¡EL VALOR DE LA CRUZ DE CRISTO! - Heb 2:14-15; Col 2:13-15

Autor: Ricardo Martinez
Publicado: 24/jun/2018
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

Muchas veces hemos escuchado en el pasado, y seguimos escuchando en el presente en ámbitos eclesiásticos evangélicos la palabra “derrota” o “derrotado” para referirse a cierta condición expresada en la vida de algunas personas que componen la Iglesia del Señor Jesucristo. (La palabra derrota tiene varias acepciones, pero la que nos interesa es aquella que se refiere a “ser vencido completamente, ser roto o arruinado por el enemigo o adversario”).
No vamos hablar hoy acerca de este tema específicamente, probablemente si se lo haga en la segunda parte de este tema en el próximo mensaje. Solo hago referencia a estos términos para marcar un contraste con lo que el Nuevo Testamento nos muestra en relación al cristianismo: una increíble atmósfera de victoria, gozo y confianza.
Los cristianos primitivos no se sentían derrotados en ningún sentido; más bien hablaban de victoria. Y si hablaban de victoria, sabían que se lo debían al Jesús victorioso. Lo dice en su Palabra el apóstol Pablo inspirado por el Espíritu Santo:
 
“Pero gracias a Dios, que en Cristo Jesús siempre nos hace salir triunfantes”… (2° Co. 2:14ª)
¡Pero gracias sean dadas a Dios, de que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!” (1Co. 15:57).
“Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” (Ro. 8:37).
 
Cualquier persona de la época que viera morir a Cristo hubiera escuchado con sorprendida incredulidad la afirmación de que el Crucificado fuera un Vencedor. ¿Acaso no fue rechazado por su propia nación, traicionado, negado y abandonado por sus propios discípulos, y finalmente ejecutado por la autoridad que investía a Poncio Pilato, el procurador romano?.
 
¿Se podía hablar de victoria con el Señor Jesucristo privado de su libertad, clavado en la cruz, debilitado por el dolor, objeto de burlas, vituperado y maldecido? Más bien parecía una derrota total. Si había victoria en ese momento era la victoria del orgullo, los prejuicios, los celos, la mentira, el odio, la cobardía y la brutalidad.
           
            No obstante lo que parecía ser (y lo era aunque sea en esos momentos) la derrota del bien por el mal, era ciertamente la derrota del mal por el bien. Vencido allí, Él mismo estaba venciendo. Humillado y aplastado por el cruel poder de Roma, Él mismo estaba aplastando la cabeza de la serpiente (Gn. 3:15). La víctima emerge victoriosa de la cruz. Dice J. Stott: La cruz sigue siendo el trono desde el cual gobierna al mundo.
 
            Hemos visto hasta ahora varios de los logros obtenidos a través de la Cruz de Cristo, como el perdón, la satisfacción, la sustitución, la salvación (los cuatro términos aprendidos: propiciación, redención, justificación y reconciliación), y la revelación de Dios como vimos el domingo pasado.
           
Ahora veremos además, como la cruz aseguró el triunfo sobre el mal, y lo haremos en dos partes, hoy consideraremos SEIS aspectos sobre la histórica victoria de Cristo en la cruz sobre satanás, y el domingo que viene la victoria del pueblo de Dios, la cual solo es posible por la victoria de Cristo.
 
I. LA VICTORIA PREDICHA DE CRISTO.
 
            Cuando de satanás se habla, en este mundo moderno, hay muchas opiniones y creencias. Pero por lo general estas se dividen en dos actitudes opuestas: la primera es la de una excesiva preocupación por el maligno. La segunda es la de un excesivo escepticismo acerca de su existencia, y las dos le vienen bien a satanás…
           
            Pero la realidad es que el Nuevo Testamento afirma categóricamente su existencia, y también que es en la Cruz donde Jesús desarmó al diablo y lo venció al igual que a todos los principados y potestades bajo su mando
            ¿Pero cómo logró Dios en Cristo la victoria sobre Satanás? De acuerdo a las  Escrituras, aunque la derrota decisiva se llevó a cabo en la cruz, la victoria se desenvuelve en seis etapas. La etapa inicial es la victoria predicha.
           
