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¿POR QUÉ MURIÓ Y QUIÉN FUE RESPONSABLE DE SU MUERTE? - Mr. 15:20-37


Autor: Ricardo Martinez
Publicado: 15/abr./2018
Categorias: Series de Estudios, Guía para alcanzar la Vida Eterna


 

 INTRODUCCIÓN:

Muchas veces cantamos “Cristo moriste en una cruz, resucitaste con poder”, y no hacemos más que cantar una verdad. Un día Cristo murió. La muerte del Señor Jesucristo fue un hecho detalladamente relatado en los Evangelios. Refiriéndose al momento final, Mateo y Juan dicen que “entregó el espíritu” y Lucas y Marcos dicen que “expiró”.

Ahora, hay dos preguntas importantes que surgen de este hecho: ¿por qué murió Jesucristo, y quién fue responsable de su muerte?

Muchas personas no tienen ningún problema con estas preguntas, y como consecuencia no encuentran dificultad para responderlas. Dicen algunos, Jesús “no murió”, fue muerto, ejecutado públicamente como un criminal, y lo mataron porque las doctrinas que enseñaba aparecían peligrosas y hasta subversivas (Que pretendía alterar el orden social y/o destruir la estabilidad política del país bajo dominio romano).  

*En aquel entonces los líderes religiosos judíos estaban indignados  por lo que ellos consideraban una actitud irrespetuosa hacia la Ley y por sus declaraciones, según ellos, provocativas.

*Por otro lado los romanos, que gobernaban Palestina, oyeron que se anunciaba como el Rey de los judíos, de modo que entendían que estaba desafiando la autoridad del César.

Ante ambos grupos Jesús aparecía como un pensador y predicador revolucionario, y algunos lo consideraron también como un activista revolucionario.

            Era una amenaza tan profunda para el sistema establecido que decidieron deshacerse de él. Judíos y romanos llegaron a formar una alianza perversa para llevar a cabo sus planes. 

Los que han estudiado “la Vida de Jesús” en FIET recordarán muy bien que El Señor tuvo que pasar por un juicio religioso judío, y un juicio civil romano. 

En el tribunal judío se lo acusó de blasfemia. Ante el tribunal romano se lo acusó de sedicioso. En un caso el cargo era teológico, en el otro la denuncia fue política. Pero ya fuera que su ofensa se considerara dirigida contra Dios o contra el César, el resultado fue el mismo. Los líderes percibieron a Jesús como una amenaza contra la ley y el orden, y no podían tolerarlo. De manera que lo mataron.

El relato de los cuatro evangelistas indica que en ambos tribunales, el judío y el romano, se siguió un trámite legal. El Señor Jesucristo fue arrestado, acusado y severamente interrogado; en ambos casos se convocaron testigos.

El juez entregó entonces su veredicto y pronunció la sentencia. Sin embargo, los evangelistas también dejan en claro que en este caso el prisionero, es decir, el Señor Jesucristo  no era culpable de los cargos que se habían presentado, que los testigos eran falsos, y que la sentencia de muerte constituía una grave violación de la justicia. Y esto, porque hubo motivos personales y morales que influyeron en la manera en que se actuó. Caifás, el sumo sacerdote judío, y Poncio Pilato, el procurador romano, no eran simplemente funcionarios de la iglesia y el estado, que cumplían sus funciones oficiales. Eran seres humanos caídos, falibles, perversos, pecaminosos, movidos por las oscuras pasiones que a todos nos gobiernan.

 

Esto también nos deja una advertencia a nosotros, ya que muchas veces nuestras motivaciones para todo o al menos algo de lo que hacemos son confusas.

Quizás logremos, con la ayuda del Señor,  mantener cierta corrección en el desempeño de nuestras obligaciones públicas, pero tenemos que tener sumo cuidado ya que  detrás de esta fachada siempre están al acecho emociones y motivaciones incorrectas que tienen su origen en nuestra naturaleza humana pecaminosa, que siempre amenazan irrumpir.

