EL CRISTIANO Y EL SUFRIMIENTO - He. 2:10; 5.8-9; 12:1-3


Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 02/sep./2018
Categorias: Series de Estudios, Guía para alcanzar la Vida Eterna


 

INTRODUCCIÓN:

Sin duda la existencia del sufrimiento constituye el desafío más grande a la fe cristiana, y lo ha sido en todas las generaciones. Su alcance y gravedad parecerían ser totalmente fortuitas y por consiguiente injustas. Los espíritus sensibles se preguntan si hay modo de reconciliar esta situación con la justicia y el amor de Dios...

            El problema del sufrimiento está lejos de ser una preocupación sólo para los filósofos. Nos afecta a casi todos personalmente; pocas son las personas que transitan esta vida enteramente ilesa. Puede, ser alguna privación en la infancia que deja como saldo un conflicto emocional por el resto de la vida; otros sufren, alguna discapacidad mental o corporal congénita. O súbitamente y sin aviso nos ataca una dolorosa enfermedad, quedamos sin trabajo porque no nos necesitan: nos hundimos en la pobreza o muere un miembro de la familia. Quizá nos aflige una involuntaria soltería, se desarma un idilio amoroso, somos víctimas de un matrimonio desgraciado, de un divorcio, de la depresión o de la soledad. El sufrimiento se presenta de muchos modos no deseados. A veces no sólo le hacemos a DIOS nuestras angustiadas preguntas “¿Por qué?" y ¿Por qué yo”, sino que ,como Job, nos enojamos con él, acusándolo de injusticia e indiferencia...

            Si bien, en la Palabra de Dios, hay referencias al pecado y al sufrimiento virtualmente en todas sus páginas, lo que le interesa no es explicar su origen sino ayudarnos a vencerlos.

 

1. ¿CÓMO SE EXPLICA EL SUFRIMIENTO? ¿Qué relación puede haber entre la Cruz de Cristo y nuestros sufrimientos?:


A) Según la Biblia el sufrimiento es un intruso extraño al buen mundo de Dios, y no tendrá parte alguna en su nuevo universo.

            Es un violento ataque satánico y destructivo contra el Creador. El libro de Job aclara esto. También lo hacen la descripción que hace Cristo Jesús de una mujer enferma como “ligada por Satanás” y la forma en que “reprendía” la enfermedad tal como hacía con los demonios. Pablo hace referencia a su “aguijón en la carne” como un “mensajero de Satanás”, y Pedro describe el ministerio de Jesucristo como que sanaba “a todos los oprimidos por el diablo” (Lc. 13:16; 4:35 y 39; 2da. Co. 12:17; Hch. 10:38). Más allá de lo que pueda decirse en cuanto al bien que Dios puede sacar del sufrimiento, no debemos olvidar que se trata del bien como arrancado del mal.


B) A menudo el sufrimiento se debe al pecado. Desde luego que originalmente la enfermedad y la muerte entraron en el mundo por el pecado. Pero ahora estoy pensando en el pecado de nuestros días. A veces el sufrimiento tiene como causa el pecado de otros, como cuando los niños sufren a causa de padres irresponsables o carentes de amor. Tenemos también los pobres y los hambrientos como consecuencia de la injusticia económica, los refugiados de guerra y los accidentes viales ocasionados por conductores alcoholizados.

            En otras ocasiones el sufrimiento puede ser consecuencia de nuestro propio pecado (el uso imprudente de nuestra libertad) e incluso su penalidad. No debemos pasar por alto aquellos pasajes bíblicos donde se atribuye la enfermedad al castigo de Dios (Dt. 28:15 y ss.; 2da. R. 5:27; Sal. 32:3 al 5; 38:1 al 8; Lc. 1:20; Jn. 5:14; 1ra. Co. 11:30). Al mismo tiempo debemos repudiar con firmeza la terrible doctrina hindú del “karma” que atribuye todo sufrimiento al mal obrar en esta existencia o en alguna existencia anterior. Tampoco podemos aceptar la doctrina casi igualmente horrible de los así llamados “consoladores de Job”. Estos dieron expresión a su ortodoxia convencional de que todo sufrimiento personal se debe al pecado personal; uno de los principales propósitos del libro de Job es justamente rectificar esa noción popular pero desacertada. Jesús también la rechazó categóricamente (Lc. 13:1 al 5; Jn. 9:1 al 3).


