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UN CANTO DE VICTORIA - Ro. 3.24-25; 1a . P. 1.18; 1 Co. 6.18-20


Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 03/jun./2018
Categorias: Guía para alcanzar la Vida Eterna, Series de Estudios


 

INTRODUCCIÓN:

            Movido por la perfección de su SANTO AMOR,  Dios en Cristo nos sustituyó ocupando el lugar de nosotros los pecadores. Esto es lo central de la Cruz de Cristo...

            Pasamos ahora del acontecimiento a las consecuencias del mismo, de lo que ocurrió en la Cruz a lo que se logró por medio de ella. ¿Para qué ocupó Dios nuestro lugar y llevó sobre sí nuestro pecado? ¿Qué fue lo que obtuvo mediante este sacrificio de sí mismo, mediante esta sustitución?...

            El Nuevo Testamento (N.T.) ofrece tres respuestas principales a estos interrogantes. Pueden sintetizarse en las palabras “Salvación”, “Revelación” y “Conquista”. Lo que Dios en Cristo Jesús hizo en la Cruz es “Rescatarnos”, “Darse a conocer” y “Vencer al Mal”. En estos próximos dos sermones centraremos la atención en el tema de la Salvación por medio de la Cruz...

            Dios está llamando y separando a un Pueblo para sí... En las imágenes de la Salvación las palabras justificación y redención evocan respectivamente los divergentes mundos de la ley y el comercio. Subyace en ellas la realidad de que Dios en Cristo ha llevado nuestro pecado y ha muerto nuestra muerte para librarnos del pecado y de la muerte...

            Las imágenes que evoca cada término, la “Propiciación” nos lleva a los ritos en el Santuario del Templo judío, la “Redención” a las transacciones en el mercado, la “Justificación” a lo que ocurre en los tribunales judiciales, y la “Reconciliación” a las experiencias en el hogar o en la familia... La “Sustitución” no es una “teoría” o una “imagen” más que se puede ubicar a la par de las otras, sino más bien el fundamento de todas ellas, sin la cual cada una de ellas carece de sustento...

            Dios en Jesucristo murió en nuestro lugar. Si no fuera así no podría haber Propiciación, ni Redención, ni Justificación ni Reconciliación. (SLIDE). Además, la vida de todas las imágenes comienza en el Antiguo Testamento (A.T.), pero se elaboran y enriquecen en el N.T., particularmente al ser relacionadas directamente con Cristo Jesús y la Cruz...

 

1.- LA PROPICIACIÓN:

            Los cristianos occidentales de habla hispana estamos muy familiarizados con el lenguaje de la “Propiciación” en relación con la muerte de Jesucristo, por cuanto la versión de Reina Valera, con la cual se han criado, contiene tres afirmaciones explícitas en torno a ella:

De la pluma de Pablo: “... Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”. Ro. 3.24-25.

De Juan: “… abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. y él es la propiciación por nuestros pecados”. 1a. Jn. 2.1-2.

“...En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” 1a. Jn. 4.10. (SLIDE)

            Lo que se nos revela en las Sagradas Escrituras es una doctrina pura de la Santa Ira de Dios, de su amoroso sacrificio de sí mismo en Cristo Jesús y de su iniciativa destinada a desviar su propia Ira. Resulta obvio que la “Ira” y la “Propiciación” (el apaciguamiento de la ira) van juntas... (SLIDE)

            La descripción de Cristo Jesús como el “hilasmos” (la propiciación) en relación con nuestros pecados (1a. Jn. 2.2; 4.10) podría entenderse sencillamente con el significado de que los llevó o los canceló. Pero también se lo menciona como nuestro "abogado ... para con el Padre" (2.1), lo cual implica el descontento de Aquel ante quien ruega a nuestro favor...

