PARE, MIRE, ESCUCHE - Pr. 6


Autor: Esteban Gómez
Publicado: 11/ago./2019
Categorias: Series de Estudios, Sabiduria de Dios para vivir


 

                       ¡Buenos días! Es de gran bendición para mi vida poder estar esta mañana delante de Uds. con el propósito de meditar en la Palabra de Dios.  Llena mi corazón de gozo cada vez que nos reunimos y tenemos libertad de adorar a nuestro Dios y reunirnos en la comunión del Espíritu Santo para alimentarnos de su Santa Palabra.

 

Como desde hace varios domingos atrás, el enfoque de los sermones ha estado en el estudio del libro de Habacuc… haaa… solo los estaba probando para saber si han estado atentos los domingos anteriores.

Estamos estudiando el libro de Proverbios, en el Antiguo Testamento, y Dios mediante lo haremos hasta el fin de este año.

Es todo un desafío adentrarnos en la profundidad de la enseñanza de este particular libro de la Biblia, y nuestra actitud frente a este desafío es aprovechar al máximo la oportunidad de excavar en él para encontrar los tesoros de la sabiduría de Dios para nuestras vidas. Y que no solo serán de provecho para nosotros sino para quienes nos rodean.

 

Justamente este libro tiene como objetivo guiarnos a vivir de manera sabia; entendiendo a la sabiduría como algo más que un mero conocimiento sino un estilo de vida que agrada a Dios en las decisiones diarias.

 

Recordemos que nuestro versículo clave para este estudio del libro se halla en el Capítulo 3, versos 5 y 6, que a estas alturas ya tendríamos que tenerlo memorizado...pero para aquellos olvidadizos les vamos a dar una ayudita:

“Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.

Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas.”

El fundamento para ser sabio:

                                      Bien, ahora les pido que me acompañen a la lectura de un pasaje, pero no está precisamente en el libro de proverbios, pero sí tiene una gran conexión con nuestro pasaje lema a mi entender:

1° Corintios 1.18-31: (Subraye el versículo 24) “pero para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios, y sabiduría de Dios.”

¿Por qué los llevo a pensar en este pasaje si no está en proverbios?, ¡porque este pasaje es la base sobre la cuál vamos a poder ser personas sabias en los términos de Dios!

¡Me encanta este pasaje! En pocas palabras el Apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, deja a todos sin argumentos delante de Dios.

Jesucristo es el “cimiento”, la “base” el “principio” de la sabiduría.  Si no reconocemos al Señor Jesucristo como el poder de Dios y la sabiduría de Dios, si no le reconocemos como el Señor de nuestras vidas y somos renacidos en Cristo, todo lo que haremos será tener una hermosa colección de refranes, pero sin poder para darnos vida eterna y abundante, y ser personas sabias en los términos divinos. Parecerá que caminamos por caminos derechos, pero sin Cristo, caminaremos sobre veredas torcidas. (lit. “caminar para atrás”, usando las palabras de Salomón)

 

¡Es por eso que no quiero esperar al final del sermón para llamarlos a Cristo, porque Él es el principio de la sabiduría! ¡Con Cristo en nuestras vidas podemos construir seguros una vida sabia!

 

                           Ahora sí, vamos a usar el tiempo que nos resta para ver algunos detalles del Capítulo 6 de proverbios.

Proverbios 6:

Yo titulé el sermón de hoy con tres palabras: “PARE, MIRE, ESCUCHE”

 

                       A muchos de los que tenemos una que otra cana o aquellos que vienen de vivir en algún pueblo atravesado o costeado por las vías del ferrocarril les pueden sonar familiar estas palabras.

 

Es una señal de advertencia que se usó y buscando imágenes vi que todavía se sigue usando, y que previene a los automovilistas, ciclistas y peatones sobre los riesgos de transitar por ese lugar descuidadamente.

                Un cruce de ferrocarril puede parecer un lugar tranquilo, pero tiene un riesgo potencial de causar daños severos, e incluso la muerte. Algunos de nosotros hemos sido testigos de accidentes en cruces ferroviarios o tal vez hayamos visto en algún noticiero o diario algo al respecto. La mayoría de estos accidentes fueron por no tomar en cuenta esta advertencia, por ignorancia del peligro o más aun por tener una actitud desafiante hacia la clara advertencia.