C) El sufrimiento se debe a nuestra sensibilidad humana hacia el dolor. Los infortunios empeoran por el dolor (físico o emocional) que experimentamos. Pero los sensores relacionados con el dolor en el sistema nervioso central lanzan valiosas señales de advertencia, necesarias para la supervivencia personal y social. Tal vez la mejor ilustración de esto sea el descubrimiento realizado por el doctor Paul Brand en el Hospital Cristiano de Vellora, en el sur de la India, en el sentido de que el mal de Hansen (la lepra) entumece las extremidades del cuerpo; por consiguiente, las úlceras e infecciones que. Se desarrollan son consecuencias de segundo grado, debido a la pérdida de sensibilidad.


D) El sufrimiento se debe a la clase de entorno natural en el cual Dios nos ha colocado. La mayor parte del sufrimiento lo ocasiona el pecado humano (C. S. Lewis calculaba que cuatro quintas partes del mismo)...

            Siempre ha habido quienes insistieron en que el sufrimiento no tiene sentido y que no puede detectarse propósito alguno en él. En el mundo antiguo estos grupos incluían tanto a los estoicos (que enseñaban la necesidad de someterse con fortaleza a las inexorables leyes de la naturaleza) como al epicureísmo (que enseñaba que la mejor forma de escapar de un mundo errático era entregarse al placer)...

            En el mundo moderno los existencialistas seculares creen que todo (incluida la vida, el sufrimiento y la muerte) carece de sentido y que, por lo tanto, todo es absurdo. Los cristianos no pueden seguirlos por ese callejón sin salida...

            Cristo Jesús habló del sufrimiento como algo que es tanto “para la Gloria de Dios”, a fin de que el Hijo de Dios fuese glorificado por medio del mismo, como “para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Jn. 11:4; 9:3) Esto pareciera querer decir que, de algún modo (aún por conocer), Dios está ocupado en revelar su gloria en el sufrimiento.

            También se revela por medio del mismo, como lo hizo (aunque de otro modo) por medio del sufrimiento de Cristo Jesús. ¿Cuál es, pues, la relación entre los sufrimientos de Cristo y los nuestros? ¿En qué forma habla la Cruz frente a nuestro dolor? Quiero sugerir, en base a las Escrituras, posibles respuestas a estas preguntas, que parecerían escalonarse desde las más simples a las más sublimes (1) y que veremos una parte en este sermón y las siguientes en el próximo.

 

I.- SOPORTAR PACIENTEMENTE:

            La Cruz de Cristo Jesús es un estímulo para soportar pacientemente. Aun cuando se ha de reconocer que el sufrimiento es malo, y que por consiguiente ha de ser resistido, sin embargo llega el momento cuando se hace preciso aceptarlo en forma realista. Es entonces cuando el ejemplo de Jesucristo, que el Nuevo Testamento pone ante nosotros para nuestra imitación, se convierte en inspiración...

            El Apóstol Pedro dirigió la atención de sus lectores a este hecho, especialmente cuando se trataba de esclavos cristianos con amos severos durante la persecución bajo el emperador Nerón. No tendría ningún mérito si fueran maltratados por obrar mal y lo aceptaran pacientemente. Pero si sufrían por obrar bien y lo soportaban, esto sería agradable a los ojos de Dios. ¿Por qué?...

            Porque el sufrimiento inmerecido forma parte de su llamado cristiano, por cuanto Cristo Jesús mismo sufrió por ellos, dejándoles su ejemplo, a fin de que ellos siguieran sus pisadas. Aunque sin pecado, fue insultado, mas nunca se vengó (1a. P. 2:18 al 23). Jesucristo dejó un ejemplo de perseverancia tanto como de no ejercer represalia, lo cual debería servir para alentarnos a perseverar en la carrera cristiana...

            Es preciso poner “los ojos en Jesús”, por cuanto él “sufrió la cruz, menospreciando el oprobio”. Luego entonces: "...considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar" (He. 12:1 al 3)...