La primera predicción sobre la victoria de Cristo la hizo Dios mismo en el huerto del Edén como parte de su juicio sobre la serpiente, en lo que se conoce como el protoevangelio (primera proclamación del Evangelio declarada por Dios) de Gn. 3.15: "Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre su descendencia y tu descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón”. Aquí se identifica a la simiente de la mujer como el Ungido de Dios, el Mesías, por medio de quien se establecerá el reinado justo de Dios y se erradicará el reinado del mal.
            Luego de esto vemos que todo texto del Antiguo Testamento que declara el reinado presente de Dios, como así también su futuro reinado sobre las naciones a través del Mesías, puede entenderse como una profecía del aplastamiento definitivo de satanás. Por ej. En textos como: “Tuya es, Señor, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; pues tuyas son todas las cosas que están en los cielos y en la tierra. Tuyo es, Señor, el reino. ¡Tú eres excelso sobre todas las cosas!”. (1° Cr. 29:11); o “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. (Is. 9:6)
 
II. LA VICTORIA INICIADA POR CRISTO.
 
            La segunda etapa es la victoria que se inicia cuando el Señor Jesús comienza a desarrollar su ministerio aquí en la tierra.
Al reconocerlo como su futuro vencedor, Satanás hizo muchos y diversos intentos por librarse de él.
*Intentó mediante el asesinato de los niños de Belén por orden de Herodes (Mt. 2:1-18)
*Mediante las tentaciones en el desierto para evitar el camino de la cruz (Mt. 4:1-11)
*Mediante la decisión de la multitud de obligarlo a encarar un reinado político-militar (Jn. 6:14-15)
*Mediante la contradicción de Pedro en cuanto a la necesidad de la cruz ("¡Quítate de delante de mí, Satanás!" Mt. 16:23)
*Y por medio de la negación de Judas, en quien Satanás “entró”. (Jn. 13:27).
           
            Pero Jesús estaba decidido a cumplir lo que estaba escrito de él. Anunció que el reino de Dios había llegado justamente a esa generación por medio de él (Mt. 4:17), y que sus poderosas obras constituían las pruebas visibles de ese reino (Lc. 7:18-22).
 
Así que vemos CON JESÚS a este reino avanzando y al reino de satanás retrocediendo ante Él, en la medida en que los demonios son echados, las enfermedades son curadas, y aun la naturaleza desorganizada reconoce a su Señor. (Mr.1:24; Mt. 4:23; Mr. 4:39). Además cuando Jesús mandó a sus discípulos a predicary sanar como representantes suyos; cuando volvieron, emocionados porque los demonios se les habían sometido en su nombre, Él contestó que había visto "a satanás caer del cielo como un rayo'.
 
            La declaración más clara al respecto es la que hace el Señor en Lc. 11:21-22:Cuando un hombre fuerte está bien armado y protege su palacio, lo que posee no corre peligro. Pero cuando otro más fuerte que él viene y lo derrota, le quita todas las armas en las que confiaba, y reparte el botín.” Donde reconocemos en el hombre fuerte al diablo, en el otro “más fuerte” al Señor Jesucristo, y en el reparto del botín la liberación de sus esclavos.
           
III. LA VICTORIA OBTENIDA POR CRISTO.
 
            La victoria de Cristo había sido anticipada desde los comienzos de la humanidad, e iniciada con el ministerio del Señor Jesucristo, sin embargo el “hombre fuerte” no fue “atado” ni “vencido” hasta que se produjo la tercera etapa, la definitiva, la victoria obtenida en la Cruz.
           
El Señor se refirió tres veces a satanás como el príncipe de este mundo (Jn. 12:31, 14:30, 16:11) el cual estaba a punto de lanzar su ataque final, pero también dijo que sería expulsado, juzgado y condenado. Evidentemente el Señor estaba anticipando el hecho de que  en el momento de su muerte en la cruz se llevaría a cabo la batalla final y los poderes de las tinieblas serían derrotados.
Así, Cristo habría de "destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo" y de esa manera liberaría a los que toda su vida habían estado sujetos a esclavitud o servidumbre como dice el texto que leímos al comienzo (He. 2:14-15).           
 