 

Cuando leo el libro de Proverbios y otras porciones de la Biblia con contenido similar, vienen a mi mente estas tres palabras que componen el llamado de advertencia: “PARE, MIRE, ESCUCHE”.

 

Ud. puede elegir hacerle caso o no, pero ciertamente no puede elegir las consecuencias.

 

                El capítulo 6 del libro de Proverbios forma, junto con los capítulos 1 al 9, el cimiento o la base, para el resto del libro. A modo de discurso comenta los temas principales que luego comienza a desarrollar en los siguientes capítulos a manera de sentencias breves con la intención de que se graven más fácilmente en la memoria de los oyentes.

Si hemos leído los Evangelios, podemos ver en la enseñanza del Señor Jesucristo una estructura similar, donde, a modo de parábolas (traducción griega que se asemeja al término “proverbios” heb. “ser como”, comparación), transmitió la enseñanza del Reino de Dios a sus oyentes.

Un autor y comentarista bíblico cristiano dio una definición que me gusto y les comparto:

“Un proverbio es una parábola concentrada y la parábola es un proverbio comentado” (Robert Jamieson).

¿Oyeron el término “moraleja”? En alguna medida el proverbio es la “moraleja” o enseñanza condensada de la parábola.

 

¡Una aclaración antes de comentar el capítulo 6, y espero que tengamos el tiempo para hacerlo!

 

                      Escuché decir que el libro de Proverbios es una colección de dichos sabios que circulaban en la cultura de la época que Salomón recopiló de manera inspirada y que Dios permitió que los tuviéramos a nuestro alcance a través del libro de Proverbios.

Tengo un problema con eso, y es que, leyendo la Biblia, más precisamente en el libro de 1° Reyes 4.29-34, el autor nos dice que Dios concedió a Salomón tal sabiduría que excedió a todos los que le antecedieron, a sus contemporáneos y a quienes le sucedieron. Más precisamente nos dice en el versículo 32 que Salomón “compuso” más de tres mil proverbios.

 Por el contexto del pasaje podemos ver que estos proverbios eran de su autoría, así como los poemas.

El versículo 31 dice que su sabiduría “sobrepasó” a la de los más sabios conocidos de su época.

¡Esto marca una diferencia muy grande a la hora de acercarnos al libro de Proverbios, y es, como bien lo comentó el Pastor Rubén la semana pasada,  Palabra inspirada por Dios, y útil para nuestras vidas como también el apóstol Pablo le marca al joven Timoteo en su 2° Carta a Timoteo (3.16-17: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”)

 1°. Dios le dio a Salomón por medio del Espíritu Santo en su vida, la capacidad de componer esta enseñanza que marcaba una diferencia abismal con la enseñanza de los más sabios más reconocidos.

2°.  Esto no hace más que contrastar la persona de nuestro Señor Jesucristo como vimos al principio: Mateo 12.42: ¡Jesucristo es superior a Salomón!

¡Y es a través de Jesucristo que esta sabiduría que excede a cualquier sabiduría humana puede estar al alcance de los hijos de Dios por medio del Espíritu de Cristo en nuestras vidas! ¡Qué gloriosa promesa!

 

Ahora sí, vamos a nuestro capítulo 6.

Yo subtitulé a este capítulo como “La espiral descendente de la necedad”

 

A modo de bosquejo rápido podemos ver esta espiral en los siguientes aspectos que luego, si el tiempo nos alcanza podremos analizar más detenidamente:

  1. El problema de las fianzas: lleva a la esclavitud y ansiedad.  6.1-5
  2. El problema de la pereza: lleva a la necesidad y a la pobreza. 6.6-11
  3. El problema de la mala conducta: lleva al quebranto y la ruina. 6.12-19
  4. El problema de las relaciones sexuales ilícitas: lleva a la destrucción.6.24-35

En medio de esta descripción también se encuentra el llamado preventivo para no caer o escapar de esta espiral descendente de la necedad:

  1. La Palabra de Dios: lleva a la vida. 6.20-23

 

 

Hilo Conductor:  Estos puntos que bosquejados puede que parezcan estar algo “desconectados” unos con otros, pero si prestamos atención podemos ver que hay un “hilo conductor” que enlaza estas situaciones que describe el autor y que me llevó a poner este subtítulo.