            En cuanto al pasaje de Ro. 3, el contexto es determinante. Sea que traduzcamos “hilasterion” en el v. 25 como “el Lugar de la Propiciación” (es decir, el propiciatorio, como en He. 9.5) o “el medio de la propiciación” (es decir, un sacrificio propiciatorio), el Jesús al que así se describe es presentado por Dios como el remedio para la culpa humana universal bajo su Ira, para demostrar lo cual, Pablo ha requerido dos capítulos y medio...

            Como lo comenta acertadamente Lean Morris, "la Ira ha ocupado un lugar tan importante en la argumentación que lleva a esta sección que tenemos justificativos para buscar alguna expresión que indique su cancelación en el procedimiento que da como resultado la Salvación”...

            Es cierto que en He. 2.17 “hilaskomai” es un verbo transitivo, con “los pecados del pueblo como su objeto”. Por lo tanto, puede traducirse “expiar” (VRV2, VRVA, VHA) o “hacer expiación por” (NVI). Este significado no es indubitable, sin embargo. En nota marginal, NVI traduce “que aparte la Ira de Dios, quitando” los pecados del pueblo...

Tres aspectos en el enfoque bíblico de la Propiciación:

            Para elaborar una doctrina verdaderamente bíblica de la Propiciación, es necesario distinguirla de las ideas paganas en tres puntos cruciales. Estos se relacionan con el por qué de la necesidad de una propiciación, quién la hizo, y de qué se trataba.

A. Primero. La Propiciación es necesaria porque el pecado despierta la Ira de Dios. Esto no significa (como temen los animistas) que Dios es susceptible de perder los estribos ante la menor provocación, menos todavía que se encoleriza sin razón aparente alguna... (SLIDE)

            No hay nada caprichoso o arbitrario en cuanto al santo Dios. Además, jamás actúa en forma irascible, maliciosa, rencorosa o vengativa. Su enojo nunca es misterioso ni irracional. Jamás es impredecible, porque lo provoca el mal y sólo el mal. La Ira de Dios, como lo hemos considerado en sermones anteriores, es su firme, inexorable, infatigable e intransigente antagonismo ante el mal en todas sus formas y manifestaciones...

            En pocas palabras, la Ira de Dios está en el polo opuesto al nuestro. Lo que provoca nuestro enojo (la vanidad herida) nunca lo provoca a Él. En cambio lo que provoca su Ira (el mal) pocas veces nos incomoda a nosotros.

B. Segundo. ¿Quién hace la propiciación? En un contexto pagano son siempre seres humanos los que procuran apartar la ira divina ya sea mediante una meticulosa realización de ritos, mediante la recitación de fórmulas mágicas o mediante el ofrecimiento de sacrificios (vegetales, animales o incluso humanos)...

            Se piensa que tales prácticas aplacan a la deidad ofendida. Pero el Evangelio comienza con la clara afirmación de que nada que podamos hacer, decir, ofrecer o incluso contribuir nosotros, puede servir para hacer compensación por nuestros pecados o apartar la Ira de Dios. No hay forma de persuadir, halagar o sobornar a Dios para que nos perdone, por cuanto en realidad no merecemos otra cosa que juicio...

            Tampoco, como hemos visto, es cierto que Jesucristo mediante su sacrificio haya “convencido” a Dios de que nos perdone. La iniciativa la tomó Dios mismo en su pura Misericordia y Gracia  (Lv. 17.11)...

            No se trata de que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados (1a. Jn. 4.10).  No cabe ninguna duda de que el Amor de Dios es la fuente, no la consecuencia, de la expiación...

            Como lo expresó P. T.  Forsyth, "la expiación no obtuvo la Gracia, provino de ella”. En otras palabras, Dios no nos ama porque Cristo murió por nosotros; más bien, Cristo murió por nosotros porque Dios nos ama. Si fue la Ira de Dios lo que requería la propiciación, fue el Amor de Dios mismo el que obró la propiciación...

            Si se puede decir que la propiciación “cambió” a Dios, tengamos bien en claro que no cambió de la ira al amor o de la enemistad a la Gracia, por cuanto su Carácter es inalterable. Lo que la propiciación cambió fue su trato con nosotros...