 

I. ACTORES PRINCIPALES INTERVINIENTES EN LA MUERTE DEL SEÑOR JESUCRISTO. 

 

  • Los soldados romanos. Evidentemente ellos fueron los responsables directos de la muerte de Jesús, pues fueron ellos los que llevaron a cabo la sentencia. Al leer los Evangelios, encontramos que ninguno de los cuatro evangelistas describe el procedimiento concreto de la crucifixión. Pero hay otros documentos de la época que nos dicen cómo era una crucifixión. En primer lugar se humillaba al prisionero en público, desnudándolo. Luego se lo acostaba de espaldas sobre el suelo; las manos eran atadas o clavadas a la vara horizontal de madera (el patíbulo), y los pies a la vara vertical. La cruz se llevaba luego a una posición vertical, y se la dejaba caer en una cavidad previamente preparada en el terreno. Generalmente se agregaba un taco o un asiento rudimentario para sostener en parte el peso de la víctima, y evitar que el cuerpo se soltara. Allí quedaba suspendido expuesto al intenso sufrimiento físico, a la burla pública, al calor del día, y al frío de la noche. La tortura podía prolongarse durante varios días. Nada de esto describen los escritos de los Evangelios. Dan algunos detalles pero no de la crucifixión en sí, es decir, acerca del martillo, los clavos, el dolor o la sangre.

*Todo lo que se nos dice es que “lo crucificaron”: es decir, los soldados llevaron a cabo su horrible tarea. Simplemente obedecían órdenes. Era su ocupación. Hicieron lo que tenían que hacer. Jesús se limitó a orar por ellos en alta voz, diciendo "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34).

 

·         Poncio Pilato. Evidentemente, aunque fueron parte, los soldados romanos no tenían una culpa especial por haber crucificado a Jesús, como dijimos, obedecían órdenes. Hasta se puede ver que posteriormente el centurión que los tenía a cargo, creyó en Jesús, o por menos creyó en parte (Mt. 27:54; Mr. 15:39; Lc 23:47). Pero no se puede decir lo mismo de Pilato. Pilato era culpable, de hecho su culpabilidad está registrada en nuestro credo cristiano que declara que “Jesús fue crucificado bajo Poncio Pilato”.

*Pilato tenía reputación como un administrador capaz, con un sentido típico romano de trato justo. Pero era odiado por los judíos porque los trataba con desprecio. No olvidaban como los había humillado al comienzo de su gobierno. Los dirigentes judíos llevaron a Jesús ante él con la denuncia: "A este hemos hallado que pervierte a la nación" y agregaron que "prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey" (Lc. 23:2). Esto alertó a Pilato, no obstante estaba convencido de la inocencia de Jesús. Se impresionó con la nobleza del prisionero, su autodominio y el hecho de que era políticamente inofensivo, así que tres veces declaró públicamente que no encontraba motivo para condenarlo (Jn. 18:38, 19:4, 6).

*Pilato quería evitar la condena de Jesús pero al mismo tiempo no quería exculparlo por temor a una revuelta de los que acusaban al Señor. Pretendía ser justo con Jesús y al mismo pacificar a los judíos.

Cuatro veces intentó evadir la cuestión: Primero, al saber que era galileo se lo envió a Herodes con la esperanza de transferir la responsabilidad. Segundo, pensó en azotarlo y soltarlo y así calmar la sed de sangre de la multitud. Tercero, intentó soltarlo pensando que la gente lo elegiría a Jesús en lugar de Barrabás. Y cuarto, intentó demostrar su inocencia lavándose las manos ante la multitud.

*Pilato tenía que elegir entre el honor y la ambición, entre los principios éticos y la conveniencia personal. Si es que las tuvo, Pilato, como decía un comentarista deportivo no quiso, no supo o no pudo sostener sus convicciones, pienso que no quiso sostenerlas por miedo a perder beneficios personales. Pilato cedió porque era un cobarde.

 

¿Nos horrorizamos ante la conducta de Pilato y lo condenamos fácilmente? Sin embargo muchas veces pasamos por alto el hecho de que nuestro comportamiento en ocasiones es similar.

¿Cuántas veces comprometemos nuestras convicciones para evitar el costo de una entrega total a Cristo? ¿Cuántas veces tomamos caminos sinuosos tratando de evitar los principios o mandamientos de la Palabra de Dios? ¿Cuántas veces desligamos decisiones en manos de otros para no vernos comprometidos? ¿Cuántas veces decimos creerle pero con los hechos demostramos lo contrario? ¿Cuántas veces le declaramos públicamente lealtad y fidelidad y al mismo tiempo lo negamos en nuestro corazón? El Señor nos ayude a ser verdaderamente fieles y completamente entregados a Él.