            Pero el otro texto que leímos (Col. 2:13-15) quizás sea el más importante del Nuevo Testamento para referirse a la victoria de Cristo:
…“os dio vida juntamente con Él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”. RV60
            Aquí el apóstol Pablo menciona los aspectos más sobresalientes de la Obra salvadora de Cristo en la cruz: el perdón de los pecados y la derrota total de los principados y potestades del mal. Ambas cosas ocurrieron a la vez.
            En relación a esto John Stott dice: “El acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria difícilmente pueda referirse a la ley o el mandamiento, que Pablo consideraba santo, justo y bueno (Ro. 7:12). Más bien debe referirse a la Ley quebrantada por nuestros pecados, que por esa razón estaba contra nosotros, y que nos era contraria con su juicio. La palabra que usa Pablo para el 'acta' es cheirografon, que era un documento escrito a mano, especialmente un certificado de deuda, una obligación  o una confesión firmada de deuda, que figuraba con un testimonio perpetuo contra nosotros”.(Como un pagaré podemos decir).
 
            En este pasaje el apóstol Pablo usa tres verbos para describir la forma en que Dios ha obrado con nuestro historial de pecado o nuestras deudas: Anuló la obligación, la quitó de en medio y la clavó en la Cruz. De modo que Dios no solo canceló nuestras deudas en la cruz de Cristo, sino que también destruyó el documento en el que estaba anotada. Aleluya!!!.
           
Luego Pablo nuevamente utiliza tres verbos bien gráficos para hablar de la derrota de las potestades del mal: El primero podría significar que Dios en Cristo los 'despojó' de sobre sí como ropa sucia, y los desechó. O mejor, que los despojó ya sea de sus armas y por lo tanto los 'desarmó', o de su dignidad y poder y de este modo los degradó. La segunda expresión del apóstol es que Cristo 'los exhibió públicamente', mostrándolos como las potestades sin potestad en que estaban convertidos. Y en tercer lugar, 'triunfó sobre ellos en la cruz', lo que probablemente sea una referencia a la procesión de cautivos con que se celebraba una victoria. El teólogo Handley Moule dijo: La cruz fue para Cristo, su patíbulo desde un punto de vista, y su carroza imperial desde otro.
 
De modo que la victoria de Cristo, predicha inmediatamente después de la caída fue iniciada durante su ministerio público y decisivamente ganada en la cruz. Las tres etapas restantes fueron consecuencias de esto.
 
IV. LA VICTORIA CONFIRMADA Y ANUNCIADA DE CRISTO.
           
            La cuarta etapa es la victoria confirmada y anunciada en la resurrección. No debemos considerar la cruz como derrota y la resurrección como victoria. Ambas fueron victorias, más bien, la cruz fue la victoria conquistada, y la resurrección la victoria confirmada, proclamada y demostrada. En casi todo el Nuevo Testamento, la muerte y resurrección del Señor van Juntas.
            Era imposible que la muerte pudiera retener al Señor porque la muerte ya había sido derrotada (Hch. 2:24). La resurrección era esencial para confirmar la eficacia de su muerte. La obra de Cristo de cargar con los pecados de la humanidad se cumplió en la cruz, la victoria sobre el diablo, el pecado y la muerte se logró allí.
           
Y la resurrección reivindicó al Jesús que fue rechazado por los hombres, declarando con poder que Él es el Hijo de Dios y confirmó públicamente que su muerte para llevar los pecados había resultado efectiva para el perdón de los mismos. Si Cristo no hubiese resucitado, nuestra fe y nuestra predicación serían inútiles, por cuanto su persona y obra no hubiesen recibido el apoyo divino (Hch. 5:31; Ro. 1:4; 1° Co. 15:13-14).
 
            Dice Stott: Debido a la resurrección, es un Cristo viviente el que nos ofrece la salvación que ha logrado para nosotros en la cruz. Él nos permite por su Espíritu no sólo compartir los méritos de su muerte sino también vivir en el poder de su resurrección, y nos promete que en el día final nosotros también tendremos cuerpos de resurrección.
 