            Como escribió P. T.  Forsyth: "La distinción que les pido que observen es entre un cambio de sentimiento y un cambio de trato... Los sentimientos de Dios hacia  nosotros nunca necesitaron cambiar. Pero la forma de tratarnos por parte de Dios –la relación práctica de Dios con nosotros– eso sí tenía que cambiar"... Dios nos perdonó y nos recibió en su seno nuevamente...

C. Tercero ¿En qué consistía el sacrificio propiciatorio en la Cruz? No se trataba ni de un animal, ni de un vegetal ni de un mineral. No era una cosa en absoluto, sino una persona. Más aun, la persona que Dios ofreció no era alguna otra persona, ya fuese un ser humano o un ángel, o incluso su Hijo considerado como alguien distinto o externo a sí mismo...

            En la Cruz Dios se ofreció a sí mismo. Al dar al Hijo, se estaba dando a sí mismo. Como escribió repetidamente Karl Barth: “Era el Hijo de Dios, es decir, Dios mismo”. Dijo:

“El hecho de que se trataba del Hijo de Dios, que Dios mismo ocupó nuestro lugar en el Gólgota y de este modo nos libró de la ira y el juicio divinos, revela primeramente la plena implicancia de la ira de Dios, de su justicia condenatoria y punitiva. [Además], dado que fue el Hijo de Dios, es decir Dios mismo, quien ocupó nuestro lugar el Viernes Santo, la sustitución pudo ser efectiva y pudo lograr nuestra reconciliación con el Dios justo...  Sólo Dios, nuestro Señor y Creador, pudo obrar como fiador por nosotros, pudo ocupar nuestro lugar, pudo experimentar la muerte eterna en lugar de nosotros como consecuencia de nuestro pecado, de tal modo que fue experimentada y vencida definitivamente.”

            Y  todo esto, aclara Barth, era expresión no sólo de la Santidad y la Justicia de Dios, sino de “las perfecciones del amor divino”, más todavía del “Santo Amor” de Dios.

            Luego entonces, Dios mismo ocupa el centro de nuestra respuesta a las tres preguntas en torno a la propiciación divina. Es Dios mismo el que en su Santa Ira tiene que ser propiciado, Dios mismo el que en su Santo Amor se ocupó de llevar a cabo el acto propiciatorio, y Dios mismo el que, en la persona de su Hijo, murió como propiciación por nuestros pecados. Así, Dios tomó su propia iniciativa amorosa para apaciguar su propia Ira justa...

            Él la llevó sobre sí, en su propio Hijo, cuando ocupó nuestro lugar y murió por nosotros. No hay crudeza aquí que pueda evocar el ridículo, sólo la profundidad del santo amor que evoca nuestra adoración...

2.- LA REDENCIÓN:

            Pasamos ahora de la “Propiciación” a la “Redención”. En el nivel más básico “Redimir” es comprar o recuperar por compra, ya sea como adquisición o como rescate. Inevitablemente, entonces, se pone el énfasis de la imagen de la redención en nuestro lamentable estado de pecado –más bien nuestro cautiverio– que hizo necesario un acto de rescate divino...

            La “Propiciación” se centra en la Ira de Dios que fuera aplacada por la Cruz; la Redención, en la angustiosa situación de los pecadores, de la cual fueron rescatados por la Cruz...

            Por otra parte, “Rescate” es la palabra apropiada. Las palabras griegas “Iytroo” (traducida generalmente como “redimir”) y “apolytrosis” (“redención”) se derivan de “Iitron” (“rescate” o “precio de liberación”), que era un término casi técnico en el mundo antiguo para la adquisición de un esclavo.

            Como escribió Lean Morris, en vista del “invariable uso de los autores profanos”, a saber que este grupo de vocablos se refiere a "un proceso que comprende la liberación mediante pago de un precio de rescate”, a menudo muy costosa, no tenemos libertad para diluir su significado convirtiéndola en una liberación difusa e incluso barata...