 

·         El pueblo judío y sus sacerdotes. La actitud de Pilato es inexcusable, pero tenemos que reconocer que fueron los líderes judíos quienes lo colocaron en esa situación. Fueron ellos quienes lo acusaron e incitaron a la multitud para que exigiera su crucifixión. El pueblo también tuvo su responsabilidad en la muerte de Jesús como lo declaró Pedro en Hechos 3:12-15 (“…Varones israelitas…el Dios de nuestros antepasados, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien ustedes entregaron y negaron delante de Pilato, cuando éste ya había resuelto ponerlo en libertad.  Pero ustedes negaron al Santo y Justo, y pidieron que se les entregara un homicida.  Fue así como mataron al Autor de la vida, a quien Dios resucitó de los muertos. De eso nosotros somos testigo”)

Los mismos que lo habían recibido calurosamente en Jerusalén el domingo de ramos, cinco días después clamaban pidiendo su sangre. Pero los líderes tenían mayor culpa porque ellos los habían incitado.

 

*Jesús había desconcertado a los líderes religiosos judíos, su comportamiento era una afrenta a la Ley sagrada y a sus tradiciones. No usaba los lugares habituales, no tenía credenciales, ni las autorizaciones acostumbradas. Para ellos era provocativo, compartía con personas despreciables, participaba de fiestas en lugar de ayunar, profanaba el día de reposo sanando ese día, etc. Y no solo eso, criticaba y acusaba a los fariseos de ocuparse más de los reglamentos que de las personas. Los acusó de hipócritas… (“ciegos guías de ciegos… sepulcros blanqueados”… Mt.23:27). 

 

*Para estos dirigentes eran acusaciones intolerables, se sentían indignados, pero había algo más que los movía y era la envidia. Nadie siente envidia de otros a menos que primero se sienta orgulloso de sí mismo. Ellos tenían un gran orgullo por su raza, su nación, religión, su moral, su relación con Dios.

*La disputa con Jesús, era esencialmente una lucha por la autoridad. Jesús tenía una autoridad que ellos no tenían, la autoridad de Jesús era real, espontánea, transparente, la autoridad de Dios. Por todo eso se sentían amenazados por él. La seguridad y la dignidad de Jesús quedaban intactas. Ellos, en cambio, perdían prestigio, disminuía el dominio que ejercían sobre el pueblo, la confianza que se tenían a sí mismos y la dignidad que ostentaban. Le tenían envidia, y por consiguiente resolvieron librarse de él.

 

·         Judas Iscariote, el traidor. Consideramos a los soldados, a Pilato, a los líderes religiosos y al pueblo judío y no podemos dejar de considerar aunque sea brevemente a Judas. El jueves santo será recordado siempre como “la noche que fue entregado” (1º Co. 11:23), y a Judas como “el que lo entregó”. No hay vuelta atrás.

Algunos consideran que a Judas se le asignó una misión injusta en la vida y que siempre ha tenido mala prensa. Sobre este tema hay muchas opiniones y controversias y no es mi intención hoy polemizar.

*El relato bíblico indica que Jesús anticipó quién lo iba a traicionar  y se refirió él diciendo que era "el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese”. También es cierto que Judas hizo lo que hizo sólo después de que Satanás primeramente le puso en el corazón la idea y luego realmente "entró en él'. No obstante, nada de esto disculpa a Judas. Tiene que tenérselo por responsable de lo que hizo, y seguramente estuvo tramando la traición bastante tiempo. El hecho de que su traición se predijo en las Escrituras no significa que no tuviera libertad para elegir.

*La motivación de su traición ha sido y es motivo de intriga y análisis por parte de los estudiosos llegando a varias teorías que no vamos a considerar hoy. Lo cierto es que el apóstol Juan, en ocasión del ungimiento de Jesús por María en Betania, deja ver la CODICIA de Judas quien era el tesorero del grupo y ladrón ya que como tenía la bolsa sustraía de ella.

