Y TÚ ¿QUIÉN DICES QUE ES JESÚS? - Mc. 4:36 al 5:7.

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 05/sep./2010
Categorías: Predicando a Jesucristo como Señor, y no a nosotros mismos, Enfrentando al Hombre Natural, Series de Estudios

INTRODUCCIÓN:

                        Vivimos en una sociedad en donde la espiritualidad está signada por la postmodernidad y es lo mismo que tú creas en Buda, Mahoma, Zoroastro, Confucio o Jesús... El principio es que lo importante es que tengas fe en alguien, aún en ti mismo...

                        Durante el ministerio de Jesucristo la revelación a los discípulos se desarrolla de una manera progresiva, en donde el punto de inflexión se produce a partir de estos acontecimientos que revelan quién es Jesús.

INTRODUCCIÓN:

                        Vivimos en una sociedad en donde la espiritualidad está signada por la postmodernidad y es lo mismo que tú creas en Buda, Mahoma, Zoroastro, Confucio o Jesús... El principio es que lo importante es que tengas fe en alguien, aún en ti mismo...

                        Durante el ministerio de Jesucristo la revelación a los discípulos se desarrolla de una manera progresiva, en donde el punto de inflexión se produce a partir de estos acontecimientos que revelan quién es Jesús.

                        Hasta este momento de su ministerio Jesús se refería a sí mismo como “Hijo de hombre” expresando de esta manera su condición plenamente humana (Mt. 8:28). Pero a partir de estos acontecimientos que hemos leído, sus seguidores le llamarían de otra manera.

                       Jesús deja tierra santa y se dirige con sus discípulos a los alrededores de Cesarea de Filipo, una región totalmente pagana a la que los judíos no querían viajar por ser altamente idólatra y bajo el influjo demoníaco.

im01.jpg                       La empresa comenzó mal desatándose sobre ellos una gran tormenta que hizo zozobrar la embarcación en la que viajaban y preocupó a los navegantes de tal manera que despertaron a Jesús para que los ayudase...

                       La manera que resolvió Jesús este acontecimiento fue impactante para todos los que le acompañaban ya que en ningún momento invocó el nombre del Dios de Israel como hacían los profetas o el mismo David cuando desafió al gigante Goliat (1ª Samuel 17:45)...

                       Jesús reprendió a la tormenta bajo su propia autoridad, ordenando a las fuerzas de la naturaleza lo que debía hacer... Les dijo al mar y al viento “¡Calla, enmudece!” y la orden fue acatada por la creación de manera incuestionable y sin dilaciones.

                       Al llegar a la región de los Gadarenos llamada Gerasa, la recepción no fue mejor. Esta zona muy bien situada cerca del nacimiento del río Jordán, al pie del monte Hermón, anteriormente se llamaba Paneas, en honor al dios pagano Pan, quien era adorado por los griegos sirios en una caverna de piedra caliza cercana donde brotan las fuentes del río Jordán...

                      Era una región que contaba una un hermoso templo de mármol blanco construido por Herodes el grande para honrar al primer emperador romano, además de las villas y palacios construidos por Felipe, hijo de Herodes, en cuyos territorios se hallaban.

                       En medio de estas fastuosas construcciones, se cultivaba la idolatría y tenían costumbres paganas como la crianza de cerdos, por lo que era territorio de fuerzas demoníacas que dominaban en aquella región. La comitiva de recepción no se dejó esperar. Al encuentro de Jesús y sus discípulos sale un hombre poseído por UNA LEGIÓN  de espíritus demoníacos...

                       Imaginémonos el asombro y desánimo que habrán tenido los estos seguidores cuando Jesús les propone salir de la ciudad escogida por Dios, dirigirse a un territorio lleno de maldad, ser desafiado en el camino por las fuerzas de la naturaleza y llegar al lugar indicado y ser embestidos por fuerzas malignas que atormentaban a los hombres...

                       En medio de tanta confusión Jesús les hace una pregunta tan desafiante como reconfortante: “¿Por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe? (v. 40b).

                       Seguramente que Pedro se quedó impactado por lo que a este “Hijo de hombre” le respondieron los demonios cuando Jesús les ordenó que dejaran a ese hombre. Ellos le respondieron a través de este hombre: ¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo! ¡Te ruego por Dios que no me atormentes! (v. 5:7).

                       Pasaron algunos días del ministerio de Jesús junto a sus discípulos y llegó el momento en que Jesús le pregunta a sus seguidores ¿Quién dicen ustedes que soy? (Mc. 8:27 al 30).

 

LA CONFESIÓN DE PEDRO: (para una mejor erudición nos basaremos en los conceptos del libro TRES AÑOS CON JESÚS de A. B. Bruce – Vol. I).

                        Jesús no les hace esta pregunta porque necesitara algún tipo de información y menos por una cuestión de vanidad donde le interesara lo que los demás pensaran de él. Él esperaba que sus discípulos se dieran cuenta y enumeraran las opiniones que circulaban, solo como preámbulo para que confesaran su fe en la verdad eterna concerniente a su persona...

                         Era importante que supieran esta verdad en ese momento porque iba a hablarles de otro tema, el de sus sufrimientos, lo cual sería una dura prueba para la fe de ellos...