            Hemos sido “rescatados” por Jesucristo, no solamente “redimidos” o “liberados” por él. B.B. Warfield tenía razón cuando señaló que "asistimos a los funerales de una palabra. Es triste verificar la muerte de cualquier cosa digna, incluso de un vocablo digno. Pero lo cierto es que hay palabras dignas que se mueren, como cualquier otra cosa digna, si no nos ocupamos de cuidarlas”. Más triste aun es "que mueran en el corazón de los hombres las cosas que las palabras representan"...

            Se refería a la pérdida, por parte de los de su generación, de un sentido de gratitud para con aquel que pagó nuestro rescate.

            En el Antiguo Testamento la propiedad, los animales, las personas y la nación eran todos “redimidos” mediante el pago de un precio...

            Estaba legislado el derecho (incluso el deber) de representar el papel de “pariente redentor” y recuperar por compra una propiedad que había sido enajenada, con el objeto de conservarla en la familia o tribu. Tenemos, por ejemplo, los casos en que actuaron Booz y Jeremías (Lv. 25.25-28; Rt. 3-4; Jer. 32.6-8. Cf Lv. 27 para la redención de tierras que habían sido dedicadas al Señor mediante un voto especial)...

            Llegamos a la conclusión de que la redención siempre comprende el pago de un precio, y de que la redención de Israel por parte de Yahvéh no fue una excepción. Incluso aquí, resume Warfield, "se preserva la concepción del pago de un precio que está intrínseca en [el verbo] “lutrousthai”  ... Una redención sin que se pague un precio es una transacción tan anómala como una venta sin la mediación de dinero"...

Tres énfasis de la redención en el Nuevo Testamento:

Cuando llegamos al N.T. y consideramos su enseñanza acerca de la redención, nos damos cuenta de inmediato que hay cambios. Sigue entendiéndose que quienes necesitan redención se encuentran en una situación tan lamentable que pueden ser redimidos solamente mediante el pago de un precio...

            Pero ahora la situación es moral más que material, y el precio es la muerte expiatoria del Hijo de Dios. Esto resulta evidente en el famoso dicho de Jesucristo sobre el rescate, de carácter fundacional para la doctrina neotestamentaria de la redención: "El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Mc. 10-45).

            La muerte de Cristo Jesús significa que le ocurre a él lo que debería haberles ocurrido a muchos. En consecuencia él ocupa el lugar de ellos. Una expresión paralela (quizá eco de ella) aparece en 1a. Ti. 2·5-6: "Jesucristo ... se dio a sí mismo en rescate por todos."...

A. Primero: ¿Cuál es la lamentable situación humana, de la que no podemos evadirnos y que hace necesario que seamos redimidos? De lo que Cristo nos ha rescatado es de una esclavitud moral. Esta se describe unas veces como nuestras “transgresiones” o “pecados” (por cuanto en dos versículos claves “redención” es sinónimo de “el perdón de los pecados” - Ef. 1.7; Col. 1.14. Cf He. 9.15.-), otras como “la maldición de la Ley” (a saber el juicio divino que pronuncia contra los que quebrantan la Ley), (Gá. 3.13; 4.5) y otras más como la “vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres”.(1a. P. 1.18.)

            Con todo, ni siquiera la liberación de estos cautiverios completa nuestra redención. Hay algo más todavía, por cuanto Cristo "se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad” (Tit. 2.14. El sustantivo es anomia, “ilegalidad”) para liberarnos de todos los estragos de la caída. Esto es algo que aún no hemos experimentado...

            El Pueblo de Dios en el N.T., si bien ya ha sido redimido de la culpa y el juicio, sigue esperando “el Día de la Redención” cuando hemos de ser hechos perfectos. Aquí estará incluida “la redención de nuestro cuerpo”...