Quizás había otras pasiones oscuras en su corazón, es algo que solo podemos conjeturar. No obstante Juan nos dice que lo que finalmente lo venció fue la codicia monetaria.

 

Ayer y hoy, por codiciar ganancias materiales hay seres humanos que se reducen a una profunda depravación. La codicia no distingue entre tiempos, clases sociales, color de piel, etc.  *Hay jueces que han pervertido la justicia, como los jueces de Israel de los que Amós dijo: "Vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos" (2.6). *Hay políticos que han usado y usan su poder para otorgar contratos al mejor postor por dinero. *Hay comerciantes que han realizan transacciones dudosas, arriesgando el bienestar de otros con el fin de hacer un negocio más ventajoso o que pesan 900 gramos en lugar de mil. Incluso ha habido y *hay líderes supuestamente espirituales que han convertido la religión en una empresa comercial. No es por nada que Jesús nos dice "guardaos de toda avaricia", y que Pablo declara que el amor al dinero es "raíz de todos los males”

 

II. LOS PORQUÉS DE LA MUERTE DE CRISTO   

 

v  Jesús murió porque fue objeto de la hostilidad civil, política y religiosa. Ya consideramos más detalladamente a tres actores, Pilato, Caifás y Judas, a ellos se les atribuye la principal culpabilidad por la crucifixión de Jesús, y a los que estaban asociados con ellos, sean soldados, sean sacerdotes o personas del pueblo. Jesús murió en la cruz porque ellos dieron rienda suelta al odio, la intolerancia, la codicia, la envidia y la cobardía que había en sus corazones.

v  Jesús murió porque debían cumplirse las profecías bíblicas. Cuando Pedro intentó librarlo de sus perseguidores, el Señor le respondió: “¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?” (Mt 26:54). Aun después de su resurrección, los discípulos todavía no comprendían la necesidad de la muerte de Cristo. “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” (Lc. 24:45). En Jesús se cumplen todas las profecías que hablan de Él en el Antiguo Testamento, algunos hablan de más de 300. Con relación a su muerte podemos mencionar solo algunas: 1). Desprecio del pueblo judío (Is. 53:3 – Jn.1:11). 2). Entrada triunfal en Jerusalén (Zac. 9:9 – Jn. 12:13-14). 3). Traicionado por uno de los suyos. (Sal. 41:10 – Mr.14:10). 4). Vendido por treinta piezas de plata (Zac. 11:12 – Mt. 26:15). 5). Se mantendría en silencio en el juicio (Is. 53:7 – Mt. 26:62-63). 6). Crucificado con delincuentes (Is. 53:12 – Mt. 27:38). 7). Su costado sería traspasado. (Zac. 12:10 – Jn. 19:34). 8). Resucitaría después de su muerte (Sal. 16:10 – Mt. 28:9).

v  Jesús murió para destruir las obras de satanás.  1ª Jn. 3: 8 dice. “El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo”. La cruz es el lugar donde Cristo redimió a la humanidad del poder de satanás quien a causa del pecado la mantenía cautiva. Cristo puso fin a los derechos de satanás sobre nosotros (Col. 2:14-15). Obviamente quienes creen en Jesús y le reciben como Señor son librados del poder de satanás (Col. 1:12-13).

La cruz también es el lugar donde satanás fue completamente derrotado. Hebreos 2:14-15 dice: Así como los hijos eran de carne y hueso, también él era de carne y hueso, para que por medio de la muerte destruyera al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al diablo,  y de esa manera librara a todos los que, por temor a la muerte, toda su vida habían estado sometidos a esclavitud”. Al morir en la cruz parecía como si los poderes de las tinieblas hubieran obtenido la victoria sobre Él, pero al resucitar de la tumba triunfó poderosamente sobre satanás y todas las potestades de las tinieblas.

Si hemos nacido de nuevo, si Cristo es nuestro Señor, estamos seguros, el maligno no nos toca.

 

v  Jesús murió porque necesitábamos un Salvador y un Sustituto. La Biblia nos enseña que a través de un hombre la muerte entró en el mundo como consecuencia del pecado (Ro. 5:12). Teniendo en cuenta que el pecado es la transgresión a la Santa Ley de Dios, que todas las personas son pecadoras (Ro. 3:23), y que la paga del pecado es la muerte (Ro. 6:23), Dios en su justicia no podía pasar por alto el pecado, pero a la vez tampoco podía dejar de manifestar su inmenso amor por la humanidad.

