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LA CENTRALIDAD DE LA CRUZ - Gal.6:14

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 01/abr/2018
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

 Lo que era objeto de desagrado para los romanos y de repugnancia para los judíos -la cruz-, ha llegado a ser emblema de nuestra adoración y axioma de nuestra fe. ¿Cómo es posible? “¿Podríamos creer en Dios, si no fuera por la Cruz?”... "En el mundo real del dolor, ¿cómo podríamos adorar a un Dios que fuese inmune al dolor?"...


            La Cruz ocupa el centro mismo de la fe evangélica y de la fe bíblica e histórica. Los cristianos evangélicos sostenemos que en la persona del Cristo crucificado, Dios ocupó nuestro lugar y llevó sobre sí nuestros pecados, sufriendo la muerte que merecíamos nosotros. Así podemos recibir la Gracia de Dios y ser adoptados como hijos en su familia. El Dr. J. I. Packer ha escrito acertadamente que esta creencia "es una marca distintiva de la fraternidad evangélica universal", La Cruz nos lleva "al corazón mismo del evangelio cristiano"...

            La cuestión básica no es la de Anselmo, “¿Por qué se hizo hombre Dios?”, sino “¿Por qué murió Cristo?”... Dada la vital importancia que tiene la expiación, como también una comprensión de ella que recupera la interpretación correcta de los grandes conceptos bíblicos de la “sustitución”, la “satisfacción” y la “propiciación'', cosas causan enorme sorpresa...
            La primera es que esta doctrina sigue siendo muy impopular. Algunos teólogos evidencian una extraña resistencia a aceptarla, aun cuando reconozcan que tiene claro fundamento bíblico...

            Segunda sorpresa, en vista de la centralidad de la Cruz de Cristo, es que casi ningún autor evangélico ha escrito un libro sobre el tema de la expiación, dirigido a lectores reflexivos...
            Nos guste o no, estamos involucrados en la cuestión. Nuestros pecados llevaron a Jesucristo a la Cruz. De modo que, lejos de adularnos, la Cruz socava nuestros intentos de autojustificación. Sólo podemos contemplarla con la cabeza inclinada y el espíritu contrito. Y allí permanecemos hasta que el Señor Jesús hable a nuestros corazones ofreciéndonos perdón y aceptación, y entonces, atrapados por su amor y henchidos de gratitud, nos dirigimos al mundo para vivir nuestra vida dedicados a su servicio...
 
 
1.- La sombra de la Cruz:

            Desde la Juventud de Jesús, incluso desde su mismo nacimiento, la Cruz proyectaba su sombra. Su propia muerte era el eje de su misión y la Iglesia siempre lo ha reconocido así... La Cruz, no debe avergonzarnos de confesar la fe en el Cristo crucificado...
            Los cristianos verdaderos, por amor a la Cruz, estiman el mundo como pérdida, se glorían sólo en ella, y sacrifican todo por ella. Con justicia puede resumirse toda la fe cristiana como "la fe en el Cristo crucificado". ¿Cuál es el fundamento de esta concentración total en la Cruz de Cristo?... 
 
 
2.- La señal y el símbolo de la Cruz:

            Toda religión y toda ideología tienen su símbolo visual, que ilustra algún aspecto significativo de su historia o de sus creencias... 

            a) La flor del loto (aunque fue usada en la antigüedad por los chinos, los egipcios y los indios) en la actualidad se asocia particularmente con el budismo. Por su forma circular, se la considera como símbolo del ciclo del nacimiento y la muerte, o como símbolo del surgimiento de la belleza y la armonía en medio de las turbias aguas del caos. A veces se representa a Buda entronizado en una flor de loto totalmente florecida...

            b) El judaísmo antiguo evitaba el uso de señales y símbolos visuales, por temor a quebrantar el segundo mandamiento que prohíbe la confección de imágenes. Pero el judaísmo moderno ha adoptado el llamado Escudo o Estrella de David, una figura hexagonal formada por la combinación de dos triángulos equiláteros. Este símbolo habla del pacto de Dios con David en el sentido de que su trono sería establecido para siempre, y de que el Mesías descendería de él...

            c) El islamismo, la otra creencia monoteísta que surgió en el Medio Oriente, está simbolizado por una media luna creciente. Al comienzo representaba una fase del ciclo lunar, pero ya antes de la conquista musulmana constituía el símbolo de la soberanía en Bizancio...

            d) Las ideologías contemporáneas también tienen sus signos universalmente reconocidos. El martillo y la hoz del marxismo, que el gobierno soviético adoptó, en 1917, de una pintura belga del siglo XIX, representan la industria y la agricultura; las herramientas están entrelazadas para representar la unión entre obreros y campesinos, las fábricas y el campo...

