DE PADRE A HIJO - Pr. 4:1 al 27 – Stg. 1:5 y 3:13 al 18


Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 28/jul./2019
Categorias: SABIDURÍA DE DIOS PARA VIVIR


 

Tema: “DE PADRE A HIJO”.

Lectura Bíblica: Pr. 4:1 al 27 – Stg. 1:5 y 3:13 al 18.

Versículo Lema:

“Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.

Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas”. (Pr.3:5 y 6)

         El presente escrito es una recopilación y resumen de los comentarios bíblicos y citas varias de la bibliografía referida al pie de estas notas.

INTRODUCCIÓN:

En este capítulo, Salomón inculca, con gran variedad de expresiones, las mismas cosas de las que había tratado en los capítulos anteriores...

I. Una seria exhortación al deseo y estudio de la verdadera sabiduría (vv. 1–13).

II. Una necesaria advertencia contra las malas compañías (vv. 14–19).

III. Instrucciones para adquirir y conservar la sabiduría a fin de dar frutos de sabiduría (vv. 20–27).

 

I. UNA SERIA EXHORTACIÓN AL DESEO Y ESTUDIO DE LA VERDADERA SABIDURÍA (vv. 1–13):

1. Invitación de Salomón a sus hijos (vv. 1, 2): «Escuchad, hijos, la instrucción de un padre».

         Siguiendo la opinión del rabino Cohen y del propio M. Henry—creemos que aquí no se trata de «discípulos», sino de verdaderos «hijos»—. La instrucción de un padre sabio ha de ser atendida con toda diligencia, pues ese es el modo de adquirir cordura (hebreo, bináh, esto es, tanto entendimiento como discernimiento). Tanto los magistrados como los ministros de Dios han de mostrar un particular interés en instruir a sus hijos, pues a mayor conocimiento corresponde mayor responsabilidad. (1)

         Vale la pena cultivar amistad con personas piadosas y maduras (mayores que nosotros) (v.2). Se puede aprender mucho de ellos y beneficiarse de sus años de experiencia. Su enseñanza es buena, y no para tenerla en poco. (2)

2. Instrucciones que les da. Él las recibió de sus padres y enseña a sus hijos lo mismo que a él le enseñaron (vv. 3, 4). Sus padres le amaban y, por tanto, le enseñaron: «Yo fui hijo de mi padre» (v. 3), no es una perogrullada; el sentido es: «hijo escogido y obediente», como entendieron los LXX («también yo fui hijo obediente de mi padre»), aun cuando así trastornaron el orden del hebreo y tradujeron por «obediente» el hebreo raj, tierno...

3. Al pasar ya a detallar las principales instrucciones que les da, vemos que consisten (vv. 4–13) en preceptos y exhortaciones acerca del valor de la sabiduría, conforme le había enseñado su padre; y por cierto, lo había hecho con gran interés e insistencia:

(A) Le había preceptuado retener sus palabras (v. 4. Lit.), las buenas lecciones que le había dado; sus dichos (v. 10), expresiones sueltas, llenas de prudencia; había de retenerlos, guardarlos para vivir una vida honesta útil y dichosa (v. 4); retenerlos en el corazón, no sólo en la cabeza, pues sólo cuando arraigan en convicciones dan buen fruto las lecciones.

(B) Para corroborar estas exhortaciones, que son mandamientos (mitsotay, v. 4), enaltece la sabiduría como algo que tiene valor supremo (v. 7): «Lo primordial (es la) sabiduría; adquiere sabiduría» (ésta es la mejor versión)...

         Todas las demás cosas de este mundo, comparadas con ella, son de valor secundario; por eso, hay que adquirirla (v. 5), comprarla, a cualquier precio (23:23). La sabiduría verdadera nos recomienda a Dios, embellece el alma, nos capacita para vivir una vida santa, útil, llena de sentido, y nos encamina derechamente a la vida que no tendrá fin...

