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ORACIÓN DEL SEÑOR DE INTERCESIÓN Y RENDICIÓN DE CUENTAS - Juan 17:1

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 03/dic/2017
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

 Título del Sermón: "ORACIÓN DEL SEÑOR DE INTERCESIÓN Y RENDICIÓN DE CUENTAS".

LECTURA: Juan 17:1.

Versículos claves: Jn. 3:16 y 20:31

Jn. 3:16: ”Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

Jn 20:31: “Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su nombre”.

 

            Reiterando lo antedicho, aclaro que el presente escrito es un resumen de la bibliografía referida al pie de la presente nota y algunas consideraciones personales.

 

INTRODUCCIÓN:

            Conforme al espíritu del Apóstol Juan, quien quiere que consideremos ampliamente la última semana de Jesucristo en su ministerio sobre la Tierra, la cual se conoce como SEMANA SANTA y que abarca la mitad del Evangelio (1), continuamos ahora con la oración del Señor Jesucristo delante de su Padre Celestial.

            Thomas Watson, puritano inglés del siglo  XVII, escribió: “Un hombre piadoso no puede vivir sin la oración. Un hombre no puede vivir a menos que respire; ni el alma puede vivir a menos que respire sus deseos ante Dios”. (2)

            Este pasaje es lo que se conoce como la oración Sumo Sacerdotal del Señor Jesucristo. En esta oración Él intercede por los Suyos. Es una imagen de Su actual ministerio en el Cielo, donde ora por Su pueblo...

Marcus Rainsford lo expresa bien:

Toda la oración es una hermosa ilustración de la intercesión de nuestro bendito Señor a la diestra de Dios. No hay ni una sola palabra contra Su pueblo; ni una referencia a sus fracasos o faltas. No. Él habla de ellos sólo como eran en el propósito del Padre, como vinculados a Él, y como receptores de aquella plenitud que Él vino a darles desde el cielo. (3)

            La Biblia ordena la oración (p. ej., Jer. 33:3; Mt. 6:5-13; Lc. 6:28; 18:1; Ro. 12:12; Ef. 6:18; Fil. 4:6; Col. 4:2; 1ª. Ts. 5:17; 1ª. Ti. 2:1, 8; 1ª. P. 4:7; Jud. 20) y contiene ejemplos de oraciones de personas piadosas...

            En el Antiguo Testamento oró Abraham (Gn. 17:18), por Abimelec (Gn. 20:17), por Sodoma (Gn. 18:23-32). También oró Isaac (Gn. 25:21), Jacob (Gn. 39:9-12), Gedeón (Jue. 6:36-40), Noemí (Rut 1:8), Booz (Rut 2:12), Elcana (1a. S. 1:9-11), Elí (1ª. S. 1:17), Samuel (1ª. S. 7:5, 8), etc. ...

            El Nuevo Testamento contiene también oraciones del pueblo de Dios. Después de la ascensión de Cristo Jesús, sus seguidores regresaron a Jerusalén, donde “perseveraban unánimes en oración y ruego” (Hch. 1:14; cp. 2:42). Oraron ante la persecución (4:24-31). Los apóstoles definieron su ministerio cuando dijeron a la congregación: “Nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (6:4), etc. ...

            Desde el principio hasta el final, el ministerio terrenal de Cristo Jesús estuvo marcado por momentos frecuentes de oración. Oró en su bautismo (Lc. 3:21), durante su primera gira de predicación (Mr. 1:35; Lc. 5:16), antes de escoger a los doce apóstoles (Lc. 6:12-13), antes de alimentar a los 5.000 (Mt. 14:19), después de alimentarlos (Mt. 14:23), con los discípulos que encontró en el camino a Emaús (Lc. 24:30), etc...

            Pero de todas las oraciones de Jesucristo, la registrada aquí en el capítulo 17 de Juan es la más profunda y magnífica. Sus palabras son claras pero majestuosas; simples pero misteriosas. Sumergen al lector en profundidades insondables de la comunicación intertrinitaria entre el Padre y el Hijo y abarcan toda la extensión de la historia redentora, desde la elección hasta la glorificación, incluyendo temas de regeneración, revelación, iluminación, santificación y preservación. El velo se corre y Cristo Jesús lleva al lector al lugar santísimo, al mismo trono de Dios...

            Este capítulo abarca la oración conocida más larga de nuestro Señor mientras estuvo en la tierra. Sin duda, tuvo otras oraciones tan largas como esta porque sabemos que pasaba mucho tiempo en oración y en comunión con su Padre celestial; pero no le pareció a Dios usar estas otras oraciones para nosotros cuando el Espíritu Santo habló a los hombres santos. Tenemos muchos sermones de Jesús, muchas parábolas suyas; pero solo esta oración larga...

 

1.- EL AMBIENTE DE ESTA ORACIÓN (17:1a):

            La oración de Jesucristo marca el final del tiempo de los discípulos con Cristo en el aposento alto. Durante las pocas horas previas, Cristo Jesús había servido, consolado e instruido a sus angustiados seguidores...

