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COROLARIOS DE UNA VIDA CRISTIANA - Hechos 28:11-30

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 16/sep/2007
Categorias: No Sólo Palabras, Hechos,Series de Estudios

 

INTRODUCCIÓN

Finalizamos el estudio de este bendito libro de Hechos, que nos ha mostrado los frutos del actuar de los primeros cristianos. Desde el capítulo 8 hasta el final se relatan los hechos de la vida de el Apóstol Pablo.

Finalmente después de semejante periplo, Pablo arriba al puerto de Puzzuoli y de allí sube hasta la ciudad de Roma, la capital de imperio y del mundo conocido.

Si tuviéramos que darle una frase que resuma este último capítulo que nos toca hoy, podríamos decir que es el corolario de un fiel cristiano. Su final es que está preso a causa de haber elegido ser discípulo del Señor Jesucristo.


DESARROLLO

Este discípulo de Cristo, en los comienzos de su vida intelectual se levantaba un promisorio futuro. Él tenía de qué jactarse según Hch 22:3 y Fil 3:5. Era más hebreo que los que se decían hebreos, rigurosamente había sido circuncidado al 8vo. día, pertenecía a la secta de los fariseos, había estudiado en una de las escuelas más famosas en la cátedra del profesor más famosos de su época, Gamaliel.

Sin embargo, un buen día este futuro tan promisorio se derrumbó y se transformó en una vida de persecuciones, azotes con varas, apedreamientos que casi lo dejaron muerto, injurias, calumnias y finalmente un juicio injusto que lo llevó a la cárcel y por último al patíbulo.

Ese era el “plan de Dios” para su vida. Me imagino lo que habrá pasado por la mente humana de Pablo cuando leía “Yo sé los planes que tengo para ustedes ... a fin de que tengan un futuro lleno de esperanza”. (Jer 29:11 V.P.)

Imagínense que Pablo entra a la ciudad más famosa del mundo antiguo de aquella época. Entra por el puerto de Puzzoli y por sus famosas carreteras llega a la “Capital del mundo, Roma, con cerca de 2.000.000 de habitantes.

Construida sobre siete colinas, la ciudad era famosa por sus caminos y sus avenidas de 4 a 6 m. de ancho que, serpenteando entre los montes o a lo largo del río Tíber, permitían una hermosa vista panorámica.

Entre sus avenidas se encontraban la Vía Apia, la Vía Flamínia, la Vía Nomentana, la Vía Salaria, la Vía Ponciana, la vía Ostensis, la Vía Latina, la Vía Labicana y la Vía Tiburtina.

Mucha de esta gente vivía en grandes casas de departamentos de varios pisos, llamadas “insulae”. Los ricos vivían en casas llamadas “domi”, con habitaciones que tenían acceso a un patio exterior.

Al norte estaba el puerto de Miseno en el cual anclaba la flota romana; y al ver los barcos de guerra en la distancia, Pablo debió haber pensado en el poder de Roma.

Cerca de allí estaban las playas de Balae, repletas de gente veraneando (pues ya había pasado el invierno) y con las coloridas velas de los barcos de paseo de los romanos ricos.

Puzzoli, con sus muelles y depósitos y sus graneros y sus barcos era el puerto comercial más importante se Roma con un intenso movimiento comercial... allí estaba Pablo sólo, con la única compañía de un fiel hermano, Lucas que probablemente se la pasaba escribiendo todo el día, sin tener tiempo ni si quiera para hablar.

El Apóstol de los gentiles entra no como un ministro de lujo, colmado de adulaciones y honores, sin encadenado permanentemente a un soldado quien sería de la guardia pretoriana (grupo de elite del emperador) que no lo dejaría ni para ir a dormir, como era la ley de la época.

Aquí es cuando, probablemente por todo esto, el ánimo del apóstol decayó (v. 15) pues necesitó de la presencia de los hermanos para “cobrar aliento” (V.R.V.)

Tal vez por su cabeza pasaba la historia de su vida con otro final, aclamado por las masas de su pueblo como el gran erudito de la teología. Tal vez llegando a Roma en un barco de lujo acompañado por un séquito de seguidores que lo ovacionaban.

Tal vez se diría a sí mismo... “¡Qué lindo hubiera sido no cambiarme nunca de religión y me hubiera quedado continuando aprendiendo con Gamaliel! ¡Tal vez ahora sería su sucesor y llegaría personas del mundo entero para escucharme!.

O ¡Qué lindo hubiera sido el final de mi vida si me hubiera escusado delante de Dios argumentando un sin fin de argumentos!... Total, seguiría a Jesucristo en secreto como Nicodemo o José de Arimatea!

O ¡Qué lindo hubiera sido si me hubiera dedicado a pasar mis últimos años rodeados de nietos y de todos mis seres queridos. Amado por toda mi familia y venerado como respetable hombre de Jerusalén.

No podemos saber a ciencia cierta si estos pensamientos ocurrieron verdaderamente en la mente del Apóstol Pablo, lo cierto es que estaba desanimado y en el versículo 15 se nos dice que al ver los hermanos de Roma en el Foro Apio, se animó y sintió contento.

Dios, en medio de tanta adversidad y tanta soledad, encadenado a un extraño soldado pretoriano, le envió el calor de los hermanos para que se sintiera reconfortado...  Fue un “mimo” del Señor Jesucristo para con su fiel servidor, preso a causa de su nombre.

Es muy sugestiva la palabra griega que se usa para significar “encuentro”. Es la misma que se utiliza cuando una delegación de una ciudad sale a dar la bienvenida a un general o rey o un conquistador.

