FORNICACIÓN, ADULTERIO Y PROSTITUCIÓN... LA NECEDAD CORONADA - Pr. 5:1-21 – Stg. 1:5 y 3:13-18 – Sal 139:1-24


Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 04/ago./2019
Categorias: Sabiduria de Dios para vivir, Series de Estudios


 

INTRODUCCIÓN:

         En este capítulo con los sucesivos 6 y 7, un padre advierte y enseña a sus hijos cómo la  fornicación, el adulterio y la prostitución son la coronación de la necedad.

         Israel vivía en el antiguo Cercano Oriente, en un mundo al menos igual de sexual que el nuestro. Aquel mundo se encontraba respecto a la Palabra de Dios acerca de la relación hombre/mujer, en el mismo aislamiento que nosotros. Por eso, la sabiduría que hay en la Palabra cuadra tan sorprendentemente en nuestra sociedad actual, en la que ese espíritu de “haz lo que quieras” («permisividad») mina progresivamente las buenas costumbres...

         Uno de los tropiezos más negros que cualquiera, como hombre adulto o joven, puede consumar es el trato sexual con una o un fornicario/a, adúltero/a o un prostituto/a. Entonces se hace uno culpable de lo que Pr. 5:23 literalmente llama «lo inmenso de su locura», que puede destrozar no sólo la vida de un hombre o una mujer, sino también la de su cónyuge e hijos...

         Sin embargo, como discípulos de Jesucristo, no nos sintamos anticipadamente elevados por encima de esta lección, pues entonces, en nuestra propia consideración frente a esta tentación, seríamos más fuertes de lo que Dios nos enseña en su Palabra, Mc. 7:21, Ro. 7:21, Gá. 5:19-20. En realidad no se nos considera demasiado bien pertrechados para ello. De lo contrario, nunca habría impuesto a su propio pueblo el siguiente mandamiento: «¡No cometerás adulterio»! (Dt. 5:18)...

         Por eso, los sabios de Israel no daban por descontado que los jóvenes de la iglesia de Dios jamás irían detrás de la fornicación o adulterio o tendrían una actitud pecaminosa con el cónyuge de otra persona. Por el contrario, no hay pecado del que Proverbios avise tan detalladamente como la de la fornicación, adulterio o prostitución. Casi todo Pr. 5 al 7 (como una unidad) está dedicado a la consideración de este mal...

         La nueva moral con su condescendencia frente a la creciente promiscuidad alardea con frases como ¡Fuera con las normas insoportables de la Biblia y la religión! ¡Fuera las tradiciones opresoras y la legislación anticuada de una época victoriana que sólo procuraban al hombre inhibiciones insanas! Haz lo que quieras, sigue tus inclinaciones sexuales por más extrañas y salvajes que sean…

         Con esta música de flauta encantadora los profetas de la permisividad, cual tentadores modernos, han atraído a innumerables jóvenes hacia la utopía de su «libertad» sexual. En círculos cada vez más amplios se encuentra totalmente normal que un joven se acueste frecuentemente con toda clase de pareja elegida al vuelo, y que un hombre/mujer tenga contactos sexuales con diferentes «pareja extraña»...

         Además, en este contexto, se puede pensar en la aceptación general del trato homosexual y la práctica creciente de formas caprichosas y extravagantes de relación sexual que son fomentadas por la lectura pornográfica y las películas del cine.(1)

 

         Aquí tenemos: I. Una exhortación a conocer y obedecer las leyes de la sabiduría en general (v. 2). II. Una advertencia particular contra el pecado de prostitución (vv. 3–14). III. Remedios contra ese pecado: 1. El amor conyugal (vv. 15–20). 2. Consideración de la omnisciencia de Dios (v. 21). 3. Miedo al final miserable de los malvados (vv. 22, 23)...
 

I. UNA EXHORTACIÓN A CONOCER Y OBEDECER LAS LEYES DE LA SABIDURÍA EN GENERAL (v. 1 y 2):

         Un solemne prefacio para dar paso a las importantes advertencias que siguen. «Hijo» vuelve a significar «discípulo». Salomón quiere aquí que el alumno concentre bien su atención sobre lo que le va a decir. No es «ciencia» lo que va a comunicar, sino «conocimiento» (hebr. dáat) interior, penetrante, experimental. Las enseñanzas de Salomón no tenían por objeto llenar de ideas la cabeza, sino de normas prácticas el corazón...