                         Jesús, en aquellos tiempos gozaba de una fama extraordinaria, y el hecho de que se hablara mucho acerca de él era parte del precio que debía pagar... En consecuencia los méritos del “Hijo del hombre”, y las afirmaciones que hacía, estaban a flor de labios en aquellos días, expresándose ya sea con gravedad o con ligereza, con prejuicio o con franqueza, con decisión o con indecisión, de manera inteligente o ignorante, como ocurre en todas las épocas...

                        Al confundirse los discípulos entre la gente pudieron escuchar muchas opiniones concernientes a su Señor que él nunca oyó. Algunas eran amables y favorables, lo que los alegraba; otras críticas desfavorable que los entristecía.

                        AL IGUAL QUE EN LA ACTUALIDAD LAS PERSONAS estaban de acuerdo en que era un profeta del más alto orden, y sólo diferían en cuanto a cuál de los grandes profetas de Israel se parecía más o a quién de ellos personificaba...

                       Algunos decían que era Juan el Bautista resucitado, otros, Elías, mientras que otros lo identificaban con  grandes profetas como Jeremías, por la ternura con la que hablaba...

                       Otros, por la severidad con la que les exhortaba al denunciar la hipocresía y la tiranía les recordaba a Elías, el profeta del fuego, mientras que sus parábolas a otros les hacía recordar a los profetas Ezequiel o a Daniel...

                       Por otra parte sus detractores (como los que existen hoy) no pudieron encontrar mejor calificativo para el Hijo del hombre que el de samaritano (habitantes odiados por los judíos), diablo, blasfemo, compañero de publicanos y pecadores con quienes comía y bebía... Incluso pedían señales como los fariseos y los saduceos con el ánimo de tentarlo conscientes que nada los conformaría o convencería...

                       Así, se volvió a sus discípulos elegidos y les preguntó claramente qué pensaban ellos de él, preguntándoles: “Y ustedes, ¿Quién dicen que soy yo?...

                       Es una pregunta que desafía nuestra fe y que deberíamos preguntarnos nosotros en momentos de desesperanza y donde nuestra fe es probada... ¿Quién creemos que es Jesús? ¿Un gran maestro? ¿Un gran profeta? ¿Un guía con ideas de mesianismo? ¿Quién es para nosotros???.

                       Simón Pedro probablemente impactado por aquellos que había visto en aquella tormenta aterradora en la que con su propia autoridad sujetó a la naturaleza, y al recordar la aseveración de los demonios quienes que sentenciaron Jesús, Hijo del Dios Altísimo. Este discípulo vehemente pero sincero en este caso como en muchos otros, habló en representación del grupo...

                        Su respuesta fue inmediata, categórica y memorable a la pregunta de su Maestro: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente! aseverando que era el Mesías prometido por Dios y que su origen era divino...

                       Jesucristo afirmaba ser el Hijo de Dios en un sentido que no es atribuible a ningún hombre (Mt. 11:27).

                         En esta afirmación de Pedro están las llaves del Reino de Dios porque sólo aquellos que sostienen esta doctrina declarada por este gran Apóstol de Jesucristo, declarada solemnemente, podrán entrar a la eternidad...

                          En otras palabras, lo que Jesucristo le dice a Pedro luego de esta declaración, la podríamos parafrasear así: “Tú, Simón hijo de Jonás, eres Pedro, un hombre de roca, digno de tu nombre Pedro porque has hecho esa buena y audaz confesión. Sobre la verdad que ahora has confesado, como sobre una roca, edificaré mi Iglesia; y mientras permanezca sobre ese fundamento, se mantendrá firme e inexpugnable contra todos los poderes del infierno”...

CONCLUSIÓN:

                        Nuestras vidas probablemente se asemejen a estas dos situaciones que hemos leído. Tal vez nos encontremos pasando por el más oscuro temporal de aflicciones y adversidades que nos han hecho perder toda esperanza. Tal vez ya hayamos perdido toda fe en nuestra vida que creíamos cristiana...

im04.jpg                         Tal vez, los vicios y pasiones desordenadas de nuestra existencia nos hayan poseído de la misma manera que aquel endemoniado y sintamos que “legiones” de maldad se han apoderado de nosotros, habiendo perdido toda esperanza de ser liberados...

                         Hoy yo te presento a quien fue el único que habló en nombre propio, con autoridad, con domino sobre las regiones de maldad... porque él era Dios. El único que cuando le preguntaron que si quería que alguien fuera limpio, dijo “¡Quiero, sé limpio!”... El único que además de sanar y libertar, puede perdonar tus pecados y hacerte un nuevo hombre y una nueva mujer...

                        Cuando los alumnos de San Agustín de Hipona le preguntaron a su maestro si creía en los milagros, él respondió: ¡Creo en los pequeños milagros y en los grandes milagros!... Sus alumnos le preguntaron entonces, cuáles eran los pequeños milagros y cuáles eran los grandes milagros, él les dijo: “Los pequeños milagros son la resurrección de Lázaro, la alimentación de los 5.000, el que Jesús anduviera sobre las aguas... Los grandes milagros es que Dios, por medio de Jesucristo, haya tomado a un degenerado como yo y lo haya transformado en un siervo suyo...

                         Jesucristo nos ha dado poder para que seamos salvos... ¡Cree en Él!

 

BIBLIOGRAFÍA:

1.- TRES AÑOS CON JESÚS de A. B. Bruce – Vol. I. Ed. Desarrollo Cristiano Internacional.


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