         No es extraño, pues, que haya de adquirirse aun a costa de todas las posesiones (v. 7b). (1)

         El v.9 dice «Ella te adornará con encanto y te coronará con gloria» (Moffat). La Sabiduría otorga belleza moral a sus hijos. Como contraste sólo tenemos que pensar en lo repulsivo de una vida abandonada a la disipación e inmoralidad. (2)

         Es cierto que esta sabiduría es un don de Dios, como lo fue para Salomón, pero Dios la da a quienes la piden (Stg. 1:5) y a quienes se esfuerzan por hallarla.(1)... Pero hemos de tener presente que existen dos tipos de sabiduría de acuerdo a lo que nos enseña el Apóstol Santiago, guiado por el Espíritu Santo en Santiago 3:13 al 18. Una es de origen divino y da por fruto la pacificación, pero la otra es mundanalmente diabólica, y da por fruto contiendas, peleas y pérdida de la paz...

 

II. UNA NECESARIA ADVERTENCIA CONTRA LAS MALAS COMPAÑÍAS (vv. 14–19):

         Toda esta porción y la restante (vv. 14–27) no hace sino ampliar la alegoría de los dos caminos, ya iniciada anteriormente, especialmente a partir del versículo 11. En los versículos que siguen, se nos previene contra los caminos de los malvados. Veamos:

1. La advertencia misma (vv. 14, 15): «No entres por la vereda de los malvados, etc.». El término hebreo reshaím contra los que pecan contra Dios de modo directo, mientras que el «raím» del segundo estico (lit. malos) indica los que pecan directamente contra el prójimo. La exhortación del v. 15 da a entender, no sólo la precaución de no poner los pies en el mal camino, sino también la de mantenerse lo más lejos posible de él...

2. Las razones que corroboran esta precaución: «considera el carácter de tales hombres: Son tan malos que no duermen tranquilos si han pasado el día sin cometer alguna maldad de bulto» (v. 16); para ellos, el crimen es su comida y su bebida (v. 17); en realidad, comen y beben de lo que han robado a viva fuerza, por la rapiña y la opresión.(1)

         Debemos recordar la gran advertencia del Apóstol Pablo a los cristianos corintios: “No se dejen engañar: las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1a. Co. 15:33).

         Este es un maravilloso y sabio consejo que muchos, por ignorarlo o despreciarlo, han pagado graves consecuencias en su vida personal, la de su esposa, sus hijos e incluso su familia.

         En cambio (v. 18), «la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (comp. con Job 22:28). Jesucristo es nuestra Luz (Jn. 8:12) y nuestro Camino (Jn. 14:6). Los justos caminan guiados por la Palabra de Dios, la cual es luz para el camino y para los pies (Sal. 119:105); ellos mismos son luz en el Señor (Ef. 5:8) y caminan en la luz como Él (Dios) y están en la Luz (1 Jn. 1:7)...

 

III. INSTRUCCIONES PARA ADQUIRIR Y CONSERVAR LA SABIDURÍA A FIN DE DAR FRUTOS DE SABIDURÍA (vv. 20–27):

Tras exhortarnos a no hacer el mal, ahora nos exhorta a hacer el bien.

1. Los dichos de la sabiduría deben ser nuestras normas de conducta; por eso hemos de inclinar el oído a ellas (v. 20); escucharlas con sumisión y prestarles diligente atención, sin perderlas de vista (v. 21, comp. con 3:21). Hemos de guardarlas en nuestro interior (comp. con 2:1) como se guarda un tesoro que se teme perder. La razón por la que hemos de estimar así las palabras de la sabiduría es que ellas serán para nosotros alimento y medicina (v. 22), como el árbol de la vida (Ap. 22:3)...

         En la Palabra de Dios hay un remedio adecuado y completo para todas las enfermedades espirituales y aun para muchas enfermedades físicas...

