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EL GOZO CRISTIANO POR EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO - Juan 16:16-24

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 19/nov/2017
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

 INTRODUCCIÓN

            La tristeza les llenaba el corazón a los discípulos (v. 6) y les incapacitaba para recibir palabras de consuelo. Las equivocaciones suelen causar pesar, y el pesar, a su vez, confirma las equivocaciones. La noción de un reinado temporal del Mesías, un reinado político, glorioso, inminente, estaba muy arraigada en ellos...

            Cuando un creyente, o toda una denominación cristiana, tienen prejuicios teológicos de cualquier signo y se empeña en que la Biblia esté de acuerdo con las falsas ideas que se han aprendido no es extraño que resulte difícil entender las Escrituras. En cambio, cuando nuestros razonamientos se rinden cautivos a la revelación divina (comp. con 2a. Co. 10:5), el tema se hace fácil. (3)
 
            La mayoría de las personas puede soportar una prueba si pueden ver el final. La falta de esperanza es la agonía última del sufrimiento, pues “la esperanza que se demora es tormento del corazón” (Pr. 13:12). Job se lamentaba así en medio de sus pruebas: “Y mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor, y fenecieron sin esperanza”
            “¿Dónde, pues, estará ahora mi esperanza? Y mi esperanza, ¿quién la verá?… Me arruinó por todos lados, y perezco; y ha hecho pasar mi esperanza como árbol arrancado” (Job 7:6; 17:15; 19:10). Durante un tiempo de gran agitación personal, el salmista retó a su corazón con estas palabras: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (Sal. 42:5; cp. Sal. 86:17; 119:76).
 
            Dios “consuela [a los suyos] en todas [sus] tribulaciones” porque es “Dios de toda consolación” (2a. Co. 1:3-4; cp. Sal. 23:4; 119:50, 52; Is. 12:1; 40:1; 49:13; 51:3, 12; 61:2; 66:13; Mt. 5:4; Hch. 9:31). Dios consuela a sus hijos deprimidos (2a. Co. 7:6) cuando afirma que su sufrimiento es para crecimiento espiritual y para asegurarles que su tristeza solo será temporal...
            Pr. 23:18 promete: “Porque ciertamente hay fin y tu esperanza no será cortada” (cp. 24:14). Tales promesas al final señalan al cielo. Aunque esta vida pueda estar llena de pruebas, los creyentes pueden esperar con confianza el descanso eterno que les espera después de la muerte (Ap. 2:1-4; cp. He. 4:9-11).
 
            A pesar de los múltiples sufrimientos padecidos por Pablo (2a. Co. 11:23-28), él expresó su perspectiva esperanzadora con estas palabras: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”(2a. Co. 4:17; cp. 1a. Ti. 4:8-10)…
            Jesucristo, debido a su amor perfecto hacia los discípulos (13:1), desprovisto de egoísmo (cp. Fil. 2:3-8), pasó gran parte de su última noche con los discípulos consolándoles en su tristeza (cp. 14:1, 18-19, 27; 15:11). En realidad, ellos debían haberlo consolado a Él pues enfrentaba la prueba de la Cruz, ahora a solo unas pocas horas. También debían haberse alegrado con Él, pues regresaba a su lugar de gloria a la diestra del Padre (Hch. 2:32-33; 5:31; 7:55-56; Ro. 8:34; Ef. 1:20; Col. 3:1; He. 1:3; 8:1; 10:12; 12:2; 1a. P. 3:22)…
            Por supuesto, debían haberlo sabido. En múltiples ocasiones Cristo Jesús les había dicho que moriría y se levantaría de nuevo (Mt. 12:39-40; 16:21; 20:19; Mr. 8:31; 9:31; Lc. 9:22; 18:33; Jn. 2:18-22)…
            Aunque habían oído sus predicciones repetidas (de su muerte y resurrección), los discípulos no estaban listos cuando el momento de la Pasión de Cristo llegó de verdad. Así, cuando llegaba el final de la noche, Jesucristo volvió a hablar palabras de consuelo a los discípulos. Les aseguró que su tristeza sería corta, predijo que pronto los volvería a ver...
            Cuando reaccionaron a esa predicción con perplejidad e incomprensión, Cristo Jesús ilustró su mensaje con una parábola. Entonces Jesucristo cerró la sección prometiendo a los discípulos plenitud de gozo…
 
 
1.- LA PREDICCIÓN DEL SEÑOR (16:16)