 

II. UNA ADVERTENCIA PARTICULAR CONTRA EL PECADO SEXUAL (vv. 3–14):

         La advertencia misma es que el alumno (todo el que esto lea) se abstenga de la «mujer (u hombre, si lo contextualizamos a nuestra época) extraña/o», es decir, «ajena/o», como en 2:16. No se trata aquí, por consiguiente, del adulterio espiritual o idolatría, sino el pecado sexual carnal. Bajo la metáfora de «miel» (v. 3) se expresan las palabras seductoras de la mala mujer/varón. La suavidad del aceite (comp. Sal. 55:21) sirve aquí de símil por el que dichas palabras se asemejan a la facilidad con que el aceite se desliza y penetra sin hacer ruido, sin golpear, sin herir, pero véase el contraste (v. 4): «su fin es amargo como el ajenjo, aguzado como espada de dos filos». Así, sin notarlo, el que se adhiere a la mujer/varón ajena/o, sigue la misma ruta de ella: ruta de muerte, puesto que sus pasos, sus mismos caminos, están desviados del camino de la vida (vv. 5, 6).(2)

         Sus labios… destilan miel, dulce, suave, especiada. Es una lisonjera, hábil y astuta habladora.Al principio parece agradable y deseable, pero su fin es amargo como el ajenjo.

         Es la historia de siempre; el pecado es atractivo en perspectiva pero abominable en retrospectiva. El precio de ir a la cama con ella es enorme: conciencia culpable, remordimiento, escándalo, enfermedad venérea, matrimonio fracasado, hogar deshecho, angustia mental, y otros tantos males. (3)

         La urgencia e insistencia de la admonición (vv. 7, 8): «Aleja de ella tu camino; si llegas a cruzarte con él/ella en el camino, escoge otra ruta, antes que exponerte al peligro; no te acerques a la puerta de su casa; camina por el otro lado de la calle; mejor aún, vete por otra calle aunque tengas que dar un rodeo».(2)

         La gran protección consiste en permanecer tan lejos de la tentación como sea posible. No sirve de nada pedirle a Dios liberación si insistimos en jugar con objetos o lugares asociados con el pecado. En algunos casos es necesario huir literalmente. José lo hizo y, aunque perdió su túnica, conservó su pureza y ganó una corona.(3)

 

         Sea por la pérdida de las fuerzas físicas a causa de la vida disoluta, o de los bienes de fortuna a causa del despilfarro o de la revancha del cónyuge (¿el «cruel» de 9b?), lo cierto es que el que se une a la adúltero/a terminará mal en cuanto al alma, el cuerpo y los bienes (vv. 10, 11). Gemirá al final, cuando ya no tenga remedio.(2)

         Cualquier enciclopedia médica popular puede informarnos sobre el carácter detestable de las clásicas enfermedades sexuales...

         Y entonces no se puede sino dar la razón a Salomón, quien no exageraba cuando hablaba de “gemir cuando se consuma tu carne y todo tu cuerpo”, Pr. 5:11...

         Solo pasaremos a caracterizar brevemente las más comunes, sabiendo que existen múltiples Enfermedades de Transmisión Sexual como el Virus Papiloma humano (causante del Cáncer de cuello uterino y de boca), las clamidias (que producen uretritis), el Granuloma Venéreo (produce linfangitis), etc.(4)

  • Gonorrea o uretritis:

         En las mujeres, la uretritis sigue un curso aún más traidor, porque en ellas la infección, en muchos casos, no se manifiesta enseguida. Por ello, la enfermedad puede penetrar de forma inadvertida en el útero, y cuando ha anidado allí, en más de una víctima se convierte en causa de que no pueda tener hijos...

         Si, a pesar de todo, una madre que padece uretritis trae un hijo al mundo, corre el grave riesgo de que los ojos de su bebé se infecten durante el nacimiento. África y Asia conocen sus miles de mendigos ciegos, la mayoría de los cuales tienen que atribuir su ceguera a la gonorrea de su madre...