            La noche comenzó con el lavado de los pies, en el cual Jesucristo “puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (13:5). Fue extraordinario que incluso lavara los pies de quien, Él sabía, lo iba a traicionar: Judas Iscariote...

            Luego siguió la comida de la Pascua y la Santa Cena (cp. Mt. 26:26-29; Mr. 14:22-25; Lc. 22:19-20; 1ª. Co. 11:23-26), durante la cual Jesús reveló que Judas lo iba a traicionar (Jn. 13:26-27; cp. Mt. 26:20-25), que Él iba a morir (Jn. 13:31-35) y que Pedro lo negaría (Jn. 13:36-38; cp. Mt. 26:30-35)...

            Los consoló con presteza, los confortó con la promesa de la gloria futura... El Señor dio aún más confianza a sus seguidores con la promesa del Espíritu Santo, el Consolador que vendría después de que Él se fuera...

            Enfatizó en la relación salvadora y vital de sus discípulos (y, por extensión, todos los creyentes) con Él. Por medio de una alegoría con la vid y sus ramas, Jesucristo recalcó la naturaleza dadora de vida y perdurable de su amor...

            Ahora, tan solo unos días después, estaban conmocionados de oír a Cristo Jesús decir lo impensable: los iba a dejar (13:33; 14:18; 16:16). En lugar de conquistar Roma, se marchaba. En lugar de edificar un imperio, iba a entregar su vida (15:14). En las horas siguientes lo traicionarían (18:2), lo arrestarían (18:12), lo juzgarían (18:19), lo abandonarían (18:25-27; cp. 16:32), lo acusarían falsamente (18:38; 19:4), lo golpearían (19:1), se burlarían de Él (19:5) y lo crucificarían (19:16). Las grandes expectativas de los discípulos se volvieron rápidamente conmoción, dolor en el corazón y desespero...

            Solemos entender esta oración como si fuese sombría. No lo es. La pronuncia quien acababa de afirmar que había vencido al mundo (16:33) y surge de esa convicción. Jesucristo está mirando más allá de la Cruz, pero con esperanza y alegría, no con desánimo...

            La referencia de Cristo Jesús a Dios como su Padre es importante por otra razón. Por un lado, se hacía “igual a Dios” (Jn. 5:18) cuando afirmaba ser Hijo de Dios. Pero por otro lado, demostraba ser diferente al Padre, pues claramente no se oraba a sí mismo. Esa doble realidad resalta una verdad teológica importante: el Hijo es igual al Padre, pero diferente de Él...

            Al comienzo del Evangelio de Juan se había hecho énfasis en que la hora de Cristo no había llegado aún (2:4; 7:6, 30; 8:20). Pero ahora abrió su oración con palabras dramáticas: “La hora ha llegado”. La frase hace referencia a la consumación de su ministerio terrenal y abarca su muerte, resurrección y ascensión...

            El drama que se desenvuelve en la historia de la redención había alcanzado su auge. Los planes hechos desde el pasado eterno, culminaban en ese momento. Había venido la hora en que el Hijo del Hombre se ofrecería como la única expiación perfecta en sacrificio por el pecado. Llegó la hora en que quien no tenía pecado se haría pecado por los creyentes, “para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2ª. Co. 5:21). Esta era la hora en que Cristo cancelaría “el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria(Col. 2:14)...

2.- LA SUSTANCIA DE SU ORACIÓN. (17:1b):

            Habiendo reconocido que el tiempo de su muerte estaba cerca, Cristo Jesús pidió que el Padre glorificara al Hijo, para que también tu Hijo glorificara al Padre. Esta frase corta aporta un resumen adecuado de todo lo ocurrido en la vida y ministerio de Jesucristo. Su enfoque predominante había sido siempre glorificar a su Padre, someterse por completo a su voluntad...

            A lo largo de todo su ministerio, buscó continuamente “la gloria del que le envió” (Jn. 7:18; cp. 13:31-32). Los sucesos de su nacimiento dieron gloria a Dios (Lc. 2:14, 20), como también su enseñanza (Mt. 5:16; Jn. 15:8), sus milagros (Mt. 9:8; 15:31; Mr. 2:12; Lc. 5:25-26; 7:16; 13:13; 17:15; 18:43) y su muerte y resurrección (Jn. 12:23-28). El Hijo se sometió a la voluntad del Padre en todo...

            Tal como el Hijo glorificó al Padre mediante su fidelidad en la tierra (17:4), así también el Padre glorificaría al Hijo junto con Él, con la misma gloria que el Hijo había compartido con el Padre desde antes del inicio del tiempo (17:5). También los discípulos glorificarían al Padre al darle gloria al Hijo (17:10); ellos, junto con todos los creyentes en el Hijo, compartirían su gloria (17:22), le alabarían eternamente por la gloria que recibió del Padre (17:24)...