El hilo conductor se llama necedad”: Justamente el mayor contraste del libro de Proverbios está con esta actitud.

¡Lo opuesto a la sabiduría no es ignorancia sino la necedad!

¿Y qué es la necedad?, es más que ignorancia o simpleza, es el rechazo consciente de aquello que es correcto y sabio.

La necedad es una actitud de rebeldía que adoptan algunos individuos, que son también tercos e insisten en llevar a cabo una acción, sin medir las consecuencias ni tomar en cuenta los consejos dados, por lo que actúan de manera torpe e, incluso, ignorante. (Proverbios 1.7)

No quiere decir que el que salga de garante termine siendo un adúltero, pero todo comienza con la necedad de rechazar los principios y el consejo divino.

El ejemplo en el Nuevo Testamento lo tenemos en la enseñanza del Ap. Pablo en la carta de Romanos Cap. 1.21-32.

Este es el hilo conductor en esta espiral descendente que vamos a ver a continuación:

 

1.El problema de las fianzas. 6.1-5

                                                              Si hay situaciones que ha hecho que los amigos dejen de ser amigos, ésta ha sido una de ellas.  ¡No sé en puesto en el ránking estará, pero no creo que esté fuera del top five!

No sé si todos aquí entienden el significado de ser “garante” o “fiador”. A modo de explicación rápida, lo que significa salir de garante o fiador de otra persona, es “asumir el compromiso ante un tercero de cumplir algo en lo que otra persona se comprometió en caso de que esa persona no cumpla.” En la mayoría de los casos tiene que ver con responder con dinero o bienes ofrecidos como garantía de pago, por una deuda contraída por parte de otra persona que ha asumido ese compromiso. La definición es sencilla, pero el marco legar es bastante complicado en estos tiempos y no hace al objetivo dar más detalles que estos.

Ahora bien, podemos hacernos dos preguntas claves a partir de este y otros versículos en la Palabra de Dios:

 

  1. ¿Prohíbe Dios salir fiador o garante de un tercero? La respuesta es No

No he encontrado un pasaje en la Palabra que prohíba el salir de garante o tomar un préstamo y solicitar garante para este fin.

Si fuera esto distinto, o sea que Dios lo prohibiera, abría un problema, pues Dios mismo se ha convertido en garante de distintos pactos en la historia. El pacto de Dios con Noé (Gn 9.8-17); el pacto de Dios con Abrahán (Gn.15), y más adelante, en el Nuevo Testamento, el mismo Señor Jesucristo es constituido en el garante de un nuevo y mejor Pacto, en el estamos incluido nosotros (Hebreos 7.22).

El No que encontramos en Proverbios 22.26 aparentemente contradice lo que venimos diciendo, pero ese No, es una advertencia, un “no” a modo de consejo y prevención. El contexto no solo del pasaje sino del resto de la Biblia nos da el marco completo de la afirmación que hicimos al principio. No se prohíbe salir de garante o dar fianza.

 

Tal vez alguno aquí se está “relamiendo” como decimos aquí y pensando que tiene vía libre para pedir a los amigos que salgan de garantes… Pero aguarden un poco, si quedamos con esto, la instrucción está incompleta.

Debemos hacernos otra pregunta para aclarar el panorama:

 

  1. ¿Aconseja la Palabra de Dios salir de garante o fiador de un tercero? La respuesta es No

 

¡Ahora sí que estamos en un brete! A muchos de nosotros se nos hace difícil tomar una decisión o dar una respuesta cuando somos puestos en esta situación.

El consejo de Dios en su Palabra es claro: ¡No seas garante o fiador de nadie!  Tenga en su mente para estos casos lo que nos dicen Proverbios 6.6-8, 11.15, 17.18, 20.16, 22.7, 22-26-27. 27.13ª.. Estos son pasajes que directamente nos advierten del hecho de salir de fiadores de otras personas.

