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AMÉMOSNOS DE CORAZÓN CUMPLIENDO LA LEY DE DIOS - Juan 17:20 al 23

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 31/dic/2017
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

 Título del Sermón: "AMÉMOSNOS DE CORAZÓN CUMPLIENDO LA LEY DE DIOS".

 

LECTURA: Juan 17:20 al 23.

Versículos claves: Jn. 3:16 y 20:31

Jn. 3:16: ”Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

Jn 20:31: “Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su nombre”.

            Reiterando lo antedicho, aclaro que el presente escrito es un resumen de la bibliografía referida al pie de la presente nota y algunas consideraciones personales.

INTRODUCCIÓN:

            El Apóstol Juan, en su Evangelio, quiere que consideremos ampliamente la última semana de Jesucristo en su ministerio sobre la Tierra, la cual se conoce como SEMANA SANTA y que abarca la mitad del Evangelio (1). Continuamos con la oración Intercesora y de Rendición de cuentas a Dios Padre por parte del Señor Jesucristo delante de su Padre Celestial.

            Thomas Watson, puritano inglés del siglo  XVII, escribió: “Un hombre piadoso no puede vivir sin la oración. Un hombre no puede vivir a menos que respire; ni el alma puede vivir a menos que respire sus deseos ante Dios”. (2)

            La unidad por la que Cristo Jesús oró no es externa, u organizacional, sino interna, espiritual, con base en la vida en Jesucristo de los creyentes. Por causa de esa unión con Cristo Jesús —pues “el que se une al Señor, un espíritu es con él” (1a. Co. 6:17)— todos los creyentes son uno entre ellos también (Gá. 3:28). Así lo dice la Confesión de fe de Westminster: “La Iglesia católica o universal, que es invisible, está compuesta por el número total de elegidos que han sido, son o deben ser, reunidos a una, bajo Cristo, quien es su cabeza; y es la esposa, el cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo” (25.1)…

            ¿Cómo se manifiesta la unidad espiritual en la práctica? En Fil. 2:2 Pablo detalló cuatro señales de la unidad que caracteriza a la verdadera Iglesia…

            Primera, la unidad motiva que los creyentes sientan “lo mismo”. No quiere eso decir que compartan todos los mismos gustos y desagrados. Tampoco implica completo acuerdo en los temas doctrinales secundarios en los cuales difieren los cristianos. Más bien, significa que los creyentes verdaderos están controlados por el conocimiento profundo de la Palabra de Cristo, que se activa en ellos por el poder del Espíritu (cp. Col. 3:16). Mantienen la misma actitud espiritual porque caminan en el Espíritu…

            Segunda, la unidad produce creyentes que tienen “el mismo amor”; esto es, se aman igualmente entre ellos. Eso no quiere decir que tengan el mismo compromiso emocional con todos, eso sería imposible. El amor en perspectiva aquí es amor agapē, no amor de atracción emocional, sino de la voluntad y la elección. Se expresa cuando los creyentes “[se aman] los unos a los otros con amor fraternal; [y] en cuanto a honra, [se prefieren] los unos a los otros” (Ro 12:10). Este ha sido “derramado en [sus] corazones por el Espíritu Santo que [les] fue dado” (Ro. 5:5)…

            Tercera, la unidad da como resultado creyentes “unánimes”. La palabra griega significa literalmente “de un alma”. Hace referencia al compromiso común y apasionado con los mismos objetivos espirituales. Por definición, excluye actitudes divisorias como ambición personal, egoísmo, odio, envidia, celos y las innumerables manifestaciones del mal fruto del amor propio...

            Cuarto, la unidad produce creyentes que sienten “una misma cosa”. Al sentir lo mismo, se aman entre ellos y están unidos en espíritu, pueden tener un objetivo común: promover el reino de Dios. Pero los creyentes pueden interrumpir su unidad espiritual por comportamientos carnales y necesitan exhortación para tener “un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Fil. 1:27)...