B. Segundo: habiendo considerado la lamentable situación de la que hemos sido redimidos, es preciso que consideremos el precio con el cual hemos sido redimidos. El N.T. nunca exagera las imágenes hasta el punto de indicar a quién se le pagó el rescate, pero no nos deja con dudas acerca del precio, que fue la persona de Cristo mismo...

            Para comenzar, estaba el costo de la encarnación, de ingresar a nuestra condición o estado con el fin de alcanzarnos. Se nos dice que Dios envió a su Hijo, "nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley" (Gál. 4.4-5)...

            La pregunta es si Pablo estaba aludiendo al "dramático acto de ingresar en la esclavitud con el fin de redimir a un esclavo", así como la entrega del cuerpo para ser quemado (1 Co. 13.3) podría referirse al hecho de ser "señalado con la marca del esclavo”

            Más allá de la encarnación, sin embargo, se encontraba la expiación. Para cumplirla se dio “a sí mismo” (1a. Ti. 2.6; Tit. 2.14) o entregó su “vida” (su “psyche”, Mc. 10.45), muriendo bajo la maldición de la Ley para redimirnos de ella (Gál. 3.13)...

            Sin embargo, cuando se indica el gran precio pagado por Cristo Jesús para rescatarnos, la expresión más común empleada por los autores neotestamentarios no fue “sí mismo”, ni su “vida” sino su “sangre”. "Fuisteis rescatados... no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”  (1a. P. 18-19)...

            Por su parte, el escritor de la Carta a los Hebreos, empapado como lo estaba en las imágenes sacrificiales, enfatizó el hecho de que Cristo fue víctima a la vez que sacerdote, ya que "por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo" (He. 9.12. Ver también las referencias a la sangre de Cristo en relación con nuestra redención tanto en Ro. 3.24s y Ef. 1.7)...

C. Tercero: La imagen de la “Redención”. Además de la trágica situación de la cual somos redimidos, y del precio pagado para ello, llama la atención hacia la persona del Redentor, quien adquiere derechos de propiedad sobre lo que ha comprado. Así, el señorío de Cristo Jesús tanto sobre la Iglesia como sobre el cristiano se atribuye al hecho de que nos compró con su propia sangre (Hch. 20.28)...

            Si valía la pena que él derramase su sangre por la Iglesia, ¿acaso no vale la pena que nosotros trabajemos por ella? El privilegio de servirla lo determina el inmenso valor del precio pagado por su compra. Ese parece ser el argumento...

            Recordar que el Señor Jesucristo nos ha comprado con su sangre, y que como consecuencia nosotros le pertenecemos, debería motivarnos a la santidad, como cristianos “individuales”... Detectamos una nota de escándalo en la voz de Pedro cuando habla de los maestros falsos que con su desvergonzado comportamiento "negarán al Señor que los rescató" (2a. P. 2.1)...

            Puesto que él los compró, le pertenecen. Por lo tanto, deberían reconocerlo como Señor en lugar de negarlo. El urgente llamado que nos hace Pablo cuando dice “huid de la fornicación” (“inmoralidad sexual”) tiene como base la doctrina del cuerpo humano por a quién le pertenece...

            Por un lado, pregunta sorprendido: "¿Ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?", Y afirma: "Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo." (1a. Co. 6.18-20; cf 7.23.)

CONCLUSIÓN:

            Hemos sido comprados por Cristo, por lo cual no tenemos derecho alguno a hacernos esclavos de nadie ni de nada. Tiempo hubo en que fuimos esclavos del pecado; ahora somos esclavos de Cristo, y su servicio es la verdadera libertad.(1)

Veremos el costo de esta Propiciación y Redención en el video de RAY VANDER LAAN. Tercera parte: https://youtu.be/QLWnrrTfZnM

            Esta victoria fue ganada por nuestro REY JESUCRISTO. Cantemos con alegría el himno “JESÚS ES MI REY SOBERANO”.

 

BIBLIOGRAFÍA:

1.- LA CRUZ DE CRISTO. John Stott. Edit. Certeza. 1ra. Edición.


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