudos predicadores a veces pregonan, sino uno difícil y duro. Ahora, aunque la puerta es pequeña y el camino angosto (Mt. 7:13-14), no es un camino imposible, y bien vale la pena andar por él, pues solo este camino “lleva a la vida” y a la gloria eterna.
 
El Apóstol Pablo escribió, en medio de sus múltiples pruebas, “porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co. 4:17 RV 60).
 
Como dijimos anteriormente, quizás no hemos sufrido a causa de nuestra fe, quizás sí. Quizás no lo hagamos nunca (aunque dudo eso de un verdadero cristiano) o quizás padezcamos en un futuro, no lo sé. Pero lo que sí sé es que nunca estaremos solos, Dios en la persona del Espíritu Santo estará siempre CON NOSOTROS Y EN NOSOTROS, o nos libra, o nos da la capacidad y la fortaleza para resistir firmes en la fe ante las dificultades o persecuciones que pudieran venir. Aleluya!!
 
En cuanto al resultado de la misión del discípulo (Mt. 28:18-20), es evidente que a través de la predicación del Evangelio, el Espíritu Santo tiene una enorme tarea y que humanamente es imposible, convencer al mundo del error de su pensar y actuar.
 
El discípulo del Señor tiene la gran responsabilidad de anunciar las buenas noticias de salvación, pero no sobre la convicción del pecador porque esa es la tarea del maravilloso Espíritu Santo.
 
Por eso el “éxito” del discípulo está en poder dar testimonio y comunicar el Evangelio de Jesucristo dejando el resultado al ministerio del Espíritu Santo.   
 
¡No estamos solos! “¿Qué más podemos decir? Que si Dios está a nuestro favor, nadie podrá estar en contra de nosotros”. Ro. 8:31 RVC
 
¡Gloria a Nuestro Dios!              

                                                                        
Ricardo A. Martínez
 
 
 

BIBLIOGRAFÍA: 

 

COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO – EVANGELIO DE JUAN – Editorial Portavoz.
COMENTARIO BÍBLICO MUNDO HISPANO A. y N. Testamento – Evangelio de Juan - Editorial Mundo Hispano
COMENTARIO BÍBLICO. William Mac Donald - Editorial Clie.

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