  • Sífilis, el azote de Venus:

         La sífilis, otra clásica enfermedad sexual, es posible que se desarrolle más horriblemente aún. Algunas semanas después de la infección, la enfermedad se puede parar aún con antibióticos...

         Después de dos a tres meses, llega la segunda etapa en la que pueden presentarse toda clase de afecciones cutáneas y caída del cabello; después, la enfermedad puede hacer creer a la víctima que se ha curado por sí misma, ¡pero es entonces cuando evidencia bien su carácter más traidor! Como una fatal bomba retardada, golpea a lo largo de años en el cuerpo del infectado para, apenas cinco años después, pero a veces incluso después de treinta años, llegar a explotar. Lo que entonces le está esperando al pobre paciente es, sin más, horrible...

         En este tercer estadio, la sífilis puede revelarse en los siguientes síntomas: afecciones cutáneas feas (protuberancias, úlceras en la membrana mucosa de la boca), inflamaciones y afección en el sistema óseo y de las articulaciones, cambios en el corazón y en la arteria principal del cuerpo, por lo que, incluso después de veinte años de la infección, un ataque sifilítico aún puede alcanzarlo en el corazón, el hígado, los testículos o el oído interno. De hecho, no hay órgano que nunca pueda ser afectado...

         Quince años después de la infección, la enfermedad aún puede desarrollar una afección sifilítica del sistema nervioso central, con malas consecuencias para la columna vertebral y el cerebro, con delirios de grandeza...

  • Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA):

         El SIDA es una enfermedad en la que el cuerpo pierde la resistencia contra numerosas infecciones. El virus que es responsable de ello se llama Human Immunodeficiency Virus (VIH). Cuando la enfermedad se declara, el cuerpo pierde la defensa contra toda clase de enfermedades infecciosas...

         El virus VIH puede ser transmitido por transfusión de sangre mal analizada, pero casi siempre por relación sexual y por inyecciones de drogas. Una futura madre infectada puede transmitir el virus a su bebé no nacido...

         Quien está infectado con el VIH puede permanecer sin síntomas, pero lleva consigo el peligroso virus para el resto de su vida...

         Cuando la persona infectada desarrolla la enfermedad del SIDA, lo cual puede tardar algunos meses, aunque también hasta diez años, ello será en forma de enfermedades infecciosas como la tuberculosis, inflamación de los pulmones o del sistema nervioso (demencia, meningitis); y también algunas formas de cáncer...

         La pérdida creciente de peso y debilidad general conducen a la muerte, al final.(1)

          Según la ONU, los pacientes homosexuales son 19 veces más propensos al SIDA que la población general y las mujeres transgénero 49 veces. Más aún, para el reconocido "Centro de Control de Enfermedades" (enfermedades infecciosas) de EE.UU. el 80% de los norteamericanos que se infectan con SIDA son homosexuales.(5)

          La Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica indica que el 83% de las Gonorreas, el 91% de las Sífilis y el 55% de las Clamidias (todas enfermedades de transmisión sexual) se dan en homosexuales.(6)

         El uso de preservativos en las relaciones sexuales no ofrece una garantía absoluta contra la infección. La mejor protección contra esta enfermedad terrible está en mantener relaciones sexuales de por vida exclusivamente con la esposa y/o marido propios.(1)

         Arrepentimiento tardío (vv. 12–14). Salomón presenta al pecador convicto reprochándose a sí mismo por haber desoído los consejos que se le habían dado (v. 12). No puede menos de confesar que sus padres y los emisarios de Dios le habían instruido y enseñado convenientemente (v. 13).(2)

         Con toda esta pena del pesar y remordimiento se parece a un náufrago quemado, arruinado, y se reprocha a sí mismo por no haber obedecido a sus padres, a los que le enseñaban en la escuela dominical y a sus amigos cristianos. Podría haberse ahorrado océanos de miseria, pero era demasiado terco para aceptar consejos.(3)

III. REMEDIOS CONTRA ESE PECADO (vv. 15 AL 25):

         Knox traduce el v. 16: «Deja que abunde tu descendencia, como aguas de tu propia fuente fluyendo por las calles». Aquí la esposa es la fuente, y las aguas los hijos,  corriendo fuera de la casa y jugando alegres por las calles.