Con esto, dice M. Henry, mostraban el gran respeto que tenían al apóstol, al salir a recibirle desde tales distancias (habían recorrido 49 Km. a pie) Lejos de avergonzarse de sus cadenas, le consideraban digno de doble honor... Recordemos que tiempo atrás le había escrito la gran Epístola a los Romanos.

¿Dónde llegó el Apóstol Pablo encadenado como siervo de Jesucristo? ¡A la misma capital del mundo antiguo!... ¿Dónde hubiera llegado Pablo según sus planes humanos? ¿A Jerusalén solamente?... Muy probablemente que sí

Dios en sus planes había diseñado que Pablo no tan solamente llegara a la capital del imperio romano, sino que también a la misma casa del César (Fil 4:22) y por sus cartas a todo el mundo cristiano de aquel entonces y por la gracia de Dios, hasta nosotros en estos días (En la cárcel escribió Filemón, Colosenses, Efesios, Filipenses y 2ª Timoteo).

CARACTERÍSTICAS DE AQUELLOS QUE BUSCAN A DIOS Y QUE VIVEN SEGÚN LOS IDEALES DE SUS PROPIOS PENSAMIENTOS ( vv. 26-27) 

Los judíos de aquellos tiempos habían sido anunciados proféticamente por Isaías. Se caracterizarían por:

·         Tener oídos... pero no querer escuchar lo que Dios les quería decir que era bueno para ellos.

·         Tener vista... pero no poder ver lo que Dios quería mostrarles lo que era para su bien

·         Tener una mente ... pero no poder entender ni discernir aquello que Dios nos enseña para nuestro bien (Estas cosas les escribo para que les vaya bien. Dt 28)

·         No querer volverse a Dios para que Él los sane (El corazón del hombre sufre de infelicidad... Sólo Dios sabe como “realizarnos” en la vida como seres humanos)

Pablo, al final de su carrera, a punto de ser decapitado resume su vida al servicio a Dios en el siguiente versículo: “He luchado por obedecer a Dios en todo, y lo he logrado; he llegado a la meta, pues en ningún momento dejé de confiar y obedecer a Dios. Sé que Dios es un Juez justo y que, cuando juzgue a todos, me dará una corona como premio a mi obediencia. Y no sólo a mí me la dará, sino también a todos los que realmente desean que Él venga y con ansias esperan su regreso” (2ª Tim 4:7-8. Ver. Lenguaje Sencillo)

 

CONCLUSIÓN

Las circunstancias externas son importante para aquella persona que vive de acuerdo a los valores de este mundo y lo que el mundo piensa que es ser feliz

La “Mujer Samaritana” creía que su felicidad que iba a calmar su sed interior estaba en conseguir un buen marido.

Para el verdadero seguidor de Jesucristo, la felicidad radica en obedecer lo que Dios sabe que es mejor como proyecto de vida para nosotros, pues en ello hallaremos la verdadera felicidad

Calmando nuestra sed interior y nuestro hambre espiritual en Cristo Jesús que es Agua cristalina y Pan de Vida somos bienaventurados (“Felices”  en la V.P.), pues el nos conoce profundamente y nos realiza en toda la magnitud de nuestra existencia.

Todo aquello que creemos que nos hará feliz, será como tratar calmar la sed con agua salada... volveremos a tener sed.

MARCOS VIDAL en su canción de "El Payaso", nos ejemplifica que Dios nos ha diseñado con dones que son para servirlo según sus planes... y muchas veces despreciamos lo que Dios nos dio. Escuchémoslo.


EL PAYASO

Era capaz de hacer a un niño reír sin parar,
tenía ocurrencias tan geniales, solo él era capaz.
La cara pintada de colores y en la mano un violín,
que sonaba más o menos pero hacía reír.
Y el caso es que en el fondo era un infeliz,
le parecía ridículo pintarse la nariz,
lucía mucho más un salto mortal
y él quería ser equilibrista
y oír sobre la pista ovaciones
en vez de tanto reír.

Nunca supo asumir su posición, sin darse cuenta
que hacía feliz a tantos en su papel de cenicienta.
Que si un día faltase en el circo llegaría a su fin
que nunca sería el mismo sin su violín.
Pero él seguía empeñado en ser infeliz,
se veía tan ridículo pintada la nariz,
soñaba todavía con el trapecio,
pretendía ser equilibrista
y oír sobre la pista ovaciones
en vez de tanto reír.

Fue una mañana blanca, invernal, tras el ensayo,
no pudo resistirlo mas, se subió en el travesaño,
y al verse en la altura
sintió subirle el vértigo hasta la nuez,
y no habían puesto mallas la ultima vez...
apenas sintió nada cuando cayó,
el domador, que regresaba, fue el primero que le vió.
Logro salvar la vida y un mes más tarde le dijeron:
"Todo ha terminado, el circo ha cerrado,
ya no venían niños a la función."

Hoy vive retirado en algún lugar, en las afueras,
pegado día y noche a su silla de ruedas,
parece que ha terminado aceptándose por fin,
que incluso algunas veces toca el violín.
Diez niños le visitan y le hacen feliz,
cuando les ve llegar a lo lejos, se pinta la nariz.
Y cuando alguno se burla con desprecio, él contesta:
"Sería un miserable, sería yo el culpable,
si no cumpliese la misión que recibí.
Porque aunque fui un fracaso,
soy de profesión payaso,
no me juzgues mal, Dios me hizo así".


Rubén Salcedo


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