Des oír el consejo inevitablemente nos puede traer muchos males: el autor dice que nos convertimos en “esclavos” (Pr. 6.2, 22.7). Sumamos ansiedad innecesaria a nuestras vidas (Pr. 11.15), y corremos el riesgo de perderlo todo (Pr 20.16, 22.26-27).

¡Cuántas historias sobre las consecuencias desastrosas para aquellos que pusieron su confianza en algún amigo y pensaron que cumplirían, y perdieron hasta la cama!

¿Esto nos impide dar ayuda al que lo necesita?, ¡de ninguna manera! A veces somos nosotros los que tenemos la posibilidad de solucionar un inconveniente en la mayoría de los casos económicos de algún hermano.

Sé que no todos en la asistencia de las Iglesias son hijos de Dios, y que no todos vienen con buenas intenciones. Siempre están aquellos que se aprovechan de otros. Lo he visto, y lo hemos padecido en nuestra familia.

Vi a mis padres y a muchos hermanos abrir sus hogares y recursos para ayudar a otros y ser defraudados, pero no por eso desalentados a seguir confiando en el Señor.

La enseñanza de nuestro Dios es clara al respecto. Él no es deudor de nadie. ¡Y si prestaste dinero o alguna otra cosa a alguien y no te lo devolvió, ten por seguro que no se le pasó por alto al Señor! 1° Corintios 6.7-8; Efesios 6.7-8; Colosenses 3.23-25; 2° Tesalonicenses 1.7.

El haber sido defraudados por alguien nunca será excusa delante de Dios para negar la ayuda a otra persona. (Romanos 12.9-13; Gálatas 6-10

Eso sí, también esto nos permite saber qué clase de persona es aquella que nos defraudó. (Salmo37.21: es un malvado)

 

Ahora bien, ¿qué debemos hacer si nos solicitan salir de garantes de algún amigo o hermano?, Ser claros en que nuestra prioridad es atender el consejo de Dios. Explicar con claridad cuál es nuestra postura conforme a la enseñanza que tenemos en la Biblia. Orar, y pedir al Señor que te de entendimiento, y que permita encontrar una solución a la situación que se presenta.

 

¿Qué pasa si ya estas metido en esta situación, o sea, que has salido de garante de alguien? Ver entonces lo que dice Proverbios 6.3-5: busca una pronta solución al problema. No es algo para posponer. Si no puedes salir pronto, está atento a la situación de la persona de la que saliste garante y pendiente de que cumpla con su compromiso.

El autor apremia a su hijo a tomar con seriedad el problema y atender con diligencia este asunto. No debe “dar reposo a sus ojos” hasta ver concluido el tema. El peligro requiere que actuemos con prisa.

Aquí es donde se entrelaza el siguiente problema que retrata el autor:

 

2. El problema de la pereza. 6.6-11

                                                                 Parece que muchos consideran el problema como poco importante o que no fuera tan serio, pero es un paso más en la espirar descendente de la necedad.

La pereza es la cualidad contraria a la diligencia que el autor nos pide que mostremos en los asuntos que pueden traernos serios problemas.

Justamente el problema de la pereza comienza a ser el enfoque del escritor que con magistral habilidad ilustra para sus oyentes.

Recordemos que Salomón fue un estudioso de la naturaleza (1° Reyes 4.33) en la que están incluidas estas pequeñas pero admirables criaturas que conocemos como las hormigas!

Me hace recordar a la conocida fábula de Esopo que muchos de nosotros hemos leído o escuchado de chicos.

La fábula de la hormiga y la cigarra”: (imagen de la fábula).

¡Resumidamente dice lo mismo que Salomón, pero incluye la figura de una cigarra, también conocida como la chicharra o coyuyo, con un sonido tan particular que se escucha durante los veranos! Recuerdo que uno de los pasatiempos en los calurosos veranos cuando visitábamos a mi abuela materna en la ciudad de Frías, Santiago del Estero, era cazar estos insectos que abundaban por allí. ¡Ahora que lo pienso, no me imagino cómo hacía para tener en mis manos tan particular y no tan agradable insecto!

            Salomón nos lleva a considerar a esta pequeña criatura que conocemos como hormiga y realmente admirar como Dios ha diseñado con su sabiduría los hábitos de este pequeño insecto.