            La clave para entender esta declaración está en interpretar correctamente los dos usos de la frase todavía un poco. Esa frase la encontramos antes en el Ev. de Juan y hace referencia al tiempo que quedaba hasta la partida de Jesucristo, ya fueran varios meses (7:33) o varios días (12:35). La primera referencia en este versículo apunta a los sucesos que ocurrían por la muerte de Cristo Jesús, que no culminaría en su ascensión. Después de un período breve, los discípulos no lo verían…
            Algunos lo ven como una referencia a la segunda venida, una conexión de la referencia del inicio de los dolores de una madre en un parto (v. 21) con su referencia a las contracciones que precederán su regreso (Mt. 24:8)…
            Otros creen que el segundo uso de todavía un poco señala los tres días entre su muerte y resurrección (quienes sostienen esta perspectiva limitan el primer uso de todavía un poco a la muerte de Jesucristo en la Cruz)…
            Parece más preciso ver esta promesa del Señor como una referencia a la venida de su Espíritu en el día de Pentecostés (cp. 14:16-17, 26; 15:26; 16:7, 13). Después de lograr la obra de redención y de haber ascendido al Cielo, Cristo Jesús envió su Espíritu para que estuviera con los discípulos (cp. 15:26 y la exposición de 16:5-7 en el capítulo 58 de esta obra). Jesucristo vino a ellos mediante el ministerio del Espíritu Santo, quien es el “Espíritu de Cristo” (Ro. 8:9; cp. Gá. 4:6; Fil. 1:19; 1a. P. 1:11) y revela a Jesucristo (Jn. 16:13-15)...
            La presencia del Señor con su pueblo por medio del Espíritu Santo es permanente, como lo indica su promesa: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días” (Mt. 28:20). El envío del Espíritu Santo ocurriría después de que Cristo hubiera ascendido a la diestra del Padre; fue, dijo Él, “porque [Él iba] al Padre” (v. 17). Esto argumenta a favor de esta perspectiva. (2)
            La crucifixión, la resurrección y el derramamiento del Espíritu Santo nunca deben separarse... El Calvario no tiene significado aparte de la Resurrección, y la Resurrección no tiene valor aparte de Pentecostés, que a su vez apunta hacia la venida en el último día...
Teniendo todo esto presente parafrasearíamos el versículo 16 así:
Todavía un poco—unas pocas horas más—, y me separaré de vosotros, porque se me dará muerte y seré sepultado. Por ello, ya no me veréis más. Pero no me quedaré lejos de vosotros. Por la resurrección gloriosa del tercer día, iniciaré la dispensación del Espíritu. Me veréis en y por medio de las poderosas obras que él realizará en la tierra”.
 
 
 
2.- LA PERPLEJIDAD DE LOS DISCÍPULOS (16:17-19)

            Ellos habían tenido un momento difícil entendiendo que Cristo Jesús estaba a punto de morir. Sus palabras (“Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis”) los dejó completamente desconcertados. La declaración del Señor “Porque yo voy al Padre” parecía contradictoria e incrementó la confusión en ellos (cp. vv. 5, 10, 7:33; 14:12, 28)...
            Frederic Louis Godet, comentarista suizo del siglo XIX, resumió bien la perplejidad de los discípulos: “Donde es claro para todos nosotros, para todos ellos era misterioso. Si Jesús desea fundar el reino mesiánico, ¿por qué se va? Si no lo desea, ¿por qué regresa?”
            El Señor tomó la iniciativa y consoló a los discípulos respondiendo sus preguntas no formuladas. Su acción recuerda las palabras de Dios por medio del profeta Isaías: “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído” (Is. 65:24). (2)
            Véase primero por qué les dio esta explicación: porque «conoció que querían preguntarle» (v. 19). Hemos de llevar al Señor los nudos que no acertamos a desatar. No hemos de avergonzarnos en preguntarle cualquier cosa, pues, aun cuando a los hombres les parezcan a veces necias nuestras preguntas, el Señor nos conoce bien y no desprecia nuestra ignorancia, sino que tiene solamente en cuenta nuestra sinceridad...
            Vemos también que Cristo Jesús está presto a enseñar e instruir incluso a los que no se atreven a preguntarle. Los humildes, los que son conscientes de su ignorancia e insuficiencia, están en las mejores condiciones para aprender del Señor, pues sólo el que cree que sabe algo, es el que se cierra a sí mismo la puerta de un mayor conocimiento, pues «aún no ha aprendido nada como se debe conocer» (1a. Co. 8:2). Nos parece oír aquí aquello del filósofo Sócrates: «Sólo sé que nada sé». (3)
 