            La oración de Cristo Jesús resalta su confianza absoluta y sumisión a la voluntad perfecta de Dios, aun cuando Él conociera perfectamente cuánto le costaría. Por lo tanto, oró para que se hiciera la voluntad del Padre, para que el plan maestro de la redención se completara y el Padre hiciera realidad las promesas hechas a los discípulos...

            La oración registrada en este capítulo también marca una transición entre el ministerio terrenal de Cristo y su ministerio celestial de intercesión (He. 7:25). El libro de Hebreos revela las ricas verdades teológicas sobre la obra intercesora del Señor en su papel de mediador de un nuevo pacto (cp. He. 4:14—10:25); (De hecho, esta oración suele ser llamada “Oración sacerdotal de Cristo”)...

            Jesucristo veía la Cruz desde la perspectiva eterna, como lo deja claro la sustancia de su oración, porque estaba consumido por la gloria de Dios. No era un estoico desapasionado (cp. Lc. 22:42), sino dependiente del cuidado de su Padre y sumiso a su voluntad..., sabiendo que pronto se sentaría victorioso “a la diestra del trono de Dios” (He. 12:2)...

 

3.- LA IMPORTANCIA DE ESTA ORACIÓN:

            La importancia de este pasaje, a tan solo unas cuantas horas de la Cruz, es difícil de sobreestimar. Aquí están registradas las palabras del segundo miembro de la Trinidad, en tanto habla a su Padre sobre la naturaleza de su comunión, sobre la ejecución de su plan eterno de salvación y sobre la forma en que los discípulos y todos los creyentes se ajustaban en ese plan...

            Los discípulos, al oír esta oración, tuvieron acceso a la conversación más profunda y santa. Igualmente, cuando los creyentes leen hoy esta oración, se sienten transportados al lugar santísimo, donde se encuentran con su gran sumo sacerdote—incluso momentos antes de su muerte—intercediendo por ellos. Algunos se refieren a este como “el lugar santísimo de las Sagradas Escrituras”...

            Su primera característica es la atemporalidad. Aunque se pronunciaron a pocas horas del Calvario, contienen pensamientos y expresiones que deben ser usuales para nuestro Señor en cada momento de los siglos posteriores. Por lo tanto, a medida que las estudiamos, oímos palabras que se han pronunciado muchas veces a favor de nosotros y se pronunciarán hasta que estemos con Él, donde Él está, contemplando la gloria del Hijo divino, engrandecida a la del Siervo Perfecto...

 

CONCLUSIÓN:

            Cuando Jesucristo hacía esta oración antes de la Cruz, se alegró de saber que la redención predeterminada en el pasado eterno estaba a punto de concretarse en el tiempo y el espacio. Cristo Jesús entendía que finalmente había llegado la hora de cumplir lo que Dios había prometido desde el inicio del tiempo. Estaba listo para enfrentar la Cruz; con triunfo y resolución. El coste sería inmenso, pero el resultado glorioso sería eterno. (2)

 

            ¡Qué hermosa lección nos da aquí Jesucristo, pues nos enseña cuál ha de ser el objetivo primordial de nuestras oraciones: la gloria de Dios! Así que, cuando oremos por algo nuestro, hemos de decir: «Padre, haz esto o lo otro por tu siervo, a fin de que también tu siervo te de gloria a ti. Dame salud, para que por ella te pueda glorificar en mi cuerpo; dame prosperidad en mi oficio, a fin de que con ella pueda glorificarte al poner mi dinero al servicio de tu obra, etc.». «Santificado sea tu nombre» ha de ser siempre nuestra primera petición, y la que marque la pauta y objetivo de todas las demás peticiones, «para que en todo sea Dios glorificado mediante Jesucristo» (1a. P. 4:11)...

            Él nos ha enseñado lo que hemos de esperar en respuesta a nuestras oraciones, porque, si hemos resuelto con toda sinceridad glorificar en todo a nuestro Padre, Él nos dará siempre la gracia suficiente y las oportunidades convenientes. Pero, si en lo más secreto de nuestro corazón, buscamos nuestra gloria más bien que la suya, atraeremos sobre nosotros vergüenza más bien que gloria. (4)

            El himno “A ti, Dios mío, en oración” (Himno No. 136) nos recuerda la importancia de la oración.

 

¡S.D.G!

BIBLIOGRAFÍA:

1.- DEVOCIONAL “TODA LA BIBLIA EN UN AÑO”. John Stott. Edit. Certeza.

2.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO (Evangelio de Juan). John Mac Arthur. Edit. PORTAVOZ.

3. - COMENTARIO BÍBLICO. William Mac Donald. Edit. CLIE.

4.- COMENTARIO EXEGÉTICO DEVOCIONAL A TODA LA BIBLIA. (Evangelio de Juan). Mathew Henry. Edit. CLIE.


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