En resumen: Trabaja cuando hay que trabajar y lo hace diligentemente. No necesita un jefe para que le esté marcando el paso ni controlando que haga su tarea. 

¡Qué interesante! Y cuánto podemos aprender.  Él le está diciendo al perezoso que “mire”, que se “fije” y que se “´ponga a pensar”. (otro “PARE, MIRE, ESCUCHE.”)

Como Jesús, la lección que Salomón le está transmitiendo al perezoso está al alcance de su conocimiento. Usa recursos conocidos para ayudarle a entender las consecuencias del trabajo y las de la pereza.

¡Vivimos en una sociedad que está criando “perezosos seriales”; pero el problema no es nuevo! No nos caracterizamos precisamente por ser personas laboriosas. Hablo en general y no con ninguna intencionalidad política.

Vemos como, por años, muchos años y muchas personas se han acostumbrado a recibir sin trabajar, el fruto del trabajo y el esfuerzo de otros.

 Admiramos a aquellos que sobresalen no solo a nivel individual, sino también colectivo, pero no vemos el esfuerzo, trabajo y dedicación que hay detrás de aquellos que sobresalen.

No estoy de acuerdo con el abuso y la explotación de los pocos sobre los muchos. Pero tampoco estoy a favor de que los muchos se beneficien del esfuerzo de unos pocos.

Es cierto que muchas veces el problema del desempleo es un asunto acuciante para todos.  Es nuestra responsabilidad orar para que Dios provea trabajo a quien lo necesita, para que dé sabiduría a los gobernantes para crear políticas que ayuden a que las personas puedan tener trabajo.

¡El trabajo es bendición de Dios! ¡El Señor le dio al hombre la tarea de trabajar antes de la caída! (Génesis 2.15).

El resultado de la caída fue que la tierra ya no le daría sus frutos tan fácilmente. (Génesis 3.17-19).

Aquellos que trabajamos damos gracias al Señor por el trabajo y oramos por aquellos que lo necesitan y lo buscan con esmero.

Pero el problema del que habla Salomón va más allá de aquel que tiene o no trabajo, pues no habla de una situación sino de una actitud hacia el trabajo.

¡Podemos tener trabajo y sin embargo ser perezosos!

                Me ha tocado lidiar con esta situación varias veces como responsable de grupos de personas a cargo en mi ámbito laboral. Es un dolor de cabeza tener a personas que son perezosas, haraganes, o vagos (por decir alguno de los problemas con los que me he tenido que enfrentar), como decimos en nuestra cultura. Son aquellos que hacen lo mínimo indispensable, los que solo trabajan para “el ojo” (Efesios 6.5-8; Colosenses 3.23) Son personas a las que constantemente hay que “recordarles” lo que tienen que hacer para que lo hagan. Muchos de ellos son los primeros en las protestas cuando hay que tratar sobre los aumentos de salarios, pero no tienen el mismo entusiasmo a la hora de cumplir con sus responsabilidades por las cuales cobran ese salario.

Salomón habla de aquellos que dejan todo para último momento, o ni aún a último momento se ocupan de sus responsabilidades y que luego, son “sorprendidos” por la necesidad. Digo sorprendidos de una manera proverbial, porque como dice el escritor, la necesidad y la pobreza caerán sobre el perezoso cual hombre armado sin avisar y llevándose todo a su paso.

El perezoso siempre está buscando atajos. Y tenemos que saber que no siempre el camino más corto es el mejor camino.  Una frase que me hizo pensar mucho fue que “aquellos que no necesitan un jefe para trabajar con diligencia normalmente terminan siéndolo.”

                       Pero también tiene que ver con nuestra actitud en otros ámbitos, no solo en el laboral. En nuestras casas podemos actuar con pereza o flojedad.

No quiero causar problemas esta mañana, pero cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a que se le pregunte a la esposa, esposo, padre o hijo, depende de nuestra situación, cómo somos en casa.

He escuchado reclamos de esposas que dicen que sus esposos son unos vagos en la casa, no por no tener la habilidad de hacer las tareas que se requieren en la casa, sino porque no se ocupan diligentemente de procurar solucionar las cosas que se presentan.  Pero también están los esposos que sufren estar al lado de esposas que no se dedican con diligencia al hogar.