Como la ley transgredida era divina, solo alguien igual a Dios e igual a los hombres podría salvarnos, esa persona es Jesucristo el Hijo de Dios, enteramente Dios y enteramente hombre. En ÉL se revela un amor inigualable, inconmensurable e inexplicable. Solo en Jesucristo y por la fe hay salvación y reconciliación (Hch. 4:12; Ro. 5:10), ÉL es el único mediador entre Dios y los hombres (1ª Tim. 2:5; He. 8:6).

Jesús murió para tomar nuestro lugar y así aplacar la ira de Dios por nuestros pecados, de esa manera el pecado tenía su castigo y al mismo tiempo rescataba a la humanidad (que cree en ÉL) del pecado, de la culpa del pecado y de la condenación del pecado. Sí, ÉL tomó nuestro lugar. 

Algo que no debemos olvidar es que Jesús no murió como un mártir. Fue a la cruz voluntariamente, deliberadamente, desde el comienzo de su ministerio público se consagró a ese destino. Siempre se identificó con los pecadores y siempre rechazó la posibilidad de desviarse del camino de la cruz. Continuamente expresaba que su muerte era necesaria. ÉL dijo: “El buen Pastor su vida da por las ovejas”, “Pongo mi vida… nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo” (Jn. 10:11, 17-18)

 

CONCLUSIÓN:

Entonces, después de todo lo que hemos considerado, podemos volver a preguntarnos ¿por qué murió Jesús? ¿quién entregó a Jesús a la muerte? La respuesta que sintetizó Octavius Winslow (pastor y predicador bautista) es muy efectiva: “No fue Judas por dinero; no fueron los religiosos judíos por envidia, no fue Pilato por temor y cobardía, Sino el Padre ¡por amor!”.

Es esencial que mantengamos unidas estas dos formas complementarias de ver la cruz. En el nivel humano, Judas lo entregó a los sacerdotes, quienes lo entregaron a Pilato, quien a su vez lo entregó a los soldados, quienes lo crucificaron. Pero en el nivel divino, fue el Padre quien lo entregó, y Jesús se entregó a sí mismo para morir por nosotros.

Al contemplar la cruz, entonces, podemos ver que todos los motivos apuntan a un solo lugar: MI PECADO, podemos decirnos a nosotros mismos: "Yo lo hice, mis pecados lo llevaron a la cruz': y a la vez: "Lo hizo ÉL, su amor lo llevó allí". El apóstol Pedro unió ambos conceptos notablemente en el libro de Hechos cuando declaró: fue entregado conforme al plan determinado y el conocimiento anticipado de Dios, y ustedes lo aprehendieron y lo mataron por medio de hombres inicuos, crucificándolo” (2:23). “Es un hecho que Herodes y Poncio Pilato, junto con los no judíos y el pueblo de Israel, se reunieron en esta ciudad en contra de tu santo Hijo y ungido, Jesús, para hacer todo lo que, por tu poder y voluntad, ya habías determinado que sucediera.” (4:27-28).

Así Pedro atribuyó la muerte de Jesús simultáneamente al PLAN DE DIOS y a la MALDAD DE LOS HOMBRES. La cruz pone en evidencia la maldad humana, y al mismo tiempo, el propósito de Dios de vencer esa maldad.

Dice Stott: “Antes de que podamos ver la cruz como algo que fue hecho para nosotros (conduciéndonos hacia la fe y la adoración), tenemos que verla como algo hecho por nosotros (para llevarnos al arrepentimiento)."

Sólo la persona que está dispuesta a reconocer su parte en la culpa de la cruz", escribió el canónigo Peter Green, "puede ser partícipe de la gracia que ella proporciona".  Por eso al mirar la cruz hay dos opciones…

¡Gloria a Nuestro Dios!                                                                                       Ricardo A. Martínez

BIBLIOGRAFÍA: 

LA CRUZ DE CRISTO -  JOHN STOTT – EDICIONES CERTEZA 1996.


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