 
3. LA PARÁBOLA ILUSTRATIVA (16:20-22)

            Mientras la alegría del mundo por la muerte de Jesucristo se volvería consternación, la situación de los discípulos sería completamente opuesta. Cristo Jesús les aseguró: “Vuestra tristeza se convertirá en gozo”. El Señor no estaba diciendo que el suceso que producía la tristeza sería remplazado por uno cuyo resultado fuera gozo; más bien, el mismo suceso (la cruz) que les producía dolor sería la causa de su gozo...
            Las tinieblas oscuras de la tristeza y el dolor arrojadas por la Cruz huirían ante la luz brillante y gloriosa de la resurrección y la venida del Espíritu en el día de Pentecostés (Hch. 2:4-47). Esa luz llevaría también a los discípulos a ver la Cruz desde la perspectiva apropiada, haciéndola la fuente inagotable de gozo para ellos (cp. v. 22; Hch. 13:52)...
            Como dijo Pablo con alegría: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gá. 6:14). La Cruz es fundamental para la alegría cristiana porque es la base de la redención
            En los vv. 16 y 19 Jesús dijo que los discípulos lo verían; aquí les dijo que Él los vería. Su conocimiento de los creyentes es más importante y fundamental para que ellos lo conozcan a Él. Pablo escribió: “Conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios” (Gá. 4:9)…
            La alegría de los discípulos, producida por el Espíritu (Gá. 5:22; cp. Ro. 14:17; 1a. Ts. 1:6), sería permanente. Nada puede deshacer las obras de la Gracia en las vidas de los creyentes, realizadas mediante el poder de la Cruz. (2)
            Hay quienes entienden esto como si se tratara del gozo eterno después de la resurrección de los justos, ya que nuestros gozos en este mundo están expuestos a ser robados por cientos de accidentes, mientras que los del Cielo son incorruptibles e inmarcesibles. Pero, como se ve más adelante, ha de entenderse del gozo espiritual de los que han nacido de arriba y están santificados por el Espíritu Santo. No se les puede robar el gozo auténtico, porque nadie les puede separar del amor de Cristo Jesús y, por tanto, del tesoro que tienen reservado en los cielos (Mt. 6:20; 1a. P. 1:4b). (3)
 
 
4.- LA PROMESA BENDITA (16:23-24)

            El día en que los discípulos vean al Señor de nuevo (v. 23) y su tristeza se vuelva en gozo, no preguntarán nada. Eso sugiere aún más que el día no puede ser la resurrección (véase la explicación anterior del v. 16). Sin duda, los discípulos hicieron muchas preguntas durante los cuarenta días entre la resurrección y la ascensión, días en los cuales el Señor estuvo “hablándoles acerca del reino de Dios” (Hch. 1:3; una de las preguntas la encontramos en el v. 6). Pero después de la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, no volverían a preguntar a Jesucristo...
            Obviamente, Cristo Jesús, habiendo ascendido al Cielo, no estaría presente para que le preguntaran. Pero, algo más importante, los discípulos tendrían al Espíritu Santo en ellos como residente y maestro de la verdad. Jesucristo acababa de decirles: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (v. 13; cp. 14:26). Juan escribió también en su primera epístola (1a. Jn. 2:20, 27)…
            Orar en el nombre de Jesucristo no es usar su nombre como fórmula, cual ritual clavado al final de la oración para asegurar su éxito. Más bien, es orar por lo que es conforme con Cristo Jesús y su Voluntad, afirmar la dependencia total de Él para suplir todas las necesidades, con la meta de glorificarlo en la respuesta. Tal oración era nueva para los discípulos, quienes hasta ese momento no habían pedido nada en el nombre de Jesús
            La oración respondida, con base en la obra terminada de Jesucristo y el surgimiento de la vida obediente (15:10-11), es una fuerza poderosa para convertir la tristeza en gozo. (2)
 
 
CONCLUSIÓN

            La tristeza en este mundo del creyente sólo dura unos momentos. Los discípulos se alegrarán cuando vuelvan a ver al Señor. Su resurrección fue vida de entre los muertos no sólo para Él mismo, sino también para los discípulos, pues el duelo y el lamento por la muerte de Cristo Jesús se trocó en gozo indescriptible (v. 1a. P. 1:18) e indestructible: «como entristecidos, mas siempre gozosos» (2 Co. 6:10). (3)
            Debemos buscar mantener una plena comunión con el Espíritu Santo de Dios a quien Dios Padre nos lo ha enviado para nuestra fortaleza y consuelo. Su presencia en nuestros corazones solo puede ser deteriorada por el pecado en nuestra vida que no ha sido confesado ni tratado en la presencia de nuestro Dios. Su santa presencia es la que nos ayuda en nuestra debilidad para no tan solamente llenarnos de sus frutos como este gozo inefable sino para evitar una vida de pecado.
 
¡S.D.G!
 

 
 

BIBLIOGRAFÍA

 

1.- DEVOCIONAL “TODA LA BIBLIA EN UN AÑO”. John Stott. Edit. Certeza.
2.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO (Evangelio de Juan). John Mac Arthur. Edit. PORTAVOZ.
3. - COMENTARIO EXEGÉTICO DEVOCIONAL A TODA LA BIBLIA. (Evangelio de Juan). Mathew Henry. Edit. CLIE.
4.- COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO (Evangelio según San Juan). William Hendriksen. Edit. LIBROS DESAFÍOS.

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