V. LA VICTORIA DE CRISTO EXTENDIDA.
 
            La quinta etapa en la victoria de Jesucristo, es la victoria extendida. La victoria del Señor en la Cruz se extiende en la medida en que la iglesia sale a cumplir su misión, en el poder del Espíritu Santo, a predicar al Cristo crucificado como Señor y a llamar a la gente al arrepentimiento ya creer en Él. En toda conversión verdadera hay un volverse no sólo del pecado hacia Cristo, sino "de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios': y "de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero'. (Hch. 26:18; 1° Ts. 1:9; Col. 1:13).
 
En cada conversión hay también un rescate “de la potestad de las tinieblas... al reino de su amado Hijo”. De modo que toda conversión cristiana comprende un enfrentamiento de poderes en el cual el diablo es obligado a soltar la vida de alguien al que tiene en sus garras. Así el poder superior de Cristo queda demostrado.
 
            De manera que quienes hemos recibido los beneficios de la victoria del Señor en la cruz, tenemos el deber, la responsabilidad y el mandato del Señor de extender Su victoria a todas las naciones, haciendo discípulos, a nuestro paso por el mundo y mientras nos ocupamos de nuestras actividades diarias. (Mt. 18:19-20).
 
V. LA VICTORIA CONSUMADA DE CRISTO.
 
            La sexta etapa en la victoria del Señor es la victoria consumada en la segunda venida de Cristo o parusía (Hch. 1:9-11; He. 9:28; Fil. 3:20; Jn. 14:3; Mt. 25:31).El intervalo entre los dos acontecimientos, la Obra victoriosa de Cristo en la cruz,  y su segunda venida, debe ser llenado con la misión de la iglesia que mencionamos en el punto anterior.
 
El Señor Jesucristo, El Ungido del Señor ya está reinando, pero también está esperando hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies como dice su Palabra. En ese día toda rodilla se doblará ante él y toda lengua le confesará como Señor. El diablo será arrojado al lago de fuego, donde la muerte y el Hades se le unirán. Porque el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Luego, cuando todo dominio, autoridad y potencia perversos sean destruidos, el Hijo entregará el reino al Padre, y Él será todo en todos. (Sal. 110:1; Fil. 2:9-11; Ap. 20:10,14).
 
CONCLUSIÓN:
 
Como ya dijimos, lacruz está lejos de ser un lugar de derrota,la cruz es lugar de triunfo, la cruz es el lugar donde Cristo redimió a la humanidad del poder de satanás quien a causa del pecado la mantenía cautiva.   
Cristo puso fin a los derechos de satanás sobre nosotros.
 
La cruz también es el lugar donde satanás fue completamente derrotado. Al morir en la cruz parecía como si los poderes de las tinieblas hubieran obtenido la victoria sobre Él, pero al resucitar de la tumba triunfó poderosamente sobre satanás y todas las potestades de las tinieblas. El diablo no pudo apoderarse de Él y tuvo que aceptar su derrota.    
El Señor fue a la cruz en humildad, se negó a desobedecer a Dios Padre, a odiar a sus enemigos, o a hacer uso de su poder y relación con el Padre. Por su obediencia, su amor y su humildad obtuvo la más grande de las victorias. Victoria que luego se hace la victoria de su pueblo, de todos aquellos que verdaderamente creen el Él como Salvador y le reciben como Señor de sus vidas.
 
Hay una vieja canción, cortita y sencilla que solíamos cantar y que destaca la victoria de Cristo y el alcance que tiene para sus hijos:
 
“Has ganado la victoria,
la victoria para mí,
al pecado has vencido
has ganado la victoria Tú por mí”…
 
El cristiano verdadero NO tiene que sentirse derrotado porque como leímos al comienzo. No andamos triunfantes por nuestros méritos, nuestras capacidades o nuestros merecimientos. No, Dios nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo, por eso el apóstol Pablo dice en Romanos 8:37 que…”nosotros somos más que vencedores por medio de Aquel (Jesucristo) que nos amó”… 
 
¡Gloria a Nuestro Dios!                                                                                       
Ricardo A. Martínez
BIBLIOGRAFÍA: 

LA CRUZ DE CRISTO - JOHN STOTT – EDICIONES CERTEZA 1996. 


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