2. Especial vigilancia necesita nuestro corazón (v. 23) «porque de él mana la vida». Al ser el corazón el centro y la fuente de nuestra conducta hemos de velar para que de él salgan actividades santas, según las normas de Dios y en docilidad a la conducción del Espíritu Santo, pues así no saldrán las corrupciones de nuestra naturaleza caída. Guardar el corazón es albergar buenos pensamientos y acallar los malos, poner el afecto en los objetos que lo merecen y dentro de los límites debidos...

3. Otro objeto de especial vigilancia son los labios (v. 24), puertas por las que sale lo que hay en el corazón (Mt. 12:34; Lc. 6:45). El hebreo usa dos vocablos que significan respectivamente «torcedura» (de boca) y «desviación» (de labios). En ambos casos vienen a significar, con la mayor probabilidad «falsificación de la verdad», en la que se incluyen la mayoría de los pecados de la lengua...

4. El v. 25 nos exhorta a mirar rectamente; un corazón recto, así como incita a hablar rectamente, también incita a mirar rectamente; ésta es la recta intención que el Señor recomendó bajo la expresión «ojo sano» (Mt. 6:22). Si ponemos nuestros ojos fijos en el Señor (He. 12:2), no los desviaremos a ninguna mala parte...

5. Finalmente, hemos de vigilar nuestros pies (vv. 26, 27): «Examina (lit. pesa) la senda de tus pies». Como si dijera: «Pondera bien las alternativas para no vagar sin rumbo, sino poder pisar firme y fuerte. Pon en un platillo de la balanza la Palabra de Dios, y en el otro lo que has hecho o vas a hacer, y mira a ver si coinciden; no obres con precipitación; y, una vez que hayas escogido el sendero recto, no te desvíes a ningún lado (v. 27)».(1)

CONCLUSIÓN:

         Las personas rectas miran rectamente (v. 25). Y sus pies andan por la senda de los mandamientos de Dios (v. 26). Y ese es el camino que conduce a la vida, Jn. 17:3 ("Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado"), Mt. 7:13-14 (“Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. "Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la encuentran”).(3)

         Cuando seas tentado a ir a un lugar cuestionable, pregúntate a ti mismo: «¿Me gustaría encontrarme aquí cuando vuelva el Señor Jesucristo?». Así, aparta tu pie del mal.(2)

         En la Catedral de Lübeck, Alemania, existe un cuadro titulado “El lamento de Cristo Jesús en contra del mundo desagradecido”. El mismo habla de la manera en que nos podemos desviar de Aquel que es “El Camino, la Verdad y la Vida” (Jn. 14:6). El texto correspondiente dice:

“Me llamas Maestro y no me obedeces;
Me llamas Luz y no me ves;
Me llamas el Camino y no caminas por el;
Me llamas La Vida y no me vives;
Me llamas Sabio y no me sigues;
Me llamas Justo y no me amas;
Me llamas Rico y no me pides;
Me llamas Eterno y no me buscas.
Si te condeno no me culpes por ello…”
.(4)

         Dios nos ha adoptado como sus hijos (Jn. 1:11 sal 13) y nos ha cambiado (2a. Co. 5:17) para que sigamos sus caminos. Nos nos desviemos de él, este es el consejo que Dios como nuestro gran Padre Celestial nos da en este proverbio a todos aquellos que somos sus hijos.

         El himno “Cuan glorioso es el cambio operado en mi ser”, nos recuerda esto. (Himnos y Cánticos del Evangelio Nº 400).

¡S.D.G!

BIBLIOGRAFÍA y Citas:

1.- COMENTARIO BÍBLICO DE MATTHEW HENRY. Editorial CLIE.

2.- COMENTARIO BÍBLICO DE WILLIAM MAC DONALD. Editorial CLIE.

3.- PROVERBIOS. Frans Van Deursen. Edit. Fundación Editorial de Literatura Reformada (FELiRe).

4.- EL PLAN DEL SEÑOR PARA LA IGLESIA. John Mac Arthur. Edit. Portavoz. (pag. 126)


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