            Cuando ya concluía el Señor Jesucristo su magnífica oración sacerdotal, la unidad de sus seguidores estaba en su corazón. Habiendo orado por su gloria (vv. 1-5) y por sus discípulos (vv. 6-19), el Salvador amplió su oración para incluir a todos los creyentes futuros; quienes vendrían a Él por el poder de su Palabra (v. 17), el testimonio de los discípulos (v. 18) y el sacrificio en la cruz (v. 19). El Señor hizo dos peticiones por ellos: que estuvieran unidos en la verdad y que se reunieran con Él en la gloria eterna. La primera de esas peticiones es el tema de este capítulo…

            La primera petición del Señor se puede examinar bajo cuatro encabezados...

 

1.- LA RAÍZ DE LA UNIDAD VERDADERA.(v.20):

            Cristo Jesús miró adelante, a través de los siglos, y oró por todos los creyentes que llegarían en el futuro. Aunque la amplia mayoría aún no había nacido, estaban y habían estado por siempre en el corazón del Salvador. Los conocía a todos, pues sus nombres “estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Ap. 13:8; cp. 3:5; 17:8; 20:12, 15; 21:27; Fil. 4:3). La intercesión de Jesucristo por nosotros, iniciada hace dos mil años con esta oración, continúa hasta hoy, pues vive “siempre para interceder por [nosotros]” (He. 7:25).(2)

            Cada creyente que lea este versículo puede decir: «Cristo Jesús oró por mí hace más de dos mil años»...

            Estaba orando que los creyentes fuesen uno en la exhibición del carácter de Dios y de Jesucristo. Esto es lo que haría que el mundo creyese que Dios lo envió. Ésta es la unidad que hace decir al mundo: «Veo a Cristo en esos cristianos, como el Padre era visto en Cristo».(4)

            En ese momento, los discípulos difícilmente parecían listos para trastornar el mundo (cp. Hch. 17:6). Uno de ellos, Judas Iscariote, se había vuelto traidor y en ese momento se preparaba para dirigir a quienes arrestarían a Jesús en Getsemaní (18:1-3). Pedro, su líder extrovertido, audaz y al parecer tan valiente, pronto se acobardaría ante las acusaciones de una criada y negaría repetidas veces al Señor (Jn. 18:17; cp. vv. 25 - 27). El resto de los discípulos abandonaría a Jesús después de que lo arrestaran, y huirían (Mt. 26:56)...

            Pero la oración de Cristo Jesús aseguraba que el ministerio de los apóstoles tendría éxito. Jesucristo sabía en su omnisciencia que ellos cumplirían su papel en la historia de la redención. El Evangelio prevalecería a pesar de la debilidad de los Apóstoles, el odio del mundo y la oposición satánica...

            Todo el éxito evangelístico de la Iglesia es el resultado de la petición del Señor en el v. 20 por aquellos que creerían en el futuro. Esta petición garantizaba el establecimiento exitoso de la Iglesia y el éxito de su ministerio evangelístico desde los tiempos apostólicos hasta el presente. Cristo Jesús declaró: “Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt. 16:18).

 

2.- LA PETICIÓN POR LA UNIDAD VERDADERA. (v. 21a):

            A pesar de las diferencias denominacionales externas, todos los cristianos verdaderos están unidos espiritualmente por la regeneración en su creencia de que la Salvación es por la sola Gracia mediante solo la fe, solamente en Cristo Jesús, y por su compromiso con la autoridad absoluta de las Escrituras. Todos los que creen para salvación en el Señor Jesucristo son “un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Ro. 12:5)…

            Los creyentes, por el poder de Dios, unidos en la vida espiritual, también están unidos en su propósito, comparten la misma misión, proclaman el mismo Evangelio y manifiestan la misma santidad…

            Hay unidad extraordinaria y sobrenatural en la Iglesia universal; es “la unidad del Espíritu”; no creada por los creyentes, sino preservada por ellos (Ef. 4:3). En Ef. 4:4-6 Pablo menciona siete características de dicha unidad creada por el Espíritu Santo...

            Primera, hay “un cuerpo”, el cuerpo de Cristo Jesús, compuesto por todos los creyentes desde el inicio de la Iglesia en el día de Pentecostés...