            e) Por otra parte, se ha comprobado que la cruz esvástica existía hace ya 6.000 años. Los brazos de la cruz esvástica están torcidos en el sentido de las agujas del reloj para simbolizar ya sea el curso del sol en el firmamento, el ciclo de las cuatro estaciones, o el proceso de creatividad y prosperidad (la palabra svasti significa “bienestar” en sánscrito). A comienzos de este siglo, sin embargo, esta figura fue adoptada por algunos grupos germanos como símbolo de la raza aria. Luego se la apropió Hitler, y se convirtió en el siniestro símbolo del fanatismo racial nazi...

            f) El cristianismo, por lo tanto, no constituye una excepción por lo que hace a la posesión de un símbolo visual. Con todo, la cruz no fue el primero de sus símbolos. Al comienzo, los cristianos sufrían absurdas acusaciones e intensa persecución. Por lo tanto, "tenían que ser muy cautos y evitar las demostraciones abiertas de su religiosidad. Por ello la cruz, que ahora es el símbolo universal del cristianismo, fue evitada en un comienzo, no sólo por su asociación directa con Cristo, sino también por su vergonzosa asociación con la ejecución de criminales comunes"...
            Los primeros motivos pictóricos cristianos presentes en las paredes y techos interiores de las catacumbas de Roma, donde se ocultaban los cristianos que eran perseguidos, parecen haber sido menos comprometedores. Incluían el pavo real (que supuestamente simbolizaba la inmortalidad), la paloma, la palma de la victoria de los atletas y, muy particularmente, el pez. Sólo los iniciados sabían, y nadie más podía llegar a adivinarlo, que la palabra “ichtys” (“pez” en griego) era una sigla para Iesus Christos Theou Huios Soter (“Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador”)...

            Pero no perduró como signo del cristianismo, sin duda porque la asociación entre Jesucristo y el pez estaba basada puramente en una sigla (en este caso una disposición fortuita de letras), que no tenía significado visual en sí mismo. Algo más tarde, probablemente durante el segundo siglo de esta era, los cristianos perseguidos parecen haber preferido pintar temas bíblicos tales como el arca de Noé, Abraham sacrificando el cordero en lugar de su hijo Isaac, Daniel en el foso de los leones, sus tres amigos en el horno ardiente, Jonás en el momento de ser devuelto por el pez, algunos bautismos, un pastor llevando en brazos una oveja, la curación del paralítico, y la resurrección de Lázaro. Todos ellos constituían símbolos de la redención en Cristo, y al mismo tiempo no resultaban comprometedores, ya que sólo los instruidos en el tema estarían en condiciones de interpretar su significado...

            El símbolo elegido fue una sencilla cruz. Sus dos varas ya constituían desde antiguo un símbolo cósmico del eje entre el cielo y la tierra. Pero los cristianos lo eligieron por una razón más específica. No querían que la conmemoración de Jesús tuviera como centro su nacimiento ni su juventud, enseñanza, servicio, resurrección o reinado. Tampoco el don del Espíritu Santo. Eligieron como central la crucifixión...
            El crucifijo (es decir, una cruz a la que se fija una figura de Cristo) no parece haber sido usado antes del siglo VI. Sin embargo, al menos desde el siglo II en adelante, los cristianos no sólo dibujaban, pintaban y tallaban la cruz como símbolo gráfico de su fe, sino que también hacían la señal de la cruz sobre sí mismos o sobre otros. Uno de los primeros testimonios de esta práctica la ofrece Tertuliano, el abogado y teólogo del norte de África que se destacó alrededor del año 200 d.C. Escribió así:

“A cada paso que avanzamos, a cada movimiento que
hacemos, cada vez que entramos y salimos, cuando nos vestimos y nos calzamos, cuando nos bañamos, cuando nos sentamos a la mesa, cuando encendemos las lámparas, cuando nos reclinamos o nos sentamos en todas las acciones comunes de la vida cotidiana, trazamos sobre nuestra frente la señal de la cruz”.
    
        Hipólito, el estudioso presbítero de Roma, es un testigo particularmente interesante, porque se ha hecho conocer como un "reaccionario declarado que durante su propia generación representaba más el pasado que el futuro”: Su famoso tratado “La tradición apostólica” (alrededor del 215. d.C.) "asegura en forma explícita que sólo registra las formas y estilos de los ritos que ya son tradicionales y las costumbres largamente establecidas, y que escribe como deliberada protesta contra las innovaciones”. Por lo tanto, cuando describe ciertas "observancias eclesiásticas”: podemos estar seguros de que ya se venían practicando una o más generaciones antes. Menciona que la señal de la cruz era usada por el obispo cuando ungía la frente de los candidatos durante la confirmación. Hipólito la recomienda para las oraciones privadas: "Imita siempre a Cristo, haciendo con sinceridad la señal en la frente, porque esta es la señal de su pasión."...
 