         La verdadera relación matrimonial es exclusiva (v.17), y los hijos disfrutan de la seguridad de pertenecer a sus padres, no a terceros. Aquí advierte igualmente de la tragedia de hijos ilegítimos o de procedencia dudosa como consecuencia de una unión sexual promiscua.(3)

         Después de mostrar los males que brotan del pecado sexual, Salomón muestra los remedios que han de adoptarse contra tales males.

1. El principal remedio es quedar satisfecho con los legítimos goces del matrimonio, uno de cuyos fines fue preservar de la impureza. Que nadie se queje a Dios por impedirle gozar de los placeres a los que tan fuertemente le lleva el instinto natural, cuando Dios ha provisto el medio de satisfacerlo dentro de la santidad del matrimonio. El que no se contenta con una mujer, no se contentará con dos ni con cuatro, pues la concupiscencia nunca dice «¡Basta!» El joven que no pueda mantenerse casto, que se case pronto, pues «mejor es casarse que estarse quemando» (1a. Co. 7:9). Compárese el versículo 15 con Cantares 4:15 para mejor entenderlo. En su esposa ha de hallar todo su deleite...

2. El segundo remedio es andar en la presencia de Dios (v. 21). «Los caminos del hombre, todo cuanto piensa y hace, están ante los ojos de Jehová». Dios los ve como son, con sus motivos, sus circunstancias y sus consecuencias. No sólo los ve, sino que los «pesa» (v. 21b. Lit.) para dar a entender que conoce su verdadero valor (comp. con Dn. 5:27) y, de acuerdo con ese valor, emite su juicio sobre ellos.

3. Finalmente, un buen remedio contra el adulterio es prever a tiempo los males que acarrea (vv. 22, 23). Los que se habitúan a este pecado se prometen a sí mismos impunidad, pero se engañan a sí mismos. No necesitan cárcel ni cadenas, pues bastarán sus propios pecados para retenerlos en prisión. Dice el Talmud: «Al principio, la mala inclinación es como una tela de araña, pero finalmente los hilos aumentan hasta convertirse en sogas de carreta».(2)

CONCLUSIÓN:

         Ellicot denomina el v. 23 como la escena final del libertino. No quiso ejercitar dominio propio, y ahora como resultado muere. «Por falta de sentido muere; su locura total le arruina» (Moffatt)...

         El poeta Shelley es un ejemplo de este pasaje. En su engreimiento, ridiculizaba la idea del matrimonio monógamo, como si se tratase de casarse con una y desilusionar a miles...

         Los resultados de su propuesta, según Griffiths, fueron deserciones, suicidios, hijos ilegítimos, y celos.(3)

         Unos tres mil años antes de la invención del microscopio y del descubrimiento de los gonococos de la gonorrea, Yahvéh ya conocía ese peligroso mundo de los microbios, y dio a su pueblo el único mandamiento eficaz para prevenir al cuerpo de esos asesinos masivos y aniquiladores de la vida, diciendo: «No cometerás adulterio» (Ex. 20:14). Un hombre y su mujer, y sólo esos dos «serán una sola carne», (Gen. 2:24).(1)

         ¡¡Por eso exaltemos a nuestro Dios Salvador quien nos dio su Palabra y es digno de toda adoración y de una vida fiel y es poderoso para restaurar al que ha caído!!

         El himno “Es digno nuestro Salvador de toda adoración”, nos recuerda esto. (Himnos y Cánticos del Evangelio Nº 255).

 

 

Pr. Rubén Salcedo

 

BIBLIOGRAFÍA:

1.- PROVERBIOS. Frans Van Deursen. Edit. Fundación Editorial de Literatura Reformada (FELiRe).

2.- COMENTARIO BÍBLICO DE MATTHEW HENRY. Editorial CLIE.

3.- COMENTARIO BÍBLICO DE WILLIAM MAC DONALD. Editorial CLIE.

4.- https://medlineplus.gov/spanish/sexuallytransmitteddiseases.html

5.- UNAIDS. "The Gap Report". (2014). (Informe de ONU.

6.- Datos del año 2010 comunicados por el Centro Sandoval de Madrid (Especializado en E.T.S.)


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