            Segunda, hay “un Espíritu”, el Espíritu Santo, sin el cual nadie puede creer en Jesucristo para salvación (1 Co. 12:3). El Espíritu también es el agente por el cual Cristo Jesús bautiza a los creyentes en su Cuerpo (1 Co. 12:13; cp. Mt. 3:11)...

            Tercera, hay “una misma esperanza” en la herencia eterna prometida, garantizada a todo creyente por el Espíritu Santo (Ef. 1:13-14)...

            Cuarta, hay “un Señor”, Jesucristo, quien es la única cabeza del Cuerpo (Col. 1:18; cp. Hch. 4:12; Ro. 10:12)...

            Quinta, hay “una fe”, la “fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3); el cuerpo de la doctrina revelada en el Nuevo Testamento.

            Sexta, hay “un bautismo”. Probablemente se refiera al bautismo en agua, la confesión pública de fe en Jesucristo por parte del creyente (el bautismo del Espíritu Santo está implicado en el v. 5)...

            Séptimo, hay “un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”.(2).

            Todos los que en la Iglesia no tengan por centro de unidad a Dios como única meta y a Jesucristo como único camino, no es unidad, sino conspiración. (3)

 

3.- LA REPRESENTACIÓN DE LA UNIDAD VERDADERA. (vv. 21b-23a):

            La unidad de naturaleza por la que Cristo Jesús oró refleja la unidad del Padre y el Hijo, expresada en sus palabras: “Tú, oh Padre, en mí, y yo en ti”. Por causa de su unidad con el Padre, Jesucristo afirmó en Jn 5:16ss. Tener la misma autoridad, propósito, poder, honra, voluntad y naturaleza que el Padre. La sorprendente afirmación de deidad total e igualdad con Dios enfureció tanto a sus oponentes judíos que buscaban matarlo (5:18; cp. 8:58-59; 10:31-33; 19:7)...

            La relación única intra-trinitaria de Cristo Jesús con el Padre conforma el patrón de unidad de los creyentes en la Iglesia. Esta oración revela cinco características de la unidad que la Iglesia imita...

            Primera, el Padre y el Hijo están unidos en motivación; están igualmente comprometidos con la gloria de Dios. Jesucristo comenzó su oración diciendo: “Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti” (v. 1), como lo había hecho durante todo su ministerio (v. 4)...

            La Iglesia también está unida en el compromiso común de la gloria a Dios. Pablo escribió: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1a. Co. 10:31)...

            Segunda, el Padre y el Hijo están unidos en la visión. Comparten la meta común de redimir a los pecadores perdidos y les conceden vida eterna, como Cristo Jesús ya lo había dejado claro en esta oración:

“Como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (vv. 2 al 4)...

            Tercera, el Padre y el Hijo están unidos en la verdad. Cristo Jesús dijo: “Las palabras que me diste, les he dado”, mientras en el v. 14 añadió: “Yo les he dado tu palabra”...

            La Iglesia también está unificada en su compromiso de proclamar la verdad singular de la Palabra de Dios...

            Cuarta, el Padre y el Hijo están unidos en santidad. En el v. 11 Jesucristo se dirigió al Padre como “Padre santo” y en el v. 25 como “Padre justo”. Toda la santidad de Dios se expresa a lo largo de los dos Testamentos. La santidad de Dios es su separación absoluta del pecado (Hab. 1:13; Is. 6:3 ( NVI); cp. Ap. 4:8)...

            Si la Iglesia tolera el pecado, no solo oscurece la gloria de Cristo que está llamada a irradiar, sino que enfrenta a la disciplina del Señor para ella (Ap. 2:14-16; 20-23)...

            Finalmente, el Padre y el Hijo están unidos en amor. En el v. 24 Cristo Jesús afirmó que el Padre lo había “amado desde antes de la fundación del mundo”...