 
3.- La “locura” de la Cruz:

            La elección que han hecho los cristianos de la cruz como símbolo de su fe resulta más sorprendente todavía cuando recordamos el horror con que se consideraba la crucifixión en el mundo antiguo. La “palabra de la Cruz” que predicaba Pablo constituía para muchos de sus oyentes un motivo de tropiezo y, más todavía, una “locura” (1a. Co. 1:18 y 23). ¿Cómo podría una persona en su sano juicio adorar a un hombre que había sido condenado como criminal, y sometido a la forma más humillante de ejecución? Esta combinación de muerte, crimen y vergüenza lo excluía de toda posibilidad de merecer respeto, y mucho menos adoración...
            La crucifixión parece haber sido inventada por los "bárbaros" en las fronteras del mundo conocido, y adoptada luego tanto por los griegos como por los romanos. Probablemente sea el método más cruel de ejecución jamás practicado, porque demora deliberadamente la muerte hasta haber infligido la máxima tortura posible. La víctima podía padecer durante días antes de morir...
            Cuando la adoptaron los romanos, la reservaron para los criminales declarados culpables de asesinato, rebelión o robo a mano armada. No se aplicaba a ciudadanos romanos sino a esclavos, extranjeros, o cualquier otro considerado indigno de ser tenido por persona...
            Los judíos también contemplaban la crucifixión con horror, aunque por una razón diferente. No hacían diferencia entre un “árbol” y una “cruz”, y por lo mismo tampoco entre un ahorcamiento y una crucifixión. Por lo tanto, aplicaban automáticamente a los criminales crucificados la temible declaración que contenía la ley: “Maldito por Dios es el colgado” en un “madero” (literalmente, “árbol”; Dt. 21.23). Para los judíos era inaceptable que el Mesías de Dios pudiera morir sometido a esa maldición, colgado de un árbol. Como le expresó el judío Trifón al apologista cristiano Justino, que entabló un diálogo con él: "Sobre esto me siento sumamente incrédulo”...
 
 
4.- La perspectiva de Jesús:

            Hay una sola explicación posible por qué la Cruz llegó a ser el símbolo cristiano, y por qué los cristianos obstinadamente lo mantuvieron a pesar del escarnio de que era objeto. La razón es que la centralidad de la Cruz había nacido en la mente de Cristo Jesús mismo. Es por lealtad a él que sus seguidores se aferraban tan tenazmente a esta señal...
            Ya a los doce años de edad Jesús hablaba de DlOS como "mi Padre" y sentía un fuerte impulso a ocuparse de los asuntos de su Padre (Lc. 2:41-50). Sabía que tenía una misión que cumplir. Su Padre lo habla enviado al mundo con un propósito. La misión encomendada debía ser llevada a cabo; el propósito debía cumplirse. Cuáles eran esa misión y ese propósito, es lo que van mostrando gradualmente en la narración los cuatro Evangelios...
            El pueblo esperaba como Mesías a un líder político revolucionario. El Apóstol Juan nos dice que en el momento cumbre de la popularidad de Jesús en Galilea, después de haber alimentado a cinco mil personas, las multitudes querían "apoderarse de él y hacerle rey" (Juan 6.15)...
            Luego que los Apóstoles hubieron reconocido y confesado claramente su identidad, Jesucristo pudo explicarles abiertamente la naturaleza de su carácter mesiánico. Pero Pedro reprochó al Señor, horrorizado por el destino que había predicho para sí mismo. De inmediato Cristo Jesús lo reprendió severamente. El mismo apóstol que, por revelación del Padre, había confesado a Jesús como el Mesías divino (Mt. 16:16), ahora había sido engañado por el demonio para que negara la necesidad de la Cruz. "¡Quítate de delante de mí, Satanás!" dijo Jesús, con una vehemencia que debe haber asombrado a sus oyentes. "... No pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres."...
            ¿Qué es lo que más impacto produce esta narración de los Evangelios? No es el hecho de que Jesús sería traicionado, rechazado, y condenado por su propio pueblo y sus líderes. Tampoco el hecho de ser entregado a los gentiles que primero se burlarían de él y luego lo matarían. Ni la declaración de que tres días después iba a resucitar de los muertos...
            Lo que más asombra es la inflexible determinación que expresa y ejemplifica Cristo Jesús. Dijo enfáticamente que él debía sufrir, ser rechazado, y morir. Todo lo que se había escrito de él en las Escrituras debía cumplirse. De modo que "afirmó su rostro hacia Jerusalén”, y se puso a la cabeza de los Doce al emprender el camino...
            En el aposento alto insistió en que el Hijo del hombre iría tal como se había escrito de él; luego les repartió el pan y el vino como emblemas de su cuerpo y su sangre, proyectando así la imagen de su muerte y pidiendo que la conmemoraran...
 