Que hablar de los hijos a los que hay que estar “persiguiendo” para que ayuden en el hogar, y que cumplan con sus responsabilidades como parte de la familia.

¡Esta advertencia es para todos! Desde el hogar debemos ser ejemplos para el mundo que observa a los cristianos en su manera de vivir.

La diligencia y los hábitos de trabajo deben ser una de nuestras características sobresalientes. Trabajo, estudio, servicios en el hogar y para el Señor.  Romanos 12.11:

“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.”

 

Lamentablemente no tenemos tiempo para tratar los dos pasos siguientes en esta espiral descendente de la necedad. Podemos tener por seguro que el paso número tres tiene mucho que ver con los malos hábitos de los que la pereza es parte. Sin duda una mala conducta es resultado de la pereza de tratar con las fallas de carácter a tiempo.

 

Sobre el último punto, el problema de las relaciones sexuales ilícitas, hemos escuchado la enseñanza que el Pastor Rubén nos transmitió en el mensaje de la semana pasada, y que podemos oír nuevamente ingresando a la página web de la Iglesia o en el canal de YouTube. 

 

Pero quisiera enfocarme ahora en mostrarles la solución que se presenta en medio de este panorama tan decadente y que traspasa las culturas y no decae con el tiempo:

  1. El llamado a atender el consejo sabio de la Palabra de Dios: Proverbios 6.20-23

                                             El escritor del capítulo 6 de Proverbios intercala, antes de tratar la última advertencia, una exhortación a la que debe prestar atención su hijo a quién le está escribiendo.

Si bien Salomón le está pidiendo que atienda el consejo de su padre y de su madre, vemos que estos consejos están acordes a la enseñanza divina. Él está aconsejándolo desde la perspectiva divina y bajo la inspiración divina. Esto es lo que hablamos al principio sobre lo que diferencia la sabiduría popular y la que adquirimos por el obrar del Espíritu Santo.

Hoy tenemos todo el consejo de Dios (Hechos 20.27) y es nuestra responsabilidad prestarle atención en su totalidad.

Algunas de sus virtudes incomparables son el de ser guía, protección, consejero, luz y camino de vida.

Tenemos pasajes similares que nos permiten entender la excelencia del consejo de Dios y su guía disponible para nuestra vida a través de su Palabra.

Salmo 119.105, 133; Proverbios 6.23, 3.6b. (Lit. “aclarará).

¿Por qué vemos tantos problemas en estos aspectos que acabamos de analizar en el ámbito de la Iglesia?, ¿Por qué tantos están sufriendo las consecuencias de pasar por alto las advertencias de la Palabra de Dios?

La respuesta no está lejos: hemos dejado de lado el consejo y vuelto necios. Creo que es el mal al que se enfrenta la Iglesia de todos los tiempos.

Cada vez que se deja de lado la enseñanza de la Palabra de Dios, pagamos las consecuencias. Tenemos el registro bíblico de este hecho en el pueblo de Israel, y el registro de la historia de la Iglesia en siglos posteriores.

 

                                                A modo de conclusión y aliento me gustaría terminar con el pasaje de 2° Timoteo 3.14-17.

El apóstol Pablo le está dando las últimas instrucciones a su hijo espiritual Timoteo, así como Salomón le estaba escribiendo a su hijo Roboam.

Lo que aquí veo es el corazón tierno de un padre que no tiene mejor herencia que dar a su hijo que el consejo de la Palabra de Dios.  Nada suplanta a esto. No importa cuántas cosas materiales dejemos a nuestros sucesores, sin la sabiduría divina en sus vidas es todo como la neblina que está por poco tiempo porque al salir el sol desaparece. (Pr. 23.5).

La mejor herencia que pueden recibir nuestros hijos es la de un padre y una madre sabios, y que los instruyeron en el consejo sabio de la Palabra de Dios. Que le mostraron el camino de vida (Pr. 6.23) y les dieron las herramientas para ser útiles y enteramente preparados para toda buena obra.

Amén!

 

E.J.G.


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