            En el bautismo (Mt. 3:17) y en la transfiguración (Mt. 17:5), el Padre declaró que Jesucristo era su Hijo Amado.(2)

            La gloria del mundo produce división, puesto que cuando a unos hace elevarse, hace que otros se eclipsen; mientras que cuanto más exaltados estén los cristianos con la gloria que Jesucristo les ha dado, tanto menos deseosos estarán de vanagloria y, por consiguiente, menos dispuestos a sembrar discordia y a menospreciar a los demás. (3)

 

4.- EL RESULTADO DE LA UNIDAD VERDADERA. (vv. 21c, 23b)

            Así como la gloria del Padre se reflejó perfectamente en la persona y en las obras de Cristo Jesús, así también la gloria de Cristo se ha de reflejar en las vidas de los creyentes, especialmente en el amor fraternal, por el que el mundo les ha de reconocer como discípulos de Cristo (comp. 13:35 con 17:21b «para que el mundo crea que tú me enviaste»).(3)

            La unidad observable de la Iglesia autentica dos realidades importantes.

            Primera, da evidencia al mundo para que crea que el Padre envió al Hijo. Esa frase conocida resume el plan de la salvación, en el cual Dios envía a Jesús que “vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10)...

            Cristo Jesús oró para que la unidad invisible de su Iglesia convenciera a muchos de su misión divina de redención. La unidad de la Iglesia es el fundamento de su evangelismo; demuestra que Jesucristo es el Salvador capaz de trasformar vidas (cp. Jn. 13:35)...

            La unidad de la Iglesia también autentica el amor del Padre por los creyentes. Cuando los incrédulos ven que los creyentes se aman unos a otros, reciben prueba de que el Padre ha amado a quienes han creído en su Hijo. La unidad de la Iglesia en amor hecha visible es usada por Dios para producir deseo en los incrédulos por experimentar ese mismo amor...

            Segunda, cuando hay divisiones carnales, peleas, murmuraciones y riñas en la Iglesia, los incrédulos se alejan. ¿Por qué querrían ser parte de un grupo tan hipócrita, que está en contradicción con sí misma? La eficacia del evangelismo en la Iglesia sufre el efecto devastador de las disensiones y disputas entre sus miembros...

            El objetivo de quien sea parte del Cuerpo de Cristo, por medio de la fe en Él, debe ser hacer su parte para mantener la visibilidad completa de la unidad que poseen los creyentes, como escribió Pablo:

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. (Ef. 4:1-3). (2).

 

CONCLUSIÓN:

            La unión de los cristianos en amor y caridad embellece la profesión cristiana e incita a otros a unirse a ellos. Cuando los cristianos, en lugar de causar discordias en su seno o al exterior, influyen en la cesación de las discordias que hay en el mundo y dan ejemplo de amor y benignidad, solícitos en preservar y promover la paz, presentarán una imagen de la fe cristiana atractiva para los que tengan algo de instinto religioso o de afección natural...

            También tendrán buen concepto de los creyentes, pues el mundo conocerá «que los has amado a ellos como también a mí me has amado» (v. 23b).(3)

            Leamos 1a. Ti. 2:8.Por tanto, quiero que los hombres oren en todas partes, y levanten manos santas, sin ira ni contienda.”  NO NOS EXTRAÑE QUE DIOS CASTIGUE AL MISMO MALEDICIENTE O A SUS HIJOS Y FAMILIA YA QUE HIERE AL MISMO CUERPO DE JESUCRISTO Y DESTRUYE LA OBRA DE DIOS.

            Con esto en mente escuchemos el video del coro “Amémosnos de corazón”.

¡S.D.G!

 

BIBLIOGRAFÍA:

1.- DEVOCIONAL “TODA LA BIBLIA EN UN AÑO”. John Stott. Edit. Certeza.

2.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO (Evangelio de Juan). John Mac Arthur. Edit. PORTAVOZ.

3. - COMENTARIO EXEGÉTICO DEVOCIONAL A TODA LA BIBLIA. (Evangelio de Juan). Mathew Henry. Edit. CLIE.

4.- COMENTARIO BÍBLICO. William Mac Donald. Edit. CLIE.


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