 

II.- SANTIDAD MADURA:

            La Cruz de Cristo Jesús es la senda hacia la santidad madura. Por extraordinario que parezca, podemos agregar que lo fue para él, y lo es para nosotros. Tenemos que considerar las implicancias de dos versículos bastante descuidados de la Carta a los Hebreos:

            “...convenía a [Dios] ... que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.” (He. 2:10)

            “... y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.” (He. 5.8-9; cf. 7:28)

            Estos dos versículos hablan de un proceso en el cual Jesucristo fue “perfeccionado”, y ambos atribuyen el proceso de perfeccionamiento a su “sufrimiento”. Por supuesto, no se nos dice que fuese imperfecto en el sentido de que hubiera obrado mal, porque Hebreos subraya su impecabilidad (He. 4:15 y 7:26). Más bien se trataba de que necesitaba experiencias y oportunidades adicionales con el fin de ser “maduro” (gr.= “teleios”)...

            En particular, “por lo que padeció aprendió la obediencia”. Nunca fue desobediente. Pero sus sufrimientos fueron el campo de pruebas en el cual su obediencia adquirió la plena madurez...

            Si el sufrimiento fue el medio por el cual el Cristo impecable adquirió madurez, tanto más es lo que necesitamos nosotros, pecadores. Significativamente, Santiago usa el mismo lenguaje de “perfección” o “madurez” en relación con los cristianos. Así como para Cristo Jesús el sufrimiento lo llevó a la madurez por medio de la obediencia, también lo es para nosotros...

            “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos [“maduros”, gr. “teleioi”] y cabales, sin que os falte cosa alguna.” Stg. 1:2 al 4; cf Ro. 5:3 al 5)...

            La enseñanza bíblica y la experiencia personal se combinan para enseñarnos que el sufrimiento es la senda que conduce a la santidad o madurez. Hay siempre un indefinible algo en relación con la gente que ha sufrido. Tienen una fragancia de la que otros carecen. Exhiben la mansedumbre y la suavidad de Cristo Jesús...

            Una de las afirmaciones más notables del apóstol Pedro en su primera carta es la de que quien "ha padecido por nosotros en la carne... terminó con el pecado" (1a. P. 4.1). Parece estar diciendo que la aflicción física, en realidad, tiene el efecto de hacernos dejar de pecar. Siendo esto así, a veces me pregunto si la verdadera prueba de nuestra sed de santidad es nuestra disposición a experimentar algún grado de sufrimiento, si sólo de este modo Dios nos puede hacer santos...

 

III.- EL SERVICIO SUFRIDO:

            La Cruz de Cristo Jesús es también el símbolo del servicio sufrido. Tenemos conocimiento de los cuatro o cinco “Cánticos del Siervo” de Isaías, que en su conjunto ofrecen una descripción del “Siervo sufriente de Jehová” (Is. 42:1 al 4). En el capítulo anterior comenzamos a considerar el vínculo entre el sufrimiento y el servicio. Manso de carácter y conducta (sin gritar ni levantar jamás la voz), y suave en su trato con otros (sin quebrar jamás la caña cascada o apagar el pábilo que humea), tiene la plenitud del Espíritu de Dios y es receptivo a su Palabra. Ha sido llamado, empero, por Yahvéh desde antes de su nacimiento, todo con la intención de hacer volver a Israel a él y de ser Luz para las naciones...

            En esta tarea persevera, afirmando su rostro como un pedernal, aunque sus espaldas hayan sido golpeadas, su barba arrancada, su rostro escupido, y él mismo conducido como una oveja que es llevada al matadero; y allí muere, llevando los pecados de muchos. No obstante, como resultado de su muerte, muchos serán justificados y las naciones rociadas con bendición. Lo que resulta particularmente llamativo en este complejo cuadro es que el sufrimiento y el servicio, la pasión y la misión van juntos. Esto lo vemos claramente en Jesucristo, quien es el Siervo sufriente por excelencia...

            Pero es preciso que recordemos que la misión de traer luz a las naciones también se ha de cumplir por medio de la Iglesia (Hch. 13:47). Para la Iglesia, por consiguiente, como para el Salvador, el sufrimiento y el servicio van juntos... Más que esto todavía. No es sólo que el sufrimiento pertenece al servicio, sino que el sufrimiento es indispensable para un servicio fructífero y efectivo. Esto es lo que inescapablemente implican las palabras de Cristo Jesús:

            “Ha llegado la hora para que el Hijo del hombre sea glorificado. De cierto de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda sale; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará...

            Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir”. (Jn. 12:23 al 26; 32 y 33)

            Cristo Jesús no estaba hablando sólo de sí mismo. Estaba expresando un principio general, y pasó a aplicarlo a sus discípulos, los que debían seguirlo y, como él, perder sus vidas (vv. 25-26); no necesariamente perderían la vida en el martirio, aunque por lo menos sí en el servicio sufriente y desprendido. Para nosotros, como para él, la simiente tiene que morir a fin de multiplicarse...

            El Apóstol Pablo es el ejemplo más notable de este principio. Consideremos estos textos tomados de tres cartas diferentes:

            “Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles ... pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria.” (Ef. 3:1 y 13)

            “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia.” (Col. 1:24)

            “Conforme a mi evangelio, en el cual sufro penalidades … Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna.” (2a. Ti. 2:8 al 10)

            El Apóstol Pablo dice en las tres declaraciones que sus sufrimientos los soporta “por vosotros los gentiles”, por el “cuerpo [de Cristo Jesús], que es la Iglesia”, o “por amor de los escogidos”. Por cuanto lo hace por ellos, piensa que ellos obtendrán algún beneficio de sus sufrimientos. ¿Qué es esto? En los versículos de Colosenses se refiere a sus sufrimientos y afirma que cumplen o completan lo que aún falta de las aflicciones de Jesucristo...

            Podemos estar seguros de que el Apóstol Pablo no está asignando ninguna eficacia expiatoria a sus sufrimientos, en parte porque sabía que la obra expiatoria de Cristo Jesús se completó en la Cruz, y en parte porque se vale del vocablo especial “aflicciones” (gr. “thlipseis”), aludiendo a sus persecuciones. Son estas las que no estaban completas, porque seguía siendo perseguido en su iglesia. ¿Qué beneficio, pues, pensaba Pablo que recibiría la gente por medio de sus sufrimientos? Dos de estos tres textos vinculan las palabras “sufrimientos” y “gloria”. "Mis tribulaciones... son vuestra gloria", les dice a los Efesios. Por otra parte, "salvación... con gloria eterna" es lo que obtendrán los elegidos debido a los sufrimientos que soporta Pablo (2a. Ti. 2:8 al 10). Suena escandaloso. ¿Acaso realmente se imagina Pablo que sus sufrimientos pueden obtener la salvación y la gloria para ellos? Sí, es lo que piensa. No directamente, sin embargo, como si sus sufrimientos tuviesen eficacia salvífica como los de Cristo Jesús...

            Pero sí indirectamente, porque estaba sufriendo por el evangelio que ellos debían escuchar y abrazar a fin de ser salvos. Una vez más, el sufrimiento y el servicio están entrelazados, y los sufrimientos del apóstol constituían un indispensable eslabón en la cadena de la salvación...

 

CONCLUSIÓN:

            El lugar del sufrimiento en el servicio y de la pasión en la misión es algo que casi nunca se enseña hoy en día. Pero el secreto más grande de la efectividad evangelista o misionera es la disposición a sufrir y morir. Puede ser una muerte a la popularidad (al predicar fielmente el impopular evangelio bíblico), al orgullo (al usar métodos modestos y confiar más bien en el Espíritu Santo), a los prejuicios raciales y nacionales (por identificación con otra cultura) o a las comodidades materiales (al adoptar un estilo sencillo de vida). El siervo tiene que sufrir si ha de llevar luz a las naciones, y la simiente tiene que morir si se ha de multiplicar.(1)

¡S.D.G.!

BIBLIOGRAFÍA: 1.- LA CRUZ DE CRISTO. John Stott. Edit. Certeza. 1ra. Edición.

VIDEOS DE RAY VANDER LAAN.
Primera parte: https://youtu.be/hKWmy_K8A74
Segunda parte: https://youtu.be/2d6YlbuiYQw
Tercera parte: https://youtu.be/QLWnrrTfZnM


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