 
5.- Mi hora ha llegado:

            El Evangelio de Juan omite estas predicciones precisas. Sin embargo, testifica acerca del mismo hecho al incluir siete referencias de Jesús a su “hora” (generalmente usa la expresión hora; una vez utiliza la palabra kairos = “tiempo”). Era la hora de su destino, cuando dejaría el mundo para regresar al Padre. Su hora estaba bajo el control del Padre; por eso, al principio Jesucristo dijo que “aún no ha venido” su hora, mientras que hacia el final podía decir con toda seguridad que “la hora ha llegado”...
 
 
6.- El propósito de Jesús:

            Según las evidencias que nos ofrecen los evangelistas, ¿qué podemos legítimamente afirmar respecto a la perspectiva que Cristo Jesús tenía de su propia muerte? No cabe duda de que sabía que ella iba a ocurrir no simplemente en el sentido en que todos sabemos que algún día vamos a morir, sino en el sentido de que sufriría una muerte violenta prematura, aunque con un propósito. Él mismo ofrece tres razones entrelazadas de la inevitabilidad de estos hechos...
            Iba a morir a causa de la hostilidad de los líderes de la nación judía... Iba a morir porque eso era lo que las Escrituras decían acerca del Mesías. "El Hijo del hombre va, según está escrito de él" (Mc. 14.21; Lc. 24.25-27; ver también 44-47)... Pero la más importante es que iba a morir era que él mismo había hecho esa elección deliberadamente...
 
 
7.- Yo doy mi vida:

            Cristo Jesús estaba decidido a cumplir lo que estaba escrito acerca del Mesías, por doloroso que resultara. No era la suya una actitud de fatalismo o una vocación de mártir. Se trataba sencillamente de que creía que las Sagradas Escrituras constituían la revelación de su Padre Celestial. Estaba plenamente resuelto a hacer la voluntad de su Padre ya completar la obra iniciada por él. Además, su sufrimiento y su muerte tenían un propósito. "El Hijo del hombre [había venido] a buscar y a salvar lo que se había perdido" (Lc. 19:10). Iba a morir por la salvación de los pecadores, dando su vida en rescate para proporcionarles libertad (Mc. 10:45)...
            Se sentía constreñido, incluso bajo la obligación: “De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio [la versión Nacar Colunga traduce “constreñido”, literalmente “cercado”] hasta que se cumpla!" (Lc. 12.50)...
            Libremente hizo suyo el propósito de su Padre para la salvación de los pecadores, tal como había sido revelado en las Escrituras... Esta era la perspectiva de Jesús respecto a su muerte...
            Los cuatro evangelistas demuestran haberlo entendido, así. Por eso dedican una desproporcionada cantidad de espacio a los últimos días de Jesús sobre la tierra, como también a su muerte y resurrección. Esta fase ocupa entre un tercio y una cuarta parte de los tres Evangelios sinópticos. Por su parte, se dice acertadamente que el Evangelio de Juan está compuesto de dos partes: “El libro de las señales” y “El libro de la pasión”, ya que Juan dedica casi la misma proporción a cada uno de estos temas. (1)
 
 
SANTA CENA: No existe nada más adecuado para hablar de la centralidad de la Cruz que celebrar la Cena del Señor. El Señor quiso salvarnos y que seamos uno con Él (Jn. 17:21 al 23)
            Lo antagónico a celebrar la Santa Cena es estar con pleitos y contiendas como hermanos obstruyendo el crecimiento de la Iglesia con críticas y divisiones. 1a. Co. 11:17 y 18 y 23 al 26.
            No es coherente decir que somos un solo cuerpo en Jesucristo y tener un espíritu de división en la Iglesia como Cuerpo de Cristo.
            Celebremos la victoria de Cristo siendo solícitos y predispuestos a guardar la Unidad de la Iglesia en el vínculo de la paz (Ef. 4:3 al 6) (2)
            CANTEMOS CON ALEGRÍA EL TRINFO DE CRISTOJESÚS EN LA CRUZ. (VIDEO E HIMNO)
 
 
Pastor Rubén Salcedo
 
 
BIBLIOGRAFÍA:
1.- LA CRUZ DE CRISTO. John Stott. Edit. Certeza. 1ra. Edición.
2.- COMENTARIO BÍBLICO DEL ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO. William Mac Donald. Edit. Clie.

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